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¿Posdemocracia? Frente al pesimismo de la nostalgia, el optimismo de la desobediencia

En tiempos de crisis, la compatibilidad entre el capitalismo y la democracia regresa como interrogante. La financiarización de la economía, la desregulación económica y la capacidad de presión de las grandes empresas son factores que limitan la capacidad de gestión del Estado. Igualmente, la cartelización de los partidos políticos, la saturación audiovisual, el imaginario hegemónico consumista y la asunción por parte de las clases medias del «capitalismo popular» debilitaron el compromiso de posguerra con los valores socialdemócratas. Esto lleva a una mirada nostálgica sobre la «democracia» perdida. Pero detrás de la «posdemocracia» se esconde un proceso de mayor calado: la centralidad de la «pospolítica», que neutraliza el elemento central de la democracia: el conflicto.

¿Posdemocracia? Frente al pesimismo de la nostalgia, el optimismo de la desobediencia

Lo que llamamos «crisis de la democracia» no ocurre cuando la gente deja de creer en su propio poder, sino, al contrario, cuando deja de confiar en las elites, en aquellos que supuestamente saben por ella y proporcionan las pautas a seguir, cuando sienten la ansiedad de sospechar que «el (verdadero) trono está vacío» y que la decisión es ahora realmente suya.Slavoj Žižek, ¡Bienvenidos a tiempos interesantes!1

Las debilidades de lo «post»

El uso del prefijo «post» en las ciencias sociales suele responder a tres razones: prudencia, impotencia o ánimo ideológico. Prudencia, cuando se verifica que un hecho difumina sus contornos, incorpora matices y anuncia novedades sin perder totalmente su condición original. Impotencia, cuando se carece de la capacidad de identificar si lo viejo se ha marchado y lo nuevo ya ha llegado, algo relacionado con la turbulencia de la época y la dificultad del análisis para llegar al núcleo de lo que se quiere definir o para proponer alternativas. Y ánimo ideológico, cuando se quiere distraer la atención para rebajar un potencial conflicto explicando que los cambios son inevitables o no tan relevantes, o bien, en una dirección contraria, cuando se quiere dejar claro que algo que era positivo se ha perdido y conviene recuperarlo para el bien de la colectividad. Los post suelen estar llenos de memoria y de subjetividad.

Las transformaciones sociales, políticas y económicas son hoy objeto de estudio de diferentes disciplinas: politología, sociología, historia, filosofía, derecho, economía, de manera que cada cuerpo de conocimiento hace énfasis en aquello que mejor conoce (sufriendo con frecuencia la ciencia política el ataque de modas, anteayer psicológicas, ayer jurídicas, hoy filosóficas, quizá mañana ligadas a la neurociencia). Para terminar de confundir las cosas, podemos encontrar que desde esas diferentes intenciones, escuelas y formaciones, distintos autores pueden utilizar una denominación idéntica –por ejemplo, «posdemocracia» o sus afines–, lo que dificulta enormemente la interpretación.

