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La Salada: ¿un caso de globalización «desde abajo»? Territorio de una nueva economía política transnacional

Miles de puestos, cientos de miles de compradores, marcas reales e imitaciones de todo tipo. Dos madrugadas por semana, mientras la ciudad de Buenos Aires duerme, el bullicio se apodera de La Salada, en la periferia de la capital argentina. Se trata, sin duda, de un espacio privilegiado para analizar las características de la llamada «globalización no hegemónica» y sus ambivalencias: en la feria La Salada emergieron tanto formas comunitarias que apuntalan el empresariado popular como talleres clandestinos basados en formas brutales de explotación laboral. Y en esta ambivalencia están algunas de las claves del capitalismo actual y el foco de muchos de los debates sobre su superación.

La Salada: ¿un caso de globalización «desde abajo»? Territorio de una nueva economía política transnacional

Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos.Manifiesto Antropófago (1928)

La feria La Salada es un espacio de cruce y tránsito, en el límite entre la ciudad de Buenos Aires y el partido bonaerense de Lomas de Zamora. En sus 20 hectáreas se acumulan numerosas y agitadas transacciones: se vende y se compra comida, ropa, tecnología, marroquinería, zapatillas, lencería, música y películas. Siempre de noche. Siempre en el umbral del miércoles al jueves y del domingo al lunes. Un predio que supo ser balneario popular durante la década de 1950 hoy se renueva como paseo de compras transnacional y multitudinario. Desembarcan allí cada vez más micros, combis y autos de todo el país, así como de Uruguay, Bolivia, Paraguay y Chile.

La Salada es un territorio migrante por su composición: sus fundadores, a inicios de la década de 1990, fueron un puñado de bolivianas y bolivianos. Actualmente, la mayoría de los feriantes provienen de diversas partes de Bolivia, pero también hay argentinos, paraguayos, peruanos y, últimamente, senegaleses encargados de la venta de bijoux. La Salada es migrante, además, por el circuito que siguen sus mercancías: los compradores llegados de países limítrofes abren rutas de distribución y comercialización hacia sus países, al mismo tiempo que muchas mercancías arriban desde distintos lugares del planeta. La Salada, en su carácter aparentemente marginal, es un punto de una red transnacional en expansión.

La hipótesis que proponemos aquí es que La Salada es un lugar privilegiado para mostrar la multiplicidad de economías y de procesos de trabajo heterogéneos en los que se materializa el sistema económico global. Esta localización singular constituye un ensamblaje donde se combinan un componente anómalo y diferencial, capaz de sostener la hipótesis de la existencia de una globalización popular «desde abajo», y dinámicas de subordinación y explotación que señalarían una modalidad característica del mando capitalista en su fase posmoderna. Sin embargo, en La Salada se perfila una singularidad que nos interesa remarcar: el uso de un capital comunitario. Se trata de una especificidad de los recursos puestos en juego que posibilitan esta economía popular cuyo peso es cada vez mayor en un contexto de alta inflación, y que sirve de ejemplo respecto de un mercado de trabajo caracterizado por la creciente pluralización de formas.

Microeconomías proletarias

La Salada logra combinar una serie de microeconomías proletarias, compuestas por pequeñas y medianas transacciones y, al mismo tiempo, es base de una gran red transnacional de producción y comercio (mayoritariamente textil). Esto ocurre porque en ella se desarrolla la venta al por menor, el menudeo comercial –que posibilita diversas estrategias de supervivencia para revendedores–, pero también suculentos negocios para pequeños importadores, fabricantes y feriantes, además de dar espacio a un consumo masivo. Los números que se manejan en La Salada son enormes: con solo dos días por semana de actividad, su facturación en 2009 fue mayor que la de los shoppings de todo el país (casi 15.000 millones de pesos argentinos contra 8.500 millones de pesos argentinos de los centros comerciales, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos, Indec) 1.

Las ferias populares, con la experiencia masiva del trueque, tuvieron en Argentina su punto álgido durante la crisis de 2001. La multiplicación de monedas y la posibilidad de intercambio bajo reglas diversas respecto al mercado tradicional son antecedentes decisivos a la hora de pensar el éxito de La Salada. Durante la crisis, cuando en gran parte del país circulaban las llamadas «cuasimonedas» emitidas por las provincias para responder a la falta de liquidez, se expandieron modalidades de producción y consumo que mezclaban autogestión y contrabando, plagio e invención. Se difundió entonces una serie de instituciones económicas novedosas (de ahorro, intercambio, préstamo y consumo), que combinaron estrategias de supervivencia con nuevas formas de empresariado popular y sistemas brutales de explotación. A su vez, la repercusión de La Salada en el último tiempo no puede pensarse sin considerar el ritmo inflacionario, otro modo en que se hace presente cierta inestabilidad de la moneda (y su virtual desvalorización).

La Salada se hizo fuerte entonces en la crisis de 2001, aunque estrictamente no debe su origen a esa decisiva coyuntura. Tampoco se debilitó en el periodo posterior a la crisis; la reactivación económica de los últimos años no la hizo estancarse ni reducirse. Por el contrario, el conglomerado de La Salada y el complejo entramado económico que funciona ligado a la megaferia se han vuelto una pieza clave de nuevas articulaciones político-económicas. El vínculo entre La Salada y los talleres textiles clandestinos es una de estas articulaciones. A la vez, hay un eslabón más: la relación de muchos talleristas/feriantes con marcas de primera línea, que centran su producción en el circuito de talleres textiles que utilizan el llamado «trabajo esclavo». Si en los años 90 la industria textil fue desmantelada como resultado del ingreso masivo de importaciones favorecido por la convertibilidad peso-dólar, tras la crisis, el fin de la paridad cambiaria y la devaluación del peso argentino, la industria se revitalizó, aunque sobre nuevas bases: tercerizando su producción en pequeños talleres cuya mano de obra son costureros y costureras provenientes de Bolivia.

La mercancía polémica

Uno de los temas más controversiales de La Salada es el tipo de mercadería que se vende. Para empezar, hay múltiples categorías y formas de lo falso en circulación. Y esto se debe al modo de producción de las prendas –mayoritaria, pero no exclusivamente textiles– que se consiguen tanto al por mayor como al menudeo minorista. En esa borrosa zona de producción que da lugar al inmenso nodo de venta y distribución transnacional que es La Salada, emerge como enclave el taller textil clandestino. Se abre, así, una paradoja: La Salada es un espacio de publicidad y expansión para una producción que tiene su génesis en la clandestinidad. O, dicho de otra manera, el original es producido en la clandestinidad y la copia falsa, distribuida a cielo abierto.