Opinión

La economía en Cuba después de Fidel

Desde que Fidel Castro fue internado, en Cuba muchos tienen la esperanza de que su hemarno Raúl, a quien le fue tranferido provisionalmente el mando, siga el modelo de «mercado socialista» de China y Vietnam. Algo que Fidel rechazó una y otra vez. Raúl deberá enfrentar una difícil situación económica que requerirá de ciertos cambios. Y, aunque posiblemente introduzca nuevas reformas una vez que consolide su poder, difícilmente evolucionarán hacia un modelo económico similar al del resto de los países latinoamericanos.

La economía en Cuba después de Fidel

La enfermedad de Fidel Castro y la transferencia provisional del mando a su hermano Raúl abren la interrogante de cuál será la política económica después de 48 años de gobierno fidelista. El heredero recibirá una economía que aún no ha recuperado el nivel de 1989, antes de la grave crisis resultante del colapso del bloque socialista; comparando ese año con cifras de 2004-2005: el PIB por habitante es aún inferior (las cifras oficiales manipuladas alegan que lo ha rebasado, pero CEPAL suspendió la publicación de dichas cifras); la producción azucarera ha caído 84%; las principales producciones manufactureras (cemento, acero, textiles, fertilizantes) están entre 38% y 94% por debajo y las principales agrícolas (carne, leche, huevos, pescado, cítricos) son entre 22% y 63% menores; la generación eléctrica sólo ha aumentado 2% (ha disminuido per cápita); la inversión bruta ha declinado 59%; la liquidez monetaria (un indicador de inflación) ha saltado 43%; el déficit de la balanza comercial sobrepasa los US$4.000 millones (un récord histórico) porque las importaciones han crecido, pero las exportaciones aún están 62% por debajo.

Por otra parte, con ayuda de la inversión extranjera y reformas económicas tímidas introducidas en 1993-1996, Cuba ha cosechado varios éxitos importantes: la producción de petróleo creció 4 veces, la de gas, 12 veces y la de níquel, 63%; el número de turistas, casi 8 veces y genera US$2.300 millones (la mayor fuente de divisas), y las remesas en divisas del exterior se estiman entre US$400 y US$1.000 millones. Pero los factores que impulsaron esos éxitos han sido socavados en los últimos tres años a contrapelo de la lógica económica: las tímidas reformas de mercado han sido revertidas desde 2003 con la recentralización de las decisiones económicas, el incremento del control estatal y la reducción del pequeño sector privado; las remesas son ahora cargadas con un descuento del 20%, y la inversión directa extranjera ha caído pues el gobierno ha cancelado varias empresas mixtas y declarado que sólo la aceptará en sectores estratégicos. Dos razones explican esta reversión: Fidel aceptó las reformas a regañadientes debido a que la severa crisis amenazaba al régimen, pero con la generosa ayuda de Chávez (sólo US$1.000 millones en subsidio de precios a los 98.000 barriles diario de petróleo), consideró que ya no las necesita. Además su muerte cercana lo llevó a recentralizar el poder económico que estaba disperso entre cientos de empresas y miles de productores y prestadores de servicios privados, a fin de asegurar un traspaso del poder sin obstáculos potenciales.

Pero dichas contramedidas son negativas para la economía, como lo demuestran 48 años de políticas fidelistas. Raúl parece ser más pragmático que Fidel: en el decenio del 70 envió para entrenamiento en la URSS a Humberto Pérez que presidió la junta de planificación e impulsó modestas reformas económicas, pero fue purgado por Fidel en 1986; Raúl también apoyó los mercados libres campesinos en 1982 que Fidel suprimió en 1986, y después tuvo que reabrir en 1994. La esperanza de muchos economistas jóvenes y de mediana edad en Cuba es que Raúl siga el modelo de «mercado socialista» de China y Vietnam que ha propiciado un boom en dichos países, pero que Fidel rechazó. La posibilidad de seguir los modelos económico-sociales exitosos de Chile y Costa Rica.

Pie de página