Simplemente América Latina

Algo le pasó al presidente

El viernes 16 de enero de 1987, el presidente constitucional del Ecuador, León Febres Cordero, llegaba en visita programada a la base aérea de Taura, en Guayaquil, acompañado del ministro de Defensa y de un grupo considerable de altos jefes de las fuerzas armadas. Lo que sucedió a continuación constituye uno de los capítulos más insólitos de la turbulenta historia política de América Latina. No menos excepcional es la circunstancia de que los hechos que empezaron a sucederse en tropel aquel día hayan podido ser relatados por un testigo que estaba a 500 km. de distancia (en Quito, la capital), pero ocupando el sillón dejado vacío por el Jefe del Estado: el entonces Vicepresidente de la República, Blasco Peñaherrera.

Andares / Dicho sea de paso

Andares. Elogio de la voz humana En algún lugar de la floresta amazónica, hay una lanza clavada junto al fuego. De la lanza, pende la cabeza de un guerrero. Los labios del guerrero han sido cosidos con una fibra que jamas se pudre. Los indios shuar, los llamados jíbaros, cortan la cabeza del vencido, para que no resucite, y la reducen hasta que cabe en un puño. Pero el vencido no esta del todo vencido hasta que le cierran la boca. Dicho sea de paso. El miedo El miedo seca la boca, moja las manos y mutila. El miedo de saber nos condena a la ignorancia; el miedo de hacer nos condena a la impotencia. La dictadura militar, miedo de escuchar, miedo de decir, nos convirtió en sordomudos. Ahora la democracia tiene miedo de recordar. Enfermos de amnesia repetimos la historia en lugar de cambiarla. El miedo, miedo de vivir, miedo de ser, miedo de perder, es el más jodido de los hijos numerosos de la muerte.

Asuntos civiles. Plebiscito en Chile

La noche del 4 al 5 de octubre de 1988 en Santiago de Chile, era una noche caliente. Las sábanas se pegaban en las piernas sudadas de los que intentaban dormir. Muchos ciudadanos acariciaron hasta tarde diversos tipos de armas dejando pegajosos laques y cuchillos, cadenas y pistolas, metralletas y lanzamisiles; bizarros instrumentos para habitantes de un país que se ha jactado desde su nacimiento de no tener bichos venenosos, de gozar un clima ni muy frío ni muy caliente; y cuyos señores, entre múltiples disimulos, han tratado de ocultar su mestizaje con afrancesamientos y britanismos. Un país en el que entre las virtudes máximas de sus gentes se cuentan la de pasar inadvertido y la de ser tenido por moderado en la vida pública y privada. En general los súbditos de esta nación son adictos al Promedio, lugar predilecto donde se desempeñan sin sobresaltos. No existe la derecha, sino la centroderecha; no existe la izquierda, sino la centroizquierda. El resto son extremistas y personas de mal gusto. Sólo a algunos se les permite estar en los márgenes, porque sus intelectuales piensan que no hay sociedad interesante sin el brillo totémico de la marginalidad.

Censor obseso, obsceno. Tres tristes tigres acosados, cazados por la censura

Uno de los más célebres libros del boom latinoamericano, Tres tristes tigres de G. Cabrera Infante, fue sometido a las tijeras de la censura franquista, antes de ser publicado por primera vez en España (Barcelona, 1967). Nunca fueron repuestos los «cortes» en las sucesivas ediciones en castellano, desde entonces hasta estos días. Recién en el curso de 1989 aparecerá en Caracas - Biblioteca Ayacucho - la versión absolutamente completa de la obra, con cronología y bibliografía incluidas, además. Este artículo del autor, cedido especialmente a NUEVA SOCIEDAD como «primicia para América Latina», anticipa y complementa el sabor del prefacio que él mismo escribirá en la edición íntegra en preparación.

