La integración fragmentada (219 / Enero - Febrero 2009)
Revista
Nueva Sociedad NUSO 219 Enero - Febrero 2009

La integración fragmentada

Los países latinoamericanos se encuentran cada vez más interconectados y la integración no es una foto congelada sino un proceso cambiante que exige un seguimiento constante. En esta edición no buscamos reflejar un mundo dorado de buenas intenciones ni ofrecer un manual de buenas prácticas imposible de aplicar. El objetivo es bucear en la profundidad de los procesos de integración para identificar sus avances y ventajas pero, sobre todo, sus déficits y flaquezas, los desafíos que enfrentan y las tensiones y superposiciones que existen entre ellos.

Aportes

Diferente macroeconomía, pero la misma vulnerabilidad

Argentina y Brasil mantienen regímenes de tipo de cambio flotante, aunque con importantes diferencias: en el primer caso, un tipo de cambio competitivo, que contribuyó a la recuperación del crecimiento y produjo una expansión de la industria, aunque también una alta inflación debido a la inconsistencia de la política fiscal. Brasil, en cambio, consolidó un sistema de flotación libre. Esto produjo una revalorización del real que fomentó el ingreso de capitales, pero también generó un crecimiento más lento. La crisis mundial revela la vulnerabilidad de ambas economías y la necesidad de una mayor coordinación macroeconómica más allá de las promesas integracionistas.

Coyuntura

Antecedentes, razones, características y análisis de posibles resultados y riesgos

En noviembre de 2008, el Congreso argentino aprobó la reforma de la previsión social: eliminó el sistema de capitalización individual gestionado por administradoras privadas y lo traspasó a un sistema único integrado, de reparto y administración pública. El artículo analiza los antecedentes del sistema previsional argentino y su evolución en los últimos años, discute las razones por las cuales el gobierno impulsó su reforma y advierte sobre los riesgos del nuevo diseño: desde la posibilidad de que los fondos se utilicen para enfrentar el déficit fiscal hasta un eventual incremento de la morosidad y los litigios judiciales.

El regreso del sandinismo al poder y la cristalización del «Estado-mara»

El debilitamiento político-institucional sufrido por Nicaragua a partir del fracaso del experimento revolucionario de los 80 generó las condiciones para la materialización de lo que aquí se identifica como el «Estado-mara». Se trata de un tipo de Estado que asume una serie de comportamientos, expresiones simbólicas y formas de organización propias de las pandillas centroamericanas conocidas como «maras»: una identidad negativa, un sentido de lealtad familiar y una visión personalizada y territorial del poder.

Tema central

El eje lima-brasilia (donde algunos entran en arcos y salen con flechas)

Aunque los análisis suelen limitarse a los ejes Brasilia-Buenos Aires o Brasilia-Caracas, hay otro eje en construcción del que se habla menos. Se trata del eje Brasilia-Lima, que articula un corredor entre el Atlántico y el Pacífico a partir del trabajo conjunto de los grupos económicos privados y de ambos Estados. Para Brasil, se trata de una oportunidad para que sus empresas se expandan al mercado peruano y proyecten sus exportaciones hacia el Pacífico; para Perú, es una forma de atraer inversiones y contrapesar la creciente importancia de los capitales chilenos en el país. En suma, un proyecto de integración que permite articular los intereses de los empresarios con los objetivos geopolíticos de ambos países.

¿Es la Unasur la alternativa?

Dos liderazos juegan un rol fundamental en América del Sur y definen dos visiones diferentes de la integración regional. Por un lado, el de Hugo Chávez, con una mirada geoestratégica y militar y, por otro, la diplomacia cautelosa y basada en el desarrollo de la economía y el comercio que impulsa Brasil, cuya formulación más ambiciosa es la Unasur. Esta segunda estrategia parece imponerse por sobre la primera, como demuestra el rol de este nuevo organismo en la crisis de Bolivia. El artículo sostiene que la Unasur podría constituirse en una instancia para enfrentar los conflictos en la región que reemplace progresivamente a la Organización de Estados Americanos, donde Estados Unidos mantiene un rol fundamental, aunque aún es necesario que adquiera una estructura institucional capaz de sostener en el tiempo sus decisiones.

