Coyuntura

El regreso del sandinismo al poder y la cristalización del «Estado-mara»

El debilitamiento político-institucional sufrido por Nicaragua a partir del fracaso del experimento revolucionario de los 80 generó las condiciones para la materialización de lo que aquí se identifica como el «Estado-mara». Se trata de un tipo de Estado que asume una serie de comportamientos, expresiones simbólicas y formas de organización propias de las pandillas centroamericanas conocidas como «maras»: una identidad negativa, un sentido de lealtad familiar y una visión personalizada y territorial del poder.

El regreso del sandinismo al poder y la cristalización del «Estado-mara»

Después de su independencia, los países de América Latina iniciaron procesos de construcción de Estados nacionales. Los avances logrados en esa dirección varían de país en país. En términos generales, la mayoría se encuentra hoy en diferentes puntos de desarrollo entre lo que definimos como el «Estado conquistador» –el modelo de organización social heredado de la experiencia conquistadora y colonizadora– y el Estado-nación –la expresión más avanzada del Estado nacional, adoptada como modelo normativo por los líderes de la América Latina independiente–.

El Estado conquistador asume una serie de características estructurales, entre las que se destacan la escasa capacidad de regulación social, la fragmentación social y territorial de su base espacial, la alta dependencia externa y la autonomía en relación con la sociedad.

La incapacidad de regulación social del Estado alude a su dificultad para organizar e institucionalizar las condiciones del orden social. Esto complica el establecimiento de un sistema nacional de normas legales y facilita la fragmentación territorial del poder y su personalización. Al mismo tiempo, la alta dependencia externa del Estado y su autonomía en relación con la sociedad les otorgan a los gobernantes del Estado conquistador la posibilidad de actuar a espaldas de esta y por encima de la ley. Esta caracterización se aplica claramente al caso de Nicaragua.

Durante las dos últimas décadas, la capacidad del Estado nicaragüense para crear las bases de un consenso nacional democrático que facilite la integración social y territorial se ha deteriorado significativamente. Este deterioro, a su vez, ha generado las condiciones para el surgimiento de un modelo de Estado cuya conceptuación rebasa el vocabulario convencional de las ciencias sociales.

En este trabajo se desarrolla el concepto de «Estado-mara» para hacer referencia al modelo de Estado que se ha materializado en Nicaragua desde el retorno al poder, en enero de 2007, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Se trata de una forma de Estado que asume una serie de comportamientos, expresiones simbólicas y formas de organización propias de las pandillas centroamericanas conocidas como maras: la esencia negativa de su identidad, el sentido de lealtad familiar que domina su cultura organizativa y la visión personalizada y territorial del poder.

Anagénesis institucional

El concepto de anagénesis se utiliza en biología para hacer referencia a un cambio evolutivo gradual que conduce al desarrollo de una nueva especie. Este concepto puede ayudar a aclarar el argumento central de este trabajo.

En determinados momentos de la historia, los cambios que experimenta la sociedad forman nuevas realidades sociales en las que se sintetizan y materializan las consecuencias acumuladas de su desarrollo. Esos procesos de cristalización –anagénesis institucional– se manifiestan claramente en el Estado.

La historia política e institucional de Nicaragua puede dividirse en tres momentos de anagénesis institucional. El primero corresponde al surgimiento del «Estado filibustero», nacido en 1856 bajo la insólita presidencia del estadounidense William Walker. Ese Estado esclavista que hablaba en inglés reveló, a pesar de su corta duración, la incapacidad de las elites liberales y conservadoras para articular un consenso nacional después de la independencia.

El segundo momento de anagénesis institucional corresponde al surgimiento del «Estado somocista». En ese modelo de Estado se materializó, nuevamente, la incapacidad de las elites para construir un consenso hegemónico sobre la base del cual articular un orden social. Entre 1857 y 1893, los conservadores gobernaron el país contra los liberales. Las elites liberales, por su parte, gobernaron contra los conservadores entre 1893 y 1909.

La intervención estadounidense que se inició en 1909 puso fin a las interminables guerras partidarias. Antes de retirarse de Nicaragua, en 1933, las fuerzas de intervención crearon las condiciones para el surgimiento de un Estado dictatorial que se extendió desde el ascenso al poder de Anastasio Somoza García, en 1936, hasta el triunfo revolucionario del FSLN, en 1979.

El surgimiento del Estado-mara representa un tercer momento de anagénesis institucional. En este nuevo tipo de Estado se sintetizan y cristalizan las tensiones, los fracasos y las contradicciones, políticas e institucionales, del periodo que abarca desde el triunfo de la Revolución Sandinista hasta nuestros días.

La génesis del Estado-mara: 1979-2009

El triunfo sandinista de 1979 abrió un breve momento de esperanza en la historia política nicaragüense. Sin embargo, el experimento revolucionario, como es bien conocido, desembocó en la polarización del país, la desarticulación de la economía y la guerra. La insostenible situación de fines de los 80 forzó a las partes en conflicto a aceptar la paz y los sandinistas accedieron a celebrar elecciones bajo la supervisión de observadores internacionales. En 1990, Violeta Barrios de Chamorro, al frente de la Unión Nacional Opositora (UNO), ganó los comicios.

Antes del traspaso del poder al nuevo gobierno electo, la desgastada institucionalidad del Estado nicaragüense recibiría un nuevo golpe. Entre el 25 de febrero de 1990, día de las elecciones, y el 25 de abril de ese mismo año, cuando asumió el poder Barrios de Chamorro, se registró una masiva transferencia de bienes estatales a miembros de la dirigencia sandinista. En sus memorias, Ernesto Cardenal explica en estos términos la dinámica de la masiva apropiación privada de bienes públicos que los nicaragüenses bautizaron como «la piñata»:

Hubo el robo de las propiedades del Estado que hicieron los dirigentes para adjudicarlas al Frente Sandinista, y el robo de las propiedades del Estado que los dirigentes hicieron para adjudicárselas a ellos mismos, y posteriormente el robo de las propiedades del Frente Sandinista que los dirigentes también se adjudicaron. Así fue como la mayoría de los miembros de la Dirección Nacional (aunque no todos) y otras autoridades del partido o altos funcionarios del gobierno y líderes sindicales se quedaron con cuentas bancarias, casas, vehículos, empresas comerciales, supermercados, haciendas cafetaleras y ganaderas, ingenios de azúcar, fincas bananeras, restaurantes, televisión, radios, empresas comercializadoras de carne, y de banano, y empresas financieras y bancarias.