Coyuntura

¿Una nueva relación entre el gobierno de Obama y el Caribe?

La V Cumbre de las Américas demostró la decisión del gobierno de Barack Obama de cambiar la perspectiva de las relaciones de su país con América Latina y el Caribe. Sin embargo, no hay que esperar cambios abruptos de un presidente que debe enfrentar problemas graves, como la crisis mundial y los conflictos en Oriente Medio. En cuanto a los países del Caribe, el nuevo gobierno estadounidense probablemente se focalizará en algunos casos, como Cuba o Haití, y en temas prioritarios, como las migraciones, el control del crimen organizado o la regulación de las jurisdicciones financieras offshore. El artículo asegura que no habrá milagros en el corto plazo, aunque tal vez sí un enfoque más estructurado por parte de Washington.

¿Una nueva relación entre el gobierno de Obama y el Caribe?

La presencia de Barack Obama en la V Cumbre de las Américas realizada en Puerto España, Trinidad y Tobago, del 17 al 19 de abril, constituyó su primera visita oficial a una nación caribeña y su primera reunión con los 34 gobernantes de América Latina y el Caribe (con excepción de Cuba). La I Cumbre de las Américas, convocada en 1994 por el presidente Bill Clinton en Miami, fue casi una celebración del potencial del hemisferio occidental. Todos los países participantes acordaron negociar un tratado de libre comercio hemisférico para 2005 y se comprometieron a fortalecer los esfuerzos colectivos para proteger la democracia.

El clima global y regional que rodeó la V Cumbre, casi 15 años más tarde, fue muy distinto. La recesión mundial, un desempleo abrumador, la brusca fluctuación de los precios de los commodities, la incapacidad de muchos países para controlar el desenfrenado crimen transnacional y garantizar la seguridad pública, y un deterioro del ambiente que se acelera rápidamente, son la norma.

La realidad diplomática y política americana también es diferente. En primer lugar, el libre comercio ya no es un «mantra» para los países del continente. Las negociaciones para conformar un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) colapsaron en 2004, durante la reunión de ministros de Comercio realizada en Miami, y quedaron definitivamente sepultadas en 2005, en la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, Argentina. En segundo lugar, si bien es cierto que hoy EEUU es menos importante para la economía de muchos de los países latinoamericanos más relevantes y ha perdido capacidad para influir en las decisiones de la región, también es verdad que la crisis económica global vuelve mucho más necesaria la cooperación interamericana. En tercer lugar, hoy EEUU tiene un presidente admirado: durante la Cumbre en Puerto España, Obama concentró la atención en su propuesta de avanzar hacia una nueva era de cooperación con la región. El tema elegido para la Cumbre, «Asegurar el futuro de los ciudadanos promoviendo la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental», es un punto de partida adecuado desde el cual negociar una agenda consensual para América.

La Cumbre fue la primera oportunidad colectiva para que los gobernantes de América Latina y el Caribe (con excepción de Cuba) dialogaran con el nuevo presidente de EEUU. El hecho de que el encuentro se haya realizado en Trinidad y Tobago fue muy importante para este país. Si bien los problemas diplomáticos y de seguridad asociados a la Cumbre pueden resultar enormes para un país tan pequeño, Trinidad y Tobago hizo algo más que simplemente proveer un lugar de reunión. Junto con la Organización de Estados Americanos (OEA), asumió el liderazgo y se apropió del proceso. El éxito de la Cumbre fue en gran medida resultado de los esfuerzos de esta pequeña pero próspera nación caribeña, con una población de 1.300.000 habitantes, que ha contribuido a rescatar las conferencias interamericanas.

Un breve análisis de la Cumbre

En sus diálogos con los presidentes y jefes de Estado reunidos en la Cumbre, Obama obtuvo un gran éxito en la disminución de las actitudes hostiles de los mandatarios de Venezuela y otros países enfrentados con EEUU. El presidente estadounidense se manifestó incluso dispuesto a conversar con Hugo Chávez y tal vez a avanzar en una distensión de las relaciones entre ambos países, algo que la mayor parte de América Latina celebra pero que en EEUU genera resistencia.

Con respecto a la crisis económica mundial, Obama defendió públicamente las iniciativas para ayudar a los países de América Latina y el Caribe y otras naciones en desarrollo, básicamente a través de un aumento inmediato de los recursos de los que disponen el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bancos multilaterales. Como parte de esta iniciativa, mencionó el fortalecimiento del capital del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Durante la Cumbre, Obama habló de un «nuevo comienzo» en las relaciones entre EEUU y Cuba. Esto incluyó el anuncio de una serie de medidas largamente esperadas: el fin de las restricciones a las visitas de los cubanoamericanos a la isla, el levantamiento del límite máximo para las remesas y la autorización a las empresas de telecomunicaciones estadounidenses para operar en Cuba. Este tema se convirtió en uno de los ejes de la Cumbre. Los presidentes latinoamericanos y caribeños criticaron la exclusión de ese país de la OEA y otras organizaciones multilaterales. Además, instaron a poner fin a las casi cinco décadas de bloqueo económico estadounidense. Sin embargo, a pesar de los fuertes argumentos, Obama no se comprometió a terminar con el embargo.

No faltaron temas polémicos y hubo muchas diferencias respecto de la declaración final. El primer ministro de Trinidad y Tobago, Patrick Manning, anfitrión y presidente de la Cumbre, fue el único en firmar la declaración, en representación de todos los mandatarios presentes. Si bien los presidentes habían alcanzado un consenso respecto a la mayor parte del contenido del documento, algunas opiniones divergentes impidieron la unanimidad.

En efecto, ya antes de la Cumbre, los líderes de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), en particular los de Venezuela, Bolivia y Nicaragua, manifestaron críticas abiertas al borrador y anunciaron que no lo firmarían. Objetaban ciertos párrafos del documento que atribuían a la OEA la autoridad para supervisar las cuestiones relacionadas con los derechos humanos y la democracia en el hemisferio. Pero también otros presidentes objetaron que la declaración, cuyo borrador había sido redactado el año pasado, no tomara en consideración la grave crisis financiera y, en particular, los resultados de la reciente reunión del G-20 en Londres. En las sesiones privadas, donde se tomaron las principales decisiones, los presidentes se concentraron en unos pocos temas prioritarios. La crisis económica mundial recibió mucha atención. En respuesta a esta situación, Obama afirmó que EEUU pondría a disposición un Fondo para el Crecimiento con Microfinanciación de US$ 100 millones para todos los países del hemisferio. Los presidentes de América Latina y el Caribe fueron más lejos: recordaron que el G-20 acordó conceder cientos de miles de millones de dólares al FMI, y propusieron que una parte de esos fondos se destinaran a la recapitalización del BID, principal fuente de fondos para el desarrollo en la región.