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La «posverdad» en el plebiscito por la paz en Colombia

El referéndum realizado en Colombia en 2016 para ratificar los acuerdos de paz no solo tuvo un resultado sorpresivo –contra todo pronóstico, se impuso el «No»–, sino que abrió un debate sobre el impacto de algunos argumentos eficaces pero que llegaron a ser inverosímiles, como los riesgos de que se implantarael «castrochavismo» en Colombia. En cualquier caso, los partidarios del rechazo fueron más hábiles para utilizar las redes sociales y merece atención el tipo de discursos que se utilizaron, las fibras que tocó la campaña encabezada por el ex-presidente Álvaro Uribe y la forma en que se conectó con cuestiones coyunturales de la política colombiana.

La «posverdad» en el plebiscito por la paz en Colombia

La llegada de las redes sociales a la política ha generado una verdadera revolución en la comunicación. La forma de transmitir y difundir información ha cambiado sustancialmente. La posibilidad de seguir los pormenores de una campaña electoral, de conocer los contenidos de los programas, de escuchar los discursos de los candidatos y de vivir el desplazamiento de los diferentes actores gracias a las redes sociales ha demostrado la potencia de instrumentos como Twitter o Facebook, entre muchos otros. En su libro Parties de campagne [Partidos en campaña], el editorialista del periódico Le Monde Gérard Courtois da cuenta de la evolución de la comunicación en las campañas francesas durante las nueve elecciones de los presidentes de la v República desde 19651. Durante los últimos 50 años, el proselitismo evolucionó con la revolución tecnológica. Mientras los presidentes de la iv República (1946-1958) utilizaron la radio para difundir sus mensajes, durante la v República, desde el general Charles de Gaulle, se dio paso a la televisión.

Este cambio marcó el encuentro entre los presidentes y los franceses, quienes a partir de un referéndum en 1962 decidieron elegir al presidente por sufragio universal directo. Los cambios beneficiaron sobre todo a los candidatos más hábiles para comunicar en televisión. En la campaña de 1974, recuerda Courtois, el candidato Valéry Giscard d’Estaing logró cautivar al electorado a pesar de su timidez y de su conocida distancia con los electores. Sobre esto, escribió Courtois:

sus contrincantes son hombres de la iv República y de la radio, él es un hijo de la v República y de la televisión, es quien maneja a la perfección los códigos. Durante su primera emisión de la campaña oficial, el 19 de abril, instalado en su sillón y no en el escritorio, parece entablar una conversación con los franceses. La segunda, tres días más tarde, está consagrada a un autorretrato sabiamente elaborado, que concluye con una confidencia: «Me hacen el reproche de ser alguien frío. No creo que esto sea cierto. Soy alguien reservado como muchos de ustedes, sin duda».2

La simplicidad de sus mensajes y su elocuencia le permitieron llegar más fácilmente al Elíseo. Pero si la televisión fue el gran instrumento de las campañas, la última década recibió el impacto de internet y la revolución de las tecnologías. Sin embargo, el cambio no fue tan solo del instrumento sino del contenido de los mensajes y, más complejo aún, de la veracidad de estos. A pesar de los grandes beneficios que las redes sociales han aportado, como la masificación de la información, existen diversos estudios que exponen la preocupante mala calidad de lo que allí se publica. Y esto no solo se debe a la rapidez con que se conocen los acontecimientos, sino a la poca importancia que se da a la veracidad de lo que allí se difunde, a punto tal que el Diccionario de Oxford decidió elegir «posverdad» como palabra del año 2016. Allí se define post-truth como el momento en que «los hechos objetivos tienen menos influencia en la formación de la opinión pública que las invocaciones a la emoción y a las creencias personales»3. El malestar de los votantes con los políticos tradicionales y las crisis económicas y sociales tanto en Reino Unido como en Estados Unidos se mezclaron con estas formas de «posverdad», y fue en el marco de este entrelazado donde se produjo el «Brexit», en el primer caso, y la elección de Donald Trump, en el segundo caso. En una entrevista de Le Monde, el profesor de comunicación Jayson Harsin asegura que la poca confianza de los ciudadanos en los medios tradicionales y la utilización reciente en las campañas del rumor son tan solo algunos elementos de la posverdad4. Asegura también que los asesores de las campañas electorales han buscado más «coquetear con la opinión» y decir lo que los electores quieren escuchar que difundir lo que realmente piensan los candidatos.

De Londres a Bogotá

Los resultados del Brexit y la utilización de una campaña del miedo fueron la antesala de los resultados del plebiscito por la paz en Colombia celebrado el 2 de octubre de 2016. Meses antes de la firma del acuerdo de paz, el presidente Juan Manuel Santos ya daba cuenta en el debate de las enseñanzas del Brexit. En un discurso ante jóvenes beneficiarios de apoyos financieros por parte del Instituto Colfuturo, el 7 de julio, Santos aseguraba:

Estamos próximos a firmar un acuerdo de paz definitivo con las farc [Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia], espero que pronto ese acuerdo será refrendado por los colombianos. ¿Se han preguntado cómo participarán ustedes de esta decisión? Y no me refiero a si votarán a favor o en contra del acuerdo, sino a su nivel de conciencia sobre la importancia de este tema. Miren lo que acaba de pasar en Reino Unido: allí votaron por abandonar la Unión Europea. Y solo después de haberlo decidido así, la gente empezó a informarse sobre el tema.5

Como un profesor, Santos preguntó, siguiendo la estela de los acontecimientos británicos: «¿Vamos a enterarnos de las consecuencias de seguir en guerra después de que se vote? ¿Vamos a dejar que otros decidan por nosotros y nos impongan el regreso del conflicto armado?»6.

Estas palabras serían premonitorias de uno de los momentos más difíciles de su mandato. Por un leve margen –de tan solo 58.000 votos– y contra todo pronóstico, se impuso el «No»7. Los primeros análisis frente a este resultado constataban que el voto oculto no pudo ser realmente encuestado y, por ende, no estuvo presente en los diferentes sondeos. Los analistas también aseguraron que las endémicas fallas de comunicación del presidente y su escasa sintonía con los colombianos se vieron reflejadas en los resultados. En ese sentido, arguyeron que este fue un voto esencialmente contra el gobierno y que expresaba el desgaste del sexto año de un mandato ya en su ocaso. Por su parte, el gobierno, que muy rápidamente reconoció la derrota, constató otra variable que pudo haber influido: el huracán Matthew, que golpeó las costas del Caribe, no permitió que ese fin de semana los ciudadanos de esta zona, considerada como uno de los bastiones santistas, concurrieran masivamente a las urnas (con una diferencia tan pequeña, muchas variables circunstanciales podían cambiar el resultado).

  • 1.

    G. Courtois: Parties de campagne. La saga des élections présidentielles, Perrin, París, 2017.

  • 2.

    Ibíd., p. 104.

  • 3.

    Martin Le Gros: «Généalogie de la politique post-vérité» en Philosophie Magazine No 106, 2/201, p. 18.

  • 4.

    Valérie Segond: «La post-vérité a radicalement transformé les campagnes électorales» en Le Monde, 2/3/2017.

  • 5.

    Palabras del presidente de la República, Juan Manuel Santos, durante la proclamación de beneficiarios de Colfuturo 2016, Bogotá, 7 de julio de 2016.

  • 6.

    Ibíd.

  • 7.

    El «No» obtuvo 50,21% frente a 49,78% del «Sí».