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Las (inexistentes) relaciones Cuba-Estados Unidos en tiempos de cambio

El paso del tiempo no alteró demasiado las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, marcadas por la ruptura en 1961 y una serie de actos de hostilidad lanzados por Washington. Aunque los gobiernos de Barack Obama y Raúl Castro dicen estar dispuestos avanzar en la normalización de los vínculos, se trata de un largo camino en el que el bloqueo estadounidense y la exclusión de Cuba de varios eventos interamericanos contribuyen a mantener una situación propia de la Guerra Fría. En este marco,la «diplomacia académica» se propone estudiar las áreas de cooperación y conflicto y sacar conclusiones tendientes a mejorar las relaciones bilaterales.

Las (inexistentes) relaciones Cuba-Estados Unidos en tiempos de cambio

Raúl Castro y Barack Obama asumieron la primera magistratura de sus respectivos países con menos de un año de diferencia (febrero de 2008 y enero de 2009, respectivamente). Ambos mandatarios han impulsado programas de gobierno en los que han puesto el cambio como hilo conductor de sus políticas. Ambos han usado, incluso, consignas similares: «Sí, se puede», ha repetido el primer mandatario cubano varias veces desde 2006, cuando asumió interinamente; «Yes, we can» fue un lema clave de la campaña electoral del entonces candidato estadounidense en 2009. Ante esto, algunos especialistas conjeturaron que quizás habría llegado el momento para la normalización en las conflictivas relaciones entre estos dos vecinos asimétricos: Cuba y Estados Unidos1.Sin embargo, entre 2009 y 2012, año de elecciones en ambos países, se ha conmemorado el 50o aniversario de varios acontecimientos que todavía marcan negativamente las relaciones bilaterales:

3 de enero de 2011: medio siglo desde el rompimiento de las relaciones diplomáticas por decisión de Washington. Después de un largo periodo sin representación diplomática, en 1977 el gobierno cubano aceptó la propuesta del gobierno de Jimmy Carter de establecer Secciones de Intereses en las respectivas capitales, con el tácito propósito de avanzar hacia el establecimiento de relaciones diplomáticas integrales. La Habana hizo una concesión importante al abandonar la posición de que no iniciaría un proceso de negociación o normalización si antes no se eliminaban las sanciones económicas unilaterales que EEUU le impuso en 1962. Esas Secciones siguen existiendo, pero 35 años más tarde no se ha logrado dar el paso subsiguiente de normalizar las relaciones a nivel de embajada, como era entonces la intención de ambos gobiernos2. En marzo de 1989, el secretario de Estado del presidente George Bush ratificó la decisión de EEUU de no reconocer la legitimidad del gobierno de La Habana3, posición que se mantiene hasta hoy.

16-19 de abril de 2011: 50 años de la invasión de Cuba por una fuerza de 1.500 hombres de origen cubano, organizada, financiada y entrenada por los servicios de inteligencia de EEUU con el propósito de derrocar al gobierno revolucionario. A pesar de que la invasión fue repelida y la fuerza invasora, derrotada en menos de 72 horas, el gobierno estadounidense no abandonó en aquel momento –ni lo ha hecho desde entonces– una política de «cambio de régimen» hacia la isla.

Enero de 2012: 50 años de la suspensión de la participación del gobierno cubano en la Organización de Estados Americanos (OEA), decisión instigada por el Departamento de Estado de EEUU. En la Asamblea General de la OEA de San Pedro Sula en junio de 2009, EEUU se vio obligado a aceptar la reversión de este acuerdo por la presión conjunta de la mayoría de los miembros4. No obstante, Washington sigue insistiendo en excluir a Cuba de importantes eventos interamericanos, como sucedió en la Cumbre de las Américas de Cartagena, en abril de 2012. El gobierno cubano, por su parte, se niega a regresar a la OEA. La política de intentar aislar diplomáticamente a Cuba, iniciada por el gobierno de Dwight Eisenhower y continuada por los posteriores hasta el de Obama, ha tenido precisamente el efecto contrario: La Habana ha respondido ampliando sus vínculos diplomáticos globales, estrategia que se vio favorecida por la alianza con la Unión Soviética, pero también por su activismo tercermundista precisamente en el periodo en que el Sur global se convertía en un actor internacional importante a través de instituciones tales como el Movimiento de Países No Alineados y el Grupo de los 77.

