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Nosotros, ciudadanos a la intemperie

Un profundo malestar recorre la población, que parece haberse abandonado a la suerte de un destino aciago en casi toda América Latina. Basta observar nuestras ciudades y campos. Constatamos un agotamiento de las fuerzas sociales sustentadoras del proyecto democrático. Los rituales pirotécnicos de la democracia electoral, montados cada tres o cuatro años, entusiasman cada vez menos a la gente, aislada de colectivos orgánicos, inmersa en su soledad cotidiana, atrapada por la televisión y el desamparo. Surge, imprescindible, la necesidad de encontrar nuevos portadores de la democracia, antes de que se evapore el perfume de su copa vacía.

Nosotros, ciudadanos a la intemperie