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Reseña de El sueño de Bolivar, de Marc Saint-Upéry

Reseña de El sueño de Bolivar, de Marc Saint-Upéry

Cuando las izquierdas gobiernan: una perspectiva comparada

Franklin Ramírez Gallegos

Ni liberales o pragmáticos de la «tercera vía», pero tampoco radicales o «movimientistas» de la izquierda contemporánea se verán cabalmente complacidos luego de leer las 400 páginas a través de las cuales Marc Saint-Upéry, editor y analista político francés, efectúa un exhaustivo recorrido por las razones, las características y las consecuencias del reciente giro a la izquierda en la política sudamericana.

Publicada en el año 2007 por la prestigiosa editorial francesa La Découverte (París), la obra El sueño de Bolívar ha sido traducida, editada y, a mi juicio, acertadamente ubicada por Paidós (Barcelona) como parte de la sección Historia Contemporánea, en la que la editorial española también ha publicado obras como Fitna. Guerra en el corazón

del islam de Gilles Kepel (2004) o El imperio incoherente. Estados Unidos y el nuevo orden internacional (2004) de Michael Mann. Y es que Saint-Upéry, fiel a su densa cultura intelectual de base marxiana, lee los actuales procesos políticos sudamericanos a partir de un doble registro analítico: la exploración de la huella de las trayectorias institucionales y de los patrones históricos de desarrollo en el ascenso al poder de las nuevas formaciones políticas y, desde un ángulo nítidamente sociológico, el seguimiento de la evolución de las relaciones de clase y cultura que, en la base de la sociedad, permiten, constriñen y otorgan un específico carácter a cada uno de los gobiernos de la izquierda latinoamericana.

En la lectura de El sueño de Bolívar, sin embargo, la matriz teórico-analítica pasa prácticamente desapercibida. Aunque con el mismo rigor de sus demostraciones, no se trata para nada de una pesada obra académica destinada a orbitar en los escritorios de los expertos. Los «profanos» se sentirán, al contrario, bastante cómodos para emprender una lectura que, aunque escrita en código de periodismo culto, tampoco puede ser clasificada apenas como una bien documentada narrativa. La formación y las herramientas intelectuales del autor le permiten, más bien, mostrar a la vez su oficio de meticuloso investigador comparatista y sus dotes de crítico ilustrado de los avatares de la política latinoamericana. La muy bien lograda explicación del complejo fenómeno del «peronismo kirchnerista», en el tercer capítulo del libro, da cabal cuenta de tales destrezas.

Heredero de la preocupación bourdieusiana sobre la necesidad de objetivar tanto el trabajo investigativo como el posicionamiento del observador, el autor hace explícita su posición de analista interesado, en tanto militante de izquierdas, y bautiza su perspectiva de trabajo con la original etiqueta de «periodismo por impregnación». Se trata de un abordaje metodológico que se nutre de un vaivén permanente entre el conocimiento familiar del terreno –antes de emprender la escritura de su libro, Saint-Upéry autofinanció sus viajes durante cuatro años por los diferentes países de la región–, el seguimiento del trabajo de periodistas y reporteros bien informados, y el consumo de lecturas especializadas en múltiples campos disciplinarios de las ciencias sociales.

Difícilmente clasificable en términos de algún género o disciplina claramente acotados, El sueño de Bolívar aparece como una obra eminentemente política, que no escatima esfuerzos a la hora de debatir sobre los más o menos clásicos dilemas ideológicos y estratégicos de las izquierdas latinoamericanas (¿la confrontación antiimperialista con el ahora alicaído hegemón global es la única posición consecuente de un gobierno progresista?), o de abrir nuevos campos de indagación y disputa, con la misma izquierda o con el biempensante liberalismo, sobre cuestiones que en la región apenas empiezan a tematizarse en tanto ámbitos de intervención y de reforma política (¿en qué medida la discriminación positiva puede constituirse en una política de izquierdas?).

En El sueño de Bolívar, la polémica aparece, en efecto, como el nervio de la actividad política. Es allí donde se observa, sin ambages, que su militancia no se ha detenido en el acompañamiento voluntarioso de movimientos sociales u organizaciones populares y, ya en nuestros días, en cualquier forma de optimismo complaciente con los gobiernos de la tendencia. Nada más lejos que eso. La voluntad de debate del autor se inserta en el mismo espacio de ambivalencia y conflictividad con que gobiernos y movimientos progresistas enfrentan la vigente coyuntura, y en las líneas de tensión con la pereza intelectual de voces autorizadas del establishment liberal que no ven el fenómeno de los nuevos gobiernos de izquierda sino como una desviación de los supuestos cánones universales de la democracia representativa y el mercado desregulado.

Las fronteras político-ideológicas que se derivan de la interpretación de Saint-Upéry son, sin embargo, más complejas de lo que se podría esperar de cualquier lectura convencional sobre la izquierda y desde ella. Los más agudos embates del texto no se dirigen contra el noventismo neoliberal o el estrecho liberalismo procedimental. Con ellos el autor es mucho menos severo que con los argumentos proferidos desde una cierta izquierda «radical» que ha colocado al presidente venezolano, Hugo Chávez, como el nuevo gran comandante de los excluidos, el ícono del antiimperialismo del siglo XXI y el eje de una revolución continental ya en marcha. El segundo capítulo del libro está dirigido a desmontar tales imaginarios.

No existe, dice el autor, un proceso de cambios efectivamente revolucionarios en Venezuela y, en medio de un escenario de enorme discrecionalidad, apenas si se ha dirigido hacia «los de abajo» una parte de la enorme riqueza petrolera generada en el marco de un capitalismo de Estado rentista que, consolidado durante los años 70, simplemente no ha sido modificado. El anuncio del advenimiento del «socialismo del siglo XXI», efectuado por Chávez en el Foro Social Mundial de 2005, careció desde siempre de una conciencia clara de lo que implica el poder organizativo de la sociedad y la capacidad autogestionaria de la economía. Por ello, aunque se ha fortalecido la capacidad de movilización de los sectores populares, ello sucede en el contexto de unos fuertes vínculos clientelares y emocionales con el Poder Ejecutivo. A la vez, aunque se ha alentado intensamente el sector cooperativo, muchas de las nuevas cooperativas viven de las puras rentas estatales y tienden más bien a encubrir precarias formas de contratación y flexibilización laboral. La Revolución Bolivariana está, en suma, largamente insuflada en términos ideológicos, y las reiteradas diatribas socialistas de su líder apenas si tienen arraigo en su ineficiente burocracia, en su oportunista militancia y, menos aún, en el sentido común de una de las sociedades más consumistas de la región.