Autor

Daniel Waksman Schinca

Publicaciones de Daniel Waksman Schinca

Artículo | NUSO Nº 48 / Mayo - Junio 1980

Los Estados Unidos, el somocismo y la revolución nicaragüense

Profesa y ejerce la izquierda latinoamericana un antiimperialismo lúcido, penetrante, eficaz? ¿Conocemos suficientemente el funcionamiento de la maquinaria de dominación imperialista, de sus diversos engranajes? ¿Entendemos la lógica propia del sistema? ¿Estamos en condiciones de interpretar debidamente el sentido y el alcance de sus contradicciones internas? ¿Sabemos sacar partido de ellas? ¿Estamos atentos a los cambios que se van produciendo en la estructura y en el modo de operar de esa maquinaria ¿Modificamos a nuestra vez nuestras respuestas, de manera de contrarrestar con (por lo menos) no disminuida eficacia la acción del imperialismo? ¿Estamos razonablemente bien informados sobre cómo y por qué se toman en los Estados Unidos, dentro y fuera del aparato gubernamental, las principales decisiones que nos afectan? ¿Seguimos de cerca el curso de los debates sobre América Latina que se desarrollan en el ámbito académico norteamericano, en la prensa, en el seno de las diversas agencias gubernativas ¿Somos capaces de individualizar y caracterizar correctamente a las distintas fuerzas que actúan en esos medios? ¿Podemos entender el modo de pensar específico de un congresista del Middle West, de un funcionario especializado del Departamento de Estado, de un ejecutivo de una compañía transnacional, de un académico liberal, de un coronel del Pentágono?...

Artículo | NUSO Nº 39 / Noviembre - Diciembre 1978

El eje entre Sudáfrica y el Cono Sur Americano

El idilio se inició hace aproximadamente cinco años. Aunque resulte difícil determinar el momento preciso al flechazo, parece claro que - tanto por parte de los racistas sudafricanos como por la de las dictaduras conosureñas en América Latina - se trató de un típico amor a primera vista, de un mutuo encandilamiento inmediato. A comienzos d 1974, en efecto, los regímenes militares fascistizantes más característicos del vértice sur de nuestro continente acababa apenas de establecerse: Pinochet había asaltado el poder el 11 de septiembre de año anterior, y sus colegas uruguayos habían culminado el 27 de junio, con la disolución del Parlamento, el golpe de Estado por etapas incubado desde 1968. Argentina venía ligeramente \"atrasada\": todavía necesitaría pasar por la turbia etapa de Isabelita Perón y López Rega antes de precipitarse en marzo de 1976, como fruta madura, en manos de los generales. Pero tanto en Santiago como en Montevideo o en Buenos Aires la explosión de \"sudafricanofilia\" se produjo inmediatamente después de instaladas las respectivas juntas castrenses. Y como si hubiesen estado esperando la señal de arranque, la dictadura boliviana de Bánzer (instaurada en 1971) y la paraguaya de Stroessner (ya con dos décadas cumplidas) empezaron a multiplicar y estrechar a su vez los lazos con Pretoria. Sólo los militares brasileños, más experientes y apoyados por otra parte sobre una diplomacia tradicionalmente habilidosa, constituirían una excepción a este fenómeno.