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Mucho ciberactivismo... pocos votos. Antanas Mockus y el Partido Verde colombiano

El ex-alcalde de Bogotá Antanas Mockus y su «ola verde» constituyeron un auténtico caso de ciberactivismo en la campaña presidencial colombiana de 2010. Una ilusión democrática creada en internet convocó a jóvenes y ciudadanos sofisticados a cambiar un país sobre la base de la promesa de legalidad, pero la historia terminó en una tremenda frustración política. Este artículo describe cómo se formó esa ola y qué tácticas de internet y redes sociales se utilizaron y, al mismo tiempo, reflexiona sobre la democracia en tiempos de activismo digital, sin dejar de señalar algunos límites políticos del ciberactivismo.

Mucho ciberactivismo... pocos votos. Antanas Mockus y el Partido Verde colombiano

La campaña electoral colombiana para las presidenciales de 2010 duró poco –de febrero a junio– y tuvo un ganador inapelable en las urnas: Juan Manuel Santos, y un triunfador no menos contundente en internet y en la mediática mundial: el excéntrico Antanas Mockus. Sin Mockus, hubiese sido la campaña más aburrida de la historia. Pero con el ex-alcalde de Bogotá en acción hubo emoción, innovación, drama e ilusión. Un gran caso, sin duda, para pensar la relación entre internet y política: mucha red, poca calle; mucho ciberactivismo, pocos votos; mucha vieja política, poca innovación democrática... Antanas Mockus es una estrella de la política1 inserta en las novedosas prácticas de la comunicación en red y no menos «antipolítica», es decir, enmarcada en la tendencia a no creer en los partidos, las ideologías ni la base social y a reemplazar la construcción política por el marketing. Pero Mockus logró ser una vedette del ciberactivismo básicamente porque piensa «como internet» y es un personaje celebrity que encaja en los modos que toma la política en la actualidad.

Mockus tuvo éxito en la red casi por las mismas razones por las cuales fracasó en la televisión: porque no piensa de manera lineal sino que ofrece links a otros temas que tienen que ver pero que abren más que cerrar las ideas; (…) no establece fronteras entre lo público y lo privado; (…) usa imágenes y símbolos (…) es transparente y (…) más que ofrecer soluciones desde arriba estimula la acción colectiva. Es decir, porque él piensa como internet.2

Así lo sintetiza Juanita León, directora de Lasillavacia.com, el medio periodístico político de internet más exitoso de Colombia, quien realizó un seguimiento sistemático de la campaña del Partido Verde3. Concluye que «Mockus tuvo éxito [político en las redes sociales] porque, como Obama, es una celebridad, alguien que no es como los otros, que es original, y en la red solo triunfa el que logra llamar la atención por su excepcionalidad».

En virtud de sus cualidades comunicativas y de su particular personalidad, Mockus provocó el fenómeno ciberactivista más importante en América Latina. En este artículo intentamos explicar el éxito de su campaña presidencial en las redes sociales para, al final, plantear los límites del ciberactivismo y, por tanto, el fracaso de Mockus y, más aún, la desazón democrática que provocó.

Las redes sociales: ¿una ficción?

La campaña de Mockus se caracterizó por la innovación: tono conciliador y casi humorístico, interpelación a los jóvenes, propuestas sofisticadas, uso intensivo de internet y de las redes sociales. Una propuesta innovadora en una democracia muy tradicional como la colombiana; una buena noticia para la política; repercusión mundial...

El «partido verde». Si la política colombiana es de derecha es porque el espacio social de la izquierda y el progresismo es demonizado como «guerrillero», y así el espacio electoral nacional se juega entre opciones conservadoras. En efecto, a la centroizquierda y el progresismo ciudadano las fuerzas solo les alcanzan para ganar alcaldías locales y algunos puestos legislativos, como lo ha demostrado históricamente la desaparecida Unión Patriótica (a la que los paramilitares le asesinaron a buena parte de los dirigentes) y últimamente el Polo Democrático, que se autoderrotó haciendo lo mismo que los partidos tradicionales4. En este escenario, Mockus encontró que había un llamado Partido Verde que hasta 2010 no había tenido ninguna figuración electoral y decidió entonces realizar con esa sigla su campaña. Fue, sin duda, un gran acierto: el Partido Verde ofrecía innovación programática, ya que se basaba en los valores exitosos de un ambientalismo capaz de atraer a juventudes con ganas de creer y de captar gente de las distintas derechas y los centros que habitan la política colombiana sin hacerlos sentir «terroristas». El verde es progresismo sin ideología: una apelación a la alegría democrática muy de estos tiempos «líquidos».

