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Sionismo: El ocaso de una quimera

El sionismo tiene un interés evidente en que a los judíos radicados fuera de Israel continúen sometiéndolos a persecuciones. Ven en ello la garantía de que toda auténtica asimilación es imposible... No le niego a nadie el derecho de querer vivir con la conciencia de pertenecer a una minoría... Pero, por otra parte, no me prestaré a una empresa encaminada a impedir por la fuerza la asimilación de tal o cual minoría. Porque ello implicaría utilizar los mismos métodos que utilizan los antisemitas. Bruno Kreisky (Le Nouvel Observateur, 23-4-79) Apenas un observador intenta abordar con ánimo racional la cuestión judía, la atmósfera de probidad crítica se enrarece. Los antijudíos (prefiero este término al equívoco "antisemita", que emplearé sólo cuando cite textos ajenos) descalifican todo argumento que no se ciña a sus prejuicios y a un cúmulo de mitos infamantes, adjudicándolo a una tenebrosa conjura. Los filojudíos proceden de la misma manera: quienes incurren en la temeridad de no sacralizar el papel que este grupo humano desempeñó en el pasado, de impugnar los actos que algunos de sus miembros ejecutan en el presente, y de postular opciones que podrían debilitar su cohesión para desembocar en una fusión espontánea con otros pueblos, son estigmatizados mediante una diatriba visceral que los equipara a los ideólogos de las abominaciones nazis. Sí, para colmo, tales temerarios son de ascendencia judía, pero no permiten que esta circunstancia fortuita gobierne su conducta racional, recae sobre ellos el mote de traidores o un diagnóstico fulminante: son víctimas del fenómeno patológico denominado autoodio. "En el fondo de la cuestión escribió S. Levenberg -, subyace una revuelta contra los padres y demás familiares".

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