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La política de la «buena onda». El otro Mauricio y la reinvención de la derecha ecuatoriana en tiempos de Revolución Ciudadana

En febrero de 2014 la derecha ecuatoriana alcanzó su primer triunfo político de envergadura luego de siete años de gobierno de la Revolución Ciudadana. Mauricio Rodas, joven abogado de la elite local, fue elegido alcalde de Quito con una amplia mayoría. La tesis oficial acerca de los intentos de «restauración conservadora» no parece dar cuenta de que las derechas no son ya simplemente una reiteración plana del neoliberalismo de los años 90. En este aggiornamento tiene un destacado papel el estratega ecuatoriano Jaime Durán Barba, gurú del estilo festivo y en apariencia pospolítico que dio su personalidad al partido de Mauricio Macri, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y que es una inspiración clave para el «Mauricio quiteño».

La política de la «buena onda». El otro Mauricio y la reinvención de la derecha ecuatoriana en tiempos de Revolución Ciudadana

La marca® de Durán Barba

Pocas semanas después de las elecciones del 23 de febrero de 2014 (23-F), el presidente Rafael Correa habló de una «restauración conservadora» para referirse al repunte de la derecha en los gobiernos locales. Más que la cuarta victoria consecutiva del líder socialcristiano, Jaime Nebot, para la Alcaldía de Guayaquil, el presidente tenía en mente la derrota de su movimiento Alianza País (AP) en Quito, bastión de la Revolución Ciudadana, a manos de Mauricio Rodas, nueva «esperanza blanca» de los sectores que se han opuesto desde la derecha a Correa a partir de 2007.

La tesis de la restauración conservadora oscurece, sin embargo, la comprensión del fenómeno Rodas y de otros rebrotes neoliberales, pues ve solo reiteración donde hay signos, aun si ambivalentes, de renovación. Esta lectura escamotea los peligros del mito que presenta la estetización del liberalismo como expresión de lo natural y las críticas que buscan develar el violento proceso ordenador de la vida social que este desata. En este sentido, nos referimos a la construcción política de la forma como aquella que asume la arbitrariedad con que se configura lo social1.

Y si de formas se trata, pocas figuras hay más notorias en la política latinoamericana contemporánea que el estratega de marketing político Jaime Durán Barba. No se pueden seguir los hilos del nuevo alcalde quiteño sin aludir a la gozosa sombra del alfil que alteró el entendimiento de lo político de buena parte del establishment regional. Asesor de diversas figuras políticas del continente –desde Mauricio Macri hasta Felipe Calderón, pasando más recientemente por la brasileña Marina Silva–, secretario de la Administración Pública del gobierno democristiano que dolarizó la economía ecuatoriana (1999), profesor visitante de universidades estadounidenses, ensayista, Durán Barba cultiva una red de vínculos personales e institucionales a la que no es ajeno el propio Rodas. Desde ahí se fragua un complejo entramado político que circunda e internacionaliza cada experimento electoral exitoso en que se inmiscuye.

La modularidad de las campañas electorales de Durán Barba se asienta en una interpretación celebratoria del malestar ciudadano con el mundo de la política. Así, según propone el estratega ecuatoriano en sus incursiones intelectuales, los jóvenes de la nueva era no se reconocen en esas instituciones arcaicas de la modernidad tales como el ciudadano activo, la organización ideológica y partidista o incluso el mismo Estado-nación, una pura ficción militar al desuso. Nada de eso2. Hoy en día los jóvenes buscan, hedonistas, ejercer sus intereses individuales, consumir, expresar su identidad en el seno de una sociedad civil tajantemente escindida del Estado, matriz de pura imposición forzosa. Lo que ahora los jóvenes quieren

es que lo político se ponga al servicio de su vida, de su hedonismo, de su placer. No quieren dar la vida por un ideal. Su ideal es que su vida sea hermosa. Cambiamos de la lucha por la revolución a lo que se llama la búsqueda de «la aventura a la vuelta de la esquina». Del marxismo viejo a una perspectiva anarquista (…) es más interesante tener una aventura a la vuelta de la esquina que cambiar el mundo.3

Semejante relato destempla los oídos de la tradición política moderna –y hace añicos cualquier retórica del cambio histórico–, pero luce casi natural para un novel político como Mauricio Rodas, de 39 años, quien antes de entrar en la arena electoral propugnaba desde la Fundación Ethos4 un «modelo de gobierno responsable»5 que, tout court, alienta la idea de una administración de las cosas ajena a cualquier motivación política6. De algún modo, entonces, Rodas encarnaba ya con todas las letras al personaje pospolítico que la hermenéutica de Durán Barba coloca como jubiloso héroe de una sociedad atravesada por la fluidez de internet, las imágenes y el mercado cultural de la diversidad identitaria.

