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Los escenarios de China en Asia-Pacífico. Reflexiones para el Mercosur

Desde los 90, China viene desarrollando una exitosa política de inserción en Asia-Pacífico a través de los crecientes vínculos comerciales, su participación activa en las instancias de integración regional y su rol cada vez más confiable desde el punto de vista político. Por eso, en el futuro la región funcionará cada vez más como un sistema en el que los países ya no podrán considerarse en forma aislada. Las relaciones de cooperación y competencia entre China y Japón, el ascendente rol de la India y la estrategia de Estados Unidos son algunas de las cuestiones que los países del Mercosur deberán tener en cuenta a la hora de diseñar políticas de vinculación económica con los países de Asia-Pacífico.

Los escenarios de China en Asia-Pacífico. Reflexiones para el Mercosur

La construcción de un entorno de paz y la cooperación con los vecinos

En 1992, Deng Xiaoping lanzó una estrategia de desarrollo basada en la progresiva apertura de la economía china. Esta reforma requería, para ser viable, ser acompañada por una inserción creciente y pacífica de China en la comunidad internacional. Impulsando una importante reorientación de la política exterior, las autoridades chinas llevaron a cabo, a lo largo de la década de 1990, una exitosa política de acercamiento a sus vecinos de Asia-Pacífico, que incorpora tanto elementos políticos y estratégicos como económicos.

En el marco de esa estrategia multilateral se incluyen algunas de las principales acciones chinas durante esos años: los acuerdos con Rusia y el ingreso a la Organización Mundial del Comercio, su incorporación en 1991 al Foro de Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC) y al Foro Regional de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) en 1994, la activa promoción y participación en el Grupo de los Tres (China, Japón y Corea del Sur) y la formación de Asean+3 en 2000, así como la suscripción del Acuerdo China-Asean en 2001 y la firma, en octubre de 2003, del Acuerdo de Cooperación y Amistad China-Asean.

China espera que la aplicación de esta estrategia conduzca a generar bases estables y duraderas para la gradual articulación económica y política de la región, venciendo el recelo y la inseguridad que alimentan con respecto a ella otros países. También, que se incremente su influencia regional, de manera de consolidar las bases de apoyo para sus movimientos en el marco internacional. Finalmente, busca avanzar, por esa vía, en la creación de un polo de poder económico significativo en Asia-Pacífico que contribuya a disminuir la influencia de Estados Unidos y generar gradualmente condiciones de multipolaridad.

China y el sistema económico de Asia-Pacífico

Recientemente, la región Asia-Pacífico ha renovado el dinamismo económico que la caracterizó durante las últimas décadas. Este nuevo despliegue de capacidades está estrechamente vinculado con la modificación de las pautas del crecimiento chino, en virtud de los encadenamientos productivos que ese país ha establecido con el resto de las naciones de la región.

Los países de Asia-Pacífico han estado expuestos a una fuerte competencia por parte de las exportaciones chinas a sus principales mercados: EEUU, la Unión Europea y Japón. Se registró también cierto desvío del comercio y la pérdida de competitividad en los sectores intensivos en trabajo y, en el otro extremo del espectro, en los de alta tecnología. No obstante, la rápida y continua expansión de la economía china y de sus importaciones desde otros países de la zona ha sido ampliamente reconocida como crucial fuente de crecimiento. A modo de ejemplo, puede mencionarse que, entre 1995 y 2003, las exportaciones de Asia-Pacífico a China de partes y componentes de maquinaria eléctrica e instrumentos de precisión crecieron 600%, y las de equipo de transporte, maquinaria y productos químicos, 300% (Weiss; Martin et al.). Entre 1991 y 2001, el comercio intrarregional en Asia-Pacífico se duplicó: pasó de 333.000 millones a 702.800 millones de dólares (Jetro). A esto se suman ventajas crecientes en investigación y desarrollo de las inversiones japonesas y de otros países desarrollados, y el gradual establecimiento de asociaciones entre empresas niponas y chinas en algunos sectores de punta, para beneficiarse, respectivamente, de los sistemas de distribución y de la tecnología avanzada (Munataka). Además, la fuerte demanda china elevó los precios de los insumos básicos y, por lo tanto, la renta de los países productores de bienes primarios de la región.

En cuanto a la capacidad de gestión empresaria y a los vínculos corporativos y estatales (Cesarin/Moneta), cabe recordar que tres de los cuatro «dragones» (Singapur, Hong Kong y Taiwán) son de población china. A ellos se suman los más de cuatro millones de chinos de ultramar, que constituyen una comunidad empresaria y financiera de primer nivel, estratégicamente ubicada en los sectores de decisión económica de la mayor parte de los países de la región y estrechamente vinculada, por relaciones de parentesco, con la población de varias provincias chinas (Moneta 2002).

Mientras que en el ámbito político las propuestas realizadas por China han reducido las tensiones, al generar un ámbito de mayor confianza en busca de crecientes grados de consenso y articulación regional, en el plano económico nadie quiere dejar de participar en los beneficios de su gigantesca demanda. En cuanto a las preocupaciones por el rápido incremento del nivel tecnológico de la producción china y de sus exportaciones, se espera que pueda ser compensada con la elevación del perfil productivo de los «dragones» y «tigres» asiáticos. En el caso de Asia del Nordeste, sin embargo, existe entre sus miembros una actitud más reticente con respecto a la materialización de Tratados de Libre Comercio (TLC) entre ellos: aunque China, Japón y Corea del Sur desean participar en los acuerdos de asociación económica que abarcan a los restantes países de la región (por ejemplo, Asean+3), entre ellos perduran importantes tensiones históricas, sumadas a aquéllas derivadas de la competencia económica y –en el caso de Japón y China– también del liderazgo regional.

Por eso, además de las circunstancias de tipo estratégico, es posible identificar múltiples factores que pueden retardar o impedir el crecimiento de China. Entre ellos, los más citados son aquellos que se refieren a las crecientes disparidades regionales y en cuanto a la distribución del ingreso, los déficits financieros, la situación de las empresas estatales y privadas chinas, los créditos no recuperables de la banca y las cuestiones demográficas, ambientales y sociales. Es posible, por consiguiente, concebir escenarios en los cuales China no alcanza sus objetivos de desarrollo.

Como ya se señaló, el interés estratégico chino apunta a mantener el crecimiento económico, construir una sociedad próspera y acelerar el proceso de modernización durante, al menos, las dos próximas décadas, para poder contar con bases ciertas para desempeñar un rol de gran potencia en el mundo. Así, por ejemplo, para 2020 el promedio de ingresos por habitante debería ser equivalente al que ostentan los segmentos superiores de la clase media de los países en desarrollo. Por lo tanto, China percibe el lapso 2000-2020 como un periodo durante el cual deben aprovecharse todas las oportunidades económicas que se presenten. Con la aceleración de su industrialización, China requiere potenciar en forma continua su estructura industrial, a través de sectores de alta tecnología apoyados en manufacturas e industrias básicas, sumados al desarrollo de los servicios. Por todo esto, pese a los potenciales factores disruptivos, en los escenarios de mediano plazo, con vistas al 2015-2020, es posible prever que el área Asia-Pacífico funcionará cada vez más como un sistema –en especial en el plano económico– cuyos actores principales serán China y Japón. Los TLC firmados y en negociación en esa región son más de 40 en los últimos cinco años. En virtud de ellos, la configuración integrativa que podrían adoptar las distintas articulaciones –y que incluyen también a la India, como en las negociaciones Asean-India– es compleja y supera la dimensión regional, hasta alcanzar a Asia del Sur y América Latina.