Chichi en el día de todos los santos

La llegada a Chichicastenango se hace pasando antes por el lago de Atitlán, en cuyas márgenes las hortalizas y el turismo de foráneos tupen la vista coloreada del lar. Luego, en el corazón del altiplano de Guatemala, a dominante indígena, se sube al espinazo montañés de tierra fría. Así, en medio de barrancos, hondonadas y cimas pobladas de pinos, se desciende a «Siwán Tinamit» - o pueblo de los barrancos en quiché - que es Chichi, como se abrevia por los hispanizados (mestizos culturales, mal llamados localmente «ladinos»).

Ciudad de México y sus fantasmas

Pienso en cómo hablar de la Ciudad de México y lo primero que me viene a la mente es la ciudad de mi infancia, en que casi todos los días era posible ver los volcanes y todos los crepúsculos eran perfectos. La ciudad que hacía honor a su lema de «La región más transparente del aire». La ciudad que se terminaba rápidamente en cualquier dirección por poco que se caminara, que despertaba aún con pregones en las mañanas y a las 10 de la noche era un desierto en el que sólo caminaban algunos exiliados españoles hablando en voz muy alta.

Cuando no se puede ser sino periodista

«Was sich ueberhaupt sagen laesst, laesst sich klar sagen; und wovon man nicht reden kann, darueber muss man schweigen». (Todo aquello que puede ser dicho, puede decirse con claridad; y de lo que no se puede hablar, mejor es callarse). Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, p. 30, Alianza Editorial, Madrid, 1973. El día en que el presidente Arturo Frondizi fue derrocado el - 29 de marzo de 1962 - y trasladado a pedido propio a la pseudo prisión naval de la isla Martín García, tuve el raro privilegio de ser el otro y único arrestado de la jornada. Cinco agentes vestidos de civil que portaban sendos portafolios, en cuyo interior - lo supe después - guardaban otras tantas metralletas, estuvieron en mi casa, hurgando en mi biblioteca y mi archivo, seleccionando de entre millares de papeles y más de quince mil volúmenes, aquellos que pudiesen incriminarme como «comunista».

El desencanto encantado. Monólogo de un publicitario ocasional en víspera del pospinochetismo

«Necesitamos, por ejemplo, un nuevo concepto del futuro» (Nobert Lechner) Yo conocía a José Manuel Salcedo del teatro y la televisión. Antes de nuestro encuentro en la agencia de publicidad donde él trabajaba, lo había visto en esa prodigiosa obra que era \"Pedro, Juan y Diego\" y conservaba valiosos recuerdos de su labor en la pantalla chica en \"La Manivela\", especie de obligada referencia, adornada tal vez por la nostalgia que surgía y surge en toda conversación sobre lo televisivo en nuestro país. \"Mejor que La Manivela\" o \"nada igual que La Manivela\" o \"es algo así como La Manivela\". Lo sabía extrovertido, diabético y que venía saliendo del incendio de la carpa de circo donde había estrenado otro monumento como \"Hojas de Parra\", evento teatral sobre textos de Nicanor en que un cementerio se tragaba un circo en medio de discursos y declaraciones y retóricas. ¿Cuál era el circo? ¿Cuál era el cementerio? Las asociaciones son fáciles y crueles, no respetan idealización alguna y saben amargo. ¿Cuándo se transformó Chile en un circo que no supo cuidar sus contornos? ¿Cuándo nos empezó a invadir la muerte? Conteste de acuerdo a las instrucciones adjuntas.

El hombre que aprendió a ladrar

Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desaliento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacer algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Qué lo había impulsado a ese adiestramiento? Ante sus amigos se autoflagelaba con humor: \"La verdad es que ladro por no llorar\"...

El sexo y yo

Mi vida sexual comenzó temprano, más o menos a los 5 años, en el kindergarten de las monjas ursulinas, en Santiago de Chile. Supongo que hasta entonces había permanecido en el limbo de la inocencia, pero no tengo recuerdos de aquella prístina edad anterior al sexo. Mi primera experiencia consistió en tragarme casualmente una pequeña muñeca de plástico. - Te crecerá adentro, te pondrás redonda y después te nacerá un hijo - me explicó mi mejor amiga, que acababa de tener un hermanito.¡Un hijo! Era lo último que deseaba. Siguieron días terribles, me dio fiebre, perdí el apetito, vomitaba. Mi amiga confirmó que los síntomas eran iguales a los de su mamá. Por fin, una monja me obligó a confesar la verdad. - Estoy embarazada - admití hipando.

