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«Meterse en política»: la construcción de PRO y la renovación de la centroderecha argentina

Desde su nacimiento, en el turbulento contexto de 2001-2002, Propuesta Republicana (PRO), el partido fundado por Mauricio Macri, empresario y ex-presidente del Club Atlético Boca Juniors, resistió la tentación de diluirse en los partidos tradicionales y se convirtió en un espacio de renovación de la centroderecha argentina. En él conviven políticos de larga data con nuevos ingresantes a la actividad, relacionados con el mundo empresario y de las ong y los think tanks liberales. El emprendedorismo y el voluntariado son valores partidarios dominantes, a lo que suman un discurso «postideológico», una estética festiva y un liderazgo propio de un team leader empresarial.

«Meterse en política»: la construcción de PRO y la renovación de la centroderecha argentina

Nacido de un think tank, en el contexto de la crisis argentina de 2001 y 2002, el partido Propuesta Republicana (PRO) se constituyó, desde su creación, en la principal fuerza de centroderecha argentina1. Su heterogeneidad organizacional y sus innovaciones ideológicas le permitieron renovar ese espacio político y acceder a electores históricamente esquivos a él. La empresa se reveló exitosa, en especial en la ciudad de Buenos Aires, donde gobierna desde 2007 y consiguió la reelección en 2011, y donde ha ganado la mayor parte de las elecciones –tanto legislativas como ejecutivas– desde su definitiva conformación en 2003. En este artículo nos proponemos trazar la génesis de este partido, dar cuenta de los grupos políticos que lo componen, así como de los mundos sociales en los que recluta su militancia y en los que abreva para la construcción de un discurso modernizador y desideologizado, que, como veremos, provee un horizonte político a amplios sectores sociales.

En la primera parte nos ocupamos de la historia del partido, del modo en que, en la transición entre un neoliberalismo «noventista» en decadencia y un nuevo tiempo político inaugurado por la crisis social y por las movilizaciones políticas de diciembre de 2001, construyó una organización propia, escapando a la tentación de diluirse en partidos ya existentes. En la segunda, nos dedicamos a analizar los grupos dirigentes que componen PRO y mostramos la convivencia de políticos de larga data, provenientes de la derecha tradicional pero también del peronismo y del radicalismo, con nuevos ingresantes a la actividad, relacionados con el mundo empresario y con el universo de las ONG y los think tanks. Luego, trabajamos sobre los espacios de reclutamiento del partido, para comprender qué tipo de actores se acercan y qué tipo de disposiciones sociales y visiones del mundo son privilegiadas en PRO, un partido en el que el hacer propio de la lógica emprendedora parece ser un valor dominante.

Un partido vecinal: el nacimiento de PRO en un contexto de fluidez política

Poco antes de que se agotara definitivamente el esquema económico de convertibilidad entre el peso y el dólar que había permitido a la derecha neoconservadora argentina incidir ampliamente en las políticas del gobierno peronista de Carlos Menem, el empresario Francisco de Narváez organizó la Fundación Creer y Crecer. Se proponía construir equipos técnicos y políticas públicas para influir en los programas de gobierno que presentarían los principales candidatos en las elecciones presidenciales de 2003. Su primer socio fue el también empresario Mauricio Macri, heredero del grupo Sociedad Macri (SOCMA), y entonces presidente del Club Atlético Boca Juniors. Para buena parte de la centroderecha argentina, dentro y fuera del peronismo, su figura era una promesa política de gran interés: con imagen pública en ascenso, en virtud de su participación en el mundo del fútbol, era además el retrato de un empresario exitoso, un valor de relieve para este sector. El diagnóstico de la crisis que se avecinaba empujaba a algunos empresarios a fomentar la construcción de políticas sectoriales que aseguraran que los «logros» de los años menemistas no se perdieran en medio de las dificultades del país. El formato no era nuevo. El Grupo Sophia había sido creado en los años 90 con el mismo objetivo, tal como, en buena parte, otro think tank de cuya fundación había participado Sonia Cavallo, la hija del ex-ministro de Economía Domingo Cavallo, el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC). Los nuevos think tank, sin vínculos orgánicos con los partidos políticos, proveen políticas «llave en mano» y cuadros técnicos a las fuerzas con posibilidades de acceder al gobierno. Son, al mismo tiempo, un espacio de inserción laboral de profesionales y expertos vinculados a las políticas públicas. PRO iba a abrevar de este mundo de expertos y profesionales. A su vez, el Grupo Sophia iba a encontrar en el incipiente macrismo un espacio de desarrollo que lo llevaría a fundirse en un proyecto político que daba un lugar a los equipos técnicos que las fuerzas políticas tradicionales escamoteaban. Desde este ángulo, puede decirse que PRO es heredero de un formato político estabilizado en los años 90.

