La clase trabajadora / 100 años de lucha (83 / Mayo - Junio 1986)
Revista
Nueva Sociedad NUSO 83 Mayo - Junio 1986

La clase trabajadora 100 años de lucha

El centenario del 1º de mayo de 1886 es el motivo para los balances y análisis de los 100 años de lucha y de la situación actual de la clase trabajadora. La coyuntura actual exige repensar la manera de enfrentar algunos retos contempóraneos como las innovaciones tecnológicas, los problemas tradicionales de difusión ideológica en el campo sindical, la relación entre dependecia y autonomía de las organizaciones obreras con los partidos políticos, e incluso la reformulación política de las organizaciones sindicales a raíz de la reciente redemocratización en varios países de América Latina.

Análisis

La injusticia de la justicia. El juicio a los militares argentinos

El juicio a los nueve comandantes argentinos, acusados por los delitos de homicidio, secuestro y tortura, mantiene con movida y expectante a la opinión publica argentina y mundial desde comienzos del año pasado. La autora de este trabajo ha estudiado con detención el peculiar ordenamiento con el cual los militares se juzgaban a sí mismos. Ha develado el crítico y virtualmente secreto Código de Justicia Militar, bajo cuyos preceptos está siendo juzgada la cúpula de uniformados que ejerció el terrorismo de Estado contra el pueblo argentino.

La reforma agraria sandinista

Lo primero que debemos señalar es que cuando se habla de reforma agraria en Nicaragua, nos estamos refiriendo a una acción promovida y dirigida por el FSLN desde la dirección del gobierno revolucionario. De allí que para conocer los objetivos que se plantea la reforma agraria sandinista debemos comenzar con los planteamientos del FSLN. En la historia de esta organización encontramos dos visiones sobre la reforma agraria, una en el programa histórico del FSLN en 1969, y la otra presente en la primera proclama del Gobierno de Reconstrucción Nacional en 1979. En ambas se contempla la necesidad de transformar las estructuras de tenencia de la tierra, conceder crédito, asistencia técnica y servicios sociales al campesinado, privilegiándose en ambas las formas asociativas de producción. En los dos casos se trata de una visión revolucionaria de la reforma agraria. Sin embargo, entre las dos se encuentra una diferencia muy importante. En el programa histórico del FSLN, la reforma agraria está ideada para liquidar el latifundio, fuera éste de tipo capitalista o feudal. Con este programa el FSLN invitó al campesinado desde la década del 60 a integrarse a la lucha armada contra la dictadura somocista. Diez años más tarde, en 1979, en la primera proclama del Gobierno de Reconstrucción Nacional, desaparece la promesa de destruir todo latifundio, y la afectación se limita a las propiedades de la familia Somoza, el mundo de corrupción que la rodeaba, así como las tierras ociosas y en abandono. En esta oportunidad el programa pretende ampliar la base antisomocista con todas las fuerzas susceptibles de enfrentarse a la dictadura, incluyendo a terratenientes capitalistas y de tipo feudal. En este sentido, las diferencias entre estas dos concepciones, que si bien responden a situaciones políticas diferentes, van a marcar los ritmos de avance de la reforma agraria, pues el fondo de tierras a distribuirse se ve limitado por la alianza de clases, al mismo tiempo que permite sobrevivir a la gran propiedad terrateniente.

La revuelta de los pobladores. Integración social y democracia

Este artículo da cuenta de los primeros resultados de una investigación sobre las modalidades que adopta la acción colectiva de los "pobladores" chilenos. "Pobladores" se llama en Chile a los habitantes pobres de la periferia de las ciudades. En los últimos años ellos han devenido en los principales protagonistas de la revuelta social contra el régimen de Pinochet a través de las llamadas "protestas nacionales". La desindustrialización del país, la crisis económica y un proceso de segregación social institucionalizado, han hecho de los pobladores un sector explosivo que ha desplazado a los grupos populares convencionales del primer plano de la escena. La clase obrera, en efecto, sometida a la coerción de la cesantía, no muestra una capacidad significativa de movilización. Los "pobladores", por su parte, no están en condiciones de transformar su revuelta en una acción social organizada ni en una demanda de cambio consistente, lo que lleva a una espiral de violencia a raíz de la represión policial. Las fuerzas políticas, por su parte, no logran ofrecer una salida. La opción de manipular la violencia latente de los "pobladores" para incrementar el grado de conflicto puede ser muy irresponsable; y la opción predominante que favorece una salida democrática concertada, no sabe qué hacer con este protagonista (los "pobladores") inarticulado y, por ello, incontrolable. En este sentido, la tarea de los partidos políticos parece ser, antes que la de gestionar este nuevo "contrato social", la de contribuir a la gestación de un actor o movimiento social en este universo de los pobres urbanos.