Horror y delirio de la lima buhonera

Por las aceras de Lima, quien no camina, vende. Y los que venden, cualquier cosa: juguetes de plástico, brebajes para el amor, papel higiénico... caminan sobresaltados, porque los persiguen los policías azules, tenaces enemigos que les quitan, los golpean y los persiguen, a través de los grandes laberintos citadinos. Terrible está mi ciudad, al promediar diciembre de 1988. Diciembre de estallidos y apagones, terrible está. Y en medio de este diciembre, casi agónico, casi quién sabe, hay un rotundo 2.700 por ciento de inflación, que se ha incrementado al ritmo de los vendedores callejeros.

"Lector". La censura en América Latina sube a escena

La pieza teatral \"Lector\", en dos actos, será entrenada en Santiago de Chile en fecha posterior a esta publicación en NUEVA SOCIEDAD, en el curso de 1989. PRIMER ACTO Al fondo del escenario, la sombra de dos hombres en una neblina. Las luces sobre ellos van bajando, aunque no del todo, a medida que suben sobre la oficina de DON ALFONSO y su antesala. Un escritorio repleto de libros y papeles, muy ordenados, dos sillas, una biblioteca llena de libros, un colgador del que está colgado un paraguas. Un teléfono sobre el escritorio. Al otro lado del escenario, casi invisible, otro colgador idéntico, del que está colgado un bastón. En la antesala, con luces más bajas, IRENE, secretaria de unos 40 años, ordenando fichas. DON ALFONSO sentado, regido, leyendo un manuscrito. Un hombre de unos 50 años, pelo canoso, grandes cejas, de cuello y corbata. Se rasca la derecha de la cabeza con la mano izquierda. Suena el teléfono de la antesala, IRENE lo contesta.

Memorias actualizadas de un colombiano sentenciado a muerte

Hace cinco años mataron a Julio Rivera... Eso dijo mi abuela paterna, Eustaquia Narváez. La niña Eustaquia, como la llamaba la gente de Colosó, mi pueblo. Tacha, como le decíamos los nietos y familiares. Fue en los tiempos en que en Colombia todavía la vida era apreciada y respetada, y los muertos no eran olvidados. Tacha repetía y repetía: hace cinco años mataron a Julio Rivera.... Es lo que más recuerdo de aquel asesinato ocurrido cuando aún era muy niño. En la plaza misma, cuando apenas comenzaba a oscurecer, habían matado a Julio Rivera. Fue un tiro de escopeta cargada con munición para cacería de tigre. Nunca se supo quién fue. El suceso había conmocionado a toda la población. ¡Un muerto en Colosó!, repetía alarmada la gente. Fue un acontecimiento insólito, que convulsionó la vida rutinaria, perezosa y somnolienta de aquella comarca. Por eso era recordado año tras año. Hace un año..., hace dos años..., hace tres años..., hace cuatro años..., hace cinco años mataron a Julio Rivera, decía Tacha y reiteraba el vecindario en la fecha y hora del aniversario del crimen. No se podía olvidar. No se debía olvidar. Ahí todavía uno sólo se moría de viejo.

Minitecas. El «young set» de la música pop en Caracas

El alza en los costos de los insumos; el desvanecimiento de toda posibilidad, lícita o tolerablemente irregular de acceso a un stock importado de 45\'s o de extended play; las artes de malabar a las que prometían forzar las circunstancias para hacerse de los repuestos que garantizarían la pervivencia del vatiaje apilado en su arsenal estereofónico; los ítems, enunciados por Arturo con un tono de gravedad que, calculó, compaginaba con las lóbregas expectativas que ahora despertaba el negocio - aunque no necesariamente con el pringoso rebullicio de La Feria (bazar de la comida rápida del «CCCT», monstruoso centro comercial al que semanalmente acuden unos 300 mil caraqueños para comprar o practicar el simple amago del window-shopping), en donde se desarrollaba la improvisada asamblea de accionistas, no fueron sino minucias que Doménico, socio y único otro accionista, despachó con arrestos de gerente de mercadeo.