De esta manera tenemos que puede pensarse en la posdemocracia como la situación en la que se ha perdido una democracia anterior que se presuponía de mayor calidad (incluso perfecta, vista desde la pérdida (Colin Crouch, Daniel Bell); puede entenderse como «contrademocracia» o «impolítica» que lleva a la desafección (Pierre Rosanvallon); puede utilizarse para señalar un mundo en el que los conflictos sociales esenciales se han disuelto, por lo que la política puede y debe relajarse; puede entenderse como la salida economicista al «trilema de la economía mundial», esto es, a la renuncia a la democracia en vista de la dificultad para compatibilizar soberanía nacional, Estado social y democracia en los tiempos de la globalización (Dani Rodrik); puede entenderse como la superación de la democracia de partidos acorde con los nuevos tiempos (por lo común denominada gobernanza) (Jan Kooiman; B. Guy Peters; Renate Mayntz; Luis F. Aguilar); puede definirse como el momento político que se corresponde con el momento social en el que los valores materiales han dejado paso a valores posmateriales (Ronald Inglehart); puede verse como la respuesta al desarrollo tecnológico y la obligación de aplicar las nuevas tecnologías a la gestión política; puede verse como una queja frente a la política «populista», entendiendo este concepto de manera peyorativa (Manuel Alcántara, Ludolfo Paramio); puede verse como la imposibilidad de la democracia debido al Estado de excepción permanente originado en el modelo capitalista y que ha generado «condensaciones oligárquicas» (Walter Benjamin, Giorgio Agamben) o como la imposibilidad de la democracia colonizada por la modernidad líquida, que no permite a los sujetos políticos solidificarse ni asaltar un poder que igualmente se define como «líquido» (Zygmunt Bauman); puede verse como el agotamiento de la democracia parlamentaria para otorgar autorización política, toda vez que las materias sujetas a elección se ven radicalmente reducidas, o por el hecho de que las elecciones que no se estigmatizan son solo aquellas en las que se dirimen dos matices de un mismo referente y no opciones realmente de alcance (como lo demostraron las elecciones en Grecia en junio de 2012). Y también, en lo que seguramente es su explicación más fructífera, la posdemocracia (como un correlato necesario del fin de la política) puede entenderse como el sempiterno intento liberal de desplazar la política a un lugar neutral, con el fin de proclamar la muerte del antagonismo político y la aceptación resignada del reformismo político y la economía de mercado (Chantal Mouffe, Jacques Rancière, Slavoj Žižek, Alain Badiou, Claude Lefort, Ernesto Laclau).

Frente a este abigarrado conjunto de posibilidades, la pregunta complicada es la siguiente: ¿es posible encontrar algo común en todo este cuerpo intelectual?2

Puntos de encuentro de la extraviada democracia

La pugna por la democracia que comenzó en 1917 se zanjó en la década de 1970. 1973 marca la quiebra del keynesianismo, el comienzo del retraso tecnológico en la Unión Soviética y sus satélites y el arranque de lo que será la hegemonía neoliberal. Los años 80 fueron los de una alargada «década conservadora» que vino para quedarse. Los 90 constituyeron, por la propia arrogancia de los vencedores, una década contradictoria en lo que se refiere a la democracia. Por un lado estaban los que celebraban la caída definitiva de la URSS y el fin de la Guerra Fría como el triunfo incuestionable de la democracia liberal. Si la obra más emblemática en este sentido es El fin de la historia y el último hombre de Francis Fukuyama (1992)3, toda la producción en torno de las transiciones a la democracia (con la obra compilada por Phillipe C. Schmitter, Guillermo O’Donnell y Lawrence Whitehead como mascarón de proa4) iba dirigida en la misma dirección. La tercera vía de Anthony Giddens (1998)5, donde se invitaba a la socialdemocracia a abrazar el liberalismo económico después de haber hecho otro tanto tras la guerra mundial con el liberalismo político, entregó la justificación que los partidos de la Internacional Socialista buscaban para ser plenamente sistémicos.

  • 1.

    Juan Carlos Monedero: licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Cursó estudios de posgrado en la Universidad de Heidelberg y en la actualidad es profesor titular de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid.Palabras claves: posdemocracia, pospolítica, democracia, capitalismo, gobernabilidad, gobernanza, conflicto.. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, La Paz, 2011, p.119.

  • 2.

    Para un desarrollo más concreto de estas diferentes miradas, v. J.C. Monedero: El gobierno de las palabras. Política para tiempos de confusión, fce, Madrid, 2011, especialmente pp. 179-222. Para el cierre democrático en elecciones en las que realmente se dirimen opciones diferentes, v. J.C. Monedero: «Cuando el coro desafía a Ulises y a los dioses» en Cuarto Poder, 16/6/12, www.cuartopoder.es/tribuna/cuando-el-coro-desafia-a-ulises-y-a-los-dioses/2866, y «Grecia: el coro aún está deliberando» en Cuarto Poder, 18/6/2012, www.cuartopoder.es/tribuna/grecia-el-coro-aun-esta-deliberando/2879.

  • 3.

    Planeta, Barcelona, 1992.

  • 4.

    Transiciones desde un gobierno autoritario [1986], Paidós, Buenos Aires, 1988.

  • 5.

    Anthony Giddens: La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia, Taurus, Madrid, 1999.