Coyuntura

Costa Rica: ¿liberación o liberalismo?

El domingo 2 de febrero de 1986, los ciudadanos costarricenses acudieron masivamente a las 6.751 juntas receptoras de votos instaladas en todo el país, con el propósito de elegir a casi 2.000 nuevos funcionarios públicos, el más importante de ellos, el Presidente de la República. De 1.486.474 votantes potenciales, acudieron a las urnas electorales más de 1.200.000 ciudadanos lo que significa una participación efectiva en el proceso electoral de aproximadamente el 82%. Por novena vez consecutiva desde la Guerra Civil de 1948, los costarricenses hicieron uso de un mecanismo electoral que se ha venido perfeccionando con el paso de los años, a la par que alcanzaba legitimidad como forma socialmente aprobada para la escogencia de los gobernantes. La democracia, como mecanismo para elegir y autorizar gobiernos, ha demostrado una vez más en estas elecciones su extraordinaria vigencia en Costa Rica, a pesar de que todavía se padecen los efectos de la mayor crisis económica que ha soportado el país en 165 años de vida independiente.

Panamá: el proceso de la crisis

Ceaspa Centro de Estudios y Acción Social Panameña, institución de investigaciones socioeconómicas y educación popular establecida en 1977, y dirigida por Raúl Leis. Pocas veces en la historia "republicana" de Panamá, una crisis sociopolítica se ha extendido en su expresión, por tan largo tiempo. Esta realidad nos permite plantear que estamos asistiendo a un proceso más o menos profundo en la recomposición política de la sociedad nacional. Es decir, una recomposición no sólo de los sectores dominantes, sobre los cuales parece (en apariencia) situarse este fenómeno, sino también de amplios sectores de la población (capas medias, obreros, campesinos, estudiantes, etc.), expresados como fuerzas sociales que ejercen una presión política en la búsqueda de los cauces que les permitan defender y hacer más explícitos sus intereses.

Libros

En el sexenio de Tlatelolco (1964-1970)

Paulina Fernández Christleb y Octavio Rodríguez Araujo. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y Siglo XXI, México, 1985. 390 pp. Los encuentros y desencuentros entre la intelectualidad (representada por excelencia en la institución universitaria) y el movimiento obrero (organizado sindicalmente), forman parte de las contradicciones más interesantes dentro de las sociedades latinoamericanas. El libro expresa las dificultades de los intelectuales universitarios para comprender la dinámica del movimiento sindical. Este tomo integra la importante serie "La clase obrera en la historia de México", compuesta por diecisiete volúmenes que plantean una lectura de los acontecimientos desde la colonia hasta la presente década, desde el ángulo del desarrollo y el protagonismo específico de los trabajadores. Colaboran en el proyecto veintisiete investigadores y es coordinado por Pablo González Casanova.