Febrero de 2012: cincuentenario de la implantación de sanciones económicas unilaterales contra Cuba por parte del gobierno de John F. Kennedy, mediante orden presidencial. En 1992 y 1996, estas sanciones fueron convertidas en leyes del Congreso estadounidense. Cuba ha insistido en su levantamiento incondicional y ha logrado que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adopte anualmente, desde 1992, una resolución que las declara ilegales y exige su eliminación. No obstante, EEUU ha hecho caso omiso de las demandas de la comunidad internacional.

16-29 de octubre de 2012: 50 años de la «crisis de los misiles» o «crisis de octubre». Como parte de las acciones de EEUU, durante este periodo se suspendieron totalmente todos los contactos aéreos o marítimos entre ambos países y se prohibió la visita de ciudadanos estadounidenses a Cuba. A pesar de que esa prohibición se levantó por decisión de la Corte Suprema bajo el gobierno de Carter, en el de Ronald Reagan se impusieron restricciones de tal magnitud y envergadura que hoy se requieren licencias especiales para que los ciudadanos estadounidenses puedan visitar la isla.

Todas estas acciones aún hoy repercuten en el clima general y la situación concreta de las relaciones cubano-estadounidenses. A pesar de ser en su mayoría rémoras de la Guerra Fría, no se han podido dejar atrás. Y así, la normalización de relaciones entre Cuba y EEUU sigue siendo un objetivo elusivo, si no imposible. No obstante, hay muestras de que ambos países logran cooperar pragmáticamente en temas de interés mutuo, más allá de sus conocidas diferencias ideológicas5. Al propio tiempo, serias dificultades políticas impiden que esos ejemplos de cooperación fructífera se «derramen» a otras esferas de las relaciones, particularmente en el ámbito diplomático.

Pero, justamente, la diplomacia resulta imprescindible en el quehacer exterior de cualquier Estado y particularmente en la conducción de sus vínculos con países vecinos, como podría ser perfectamente el caso de Cuba y EEUU. Se puede decir que es un instrumento insustituible en la protección de los intereses nacionales por vía pacífica. Presupone, por tanto, la negociación y la relación respetuosa y mutuamente beneficiosa entre gobiernos6, y esto resulta todavía más evidente en el caso de una relación entre dos vecinos asimétricos, como lo son Cuba y EEUU.

  • 1. Carlos Alzugaray: ensayista y diplomático. Fue embajador de Cuba ante la Unión Europea entre 1994 y 1996. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y del consejo editorial de la revista Temas. Correo electrónico: <alzuga@cubarte.cult.cu>. Palabras claves: bloqueo, diplomacia, Raúl Castro, Barack Obama, Cuba, Estados Unidos.. V., por ejemplo, William M. LeoGrande: «Engaging Cuba: A Roadmap» en World Policy Journal, invierno 2008-2009, pp. 87-99.
  • 2. Ramón Sánchez Parodi: Cuba-usa: Diez tiempos de una relación, México, Ocean Sur, 2010, pp. 187-188. Parodi fue jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington entre 1977 y 1989.
  • 3. René Mujica Cantelar: «El futuro de las relaciones Cuba-Estados Unidos: una visión cubana sobre la perspectiva de Washington» en Cuadernos de Nuestra América vol. vii No 15, 7-12/1990, pp. 214-215. Mujica fue segundo jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington.
  • 4. Marifeli Pérez-Stable: The United States and Cuba: Intimate Enemies, Routledge, Nueva York, 2011, pp. 129-131.
  • 5. He abordado este asunto en «La seguridad nacional de Cuba frente a los Estados Unidos: conflicto y ¿cooperación?» en Temas No 62-63, 4-9/2010, pp. 43-53.
  • 6. Ismael Moreno Pino: La diplomacia: aspectos teóricos y prácticos de su ejercicio profesional, Secretaría de Relaciones Exteriores / Fondo de Cultura Económica, México, df, 2001, pp. 20-24.