Mitin de boca para orejas

(Planeando sobre la Gran Plaza abarrotada de orejas, la cámara se acerca hasta una muralla de micrófonos y un primer plano de LA BOCA, cuyos labios se entreabren con lentitud hasta que, entre las hileras de dientes, estalla la primera palabra) BOCA: ¡Pueblo que me escuchas! ¡Es dominado por profunda emoción; embargado de verdadero júbilo; sacudido hasta las más hondas fibras; en el punto más álgido del entusiasmo; con el corazón abierto; con el alma a flor de labios, que en el día de hoy os hablo! (Llegan camiones y buses abarrotados de orejas campesinas que huyen de los latifundios, solares y colinas se van llenando de tenderetes, carpas, ranchos y tugurios. Se encienden los fogones para: las fritangas de tortillas de maíz y carne de perro. Niñas buhoneras chillan la mercancía que cargan a cuestas, como vírgenes cubiertas de exvotos de plástico)

Ocio, drogas, violación y muerte. Una cárcel venezolana por dentro

El Centro Penitenciario de Oriente, mejor conocido como La Pica, por el nombre del paraje donde se halla, es una de las cuatro grandes penitenciarías de Venezuela, y un típico penal venezolano. Sus características generales corresponden a la de la inmensa mayoría de los reclusorios penales del país. Todos los grandes vicios del régimen penitenciario nacional están presentes allí: el hacinamiento, ocio, consumo y tráfico de drogas, inseguridad personal, violencia, ausencia de un personal penitenciario mínimamente calificado y de algún tratamiento penitenciario reeducativo, inexistencia de la debida clasificación y agrupación de los presos, deficiencias graves en la enseñanza elemental que se debe impartir, falta de aprendizaje de un oficio, instalaciones inadecuadas y sin mantenimiento, deterioradas, como las vidas que albergan.

Parir de a cien. Decorado: una maternidad y sus alrededores

Yo soy lenta como la tierra. Yo soy muy paciente. Yo cumplo mi ciclo. Soles y estrellas me miran con atención. La luna está sorprendida frente a la fecundidad. I Son cien. Mínimo. Cada día. Cien montañas. Cien animales. Cien mujeres. Cien cuerpos. Y un solo lugar, un laberinto de mugre. Un espacio para la sangre: la Maternidad Concepción Palacios. ¿El palacio de la concepción? No. La mentira de palacio. La concepción como mentira.

Puerto Rico de paso y sin prisa

1 - Nacionalismo No tiene por qué sorprender, pero sorprende, que muros y bardas en San Juan, ostenten, como los de México, Buenos Aires y, supongo, cualquiera gran ciudad latinoamericana, leyendas, proclamas, consignas, reclamos, denuncias y toda clase de inscripciones. Y, si sorprende, es porque se suele pensar, desde otros lugares, que esta ciudad ha sido totalmente remodelada según el estilo norteamericano ­ lo que tampoco es del todo falso por las evidentes autopistas y, en general, el tipo de diseño ­ que, como se sabe, reconduce a lo privado lo que es en sí mismo público, me refiero a la voz de la comunidad; y no debería sorprender, porque en realidad San Juan tiene mucho de hispano, reconocible y gustoso, desde la urbanización, todavía subsistente, las fachadas de las casas, las comidas criollas, el físico de las personas, desde luego con un ingrediente de color más notable, ciertamente que en Buenos Aires o diferente que en México, aunque no demasiado en La Habana o en Caracas.