Posiciones

Coordinación Socialista Latinoamericana. Conferencia y declaración de Montevideo

Durante tres días, organizaciones socialistas de América Latina analizaron en Montevideo, los grandes temas de la realidad continental y cuestiones programáticas y estratégicas del socialismo latinoamericano. Esta Primera Conferencia Política del Socialismo, que fue organizada por el Partido Socialista del Uruguay, se desarrolló del 11 al 13 de abril. Concurrieron organizaciones plenas representando a ocho países: Argentina (Partido Socialista Popular, Confederación Socialista Argentina, Partido Socialista del Chaco); Brasil (Partido Democrático Trabalhista, Partido Socialista Brasileño); Bolivia (MIR - Bolivia Libre); Chile (los tres sectores del Partido Socialista dirigidos por Almeyda, Briones y Mandujano, respectivamente); Paraguay (Partido Revolucionario Febrerista); Perú (Partido Socialista Revolucionario); Venezuela (Movimiento al Socialismo, Movimiento Electoral del Pueblo), Uruguay (Partido Socialista del Uruguay). Quedó abierta la posibilidad de que otros cuatro partidos suramericanos, invitados a la Conferencia, puedan integrarse automáticamente como fundadores, ellos son: Partido Socialista 1 (PS1) de Bolivia, Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, Frente Socialista de Ecuador (PSRE-PSE) y el Movimiento Firmes de Colombia. Como observadores asistieron delegaciones del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), FSLN de Nicaragua, Partido Comunista de Cuba, FDR-FMLN de El Salvador, PSOE de España, PS de Francia, Partido Socialista Unificado (PSUA) de la República Democrática Alemana, Organización por la Liberación de Palestina (OLP) y MAPAM (Partido Socialista de Israel).

Tema central

A 100 años de Chicago. El movimiento obrero latinoamericano

Como un homenaje a los mártires de Chicago, el autor reflexiona sobre la teoría y práctica del movimiento obrero latinoamericano. Al respecto se preocupa de procesar teóricamente el rol específico que ha jugado este movimiento en nuestro continente, donde la estructura social diferente a la de los países altamente industrializados ha dado lugar a enfrentamientos también diferentes de clase. El autor analiza el período que denomina de "sindicalismo independiente" que se extiende hasta 1930, aproximadamente, y el que califica de "sindicalismo institucionalizado " que comprende desde 1930 hasta nuestros días. Luego se refiere a Cuba y Nicaragua como dos revoluciones socialistas triunfantes, sin hegemonía del proletariado. Concluye afirmando que las últimas investigaciones realizadas constituyen material suficiente para elaborar una teoría propia del movimiento obrero latinoamericano, acorde con sus especificidades. Para ello insinúa el estudio de algunos problemas como la relación etnia-clase, la cuestión nacional y las manifestaciones de la conciencia de clase.

Argentina: dilemas y perspectivas del movimiento sindical

El autor reseña primero algunos de los principales cambios sociales que afectan a la base sindical y al conjunto de los asalariados, los cuales surgen como consecuencia de tendencias que han operado en el largo plazo y otras en el pasado más reciente. Luego aborda una breve descripción de los efectos de las políticas del régimen militar sobre la estructura de los sindicatos, hasta el proceso de "normalización" de las conducciones gremiales impulsadas por el gobierno sindical. Por último trata los aspectos más salientes de la situación actual, los dilemas que afronta el sindicalismo y las perspectivas futuras.

Bolivia: evolución y crisis del movimiento obrero

En uno de los países más inestables del continente es difícil encontrar constantes referenciales para el análisis, pero habrá que convenir que la clase obrera boliviana - casi igual que los militares aunque con diferente sentido - ha adquirido el carácter de núcleo articulador de la dinámica social y política de la nación. La expresión organizativa de este polo referencial no ha sido, sin embargo, el partido político, sino la Central Obrera Boliviana (COB), un organismo sindical que rebasa el marco reivindicativo y, además de incursionar en la política obrera por momentos, adquiere capacidad de convocatoria nacional a partir de los postulados y consignas de su sector de vanguardia: los trabajadores mineros. Que un núcleo relativamente reducido de la sociedad civil haya adquirido tal peso en los últimos 30 años tiene explicación en el abigarramiento del país, el mismo que determina que el sector más moderno y organizado contenga, entre otras cualidades, la de caudillo. Sin embargo, para bien o para mal la crisis actual viene produciendo mutaciones importantes que, a su vez, anuncian cambios profundos en el carácter y condicionamiento de los agentes sociales en general y de la clase obrera en particular.

Brasil: sindicatos y transición democrática

El sindicalismo brasileño, como otros sectores de la sociedad, vive un profundo proceso de indefinición en el actual período de reconstitución del país. El autor destaca la lucha cotidiana que libra el movimiento sindical por ampliar su representación y su legitimidad social, después de largos años de autoritarismo. En seguida, analiza las dificultades y desafíos que debe enfrentar debido a la estructura industrial y productiva y a la legislación laboral, que impiden las manifestaciones de conjunto de la clase trabajadora a nivel nacional. Luego, destaca la movilización de clase de los trabajadores y las constantes denuncias de sus condiciones de existencia, conducidas ahora por una nuevo generación de dirigentes sindicales que elaboran el discurso de la libertad y la autonomía sindicales. Finalmente, el autor analiza las perspectivas y encrucijadas del movimiento sindical ante la nueva política económica que está impulsando el gobierno.

