Tema central

¿Intereses comunes?

América Latina sufre una sobreoferta de procesos de integración que, en lugar de fortalecer la articulación regional, tienden a debilitarla. A ello se suman problemas específicos, como las asimetrías entre los países y dentro de cada uno de ellos. En el caso de Centroamérica, el incremento de la cantidad de pobres y la debilidad de las instituciones son problemas prioritarios. En este marco, los procesos de integración impulsados por Venezuela resultan atractivos para los países centroamericanos. Sin embargo, su adhesión no implica necesariamente un compromiso ideológico-político, sino una voluntad de aprovechar las oportunidades económicas. Esto explica por qué el alba ha logrado la adhesión de un número limitado de países, mientras que casi todos los Estados centroamericanos y caribeños participan de Petrocaribe.

¿Intereses comunes?

Introducción

La III Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), realizada en Caracas el 26 de noviembre de 2008, sirvió de marco para que los mandatarios de los países que integran el acuerdo –junto con Rafael Correa, de Ecuador, invitado como observador– se reunieran con el presidente de Rusia, Dimitri Medvédev. También fue una oportunidad para proponer nuevas formas de cooperación comercial entre sus miembros. En la cumbre, los mandatarios defendieron la necesidad de refundar el sistema financiero internacional de modo de basarlo en la solidaridad, el desarrollo en armonía con el planeta y la justicia social, como respuesta a la crisis financiera global. Propusieron también construir una zona monetaria con una moneda común –denominada Sistema Unitario de Compensación Regional, Sucre– que inicialmente incluya a los países del ALBA y a Ecuador (y donde Dominica participará como observadora). Además, se analizaron los avances en los «proyectos grannacionales» y se apoyó la propuesta de Venezuela de convocar una cumbre mundial sobre la crisis financiera en el marco de las Naciones Unidas.

Repasemos un poco la historia. El ALBA surgió como una propuesta del presidente venezolano, Hugo Chávez, con el objetivo de reforzar la autodeterminación y la soberanía de los pueblos, a través de una alternativa de integración que contrarreste las políticas económicas impulsadas por Estados Unidos y algunos organismos internacionales, como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El ALBA surgió, así, como la antítesis del denominado «Consenso de Washington». En 2004, el entonces presidente de Cuba, Fidel Castro, firmó con Chávez su tratado constitutivo, y en 2005 se realizó la primera reunión. En 2006 se incorporó Bolivia y en 2007 lo hicieron Nicaragua y Dominica; en 2008 se sumó Honduras.

En 2005 se creó Petrocaribe, una iniciativa de cooperación venezolana con los países centroamericanos y caribeños cuyo objetivo principal es contribuir a la seguridad energética. En el marco de este mecanismo, se han llevado a cabo cinco cumbres presidenciales, que han servido para suscribir una importante cantidad de acuerdos energéticos entre los países miembros del ALBA y los países caribeños y centroamericanos que integran Petrocaribe, lo que ha contribuido a que estos se hayan ido acercando a las políticas e iniciativas planteadas en el marco del ALBA.

Petrocaribe defiende un modelo de cooperación energética guiado por la solidaridad y el trato especial y diferenciado, cuya base es la política de Venezuela de otorgar precios subsidiados y desarrollar empresas mixtas para operar los mercados de petróleo. Pero Petrocaribe debe ser entendido como un instrumento de cooperación del ALBA que va más allá de las cuestiones estrictamente energéticas: de hecho, en el contexto de Petrocaribe se analizan proyectos para el desarrollo del transporte aéreo y marítimo en la subregión como requisito indispensable para la integración.

Tanto el ALBA como Petrocaribe subrayan, en sus tratados y acuerdos, «las nefastas consecuencias del desigual orden económico internacional», que impacta negativamente en los precios de los productos primarios y encarece los combustibles.

Se parte de la tesis de que, tras el fracaso del ALCA, EEUU, en respuesta a su incapacidad para proponer alternativas que aseguren el desarrollo, ha impulsado negociaciones de carácter comercial bilateral que inciden en el debilitamiento y la desintegración regional.

En el siguiente artículo se describe la proliferación de propuestas de integración en América Latina y el Caribe, luego se describe la situación social y política de Centroamérica y cómo esta afecta su proceso de integración. Finalmente, se analizan los procesos de integración centroamericana y el ALBA para identificar intereses comunes y tensiones.

La sobreoferta de propuestas de integración

En la actualidad, el escenario latinoamericano se encuentra debilitado por la sobreoferta de procesos de integración1. Son muchas las iniciativas y todavía más los actores involucrados en una gran cantidad de propuestas en temas de inserción económica, comercial, cultural, política e incluso de seguridad. Entre todas estas iniciativas, tres grandes procesos centralizan las principales apuestas comerciales y de integración en la región: el Proyecto Mesoamérica –antiguo Plan Puebla Panamá–, que se extiende de México hacia el sur, incorporando a Colombia e incluso con un acercamiento a Ecuador; el ALBA, que congrega a países sudamericanos, de Centroamérica y el Caribe; y la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), que involucra a los 12 países de la región. Estas iniciativas, de carácter regional amplio, se superponen a los mecanismos multilaterales formales e institucionalizados establecidos en cada una de las subregiones por sus propios mecanismos de integración: la Comunidad del Caribe (Caricom), el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercado Común del Sur (Mercosur). También se superponen a otros mecanismos de carácter funcional y orientados a la cooperación, como la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), la Asociación de Estados del Caribe (AEC), y a organismos como la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi). Finalmente, la única iniciativa de carácter regional que engloba a la totalidad de los países de América Latina y el Caribe y que más allá de sus altibajos históricos aún mantiene potencialidades para continuar desarrollándose es el Grupo de Río.

Esta sobreoferta de propuestas e iniciativas integracionistas produce tres consecuencias negativas que terminan por debilitar cada uno de los procesos. En primer lugar, genera una fuerte demanda en las agendas de los jefes de Estado y de gobierno, que deben prever reuniones –en la práctica, cada tres meses– en un contexto de «diplomacia de cumbres». En segundo lugar, la sobreoferta lleva a la falta de coordinación. Por paradójico que parezca, reduce las oportunidades de convergencia y la búsqueda de perspectivas compartidas. Por último, las múltiples propuestas poseen una débil estructura institucional, como consecuencia de la renuencia de los países a transferir capacidades y decisiones soberanas hacia entes supranacionales.

  • 1. La Secretaría General de Flacso realizó varios trabajos sobre el tema. V., por ejemplo, Francisco Rojas Aravena: Integración en América Latina: acciones y omisiones; conflictos y cooperación, iv Informe del Secretario General de Flacso, en prensa.