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La nación latinoamericana

LA UTOPIA ESTABA AQUI América Latina existió desde siempre bajo el signo de la utopía. Estoy convencido igualmente, de que la utopía tiene un sitio y lugar. Está aquí. Tomás Moro escribió su propia utopía inaugural inspirado en las primeras noticias ciertas que llegaban a Europa sobre nuestros inocentes primitivos. Antes, todo europeo pensaba que sus antepasados eran unos patriarcas barbudos, envueltos en túnicas, malolientes, llorando tristes pecados. Fue la visión de nuestra indiada, lozana, vestida con la inocencia de su desnudez emplumada, danzando en un jardín tropical idílico lo que lavó sus ojos de esa visión judaica. Desde entonces se encendió el ardor utópico que florece en ondas sucesivas de fantasías generosas o perversas, repensando el mundo como proyecto. Inventando comunismos bonitos o feos, de buenos y malos salvajes, soñando con vidas posibles, más agradables de ser vividas. Antes de Tomás Moro, muchos hombres santos afirmaron, basándose en su sabiduría teológica o astrológica que las islas de Fidel con que se topó Colón, eran el Edén. Los propios navegantes, fundándose en su experiencia directa y visual dijeron lo mismo. Colón, visiblemente encantado con la belleza inocente de los indios desnudos, confesaba, sin ambages, en carta al Santo Padre, que lo que había encontrado era el paraíso perdido. Creía y creo, escribe él, como creerán y creen todos los sabios y santos teólogos, que en esta comarca mía es que se encuentra el Paraíso Perdido.

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