Chile: las tareas del sindicalismo

El artículo se concentra en dos temáticas centrales. La primera corresponde a los antecedentes previos a la situación actual del sindicalismo chileno a partir del cambio de escenario sociopolítico que significó la intervención militar de 1973 contra el régimen de la Unidad Popular. La segunda se refiere a las condiciones materiales y políticas que marcan la realidad sindical del presente, las cuales constituyen el contexto en el cual se definen los desafíos y tareas del futuro para el sindicalismo chileno. Respecto del primer punto el artículo sostiene que el sindicalismo chileno, pese a que fue duramente golpeado, logró sobrevivir y jugar un rol principal de interpelación crítica frente al modelo de sociedad y política implantado. Al mismo tiempo, sin embargo, no logró articular establemente una estructura de movilización de sus bases que correspondiera, en la acción, en la legitimidad obtenida para su rol político a nivel social global. En cuanto a la segunda problemática se argumenta que la crisis económica manifestada en empobrecimiento y en un desempleo persistente, el que opera como contención de la lucha sindical, y la aún débil consistencia de las coaliciones políticas democráticas que no otrecen todavía estrategias claras de salida del autoritarismo, dan lugar a un escenario que dificulta al movimiento sindical superar sus limitaciones de movilización. Sin embargo, se sostiene también que éste ha logrado identificar tres tareas principales que de ser exitosas pueden asegurar un despegue significativo. Ellas son: privilegiar más sustantivamente su rol de reivindicación de las demandas laborales específicas, sin abandonar su papel político global; definir una mayor autonomía social frente a los partidos y, convertirse en un referente principal para convocar a un proceso de concertación social por la democracia capaz de interpelar a las fuerzas políticas democráticas para que asuman un rol de unidad nacional.

Colombia: ajuste contra los trabajadores

La coyuntura laboral en Colombia hoy está marcada por un agudo desempleo, una gran pérdida de poder adquisitivo de los salarios, en un proceso continuado que completa ya dos décadas. Pero, lo novedoso es que en el ordenamiento de las relaciones obrero-patronales frente a sencillos avances como la reglamentación del derecho de petición, se observa el naufragio de los intentos de modernizar el Código del Trabajo por la oposición patronal a tal propósito, aceptada, permitida por la indiferencia estatal. Los trabajadores colombianos, en alta medida desorganizados y enfrentados a la división de las organizaciones del nivel confederal, no han podido estar presentes con una voz propia en todo el reciente proceso de reajuste dentro de las negociaciones con las entidades financieras internacionales y ello los ha dejado expuestos a ser gravados con la mayor parte del peso de dicho proceso. Las convulsiones sociales y políticas que azotan al país, afectan a los trabajadores, pero ellos no han tenido ni una participación orgánica en dicho proceso, ni tienen los elementos para dicha participación. Por eso se impone, con la mayor urgencia, trabajar en orden a actualizar nuestras formas de acción y coordinar nuestras demandas con las del conjunto de la población.

¿Fiesta o protesta popular? El 1° de mayo en América Latina

El acuerdo del Congreso Internacional Obrero de París de 1889 llegó a una clase obrera latinoamericana que se formaba en centros mineros, fabriles, manufactureros, de transporte y de servicios. Los grandes impulsos de las primeras celebraciones son los inmigrantes europeos. Las ideologías dominantes entre ellos eran el anarquismo y el socialismo, las que se agregaron a los ideales artesanales mutualistas propagados por instituciones de ese tipo, que se desarrollaron desde mediados del siglo XIX. En Argentina, en 1890, los extranjeros vinculados a la socialdemocracia alemana efectuaron el primer acto, conforme a la fecha y características establecidas por la Internacional. En ese mismo año, en Cuba, también se cumple el acuerdo de París, pero allí los impulsores eran anarquistas, y hay una agitación previa en torno a los mártires de Chicago. Al año siguiente, 1892, el acto se desarrolló en México y Brasil. En aquél se le dio un tono de fiesta más que de protesta social; y en éste se mezclaron confusamente ideas mutualistas, socialistas y anarquistas. A fines del siglo XIX, los anarquistas uruguayos y chilenos también celebraron el 1° de Mayo. En el resto de los países lo hicieron paulatinamente en el primer cuarto del siglo XX. En todas partes, si el acto no era casi oficial, como en México, la prensa de las clases dominantes previno contra los organizadores y atacó los orígenes y contenidos de la manifestación.

