Entrevista

Marcos Rochinski: «El gobierno de Temer está eliminando las políticas de asistencia a la agricultura familiar»

El coordinador general de la Confederación Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Agricultura Familiar de Brasil explica el retroceso del campo durante el gobierno de Temer.

Marcos Rochinski: «El gobierno de Temer está eliminando las políticas de asistencia a la agricultura familiar»

Entrevista de Caroline de Gineste y Claudia Detsch


En el sector agrícola, ¿hubo reformas exitosas durante la última década? Si las hubo, ¿podría mencionarnos algún ejemplo?

Las hubo, sí, sobre todo en la agricultura familiar. Logramos establecer un conjunto de políticas públicas y perfeccionamos los mecanismos de crédito rural. También se instrumentaron medidas para garantizar la cosecha en las regiones de mayor riesgo, como por ejemplo en el nordeste. Y están las políticas de seguro agrícola y de precios mínimos garantizados para el conjunto de los agricultores familiares, y toda una serie de medidas que incentivaron la comercialización de los productos de la agricultura familiar, entre ellas las compras institucionales a través de programas federales, como el Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE), que hizo posible que en prácticamente todos los municipios del país se comercialicen productos oriundos de propiedades familiares, o el Programa Adquisición de Alimentos (PAA).

Haciendo un balance general, uno diría que en la última época se lograron implementar importantes medidas en el área de la agricultura familiar.

¿Dónde están hoy los principales puntos débiles del sector agrícola brasileño?

Hay dos puntos que son determinantes. El primero es que, pese a los avances puntuales, en Brasil seguimos padeciendo un modelo de producción y de desarrollo agropecuario que, en líneas generales, se basa en las grandes y medianas propiedades de tierra. Esto es un gran problema, porque acarrea cuestiones como el daño ambiental por el uso indiscriminado de agrotóxicos y la incapacidad para generar soberanía y seguridad alimentaria, esto además del problema en sí de la concentración de tierras en pocas manos. Si junto con los avances concretos en favor de la agricultura familiar tuviéramos también un modelo que apostara a construir cadenas productivas teniendo en cuenta la preservación ambiental y el proceso de inclusión social de las personas, ahí entonces sí podríamos estar hablando de una situación mucho mejor.

Brasil no tiene una política de infraestructura que permita planificar la producción, la comercialización y el almacenamiento de productos. Pese a su gran capacidad productiva, Brasil todavía sigue importando muchas cosas porque no puede establecer un plan a mediano plazo para almacenar productos esenciales para nuestra alimentación. Un ejemplo de esto es el poroto feijão, que en los períodos entre cosechas lo importamos de China, porque no hay ninguna política de almacenamiento que permita abastecer a la población en los meses en que estamos lejos de la cosecha. De modo que nuestro diagnóstico de la situación es que la política de comercialización y almacenamiento en Brasil todavía sigue siendo extremadamente deficitaria.

¿Qué recomendarías para revertir esta situación?

Hay que seguir trabajando en el tema de la redistribución de tierras para que tengamos más familias involucradas en el proceso productivo. Y, por más que las grandes propiedades tengan su importancia en la producción a gran escala, necesitamos fortalecer cada vez más la producción de agricultores familiares.

Brasil, con todo el contingente de agricultores familiares que tiene, y con todo su potencial de mano de obra en el ámbito rural, debería tener un programa mucho más fuerte para incentivar la producción. Y no sólo la producción volcada a la subsistencia, como ocurre en algunos casos, sino también de cara a la comercialización. Podríamos incluso ampliar ese potencial que tiene la agricultura familiar para proveer 70% de los alimentos que componen la canasta básica del pueblo: podríamos llegar a 95% sin el menor problema, las condiciones están dadas. Están las tierras, está la gente que las trabaja; hace falta desarrollar un proyecto que brinde asistencia técnica, que genere investigación, que mejore la extensión cultivable, el crédito rural, y que haga posible que todas esas familias perfeccionen y aumenten su capacidad productiva en términos de la agricultura familiar. Si hubiera una política de este tipo, también lograríamos avanzar en la producción de alimentos saludables; Brasil dejaría de batir récords en el consumo de agrotóxicos y pasaría quizás a batir récords en la producción de alimentos sanos.

La ONU se propuso, en sus Objetivos de Desarrollo Sostenible, «acabar con el hambre, alcanzar la seguridad alimentaria y mejorar la nutrición y la agricultura sustentables». ¿Qué opinión tiene acerca de la viabilidad de esos objetivos?

En Brasil están dadas las condiciones para que esos objetivos se logren, pero para que se hagan realidad tenemos que resolver la necesidad de una redistribución de tierras, encarar una amplia reforma agraria, y estimular la agricultura familiar desde una perspectiva que tenga en cuenta la alimentación sana. Y no podemos olvidarnos de la necesidad de rescatar toda una cadena productiva que hoy quedó en el pasado. Me refiero a una producción previa al modelo de materias primas que redujo notablemente la variedad de especies. Antes, por ejemplo, teníamos trescientas variedades de semillas de feijão, que hoy se reducen a doce, y que son las que vienen de las multinacionales.

Por eso, para lograr los objetivos de desarrollo sustentables necesitamos recuperar nuestra biodiversidad, cosa que se logra invirtiendo en la agricultura familiar, en la producción de alimentos saludables, mejorando el valor nutricional y la variedad de los alimentos.

¿Cuáles destacaría como los riesgos más apremiantes que corre la agricultura en Brasil?

Hoy nuestro principal riesgo es el de retroceder en las políticas públicas de incentivo a la agricultura familiar. Este gobierno que tomó el poder por asalto muestra muy poca preocupación por la continuidad de las políticas agrícolas para el sector familiar, y ya se está evidenciando un retroceso. Como si no alcanzara con haber dado de baja el Ministerio de Desarrollo Agrario, el gobierno ya anunció que reducirá el volumen de crédito, los recursos para la comercialización, la asistencia técnica y la investigación. Y está la amenaza de los proyectos de ley que, si se sancionan, van a significar un retroceso en los derechos laborales que los movimientos sociales lograron conquistar a lo largo de todos estos años. De modo que el mayor riesgo que Brasil corre en este momento es que se ponga fin a las políticas públicas que incentivaron la agricultura familiar y que ayudaron a que toda esa red de agricultores familiares se fortaleciera en los últimos años, y que hoy están en riesgo de ser destruidas en función de otra perspectiva y otro modelo de producción.