Reina radio soy tu esclavo

Cuando los escritores latinoamericanos nacidos alrededor de los años 40 toman como tema de sus obras el melodrama, rinden un homenaje a la vida cotidiana de su infancia, donde en las amplias casonas de provincia, tías solteronas, abuelas tejedoras, sirvientas concupiscentes y estudiantes rezagadas, se arracimaban alrededor de chirriantes parlantes de radios que parecían sarcófagos a oír tras el almuerzo piezas sentimentales o macabras. Durante mucho tiempo los autores que habían crecido oyendo los suspiros de amor de las heroínas radiales o los guturales sonidos de una deliciosa garganta bien rebanada por el cuchillo de un destripador, se resistieron a emplear estos elementos en sus ficciones, conscientes de que era un arte hecho con trucos baratos, destinados a halagar el mal gusto de una población con pocas exigencias estéticas. Pero en mi grupo generacional la mirada se bifurca también a estos subproductos, reconociendo en ellos el horizonte concreto en que se vivió. Los narradores y poetas jóvenes asumen con entusiasmo las formas vulgares de arte, ya sea para encontrar en ellas una secreta poesía, o bien para leerlas satíricamente. Así no es extraño encontrar en su literatura frecuentes alusiones a letras de azucarados boleros, venenosos tangos, erudiciones en hazañas de boxeadores, citas de poemas cursis que las pálidas enamoradas con los cachetes iluminados de colorete destacaban poniendo una hoja seca dentro de un libro.

Tantos y tan distintos desfiles militares

Y viene ahora el paso de la aguerrida División Blindada del Ejército Peruano que, dotada del armamento más moderno... Difícil resulta precisar a la distancia de unos treinta y cinco años qué elemento de la puesta en escena era el que provocaba la emoción mas conmovedora. Tal vez lo recio del paso de los soldados, o quizá el tono inflamado del locutor que los anunciaba, sin descartar el remezón físico ocasionado por los blindados. Pero no, lo más emocionante eran las bandas militares. Mi padre me había enseñado calladamente a disimular las emociones. Apenas me regalo tardíamente una excepción el ultimo día que estuvimos juntos, cuando se le congestionó la mirada al verme de nuevo, luego de comprobar que había vuelto justo a tiempo, antes de su muerte. Pero, en ese día - y demasiados después - yo había sido un buen alumno de sus clases cotidianas de economía afectiva. Que el aprendió, no sé si con la rígida abuela o con los ingleses del Ferrocarril Central, donde sus compañeros de trabajo dieron por sentado que se jubilaría ineludiblemente al cumplir 35 años de servicios, sin días de enfermedad, y para que su jefatura quedara libre le organizaron una generosa despedida que el, aunque se quedara en la calle con una estrecha pensión, tuvo la dignidad de aceptar, sin mostrar la herida ocasionada.

Todos íbamos a ser doctores

(después de los vasitos de plástico amarillo, hay como un rewind y uno vuelve, con la necesaria nostalgia, a pensar en la universidad. El Alma Mater de \"la Central\" es una sustancia intangible, que a veces asoma en las conversaciones, como un fantasma que hace una pregunta que nadie sabe responder. Viene con nostalgia por los años mozos, los peores y mejores de la vida, como se sabe). Ritual del licenciado EI futuro licenciado se instala frente al Tribunal. El Tribunal queda instalado: dos profesores amigos, vestidos de novios, que frisan la cincuentena. La enorme tesis resplandece sobre la mesa de fórmica, con sus cuadros estadísticos, sus diagnósticos y aproximaciones. Uno de los profesores amigos empieza a leerla como si fuera literatura moderna: en cualquier orden. Las faltas de ortografía lo hacen pestañear con leves sobresaltos.

Un desaparecido vuelve a casa

Este testimonio escrito originalmente en inglés para The New York Times en 1984 (se publica aquí por primera vez en español, con expresa autorización del autor), tiene un doble valor histórico, que lo hace particularmente actual. Describe tanto las oscuras profundidades de una dictadura abominable, como el ilusionado clima que vivió la Argentina al retorno de la democracia, hace cinco años. Algunos de los personajes que aparecen en el relato están ahora muertos, como muchas de las esperanzas que brotaban cuando el autor regresó del exilio, pero sigue vigente - tanto como entonces, y en toda América Latina - esa preocupación por restituir la justicia que anima a este documento, en base a una verdad que hay que rescatar y que sigue en gran parte ignorada.

