Coyuntura

¿Qué le espera a Bolivia con Evo Morales?

Luego de su arrollador triunfo en las elecciones de diciembre, Evo Morales ha dado los primeros pasos en el gobierno intentando conciliar las tres grandes tendencias que cruzan su partido: la fuerte reivindicación indigenista, el antiimperialismo de izquierda y la valorización de la democracia, cuyo principal defensor parece ser el mismo presidente. Sobre la base de entrevistas inéditas a los principales líderes del MAS, se traza aquí un mapa de los retos y desafíos que enfrenta Morales, quien deberá hacer concesiones, buscar equilibrios y articular creativamente las diferentes corrientes, si quiere transformar a la sociedad boliviana y consolidar la democracia.

¿Qué le espera a Bolivia con Evo Morales?

Inédito y prometedor

La llegada a la jefatura del Estado boliviano de un dirigente sindical de origen indígena y campesino ha sido un gran atractivo para los reflectores internacionales. Desde enero de 2006, una multitud de periodistas provenientes de lugares tan lejanos como Qatar o Cataluña comenzó a arribar a La Paz. Todos querían instalar su cámara y comentar.La expectativa tenía asidero. Con un triunfo por más de 50% de los votos, Evo Morales Aima había logrado algo que muy pocos políticos bolivianos pudieron conseguir. La cúspide electoral tiene como antecedentes las cuatro primeras elecciones tras la conquista del voto universal (en 1956, 1960, 1964 y 1966). En otras palabras, el último triunfo aplastante en las urnas comparable al del 18 de diciembre de 2005 ocurrió cuatro décadas atrás, en 1966. Evo es, por lo tanto, el cuarto líder más votado en toda la historia electoral del país.

Otro dato llamativo es que las otras cuatro victorias similares a las de Morales tuvieron como marco histórico la revolución de abril de 1952. Para entonces, las armas estaban en manos de las milicias populares, la tierra era repartida sin grandes reservas entre los agricultores y las minas pasaban a ser propiedad del Estado. En otras palabras, en Bolivia, los ciudadanos votaron masivamente a favor de los autores de la revolución, aquella que, a su vez, les abrió la senda del sufragio.

Ahora, Evo llega al poder con un respaldo popular muy parecido al que acompañó las acciones revolucionarias presenciadas por sus padres, pero sin que su gobierno haya puesto aún en práctica ninguna transformación fundamental. En ese sentido, lidera una revolución electoral que aspira, al menos así se ha dicho, a convertirse en sustantiva, a volverse palpable en los hechos y no solo en las promesas.

Hasta aquí, hemos señalado dos datos centrales de la coyuntura: el carácter inédito de la acumulación política alrededor del nuevo presidente y su sed de cambios radicales. En una frase: Evo es un revolucionario, robustecido por un enorme respaldo electoral, que intentará usar ese capital político para desencadenar transformaciones sociales de gran calado. Lo que gira alrededor de Morales es más una posibilidad potente que una realidad consolidada. Por eso, antes de cualquier análisis, conviene preguntarse: ¿quién es y cómo gobernará Evo Morales? Vamos sin dilación rumbo a la respuesta o, al menos, a un ensayo de ésta.

La historia de un triunfo

El Movimiento al Socialismo (MAS), partido capitaneado desde hace diez años por Morales, es una flexible pero impetuosa confederación de entidades sindicales. Surgió en 1995, luego de una resolución congresal asumida por organismos campesinos decididos a proveerse de un brazo electoral. Su motor fue la Ley de Participación Popular de abril de 1994, que estableció el presupuesto propio para llevar a cabo obras públicas en más de tres centenares de municipios. Gracias a ello, los sindicatos agrarios, de fuerte implantación en varias regiones, resultaron atraídos por la gestión. Era el momento de gobernar (así fuera a escala reducida), de «invadir» el Estado desde sus patios más marginales.

No es casual que las primeras elecciones en que participó el nuevo movimiento hayan sido municipales. Allí capturaron sus primeros gobiernos, todos en la zona cocalera del Chapare, el mismo lugar donde, dos años más tarde, durante los comicios de 1997, Evo sorprendió al convertirse en el diputado más votado del país. Pese a esos antecedentes, Morales fue expulsado del Congreso en enero de 2002, pocos meses antes de la renovación del mandato presidencial y parlamentario. La mayoría legislativa de entonces lo acusaba de incitar a cometer delitos en el marco de los enfrentamientos entre campesinos y fuerzas uniformadas. Asimilado el golpe, Morales prometió regresar al Congreso con una bancada más importante. Y así ocurrió. Pocos meses más tarde, el movimiento sindical surgido entre los productores de hoja de coca se transformó en la segunda fuerza política nacional, con más de 20% de los sufragios. Pasó de cuatro a 32 parlamentarios.

La ola de conflictos sociales se hizo más violenta. El MAS era el gran partido de la oposición, y cada turbulencia tendía a beneficiarlo. La agitación social, que hasta octubre de 2003 batió marcas históricas, acumuló también casi un centenar de muertos en combates con el Ejército y la policía. En todos los casos, Morales fortaleció su rol de líder político enfrentado al poder establecido y, aunque por momentos aceptó las movilizaciones solo a regañadientes, se le atribuyó buena parte de la responsabilidad por el desbocado poderío de las acciones sociales.

De ese modo, tras la caída de dos jefes de Estado entre 2002 y 2004, Bolivia se encaminó hacia elecciones nacionales anticipadas. Para entonces, ya solo quedaba en pie un rival de la talla de Evo, el hasta entonces ausente ex-presidente Jorge Quiroga. Los otros cuatro líderes nacionales que habían sostenido el esquema tradicional durante dos décadas yacían derribados por el descontento social. Las elecciones de diciembre de 2005, polarizadas entre Morales y Quiroga, convirtieron a un país multipartidista en uno dividido en dos siglas dominantes, que concentraron más de 80% de los votos. El MAS prácticamente duplicó a su adversario, alcanzando casi 54% de los votos: el resultado fue un panorama bipartidista, pero con un partido predominante.

¿Cuáles fueron los efectos concretos de estos resultados? El primero, un gobierno que se basta a sí mismo en la Cámara de Diputados, que requiere solo dos votos para obtener mayoría en el Senado y que, si el Congreso en pleno se reúne, concentra 82 de las 157 bancas. En segundo lugar, el MAS cuenta con opciones reales para mantener bajo su control a los principales sindicatos, foco frecuente de inestabilidad. En ese sentido, Morales y su partido tienen en sus manos condiciones inmejorables para volcar sus ideas a la práctica y transformar profundamente el Estado boliviano. Del otro lado, se ubica una oposición lastimada por la derrota, connotados poderes regionales como los de Santa Cruz o Tarija, segmentos empresariales que no se resignan al viraje y poderes internacionales conservadores que podrían activarse a la menor oportunidad.