Entrevista

Srećko Horvat: «Europa vive tiempos interesantes pero peligrosos»

El filósofo croata Srećko Horvat, fundador junto a Yanis Varoufakis del Movimiento para la Democratización de Europa, analiza la situación crítica que vive la Unión Europea y alerta sobre su posible desintegración

Srećko Horvat: «Europa vive tiempos interesantes pero peligrosos»

Srećko Horvat, uno de los filósofos y activistas más jóvenes y destacados de la nueva izquierda europea, tuvo desde pequeño una vida poco corriente. Nacido en Yugoslavia, su padre debió exiliarse en Alemania y fue recién con la disolución de la Unión Soviética que pudo volver a Croacia. Hoy, con 33 años, se define como un «ciudadano que vive en todas partes y en ninguna a la vez», una expresión que lo define en su interpretación global de la política como en su mirada internacionalista.

Desde la huella que marca su origen identifica un déjà vu con la actual situación del continente. En su momento, la Yugoslavia gobernada por el Mariscal Tito logró constituirse como uno de los más poderosos países que, desde el Movimiento de los No Alineados, supo marcar una distancia crítica tanto del eje dominado por Estados Unidos como por la Unión Soviética. «El experimento socialista yugoslavo comenzó a derrumbarse en los 80, mucho antes de la guerra civil de la década posterior, producto de su integración en el mercado mundial». Incluso en vida de Josip Broz Tito, Yugoslavia apeló a un modelo económico lejano a la planificación centralizada. Sin embargo, lo ocurrido en la década del ochenta aceleró un proceso de desintegración. «Yugoslavia contrajo seis préstamos del FMI, aplicó <ajustes estructurales> y se produjo un proceso que derivó en el cierre de fábricas y en el consiguiente desempleo de trabajadores, ¿Qué vino después? el resurgimiento del nacionalismo, el repliegue a los Estados Nación y una sangrienta desintegración. Si observamos el fenómeno con atención, la UE vive un proceso de desintegración similar. Nos acercamos a una nueva guerra que está justo a la vuelta de la esquina».

Los debates vinculados a la crisis del modelo de integración económica y social europea, han tomado el centro de la escena al interior del activismo de izquierda del continente. El filósofo esloveno Slavoj Žižek, con quien Horvat escribió el libro ¿Qué es lo que quiere Europa?, afirmó a comienzos de año que resulta urgente acabar con la ilusión de las soluciones estatistas aisladas. La crisis, afirmaba Žižek, no puede suponer una mera salida desde los Estados Nación. La asunción de este criterio resulta, de hecho, clave para avanzar en una dirección paneuropea.

Este enfoque no podría comprenderse sin las lecciones que imprimió la derrota de Syriza en Grecia, después del acuerdo entre Alexis Tsipras y la UE. No hay dudas de que el caso griego buscó ser un castigo aleccionador para el resto formaciones políticas emergentes, que intentaban abrirse paso bajo el lema de una nueva izquierda democrática y popular en Europa. Desde Bruselas, el Banco Central Europeo puso sobre la mesa un arsenal de requisitos a los que debía obedecer la ya golpeada economía griega como condición para su pertenencia al espacio económico de Europa. Debido a la crudeza con la que operó la Comisión Europea para impedir el despliegue de un proceso de cambio en Atenas, el mensaje fue claro: no hay gobierno de izquierda o progresista que pueda sobrevivir aislado. No basta con que Tsipras sea Primer Ministro en Grecia, ni que en España Podemos consiga 71 diputados en el Congreso, ni que Bloco de Esquerda apoye al gobierno de los socialistas en Portugal, ni que la izquierda alemana de Die Linke alcance resultados destacables en las últimas elecciones federales, si esas expresiones no se articulan entre sí. La interrelación de las mismas es, por tanto, fundamental para su desarrollo.

En febrero de este año, el ex-ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, con el apoyo de Horvat, Žižek y otros tantos activistas e intelectuales europeos, entre los que se encuentran desde Toni Negri hasta Julian Assange, lanzaron desde Berlín el Movimiento Democracia en Europa 2025 o Diem25, en un intento por diseñar una estrategia conjunta al problema europeo. Varoufakis lo definió como «una idea muy simple pero radical para democratizar Europa» que busca formar una red encargada de vincular a los distintos movimientos sociales y políticos de los diferentes países. No es un partido, nadie participa en representación de nadie, sino que se participa a nivel individual. «Nuestro objetivo de democratizar Europa es realista. No es más utópico de lo que ya lo fue la construcción inicial de la UE. De hecho, es menos utópico que intentar mantener con vida la actual Unión Europea antidemocrática y en proceso de fragmentación», el manifiesto de su fundación.

A pocos meses su lanzamiento, la salida del Reino Unido de la UE pareció ejemplificar el mensaje que dominó en el encuentro de febrero como mantra: sin un proceso de democratización, Europa irá camino a su desintegración. Horvat se encontraba en Londres el día en que los británicos optaron por el Brexit. «La discusión pública fue una locura. Una masiva propaganda emocional había reemplazado a los argumentos racionales», según afirmó. Para Horvat, el Brexit significó «el comienzo de la desintegración de la UE, una desintegración que seguramente va a traer efectos sobre el resto del mundo. Estamos viviendo tiempos interesantes, pero muy peligrosos».

Si bien reconoce la importancia de Diem25 para avanzar en un proceso de democratización de Europa, reconoce que no es suficiente. Horvat, a su vez, forma parte del proceso de creación de «una red de <ciudades rebeldes>». Un tejido entre gobiernos de cambio departamentales y/o municipales de distintos países europeos es considerado, por el filósofo, como un aspecto central para esta nueva construcción. «Consideramos que el nivel local es sumamente importante. Desde allí pueden realizarse cambios sumamente radicales, precisamente por tratarse de un nivel de menor escala». Según Horvat esta perspectiva debe combinarse con una visión global: «Necesitamos nuevos partidos políticos radicales, pero al mismo tiempo acompañados de movimientos de base. Sólo combinando todo esto podríamos llegar a un principio de un nuevo Movimiento de Países No Alineados, que incluiría también estrechos vínculos con América Latina y África. Tenemos mucho trabajo, pero es ahora o nunca.»

El panorama europeo actual es, sin dudas, complejo pero Srećko confía en que el desarrollo de mecanismos de encuentro y articulación entre activistas, intelectuales, organizaciones políticas y gobiernos de cambio permitirán el rediseño de una estrategia compartida de salida a la crisis que atraviesa el continente. De lo que se trata, es de construir otra UE. El proceso está en marcha desde sus bases. De su desarrollo dependerá el futuro.

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