El tono político. Colombia vivió entre 2002 y 2010 una política marcada por la agresión, el agravio, la injuria y la calumnia, una «marca de fábrica» de Álvaro Uribe; el ex-mandatario gobernaba desde la lógica de la confrontación como si la democracia fuera un escenario de guerra. Toda la política consistía en el decir impune que prometía todo y un serial-extremo de adjetivos que eliminaba adversarios. En nombre de la lucha contra un enemigo que todos los colombianos querían derrotar, la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), quienes no adherían a la línea oficial eran convertidos en potenciales terroristas. El adjetivo «terrorista» se convirtió, entonces, en sinónimo de comunista, socialista, izquierdista, progresista y de cualquier forma de pensar diferente de la «misión» uribista. En este contexto, Mockus no sabía cómo actuar: lo suyo no es el agravio, la injuria y la mentira; él prefería la pedagogía, el pensar las palabras y preservar la honra de los ciudadanos. Así, su campaña, más que buscar la confrontación, procuraba la conciliación; más que buscar el agravio, promovía el debate de ideas; más que ganar por lo agresivo, insistía en el humor; más que guerra, quería ley. Y ese espíritu marcó la diferencia y llevó a que muchos se encantaran con su estilo de transitar la democracia: el diálogo de ideas más que la confrontación adjetivada.

Los sofisticados. El tono conciliador y las ideas de «lo verde» producen un tipo especial de ciudadano que el consultor político español Luis Arroyo llama «los sofisticados»5. Unos ciudadanos/votantes que «se mueven con el combustible de las emociones, animados con la causa de la ‘antipolítica’ y con espíritu constructivo y crítico». Y es a ellos a quienes habla, convoca y conmueve Mockus. Los sofisticados están, según Arroyo,

desvinculados de la política tradicional por desencanto. No les gustan los partidos convencionales, aunque no necesariamente desprecian la política; de hecho están dispuestos a movilizarse si se les seduce con maneras nuevas. No se afilian a los viejos partidos, pero defienden sus posiciones –generalmente progresistas– en la web, visten la camiseta de las causas que defienden, participan con emoción y contagian su activismo al resto del electorado. Los sofisticados son jóvenes bien educados, muy activos en internet, no se dejan convencer con eslóganes simples, son muy críticos y tienen un punto irreverente que les hace autónomos y poco disciplinados. El potencial de los sofisticados se mostró con toda su fuerza en las elecciones estadounidenses que dieron la victoria histórica a Obama. Fueron ellos quienes iniciaron desde Chicago la ola de «esperanza» y «cambio», años antes de que empezara la campaña oficial de demócratas y republicanos. Organizing for America y el Center for American Progress fueron su origen.En este grupo de sofisticados que no quieren revoluciones sino cambios y transformaciones posibles, que quieren creer en algo (la consigna del actual mandatario estadounidense rezaba: «Obama, el cambio en el que puedes creer»), pegaron el tono conciliador de Mockus y la idea de un partido verde que se agrupaba más allá de ideologías y por una buena causa: la «buena onda» de los ambientalistas, los buenos del sistema.

  • 1. De origen lituano, Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Šivickas fue profesor de Matemáticas y Filosofía y llegó a ocupar el cargo de rector de la Universidad Nacional de Colombia, la universidad pública más importante del país. Siempre fue un personaje singular. En una ocasión, ante unos estudiantes de Artes que no lo dejaban hablar, se bajó los pantalones, una cámara lo grabó y muchos noticieros lo emitieron. Su ocurrencia lo volvió famoso, pero tuvo que renunciar a la rectoría. Posteriormente se lanzó a la Alcaldía de Bogotá y ganó. En su primera gestión como alcalde (1995-1998) impulsó una serie de movidas simbólicas como la «hora zanahoria» (destinada a restringir la venta de alcohol y reducir la violencia), la «noche sin hombres» o «la noche de mujeres», el «día sin carro», etc., todo ello con la finalidad de educar a los bogotanos. Creó, además, la famosa «cultura ciudadana» como eje de la gestión pública. Luego renunció para ir por la Presidencia… pero siguió jugando al antipolítico y volvió a ser alcalde de Bogotá (2001-2003); luego fue nuevamente candidato a la Presidencia en 2006 y en 2010. Mockus es un político que ejerce de antipolítico porque juega con el lenguaje, habita los símbolos y promete lo impopular, como el pago estricto de los impuestos.
  • 2. Juanita León: «La política 2.0» en Semana, 27/6/2010, disponible en www.semana.com/wf_ImprimirArticulo.aspx?IdArt=140950.
  • 3. «Diez razones por las que Antanas Mockus tiene éxito en la red» en Lasillavacia.com, www.lasillavacia.com/labutaca/barralibre/11527/el-exito-de-digi-antanas, 2/5/2010.
  • 4. El Polo Democrático ha sido el último partido con tendencias de izquierda creado en Colombia y agrupa a una diversidad de fuerzas y corrientes. Se trata de un partido exitoso, ya que logró tener cerca de 20 senadores, ganó dos veces seguidas la alcaldía de Bogotá (el segundo cargo político del país) y en las elecciones presidenciales de 2006 obtuvo la segunda votación nacional. Sin embargo, sus guerras internas entre una izquierda radical y un progresismo moderado lo llevaron a una crisis organizativa que desembocó en rupturas definitivas, y el gobernante alcalde de Bogotá, Samuel Moreno (2008-2011), quien ganó con la camiseta del Polo Democrático, ha destruido la cultura ciudadana y no ha frenado la expansión de la corrupción. Así, el Polo Democrático ha dejado de contar como alternativa e incluso podría desaparecer del escenario político: solo conserva dos senadores y en 2011 quedará sin ningún poder local.
  • 5. «Atención: ‘sofisticados’ votando», www.luisarroyo.com/2010/05/08/atencion-sofisticados-votando/, 8/5/2010.