Coyuntura

La izquierda colombiana en tiempos de Uribe

El triunfo de Samuel Moreno en las elecciones del 28 de octubre de 2002 le permitió a la izquierda retener la alcaldía de Bogotá y confirmar su trayectoria de crecimiento. Aunque la política colombiana se encuentra dominada por un presidente de derecha, aliado de Estados Unidos e impulsor de una dura estrategia militar frente al conflicto armado, un análisis más detenido demuestra que la izquierda ha logrado crecer en prácticamente todos los niveles electorales. Para ello fue esencial la unidad en torno del Polo Democrático Alternativo y la adopción de mecanismos novedosos, como las internas abiertas. Pero no todo será tan sencillo: la política sigue girando alrededor de Álvaro Uribe y las divisiones internas amenazan el futuro de la izquierda.

La izquierda colombiana en tiempos de Uribe

Colombia parece marchar contra la corriente. En una región marcada por cada vez más gobiernos de izquierda, suele mencionarse como la excepción.

En mayo de 2006 fue reelegido un presidente identificado con la derecha. Votado por primera vez en 2002 como disidente del Partido Liberal, Álvaro Uribe ha llevado a la práctica su mensaje de firmeza en la lucha contra las guerrillas, además de consolidar una política económica ortodoxa, profundizar la alianza con Washington y adoptar un estilo personalista de gobierno que contrasta con las tradiciones institucionales del país. Tanto en la primera como en la segunda elección, Uribe se impuso en primera vuelta, en la última ocasión con 62% de los votos. Es más, ha mantenido niveles de popularidad muy altos, que ni siquiera disminuyeron tras el escándalo de la llamada «parapolítica».A priori, entonces, el panorama no podría ser más adverso para la izquierda. Francisco Gutiérrez demostró que la primera elección de Uribe se produjo en el marco de un deslizamiento del electorado hacia la derecha tras el fracaso de las negociaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), evolución que va en contra del centrismo tradicional del país (Gutiérrez 2003).

Sin embargo, a pesar (o a causa) del uribismo ambiente, la izquierda también progresó en los últimos años. El 28 de octubre de 2007, Samuel Moreno triunfó en las elecciones para la alcaldía de Bogotá, que de este modo sigue en poder de la izquierda. De hecho, la izquierda aparece, por primera vez en la historia del país, como una fuerza que pesa en el sistema político, a punto tal que muchos analistas ya especulan acerca de sus posibilidades en las elecciones presidenciales de 2010.

El despertar de un largo sueño

Tradicionalmente, la izquierda no ha obtenido grandes resultados en las elecciones colombianas. Desde los 60, ha sido asociada con la guerrilla y la violencia. El trabajo de Ricardo Sánchez, uno de los especialistas más reconocidos en el estudio de la izquierda colombiana, trata esencialmente de los grupos armados y apenas hace referencia a la izquierda legal y democrática (2001). De hecho, en una entrevista realizada en 1994, Sánchez sostuvo que «en el debate sobre las vías para la izquierda en Colombia, ganaron los partidarios de la lucha armada» (ibíd., p. 259).

La debilidad electoral histórica de la izquierda puede explicarse por el hecho de que muchos de sus militantes eligieron la lucha armada. Y aunque siempre hubo quienes rechazaron esta opción, todos fueron víctimas de la identificación de la izquierda con la violencia. Esto hizo que la izquierda quedara marginada en las preferencias ciudadanas y que a veces fuera perseguida por ciertos sectores sociales, como ocurrió en los 80 con los integrantes de la Unión Patriótica (UP). Al mismo tiempo, la fuerza del bipartidismo tradicional de liberales y conservadores ha constituido un importante obstáculo para la consolidación electoral de la izquierda.

De hecho, hasta poco tiempo atrás la izquierda nunca superaba el 5% de los votos en las elecciones presidenciales, con la excepción de la candidatura de Antonio Navarro Wolf en 1990 tras la desmovilización de la guerrilla M-19, cuando obtuvo 12,48%. Fue un resultado importante, aunque retrospectivamente aparezca como una oportunidad perdida. La desmovilización del M-19, a pesar de la violencia que se cobró la vida de Carlos Pizarro, el principal dirigente del movimiento, le había permitido lograr cierta simpatía en la sociedad, que se tradujo no solo en la votación a favor de Navarro, sino también en la elección de una importante bancada en la Asamblea Constituyente de 1991. De este modo, la izquierda estuvo en posición de influir decisivamente en la redacción de la nueva Constitución y defender la inclusión de nuevos derechos. Sin embargo, más tarde la Alianza Democrática-M 19, ya constituida en partido político legal, no pudo sostener esos resultados favorables. El fracaso se explica por un sistema electoral que alentaba la fragmentación partidaria, pero también por una estrategia de apertura a candidatos de horizontes diversos que terminó desdibujando la imagen de la izquierda (Zuluaga).

En este contexto se inscribe el diagnóstico pesimista de Sánchez citado más arriba. Los 90 vieron hundirse los sueños electorales de los movimientos que habían aceptado la desmovilización, mientras las FARC se consolidaban. Sin embargo, en el nuevo siglo es posible percibir una inversión de la tendencia. Mientras las guerrillas aparecen a la defensiva frente a la política de «seguridad democrática» del gobierno de Uribe, la izquierda democrática registra una serie de éxitos electorales impensables en la década anterior, que pueden resumirse en tres grandes momentos. El primero ocurrió en 2003, cuando el ex-sindicalista Luis Eduardo Garzón conquistó sorpresivamente la alcaldía de Bogotá, ocasión inesperada para demostrar que la izquierda era capaz de asumir responsabilidades y dejar atrás la idea de que solo se consagraba a la crítica. El segundo momento sucedió en las presidenciales de 2006, en las que el candidato de la izquierda, el ex-magistrado de la Corte Constitucional Carlos Gaviria, obtuvo 20% de los votos. Aunque lejos de Uribe, Gaviria ubicó a la izquierda por primera vez en la segunda posición. Finalmente, como ya mencionamos, Moreno fue elegido por un amplio margen para suceder a Garzón en la alcaldía de Bogotá.

Estos tres momentos fueron posibles gracias a la constitución de un nuevo partido que permitió superar las tradicionales divisiones de la izquierda: el Polo Democrático Alternativo (PDA).

Los dividendos de la unidad

La unidad de la izquierda comenzó a insinuarse en 1999 alrededor de la Central Unitaria de los Trabajadores (CUT) (Rodríguez). La mayor central sindical del país, encabezada por su presidente, Luis Eduardo Garzón, decidió crear un Frente Social y Político (FSP) que, desde una perspectiva amplia, nucleara a partidos y movimientos sociales de izquierda. El FSP logró agrupar a un gran número de personalidades, organizaciones sociales y movimientos que constituyeron una coalición llamada Polo Democrático, plataforma para el lanzamiento de la candidatura presidencial de Garzón en 2002 bajo el nombre de Polo Democrático Independiente (PDI).