La crisis social y las movilizaciones políticas de diciembre de 2001 iban a provocar un cambio en la lectura de la situación, así como en los objetivos de Creer y Crecer, lo que permitiría el nacimiento de PRO como partido. Por un lado, al calor de la deslegitimación generalizada del personal político de los partidos tradicionales y de las tensiones internas del peronismo a la hora de definir sus candidaturas para las elecciones presidenciales de 2003, Macri fue abandonando progresivamente la idea de mantener a la Fundación solo como proveedora de ideas y de cuadros técnicos para esas fuerzas –los vínculos con el peronismo eran, sin duda, mucho más estrechos que con el radicalismo2–. La renovación de la política fue desde entonces una de las banderas principales de su emprendimiento político. Por otro lado, y en consecuencia, decidió crear un partido político para disputar las elecciones de 2003. Macri ya no iba a ser solo el candidato ideal que Creer y Crecer podía proponer a alguno de los partidos mayoritarios, sino también la cabeza de un proyecto político que dibujaría contornos propios. Para eso, comenzó con una implantación local, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para competir en las elecciones municipales de 2003. Una vez en el gobierno porteño, podría aspirar a convertirse en una fuerza nacional. Fue entonces cuando las diferencias con De Narváez, más favorable a mantener la cercanía con el peronismo o, en su defecto, a disputar con un nuevo sello las presidenciales, los llevaron a separarse. Los dos empresarios iban a encontrarse nuevamente en otras coyunturas electorales, pero estaba claro que las estrategias políticas los embarcaban en caminos diferentes. De Narváez fue, durante la campaña de las presidenciales de 2003, uno de los referentes técnicos de Carlos Menem.

  • 1. Gabriel Vommaro: es magíster en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (uba) y doctor en Sociología por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (ehess), París. Es investigador-docente en el Instituto del Desarrollo Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento (ungs), donde dirige el Área de Política, e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina. Palabras claves: centroderecha, emprendedorismo, militancia política, voluntariado, Mauricio Macri, pro, Argentina.. El partido liderado por Mauricio Macri toma el nombre pro recién a partir de las elecciones legislativas de 2005. Entre 2003 y 2005, en tanto, se llamó Compromiso para el Cambio. En este artículo utilizaremos siempre la sigla pro.
  • 2. Como en todo momento de crisis y reacomodamiento político, los pasos dados no estaban exentos de titubeos. Todavía en junio de 2002, Macri, de gira por España, decía luego de una reunión con representantes de grandes empresas de ese país: «Les hemos informado sobre el plan de gobierno preparado por 250 especialistas jóvenes de nuestra Fundación Creer y Crecer para refundar la Argentina. Esperamos que este plan sea aplicado por el próximo gobierno. Lo entregaremos al que gane las elecciones sin ningún sectarismo, ya que no está ligado a una candidatura personal». Citado en Juan Carlos Algañaraz: «Macri, de campaña también en Madrid» en Clarín, 8/6/2002.