¿Intereses comunes?

América Latina sufre una sobreoferta de procesos de integración que, en lugar de fortalecer la articulación regional, tienden a debilitarla. A ello se suman problemas específicos, como las asimetrías entre los países y dentro de cada uno de ellos. En el caso de Centroamérica, el incremento de la cantidad de pobres y la debilidad de las instituciones son problemas prioritarios. En este marco, los procesos de integración impulsados por Venezuela resultan atractivos para los países centroamericanos. Sin embargo, su adhesión no implica necesariamente un compromiso ideológico-político, sino una voluntad de aprovechar las oportunidades económicas. Esto explica por qué el alba ha logrado la adhesión de un número limitado de países, mientras que casi todos los Estados centroamericanos y caribeños participan de Petrocaribe.

La crisis de la integración se juega en casa

La integración latinoamericana está en crisis. Aunque comenzó prácticamente al mismo tiempo que la europea, ha producido pocos avances, como demuestran los múltiples conflictos entre países que existen en la actualidad. El artículo argumenta que es necesario dejar de lado la tendencia a buscar culpables fuera de la región y encarar los propios problemas, entre los que sobresalen tres: el exceso de retórica, el nacionalismo y la falta de liderazgo. Además resulta urgente aclarar algunos puntos básicos: ¿una integración de Estados o de sociedades?, ¿una integración comercial o política?, ¿con qué instituciones? Si no se elaboran respuestas consensuadas a estas preguntas, parece difícil que la integración latinoamericana llegue a buen puerto.

La integración económica de Europa y América Latina en perspectiva comparada

El modelo europeo de integración económica se ha convertido en una referencia inevitable para cualquier proyecto de integración. El compromiso político fuerte y sostenido, la construcción de un sistema jurídico e institucional supranacional y las políticas y acciones comunes tendientes a consolidar la integración económica constituyen tres componentes esenciales de ese modelo, que han configurado un «triángulo virtuoso» con capacidad de incidir positivamente sobre el desarrollo económico. En América Latina, los diversos procesos de integración enfrentan –más allá de algunos avances– serias limitaciones. Sin caer en comparaciones fáciles, la experiencia europea permite extraer algunas conclusiones útiles para la región.

¿La Unasur y el Mercosur pueden complementarse?

El espacio geográfico sudamericano constituye un subsistema internacional diferenciado. Hoy, la región se encuentra cada vez más interconectada, presenta marcadas diversidades y atraviesa un proceso de fuertes cambios. En este marco, la cuestión de la gobernabilidad adquiere especial significación. El Mercosur y la Unasur constituyen las iniciativas de mayor relevancia a la hora de dotar de institucionalidad al espacio sudamericano. En ambas, Brasil juega un rol clave. El artículo sostiene que, aunque existen todo tipo de problemas, ambos procesos pueden complementarse, de modo de contribuir a generar un entorno de paz y estabilidad política en la región.

Los cambios internacionales y su influencia en la percepción brasileña de la integración

Los cambios en el sistema internacional influyeron en las posiciones de Brasil en relación con la integración regional, particularmente con el Mercosur. Desde el fin de la Guerra Fría, el objetivo de ganar peso en los foros multilaterales, la decisión de buscar alianzas con los países emergentes y el creciente intercambio comercial con Asia contribuyeron a reorientar los objetivos de las elites políticas y económicas brasileñas. Aunque la integración nunca dejó de ser un objetivo, fue adquiriendo un peso menor: las dificultades para dotar al Mercosur de una mayor institucionalidad a pesar de la sintonía entre los gobiernos de izquierda así lo demuestran.

Razones para la incertidumbre

La situación de la integración en América del Sur no puede separarse de los cambios en el panorama político regional. Aunque el ascenso de gobiernos de izquierda alentó las expectativas de una articulación más fuerte, parece claro que la integración no puede darse por afinidad ideológica. Hoy prima una dinámica de cambio en un contexto de fragmentación. El análisis del caso del Mercosur, cuyos socios no logran articular políticas exteriores convergentes, es una muestra de la situación actual: la tentación de explorar acuerdos bilaterales y las dificultades para avanzar en una negociación con la Unión Europea confirman un diagnóstico de incertidumbre.