Honduras: un movimiento sindical joven

El movimiento sindical hondureño que surgió a la vida institucional en la segunda mitad del año 1954, está representado actualmente por tres organizaciones de orientaciones ideológicas diferentes. Son ellas: la Confederación de Trabajadores de Honduras (CTH) de orientación social demócrata, la Central General de Trabajadores (CGT) socialcristiana y la Federación Unitaria de Trabajadores de Hondura (FUTH) de concepciones clasistas. El movimiento sindical hondureño se caracteriza por ser mayoritariamente agrícola, por su alto grado de concentración geográfica, por la naturaleza básicamente gremial de sus organizadores sindicales y por el carácter mayoritariamente masculino de sus afiliados, los que según datos oficiales representaban para el año de 1983 el 13.71% de la población económicamente activa del país. La CTH ha mantenido tradicionalmente posiciones sindicales y políticas afines, los distintos regímenes que se han sucedido en el país en las últimas dos décadas. El propio ha venido haciendo desde el año 1982 la CGT. En ese año se le concedió personería jurídica. La FUTH, que se ha caracterizado por sus posiciones contestatarias, se mantiene aún sin personería jurídica. Los sindiatos hondureños han jugado un importante papel en la vida político-institucional del país. A principios de la década del '70, los sindicatos hondureños a través de la CTH, en alianza con fracciones reformistas de la burguesía y del ejército, lograron imponer a los partidos políticos tradicionales un régimen de "unidad nacional", encargado de llevar adelante un programa mínimo de reformas. El fracaso de este régimen político indujo al movimiento sindical hondureño a apoyar un golpe militar de carácter reformista. En los primeros meses del año recién pasado la CTH y la CCT, en unión de varias organizaciones campesinas, tuvieron un papel protagónico en la vida política nacional, al intervenir activamente en la solución de una crisis institucional que enfrentó al Parlamento contra el Presidente de la República y la Corte Suprema de Justicia.

Las internacionales sindicales

El presente artículo describe las relaciones entre el sindicalismo internacional y las organizaciones sindicales latinoamericanas desde principios de siglo hasta la actualidad. Hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial esas relaciones fueron débiles, por diversos factores. El movimiento sindical internacional descansaba en organizaciones internacionales europeas, preocupadas centralmente por la problemática europea. A su vez, en América Latina, el movimiento sindical es todavía embrionario. Sólo se observan relaciones constantes entre sindicatos latinoamericanos y el sindicalismo norteamericano. Entre 1936-1946 se constituye y desarrolla la CTAL, la única experiencia de central unitaria latinoamericana, experiencia que fracasa por efectos de la guerra fría entre Estados Unidos y la URSS a partir de 1947. Desde esa fecha hasta ahora se ha incrementado la presencia de organizaciones y corrientes sindicales internacionales en América Latina: la CIOSL-ORIT, la CMT-CLAT y la FSM-CPUSTAL tienen presencia a través de sus afiliados nacionales y Secretarios Profesionales. La CIOSL ha logrado éxitos, particularmente por la actividad de apertura del sindicalismo socialdemócrata europeo. Pero su filial ORIT, hegemonizada por la AFL-CIO (EEUU) no ha logrado prestigio. La CLAT, socialcristiana, es débil por sus vínculos ideológicos y políticos con los partidos demócratacristianos. La CPUSTAL, de orientación comunista prosoviética, es, salvo en Cuba, Nicaragua y Perú, también débil. El sindicalismo latinoamericano necesita orientarse en la búsqueda de estrategias y tácticas renovadoras y latinoamericanistas. Desde esta perspectiva se replantea su relación con corrientes sindicales internacionales modernas, especialmente las localizadas en el interior de la CIOSL.

