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El eje lima-brasilia (donde algunos entran en arcos y salen con flechas)

Aunque los análisis suelen limitarse a los ejes Brasilia-Buenos Aires o Brasilia-Caracas, hay otro eje en construcción del que se habla menos. Se trata del eje Brasilia-Lima, que articula un corredor entre el Atlántico y el Pacífico a partir del trabajo conjunto de los grupos económicos privados y de ambos Estados. Para Brasil, se trata de una oportunidad para que sus empresas se expandan al mercado peruano y proyecten sus exportaciones hacia el Pacífico; para Perú, es una forma de atraer inversiones y contrapesar la creciente importancia de los capitales chilenos en el país. En suma, un proyecto de integración que permite articular los intereses de los empresarios con los objetivos geopolíticos de ambos países.

El eje lima-brasilia (donde algunos entran en arcos y salen con flechas)

Desde 2001, los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Perú, Alejandro Toledo y Alan García, han sorprendido al continente al estrechar relaciones. El foco central de este inusual acercamiento es el eje Lima-Brasilia, un ambicioso y costoso proyecto interoceánico que está generando realineamientos geopolíticos, modificaciones en los mapas de inversión, una futura revolución en materia de rutas comerciales y, como era de esperarse, crecientes conflictos sociales. La velocidad del cambio es tal que sorprende incluso a los entendidos, cuya atención siempre se ha orientado al eje Brasilia-Buenos Aires y el Mercosur, o al eje Brasilia-Caracas, pero no a este otro. Es hora de ponerlo en el mapa.

Los dos países han firmado tratados de seguridad y acuerdos comerciales, están organizando ferias exportadoras, proyectando inversiones y, sobre todo, inaugurando puentes y carreteras. De concretarse, el eje puede tener un impacto histórico al unir el centro de Sudamérica a través de un corredor exportador que conecta a Brasil con el Pacífico, y a Perú y Bolivia con el Atlántico. La temida China, interesada en penetrar en Brasil, también puede resultar beneficiada.

Hay otras sorpresas. Las negociaciones entre ambos gobiernos ocurren en paralelo a una penetración de los grupos económicos brasileños en Perú, un país que hasta hace poco tiempo no figuraba entre sus prioridades. En septiembre de 2008, la poderosa Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp) inauguró la Expo Perú con apoyo de la recién nacida Cámara Binacional de Comercio e Integración Perú-Brasil (Capebras). Al mismo tiempo, el grupo Gerdau, gigantesco holding empresarial brasileño, anunciaba una inversión siderúrgica en Perú por US$ 1.500 millones.

Dos grandes fuerzas empujan esta dinámica: los políticos de cada país, con sus particulares intereses, y los grandes empresarios, que encuentran en la relación bilateral oportunidades únicas de inversión y negocios. El eje opera en una relación simbiótica de largo plazo entre Estados y grupos económicos. Para entender esta nueva bisagra entre poderes, utilizamos en este artículo un enfoque realista que considera tanto los aspectos internos como los externos, con especial atención en los intereses específicos de los Estados y las empresas y en sus capacidades para manejar el cambio. En todo caso, el hecho de que el proyecto esté gerenciado por una alianza entre empresarios y gobiernos constituye una situación nueva en América Latina.

Para explicar las dinámicas del eje Lima-Brasilia conviene citar a los investigadores que consideran que los cambios en la escena internacional fortalecen a las corporaciones y las convierten en el epicentro de la globalización y en actores tanto o más importantes que los propios Estados-nación. Para otros autores, lo central no es el cambio en la correlación de fuerzas, sino las implicancias en la búsqueda de reglas y acuerdos formales e informales que den sostén a un nuevo orden. En ese marco se consideran como actores a las nacientes sociedades civiles local y global, única forma de construir arreglos institucionales para el manejo de conflictos.

Estos argumentos resultan válidos para América Latina, siempre y cuando se entienda su peculiar situación y la calidad de sus instituciones. En la región, se observa la creciente influencia y proyección internacional de los grupos de poder económico, cuya capacidad de acción tiene implicancias diversas tanto en las políticas internas de los Estados como en las relaciones entre ellos.

La «alianza estratégica» entre Perú y Brasil es un caso fascinante para entender las nuevas condiciones de competencia, así como la convergencia entre intereses económicos y geopolíticos. Los grupos económicos brasileños, fortalecidos como agentes económicos y obligados a internacionalizarse, impulsan la regionalización. Pero esta nueva situación también abre oportunidades para los grupos económicos peruanos, que pueden funcionar como socios menores, y resulta positiva para el Estado peruano, por razones que explicamos más adelante y que probablemente sorprenderán.

La convergencia de intereses es evidente: un país tiene lo que al otro le falta, y tanto las empresas como los Estados pueden beneficiarse sin que se generen grandes temores geopolíticos. Sus poblaciones, sedientas de empleo, no piensan mucho en los eventuales costos y asimilan el discurso de «progreso para todos» propagado por las empresas y los gobiernos.

Sin embargo, el desarrollo del corredor exportador enfrenta dificultades reales y potenciales. Para empezar, ambos países exhiben fuertes asimetrías, que pueden generar resistencia o dudas en los Estados más débiles (Perú y Bolivia). Se trata, en estos dos casos, de naciones políticamente muy inestables, lo que complica la perspectiva de largo plazo de Brasil, que es el país que diseña y lidera el eje. Por otra parte, los tres países involucrados sufren serios problemas sociales e institucionales, que la actual bonanza exportadora oculta por el momento, pero no resuelve. Estos problemas se pueden agravar en las zonas con más dificultades de gobernabilidad, como el Amazonas: mientras más avance la integración amazónica, mayores serán los «daños colaterales», lo que a su vez reducirá el campo de maniobra de las elites económicas y políticas de cada país. Finalmente, el futuro eje Lima-Brasilia genera efectos geopolíticos importantes: tanto Chile como Estados Unidos, países con grandes inversiones en Perú, pueden ver la iniciativa como un proyecto que puede reducir o limitar su influencia.

Las multilatinas

En su faceta económica, los proyectos integracionistas son resultado de la necesidad de adaptación a los nuevos tiempos. Hacia 2000, tanto Brasil como Perú habían superado la etapa recesiva e inflacionaria y habían logrado estabilizarse políticamente en un contexto de democracia. En este marco, ambos países comenzaron a vislumbrar las posibilidades de una mayor integración basada en una alianza entre el Estado y los grupos de poder económico. Para esa misma época, la etapa de reestructuración de los grupos económicos nacionales para adaptarse al doble reto de la apertura de los mercados y el ingreso de empresas multinacionales había concluido. Como resultado de esta adaptación, hoy los grupos de poder económico nacionales sobrevivientes se encuentran mejor administrados y más proyectados a los mercados internacionales, aunque siguen siendo vulnerables a la lógica de «o te quiebro o te compro» de las empresas multinacionales y la competencia asiática. Muchos de ellos han formado joint ventures e instalado plantas, y algunos hasta han comprado empresas en otros países: son las llamadas «multilatinas», la expresión más avanzada del capitalismo latinoamericano y el gran objeto de veneración de los analistas de mercado.