Opinión

La OMC en un callejón sin salida

«It is no use beating around the bush. This meeting has collapsed». Con estas palabras, Pascal Lamy, Director General de la Organización Mundial de Comercio (OMC), confirmó en julio de 2008 el fracaso de la ronda de desarrollo. Esta situación no debe sorprendernos. Desde 2005, cuando se realizó la última conferencia de ministros en Hong Kong, no hubo ningún consenso acerca de los principales puntos en debate. ¿Qué significa este fracaso? En mi opinión, un cuestionamiento no sólo del futuro de la Ronda de Doha, sino también de la OMC. En general, el colapso de las negociaciones evidenció tres grandes problemas.

La OMC en un callejón sin salida

«It is no use beating around the bush. This meeting has collapsed». Con estas palabras, Pascal Lamy, Director General de la Organización Mundial de Comercio (OMC), confirmó en julio de 2008 el fracaso de la ronda de desarrollo. Esta situación no debe sorprendernos. Desde 2005, cuando se realizó la última conferencia de ministros en Hong Kong, no hubo ningún consenso acerca de los principales puntos en debate. ¿Qué significa este fracaso? En mi opinión, un cuestionamiento no sólo del futuro de la Ronda de Doha, sino también de la OMC. En general, el colapso de las negociaciones evidenció tres grandes problemas. En primer lugar, las negociaciones demostraron que la Ronda de Doha tiene poco que ver con el objetivo original de fortalecer el crecimiento económico de los países en desarrollo. El fracaso es en sí mismo un símbolo de las dudas acerca del libre comercio e implica un fortalecimiento de los cuestionamientos al proteccionismo del Norte como límite para el crecimiento económico del Sur. Después del fracaso, algunos políticos manifestaron la esperanza de que, luego de las elecciones estadounidenses de noviembre, se retome la Ronda. Sin embargo,esta es mas bien una ilusión. El nuevo presidente de EEUU, Barack Obama, así como el nuevo Congreso de ese país, probablemente tiendan a defender los intereses de sus agricultores y a rechazar, una vez más, la reducción de subsidios. Un acuerdo multilateral de libre comercio parece hoy muy lejano. En segundo lugar, la crisis global de seguridad alimentaria acentúa la discusión sobre cuestiones agrícolas en la OMC. Los países miembros no han llegado a un acuerdo sobre la protección a los mercados agrícolas de los países en desarrollo y emergentes, como India, Brasil y China. Tampooco se ha podido avanzar en cláusulas de salvaguardia que ofrezcan la posibilidad de establecer impuestos cuando las exportaciones agrarias del Norte amenacen el desarrollo de los mercados nacionales del Sur. El fondo de la cuestión es la seguridad alimentaria, es decir que los gobiernos quieren asegurarse su margen de maniobra para garantizar el alimento de su población mediante la producción interna. La pérdida del margen de maniobra aumentaría la dependencia de los precios del mercado global. En consecuencia, agravaría el hambre en muchos países pobres. «Pretender que se quiere solucionar la crisis de seguridad alimentaria con las propuestas de la OMC es como llamar a un falso doctor y usar un falso medicamento», afirmó Sago Indra, director de la organización civil Vía Campesina de Indonesia. Además, la OMC parece ciega en otras cuestiones importantes de la agenda global vinculadas con el comercio. En las negociaciones, por ejemplo, no se contempla el cambio climático -sobre el cual el comercio global tiene un impacto negativo- y no hay propuestas acerca de cómo organizar el comercio sostenible de nuevos productos, como los biocombustibles. En tercer lugar, la OMC está perdiendo su legitimidad, lo cual fortalece la crisis del multilateralismo. Es evidente que la constelación de poder de los Estados miembros está cambiando y que los países emergentes están ganando peso económico y político. Por ejemplo, en la OMC ya no se puede pasar por encima del influyente G-20. En este grupo, muchos países, especialmente de América Latina, han adoptado una posición crecientemente independiente. El G-20 ha actuado como un mediador constructivo y diplomático entre los países industrializados y los países del Sur. Sin embargo, la Unión Europea y EEUU parecen ignorar esta nueva dinámica en las reuniones de la Ronda de Doha. Ellos negocian los puntos centrales en foros como el G-8 o en los green rooms en Ginebra sin la participación de los países del Sur. Eso revela la falta de democracia interna de la OMC, como también ocurre en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). En suma, todo esto pone en riesgo la idea de una democracia global. Como resultado de estos problemas, la OMC parece estar en un callejón sin salida. El momento actual es muy importante para buscar una solución. Sin embargo, pareciera que no existe voluntad política para cambiar el rumbo de las negociaciones. Por eso, las perspectivas de éxito de la Ronda de Doha -y también la legitimidad de la OMC- hoy son oscuras.

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