Perú: continuidad y ruptura sindical

Desde las primeras décadas del presente siglo el movimiento sindical viene siendo uno de los actores fundamentales de la sociedad peruana. En 1980 este país retornó al régimen democrático, en el contexto de una crisis económica que se profundizaba. El presente artículo empieza debatiendo las modificaciones experimentadas por el sindicalismo desde aquel año, pasando luego a dar cuenta de la magnitud y cobertura de la organización sindical en sus aspectos cuantitativos y cualitativos. El 28 de julio próximo pasado se inició en el Perú un nuevo gobierno, cuyas formas de relación con el movimiento sindical aún se desarrollan dentro de un proceso abierto. La autora concluye sustentando que hablar del proceso y la actualidad del sindicalismo peruano exige prestar tanta atención a sus dimensiones de ruptura como a las de continuidad.

Sindicato y partido: un conflicto creativo

Desde Lenin ha sido tradicional considerar que el sindicato debería ser una pura traducción del partido político en el terreno laboral, una mera correa de transmisión. Desde otra perspectiva, en cambio, se ha pretendido que no debería haber ninguna relación entre el sindicato y el partido político. Sería el propio sindicato el encargado de ofrecer alternativas políticas y sociales al conjunto de la clase. En este artículo se subraya que la perspectiva leninista contiene un punto importante de verdad: sin un entendimiento entre el sindicato y el partido (o, mejor, entre los sindicatos y los partidos de izquierda) no es fácil pensar en un progreso hacia el socialismo. Pero la solución leninista es una mala solución, ya que frente a la posibilidad de una clase obrera corporativizada - carente de voluntad de hegemonía en el tejido social - ofrece la falsa alternativa de una clase obrera instrumentalizada por una estrecha capa de intelectuales y dirigentes políticos. Como alternativa realista se propone reconocer que las relaciones entre la clase obrera y sus dirigentes políticos están condenadas a ser siempre conflictivas, que esa conflictividad debe por tanto aceptarse y buscar formas en que se encauce políticamente, y que no tiene sentido negarla en forma alguna (pretendiendo eliminar los partidos políticos o convertir a los sindicatos en puras correas de transmisión).

Uruguay: balance y opciones del movimiento sindical

El 3er. Congreso de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), realizado recientemente, constituyó una nueva y trascendente expresión del proceso de recuperación democrática que vive el Uruguay, luego de los dramáticos y largos años de la dictadura militar. Simultáneamente, tradujo la recuperación del movimiento sindical - quizás uno de los sectores más duramente reprimidos durante ese período -, recuperación que expresa la profundidad de la conciencia social generada en largos años de lucha, pero que no permaneció inmune a los efectos revulsivos que un proceso de tal índole tuvo en los distintos niveles de la vida nacional. El autor estima que se está muy próximo a este proceso como para poder formular una evaluación de sus consecuencias. Serán necesarias - dice - investigaciones y análisis para valorar los cambios operados en el conjunto de la vida nacional y, por consiguiente, a nivel sindical. Sin embargo, considera que es posible una aproximación al tema para extraer algunas conclusiones.

Venezuela: desafíos y propuestas de la CTV

Este año se conmemoran los 50 años de la fundación de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). El autor, al destacar este hecho, hace una breve reseña de los primeros movimientos de protesta social de asalariados y artesanos urbanos y rurales que condujeron a la creación de esta central sindicales. Relata las cruentas y traumáticas luchas de los trabajadores en sus enfrentamientos con los gobiernos autoritarios de la época, las compañías extranjeras y la oligarquía nacional. Luego analiza la crisis moral, económica, política y social que vive el país y el papel que les corresponde a los trabajadores y sus organizaciones por superarla y hacer de Venezuela una sociedad más justa, solidaria y participativa. El autor propone una serie de reformas a la estructura sindical a fin de modernizarla, para fortalecer la capacidad de respuesta, de movilización y de combate de la clase trabajadora. Finalmente, sostiene que la consagración del sindicato nacional por rama de actividad pudiera ser el mejor homenaje a los trabajadores del movimiento sindical venezolano.