Un gol lleno de deudas. Uruguay, el futbol y todo eso

«Con un abono de 4.000.000 de dólares sobre la deuda externa brasileña fue vendido Romario Farías, astro del fútbol de Brasil, al equipo campeón holandés PSV Eindhoven. Como lo señalara el Jornal do Brasil, la firma holandesa Philips pagó esa suma por el delantero de 24 años de edad con un crédito contra el Banco Central brasileño. Este había sido adquirido previamente por la Philips en el mercado de títulos de la deuda con un descuento de un 25 por ciento». (Información del 22.10.88) Isla de Flores. Una calle de Montevideo no muy lejos del centro. La tarde está avanzada, el calor ha descendido un tanto. Los escasos conductores de vehículos deben disminuir la velocidad en algunos trechos y moverse como si se tratara de un slalom. Por delante hay chicos que corren tras una pelota. Los balones, en su mayoría, están arrugados, blandos o aplastados; los largos años de lucha callejera han terminado, efectivamente, por quitarles el aire. Dos piedras marcan el arco. Las horas pasan sin que decline el ritmo del juego. Los retoños juegan hasta bien entrada la noche corriendo tras los pases; los faroles callejeros reemplazan los focos del estadio. Gritos y llamadas acompañan la batahola. «Peñarol», «Nacional» o «Aguirre». Los chicos se identifican con sus clubes preferidos, se ponen nombres; nombres que recuerdan a los grandes «teams». Los nombres dependen de la coyuntura: algunas veces serán los «aurinegros» de Peñarol, otras los «tricolores» del Nacional - los dos grandes clubes uruguayos, que llevan la voz cantante, allá en la cima - o toman el nombre del que se está batiendo con éxito en una Copa nacional o internacional. Pero en la mayoría de los casos, los niños son cabalmente «hinchas» de los clubes tradicionales. Tal como lo son sus padres, de por vida.

Un hombre en una plaza en Buenos Aires

Un hombre vive y duerme en una plaza. Apenas se mueve unos metros, no más de treinta o cincuenta a la redonda. El no tiene urgencias y seguramente me ve todos los días cuando salgo a pasear a mi perro y no puede imaginarse de ninguna manera lo que a mí me sucede sólo por el hecho de saber que él está allí, clavado en su decisión de vivir a la intemperie mientras yo me desplazo por mi casa, por mi balcón o mi terraza; mientras yo ando por la ciudad en colectivo, a pie o en taxi, muy cerca de él y a veces sin que me vea, a unos escasos diez o veinte metros en mi vehículo o haciendo uso de mis piernas, sin ninguna solución de continuidad y tampoco sin soluciones para su decisión de intemperie; él está sentado en su banco, con la cara apuntando a la salida del sol por las mañanas hacia el Palacio Pizzurno y dando la espalda al crepúsculo que se produce todas las tardes hacia Paraguay en dirección a Río Bamba. El está sentado siempre en su banco y si se levanta a veces para acercarse al cesto de la basura que cuelga de un árbol, o se apoya para orinar en otro árbol (el que constituye su hito hacia Callao), se sabe que esa distracción del caminar será transitoria. El va a volver, no dejará su sitio.

Vivir con la inflación

Desde 1975, la Argentina vive carcomida por una inflación que en su momento más dramático, hacia 1985, llegó al 100 por ciento mensual y en el año más benigno (en 1980, durante la dictadura militar) al 90 por ciento anual. En lo que va del mandato constitucional de Raúl Alfonsín, la moneda se ha devaluado en un 86 mil por ciento. La pasada primavera, el gobierno, consciente de que a ese ritmo de desintegración económica el oficialismo perdería las elecciones de mayo de 1989 frente al peronismo, decidió instrumentar un plan de ajuste que redujo el alza a un 6 por ciento mensual.