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¿Por qué protestan en Ecuador? Rafael Correa y el fracasado aumento del impuesto a las herencias

Persistentes protestas callejeras jalonaron el escenario político ecuatoriano durante junio de 2015. La propuesta gubernamental de aumentar los impuestos a las herencias y a la plusvalía gatilló la expresión de un descontento social amplio. Este artículo se pregunta por las razones que subyacen a semejante descontento cuando el gobierno cuenta todavía con altos niveles de aprobación popular. Una clave radica en la naturaleza de esa aprobación popular.

¿Por qué protestan en Ecuador? / Rafael Correa y el fracasado aumento del impuesto a las herencias

Nota: este trabajo es una versión del informe de coyuntura preparado por el autor para el Comité Ecuménico de Proyectos, Quito, julio de 2015.


Los hechos

Todo pareció empezar el 24 de mayo de 2015 durante el informe anual del presidente de la República ante la Asamblea Nacional. La noticia del momento fue la detención de una asambleísta del partido de gobierno por acusaciones de corrupción en la provincia de Esmeraldas, frontera con Colombia, según denuncias formalizadas por el propio gobierno. Sin embargo, Rafael Correa hizo un anuncio en ese mismo discurso que tendría más impacto político que el reconocimiento de la corrupción y la acción punitiva. Dijo que en los siguientes días presentaría dos proyectos de ley sobre impuestos. Uno buscaba cambiar el método de cálculo del impuesto a la plusvalía en la venta de terrenos, con el fin de recuperar la ganancia obtenida gracias a las obras públicas que los valorizan. El otro –llamado «Ley Orgánica para la Redistribución de la Riqueza»– aumentaba la tasa del impuesto a las herencias y donaciones a título gratuito: el proyecto comenzaba con una tasa marginal de 2,5% para las herencias sobre la fracción excedente de 35.400 dólares y llegaba a 47,5% para las herencias sobre la fracción excedente de 566.400 dólares. En el caso de los herederos indirectos, la tasa marginal aumentaba a 77,5% para los montos mayores a 849.600 dólares. Apenas presentados los proyectos a la Asamblea Nacional «con carácter urgente» –es decir que debían ser analizados, aprobados, modificados o rechazados en 30 días–, surgieron manifestaciones autoconvocadas en Quito, en la norteña y exclusiva Avenida de los Shyris, frente a la sede del partido de gobierno.

Las manifestaciones patearon el tablero político nacional y lo modificaron sustancialmente en menos de un mes. Para empezar, eran manifestaciones bastante grandes, que quizás llegaran a superar los 10.000 o 20.000 participantes en sus momentos culminantes. Pero esta masividad en sí misma no las hace diferentes de otras conocidas en meses anteriores, porque varias marchas multitudinarias venían convocándose desde fines de 2014. El ciclo de protestas, en efecto, empezó el 17 de septiembre y el 19 de noviembre de 2014 con dos movilizaciones convocadas por las centrales sindicales nacionales en contra de las reformas laborales previstas en el nuevo Código del Trabajo preparado por el Ministerio de Relaciones Laborales. El 19 de marzo y el 1o de mayo de 2015, dos nuevas marchas de rechazo convocadas por las centrales sindicales ampliaron los motivos de queja: el Decreto Ejecutivo No 16, que busca controlar y restringir la organización de la sociedad civil; el rechazo a la supresión del aporte obligatorio anual de 40% del gobierno al sistema público de pensiones; y, más tarde, luego del 15 de mayo, la oposición a la intervención gubernamental sobre un fondo de cesantía manejado por el mayor sindicato del país, la Unión Nacional de Educadores, entre otros.

La dimensión de las protestas no era pues, en sí misma, notable. Otras características las hicieron diferentes y más problemáticas. En primer lugar, las manifestaciones se mantuvieron constantes durante una semana seguida, entre el 8 y el 15 de junio1. De hecho, con el transcurrir de los días se hicieron cada vez más grandes. El gobierno acostumbra convocar sus propias «contramarchas» ante cada convocatoria de las organizaciones populares opositoras. Esta vez no pudieron seguir el paso diario de la protesta, no hubo la misma capacidad de respuesta. De hecho, la manifestación progubernamental convocada con motivo del regreso al país del presidente para el lunes 15 de junio en la Plaza de la Independencia resultó menos nutrida de lo esperado por el oficialismo2.Otras características también complicaron el escenario gubernamental. Aunque no fueron manifestaciones convocadas por actores políticos específicos sino que nacieron y se difundieron viralmente en las redes sociales, el primer perfil social e ideológico de las protestas era diferente del de las manifestaciones que el gobierno debió enfrentar desde septiembre de 2014. Mientras que las anteriores fueron convocadas por organizaciones sindicales, indígenas y de izquierda, el combustible que alimentaba las nuevas manifestaciones era el rechazo a los impuestos, la defensa de la familia y la oposición a políticas que llevaban al país a ser «como Cuba y Venezuela». Este perfil ideológico se hizo más variado con el pasar de los días, y de hecho se diversificó porque las organizaciones de izquierda convocaron sus propias marchas en la avenida 10 de Agosto, cerca del centro de la ciudad de Quito, lugar tradicional de las movilizaciones obreras. Rápidamente las consignas incluyeron en ambas convocatorias la queja por el autoritarismo, la soberbia y la descalificación de los opositores3. No obstante, la ocasión inicial de las protestas, el rechazo a nuevos impuestos, facilitó que los dirigentes políticos de los partidos de derecha y los gremios empresariales se convirtieran en los principales voceros del descontento en las calles. El punto culminante del matrimonio entre las manifestaciones callejeras y el liderazgo conservador fue sin duda la multitudinaria concentración convocada por el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot Saadi, el 25 de junio.

En efecto, aunque las protestas callejeras en Quito y otras ciudades no fueron inicialmente convocadas por organizaciones reconocibles, tenían un perfil de clase media, y en ambas características recordaban la rebelión que llevó a la caída del presidente Lucio Gutiérrez una década antes. Sin embargo, esta vez los políticos no fueron expulsados de la calle al asomar su cara o brindar declaraciones a la prensa. Al contrario, fueron bien recibidos, aunque hubiera algunos manifestantes que expresaban indiferencia o hastío. Así, varios políticos de oposición, incluido tardíamente el conservador alcalde de Quito, Mauricio Rodas, se hicieron presentes con sus propios grupos de partidarios y fueron tolerados. Igual que hace una década en la «rebelión de los forajidos», la consigna más coreada por los manifestantes, tanto los convocados por los sindicatos como los que se dieron cita en la exclusiva Avenida de los Shyris, fue la que sentenciaba «¡Fuera, Correa, fuera!». Los líderes opositores, sean de derecha o de izquierda, dicen constantemente que no quieren que el gobierno se vaya, sino que rectifique. Pero las calles corean otra cosa.

  • 1.

    Estefanía Celi R.: «En 34 días cambió el panorama político» en El Comercio, 27/6/2015.

  • 2.

    Aunque no hay estimaciones fidedignas sobre la movilización, la queja del presidente por la insuficiente capacidad de movilización oportuna, numerosa y rápida es repetida; v. por ejemplo «Correa insta a seguidores a movilizarse para defender al Gobierno» en Prensa Latina, 27/6/2015.

  • 3.

    Una buena crónica que contrasta ambos tipos de protesta, su composición social y sus consignas es la de Redacción Plan v: «Las oposiciones, en rojo y negro» en Plan v, 21/6/2015.