Desde fuera, España parece un caso excepcional: crecimiento económico, desempleo en su nivel más bajo en casi dos décadas, estabilidad política y un gobierno progresista que resiste la ola reaccionaria europea. Desde dentro, sin embargo, predomina una visión catastrofista alimentada por una crispación sin precedentes. Ante las elecciones anticipadas del 29 de noviembre, convocadas en el marco de un fuerte movimiento por la vivienda, se enfrentan dos relatos que parecen irreconciliables.