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¿Se redujo la desigualdad en América Latina? Notas sobre una ilusión

En los últimos años, tanto desde los gobiernos como desde organizaciones transnacionales, es un lugar común señalar que la desigualdad se redujo en América Latina, y suele apelarse como apoyo al coeficiente de Gini. En el conjunto de América Latina, la indigencia y la pobreza disminuyeron de manera significativa. No obstante, análisis basados en fuentes fiscales, y no solo en las declaraciones de ingresos, dan lugar a resultados menos optimistas: muestran, por ejemplo, que las desigualdades no variaron y que, estos años, la parte de los más ricos en el ingreso total no solo no disminuyó, sino que se incrementó.

¿Se redujo la desigualdad en América Latina? / Notas sobre una ilusión

Las desigualdades entre los individuos, grupos y clases sociales son numerosas en América Latina. ¿Han disminuido en los años 2000? Las sociedades latinoamericanas, con sus democracias consolidadas, ¿son menos injustas y más inclusivas que en la década de 1990?

Las desigualdades son numerosas, citemos las principales: entre pobres y ricos; entre aquellos que no tienen patrimonio y quienes poseen uno desde el nacimiento; entre diferentes situaciones fiscales; entre inmigrantes y ciudadanos plenos; entre aquellos que pueden acceder a una buena educación y quienes no tienen otra opción que recibir una educación de menor calidad; entre hombres y mujeres; entre trabajadores, ante los despidos o las condiciones de trabajo; entre quienes trabajan en pequeñas empresas y quienes lo hacen en las grandes; entre trabajadores formales e informales; entre personas de diversos orígenes étnicos; y, de una manera general, entre los ingresos.

La mayoría de esas desigualdades tienden a estar vinculadas. La probabilidad de no recibir una educación de calidad es obviamente mayor para los hijos de personas pobres, incluso de grupos de ingresos modestos, que para los niños de clase media; la probabilidad de tener un empleo precario, peor remunerado, es más elevada para los más pobres, las mujeres, los negros o los indígenas.

La cuestión es saber si estas desigualdades han tendido a disminuir y si las sociedades latinoamericanas en los años 2000 son más o menos inclusivas. Una respuesta positiva parece evidente, sobre todo en los países dirigidos por gobiernos progresistas. Existe menos pobreza, pero la relación entre indigencia rural e indigencia urbana no ha cambiado mucho. No hay entonces convergencia de los niveles de pobreza extrema entre el medio rural y el urbano. La tasa de pobreza rural extrema sigue siendo ampliamente superior a la observada en el medio urbano. Lo lógico sería que el objetivo de reducción de la pobreza privilegiara el medio rural, simplemente porque conviene atacar en forma prioritaria la pobreza allí donde es mayor1. ¿Menos desigualdades entre hombres y mujeres? Es preciso observar que las desigualdades de ingresos según género no han disminuido de manera significativa y, en el peor de los casos, han perdurado. Además, en numerosos países de América Latina el derecho al aborto sigue estando prohibido. Sí se verifican menores desigualdades según el color de piel: por ejemplo, en Brasil se implementó una política de discriminación positiva para facilitar el ingreso de un número mayor de jóvenes negros a las universidades, a las que no hubieran podido ingresar debido a la baja calidad de las escuelas secundarias públicas. Pero una política como esa también desemboca en el financiamiento público de universidades privadas de calidad mediocre para habilitar la política de discriminación positiva, y en general estas iniciativas terminan beneficiando a aquellos cuyos padres tienen un nivel de ingresos a menudo superior al promedio. Una política que apuntara a mejorar las escuelas públicas primarias y secundarias sería más eficaz, pero también más costosa. Por último, en algunos países andinos se ha puesto en marcha un proceso de ciudadanización en favor de los indígenas (principalmente en Bolivia y Ecuador). En definitiva, según los discursos oficiales, habría menos desigualdad entre los ingresos, una reducción de la pobreza y, sobre todo, una disminución de los ingresos de los más ricos (tramos del 1%, 5% y 10% de quienes ganan más), algo sorprendente y que no se observa en los países desarrollados, donde más bien ocurre lo contrario. Se habría producido una reducción de las desigualdades tal que algunos países, como Brasil, sueñan con convertirse en países de clases medias. Pero la distancia entre el espejismo y la realidad es grande, y bastó con un aumento de precios del transporte para desencadenar movilizaciones masivas contra la mala calidad de los servicios públicos, poco dignos de un país «convertido» en país de clases medias, lo que dejó al descubierto la mala calidad de la enseñanza, los procesos de desclasamiento (movilidad social descendente), de desafiliación, etc. En este artículo vamos a presentar, sobre todo, la evolución en la desigualdad de los ingresos, con la observación de que esta no determina de manera absoluta el conjunto de las desigualdades, pero tiene un peso preponderante.