No cabía, entonces, travestir al candidato. Apenas depurarlo, sofisticar su forma. Tres operaciones del estratega lucieron del todo gravitantes para tal propósito. La primera: presentar a Rodas como el chico débil que enfrenta al Goliat de la todopoderosa Revolución Ciudadana. Aquello suponía «construirlo» como carente de recursos económicos, de aparatos organizativos, de ambiciones políticas, en fin, borrar de su figura todo interés y vocación de poder. Siempre de la mano de su esposa, esto lo coloca en las antípodas del caudillo convencional tan propio de la vieja sociedad de «machos alfa que se pelean la hegemonía a mordiscos»7.La segunda: evitar cualquier signo de confrontación política, más aún si tiene ribetes ideológicos y activa la conflictividad social. El que lucha, pierde. Aquello no fue solo un recurso táctico para enfrentar al candidato de un partido oficialista hasta entonces invencible y cuyo líder mantiene un robusto anclaje popular tras más de siete años en el poder. Para nada. En la táctica se juega la identidad misma del candidato y de su proyecto: recuperar la fluidez de lo social que la política populista interrumpe con su esencia polarizadora. Para el ciudadano en busca de una «vida hermosa», cualquier atisbo de lucha y contradicción luce espantoso. La política del antagonismo lo repele8. Procura una sociedad armónica de interacciones políticas dóciles. Ahí se conectan la «buena onda» del jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el «Quito multicolor» del «otro Mauricio». Se inaugura el tiempo de la polis pacificada en medio de la turbulencia nacional-popular9. La tercera: evitar discursos refundacionales y dar señales de cambios parciales en el marco de una matriz de acción pública que alejó a la sociedad del estado de precariedad, exclusión y desigualdad que desató la crisis neoliberal de fines de siglo. Así, tras casi una década de retorno estatal y de políticas sociales construidas bajo la bandera del mandato popular, la campaña de Rodas construye una narrativa que integra –banalizándolos y naturalizándolos– algunos elementos de la transformación operada por la izquierda gubernativa (la cuestión social, la titularización de tierras en la periferia, etc.), para ocupar también sus territorios simbólicos y nutrirse de sus zonas desérticas.

  • 1. Para Karl Marx, el secreto por develar no era el contenido oculto detrás de la forma mercancía sino su carácter ordenador. El descubrimiento del trabajo existente detrás de la forma mercancía removía las apariencias de que esta era un fenómeno accidental. Así, la crítica y la reconfiguración de la sociedad, en la tradición socialista, pueden entenderse como una disputa por la forma en el terreno mismo de la forma. Ver Slavoj Žižek: El sublime objeto de la ideología, Siglo xxi, Buenos Aires, 1992.
  • 2. J. Durán Barba y Santiago Nieto: Mujer, sexualidad, internet y política: los nuevos electores latinoamericanos, Fondo de Cultura Económica, México, df, 2006.
  • 3. «El asesor de Mauricio Macri: Jaime Durán Barba» en El Ruido de las Nueces, 22/7/2011, disponible en www.elruidodelasnueces.com.ar/?p=6250.
  • 4. Think thank de corte liberal que se presenta como «independiente, apartidista y sin fines de lucro» y que se dedica a la evaluación y el diseño de propuestas de política pública que consoliden el modelo de gobierno responsable en México y América Latina. Página web: www.ethos.org.mx.
  • 5. Para acceder a la presentación del propio candidato, v. M. Rodas Espinel: «Modelo de gobierno responsable», Fundación Ethos, s./f., disponible en www.uasb.edu.ec/UserFiles/381/File/modelo%20de%20gobierno%20responsable.pdf.
  • 6. Tal como lo estipula la Fundación Ethos: «El Modelo de Gobierno Responsable es la ejecución de acciones que sean realmente convenientes para la sociedad, independientemente de si hacerlo genera réditos o popularidad para los gobernantes».
  • 7. V. «Durán Barba: la política erotizada» en El Ruido de las Nueces, 23/7/2011, www.elruidodelasnueces.com.ar/?p=6266.
  • 8. Así, al analizar la campaña de 2014, Durán Barba señala: «El problema de Correa fue nacionalizar, politizar, ideologizar la campaña». «Cómo el ‘nuevo Mauricio’ de Durán Barba le ganó a Correa», entrevista con Diego Dillenberger en La hora de Maquiavelo, 26/2/2014, disponible en www.youtube.com/watch?v=yxijogy0zog.
  • 9. Sobre la política de la imagen de M. Rodas, v. Ana Guerrero: «Con ‘Quito multicolor’, Rodas busca posicionar su gestión» en El Comercio, 24/7/2014.