Tema central

Un análisis de su capacidad de reforma

Durante los 90, los gobiernos socialdemócratas europeos tuvieron que enfrentar el desafío de la globalización y la europeización. El artículo analiza la performance de seis de ellos en términos de equilibrio fiscal, empleo y bienestar social. La conclusión es que aquellos gobiernos que adaptaron sus instrumentos y estrategias, sin dejar de lado el objetivo socialdemócrata fundamental de construir una sociedad más justa, lograron los mejores resultados. Es el caso de Suecia y Dinamarca. En cambio, aquellos que se negaron a flexibilizar sus políticas, como los de Francia y Alemania, muestran performances más decepcionantes.

Un análisis de su capacidad de reforma

Introducción

La globalización, la europeización y la creciente heterogeneidad que caracterizan a los países de Europa constituyen un desafío para el futuro de la socialdemocracia. Durante la década de 1980, los sociólogos vaticinaron el declive de esta tradición y el irreversible dilema electoral al que se veía expuesta. Otros, en cambio, destacaron la capacidad de los partidos socialdemócratas para adaptarse a las nuevas circunstancias y revisar sus estrategias, instrumentos, programas y políticas. El triunfo de varios partidos socialistas y socialdemócratas durante los 90 pareció confirmar la capacidad para renovarse. El ascenso al poder de muchos partidos socialdemócratas constituye una sólida base empírica para comprobar si el éxito electoral de la socialdemocracia deriva únicamente del agotamiento del ciclo neoliberal o si los partidos socialdemócratas pueden alcanzar sus clásicos objetivos –pleno empleo, justicia social– adaptando sus estrategias e instrumentos. En otras palabras, ¿qué respuestas específicas han encontrado los partidos socialdemócratas a los nuevos desafíos? ¿Cuáles son las consecuencias de revisar o no sus programas, instrumentos y políticas?

Este artículo se propone responder estas preguntas. Se compararán las políticas y los resultados obtenidos por seis gobiernos socialdemócratas –Gran Bretaña, Francia, Alemania, Países Bajos, Suecia y Dinamarca– en el área fiscal, social y de empleo. El argumento se desarrollará en cuatro etapas. En primer término, se investigará el desempeño concreto de estos seis gobiernos. En segundo lugar, se elaborará una tipología de los partidos socialdemócratas a partir del análisis de sus políticas. En tercer término, se indagará la elección de prioridades específicas –trade-off– entre las diferentes políticas implementadas por cada tipo de gobierno socialdemócrata. Por último, se explicarán las posibilidades que tienen los partidos socialdemócratas de cambiar sus políticas tradicionales en el marco de las limitaciones estructurales, la competencia partidaria y las acciones políticas.

El desempeño de la socialdemocracia en el poder

En esta sección se evaluará el desempeño de los gobiernos mencionados en tres áreas que siempre han resultado fundamentales para la socialdemocracia: políticas fiscales, políticas de empleo y políticas sociales. Para cada una de estas áreas, hemos desarrollado un indicador que contiene dos componentes ponderados: en políticas fiscales, se considera la deuda pública nacional y el déficit presupuestario estructural; en políticas de empleo, los índices de empleo y desempleo; en políticas sociales, el gasto social per cápita y la variación en la cantidad de personas en riesgo de pobreza antes y después de las transferencias sociales.

Con los tres indicadores se ha elaborado un índice para evaluar el desempeño político general. Este desempeño se analizará en dos dimensiones: por un lado, la situación relativa del país (al finalizar el periodo de gobierno o en 2002) con respecto a los demás países; por otro lado, el cambio experimentado por cada país (entre el principio y el fin del periodo de gobierno o 2002). El objetivo no es presentar simples resultados sino evaluar comparativamente el desempeño relativo de estos seis gobiernos.

Las políticas fiscales. El desempeño de Dinamarca y Suecia es superior tanto en su situación comparativa como en el cambio en el tiempo. Ambos países consolidaron con éxito sus presupuestos reduciendo el gasto y manteniendo una fuerte presión impositiva, lo que se refleja claramente en los impuestos sobre los ingresos personales y el impuesto al valor agregado (IVA). Los impuestos corporativos y sobre el capital son una excepción: se redujeron para evitar la salida de flujos de capital que había ocasionado serios problemas a la economía sueca durante los primeros años de la década de 1990.

Gran Bretaña y los Países Bajos se ubican en un nivel intermedio. Ambos países lograron reducir la carga de la deuda y el déficit, principalmente al limitar el gasto. Alemania y Francia, finalmente, muestran las peores performances en esta área. Ninguno de los dos pudo (o quiso, en el caso de Francia) reducir el gasto y estimular el crecimiento a través de una reforma fiscal. Esto los hizo violar repetidamente la regla de Maastricht que fija un déficit máximo de 3%. En especial, el plan de reducción de los impuestos a las empresas y del impuesto sobre los ingresos de las personas más ricas implementado en Alemania fracasó en el anunciado objetivo de promover las inversiones, el consumo y el crecimiento económico. La política de la coalición rojo-verde (entre el Partido Socialdemócrata –SPD– y el Partido Verde) de bajar los impuestos no fue ni una estrategia socialdemócrata (desde el punto de vista político) ni una estrategia exitosa (desde el punto de vista económico). El gobierno progresista fue víctima del mito neoliberal que indica que una reducción impositiva mejora automáticamente las inversiones, lo que a su vez favorece el desarrollo de la economía.

Las políticas de empleo. En este índice, los Países Bajos tuvieron un mejor desempeño, tanto en términos comparativos como de evolución durante el periodo de gobierno. En particular, la creación de trabajos de tiempo parcial para mujeres e inmigrantes contribuyó a incrementar el nivel de empleo y disminuir las tasas de desempleo. Las encuestas demuestran que especialmente las mujeres valoraron estas nuevas oportunidades. Luego de los Países Bajos se ubican Dinamarca y Suecia, y después Gran Bretaña. Como se observa, el desempeño en el área laboral es similar al de las políticas fiscales: Alemania y Francia se ubican en los peores lugares (aunque Francia al menos mostró algunos cambios positivos en la creación de empleos por parte del gobierno, especialmente para los jóvenes). En las primeras posiciones, sin embargo, se advierten algunas variaciones: los Países Bajos, Suecia y Dinamarca cambiaron sus posiciones; Gran Bretaña partió desde una posición relativamente cómoda en 1997, pero no pudo mejorar el nivel de empleo al ritmo de los Países Bajos o Dinamarca. De esta forma, vuelve a aparecer en una posición intermedia.