La disminución de las desigualdades en los ingresos ¿es tan importante como se declara desde los gobiernos? Los ricos ¿han conocido una disminución relativa de sus ingresos en la década de 2000?

Las desigualdades en los ingresos aparentemente han disminuido en los años 2000

En América Latina, y en particular en los países dirigidos por los gobiernos llamados «progresistas», los salarios han aumentado más rápidamente que la productividad, el empleo informal ha bajado en términos relativos, el desempleo también ha disminuido, el gasto social se ha acrecentado y la pobreza se ha reducido desde hace unos diez años2. Sin embargo, las desigualdades en los ingresos siguen siendo muy elevadas aunque, al contrario de lo que sucede en los países desarrollados, habrían disminuido ligeramente en los últimos diez años3. No obstante, esta evolución es puesta en duda por estudios recientes: medidas a partir de datos fiscales, estas desigualdades no habrían ni disminuido ni aumentado, la parte de los más ricos en el ingreso global se habría acrecentado... Con las consecuencias de la crisis de 2014, los resultados positivos obtenidos corren el riesgo de ser cuestionados a partir de 2015.

Pero ¿qué ocurre con la disminución de las desigualdades según los datos oficiales? Podemos medir la distribución según dos criterios: el llamado «funcional», referido a los beneficios y los salarios, y el «personal», referido a los ingresos percibidos por las personas o los hogares. Tratemos aquí la distribución personal. En América Latina, las desigualdades son muy altas, ya sean las que conciernen a los ingresos o aquellas centradas en el patrimonio. Nos limitaremos aquí a las primeras. Entre las numerosas formas de medir, aquí privilegiaremos dos: el coeficiente de Gini y la relación entre los deciles (o quintiles). El coeficiente de Gini es un indicador global de desigualdades que pone en relación porcentajes de población y porcentajes de ingreso distribuido. Población e ingresos forman los dos lados de un cuadrado. El cruce de las ordenadas y las abscisas define una curva denominada curva de Lorenz, más o menos alejada de la diagonal del cuadrado. Esta última representa la igualdad perfecta. La superficie existente entre la curva de Lorenz y la diagonal, respecto de la mitad de la superficie del cuadrado, constituye el indicador de desigualdades. Cuanto más se acerca la curva a la diagonal, menor es la superficie y menor el coeficiente de Gini, y a la inversa. Con un mismo nivel global de desigualdades, podemos tener varios tipos de desigualdades según la forma tomada por la curva de Lorenz: por ejemplo, cuando el aumento de la parte de los primeros deciles es compensado por la disminución de la parte de los deciles que siguen. Es eso lo que explica que utilicemos como complemento las relaciones entre los deciles más ricos y los deciles más pobres o, de manera aún más sofisticada, indicadores de polarización del ingreso4. Si el coeficiente de Gini disminuye, la igualdad es mayor.

  • 1.

    P. Salama: «Luchas contra la pobreza en América Latina: el caso de la pobreza rural en Brasil» en Problemas del Desarrollo vol. 42 No 165, 4-6/2011.

  • 2.

    P. Salama: Les economies emergentes latino-américaines, entre cigales et fourmis, Armand Colin, París, 2012.

  • 3.

    Ibíd.

  • 4.

    Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal): Panorama social de América Latina 2014, Cepal, Santiago de Chile, 2014.