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La integración gasífera latinoamericana: una prospectiva cargada de incertidumbres

El panorama energético global se caracteriza, entre otras cosas, por el alto precio del petróleo, lo que ha llevado a incentivar un uso más intensivo del gas y el perfeccionamiento de nuevas tecnologías, como el gas natural licuado. En América Latina, la integración gasífera tiene una larga historia de proyectos binacionales. Hoy, a pesar de las asimetrías regulatorias y de precios, el ingreso de Venezuela como abastecedor de gas y la articulación regional a través de gasoductos amplios, como el «anillo energético», quizás no asegurarán una reducción de los precios, pero seguramente contribuirán a equilibrar el balance regional y garantizar la provisión en el largo plazo.

La integración gasífera latinoamericana: una prospectiva cargada de incertidumbres

El actual escenario mundial: ¿qué lo diferencia del pasado?

Durante la década de 1990, eran pocos los que vaticinaban el retorno de los precios internacionales del crudo a niveles siquiera próximos a los del primer shock petrolero, y menos aún quienes pronosticaban que alguna vez llegarían a asemejarse a los niveles del segundo shock. Entre los especialistas y los teóricos se había alcanzado un consenso acerca de los parámetros usuales para definir la banda de precios del petróleo en el mercado internacional: el piso estaba determinado por el costo de producción en condiciones rentables para los productores marginales estadounidenses (de campos pequeños), mientras que el límite superior estaba dado por un precio que no amenazara la extracción del crudo de Arabia Saudita en lo que restara del siglo XX y en las primeras décadas del siglo XXI (Ayoub). La experiencia previa, en especial la sustitución de crudo por gas en Estados Unidos y Europa en un escenario de precios elevados, generaba reticencias en los árabes sauditas: temían que sus abundantes reservas perdieran valor con el tiempo, como consecuencia de los incentivos que ofrecen los escenarios de precios elevados para la introducción de sustituciones y el desarrollo de tecnologías alternativas.

Por otra parte, a principios de los 90, y aun cuando numerosas misiones comerciales europeas y estadounidenses tenían a China como principal destino, pocos analistas vaticinaban el cambio del contexto geopolítico global que produciría el rápido desarrollo del gigante asiático. La caída del muro de Berlín y la integración de Europa del Este a Europa occidental constituían los signos más próximos de lo que –se creía en aquel momento– sería el nuevo escenario global. La primera Guerra del Golfo encontró a todos aliados contra Irak y apenas si impactó durante unos meses en el precio del crudo. Desde el contrashock petrolero de 1986 y hasta fines de 2001, los precios se mantuvieron en un nivel que parecía confirmar aquellas hipótesis.

Los desarrollos teóricos de mediados de los 90 acerca de los nexos entre urbanización, cambio tecnológico y crecimiento económico (Kozulj 1997, 1999, 2000a, 2003) buscaban dar cuenta de las razones por las cuales el mundo había marcado una ruptura fundamental con el modelo de acumulación fordista. Se insinuaba, además, la emergencia de China y la India como los grandes mercados del futuro: esto era consecuencia de predicciones basadas en la expectativa de que el incremento de la población en las grandes ciudades se concentraría en el futuro inmediato en estos dos países, frente a la saturación de ese proceso en las naciones desarrolladas y en otras regiones. El propósito de estos trabajos era explicar una serie de características del modo de acumulación flexible y sus consecuencias: el enfoque estaba centrado en un aporte a la teoría del desarrollo económico, más que en una explicación de sus implicancias energéticas.

Fue solo a partir de la evidencia de que las importaciones de petróleo por parte de China comenzaban a crecer vertiginosamente –en sintonía con el hecho de que la demanda de crudo estaba, por primera vez, muy cerca de superar la capacidad de refinación a escala mundial– cuando fue posible elaborar una explicación más compleja (Kozulj 2005b). El hecho de que la urbanización y modernización en China y la India implicaran necesariamente la difusión masiva del automóvil, sumado a su ubicación geográfica, próxima a los recursos energéticos más abundantes del planeta, configuró una explicación más robusta del escenario mundial. La idea del «primer imperio de la era global», desarrollada por los sectores más duros de la política exterior estadounidense, comenzó a obrar en un sentido estructural.

La lucha por el control de los recursos estaba apuntalada, además, por dos poderosos motivos: el uso intensivo del Complejo Militar Industrial (CMI) de EEUU como mecanismo de política keynesiana, y las decisiones de inversión frente al temor de una recesión de tipo L, es decir, aquella cuya intensidad y duración implican una destrucción importante de capacidad instalada (Roach).

Solo a partir de esta contradicción entre la necesidad de sostener el crecimiento económico a escala global (para lo cual el crecimiento de China y la India son indispensables) y el temor de que este crecimiento convierta a ambos países en potencias (en alianza con otras naciones, desarrolladas o no) puede explicarse el enfoque teórico de autores como Samuel Huntington (1997 y 2004) o Fareed Zakaría (2005): el eje principal de esta postura es el «choque de civilizaciones», la justificación del imperialismo y, por lo tanto, la «guerra contra el terrorismo» como objetivo central de la política estadounidense. Lejos de constituir una simple posición pragmática, estos autores elaboraron un marco de análisis teórico e histórico que se tradujo en propuestas muy concretas respecto al modo en que EEUU opera en el mundo (López Alves/Dessein).

A nadie escapa que un escenario de oferta de crudo restringida frente a una demanda creciente y sostenida, en el contexto de un prolongado conflicto en Oriente Medio, favorece un aumento de los precios del petróleo. Esto, a su vez, beneficia al CMI y a los productores de crudo y condiciona a los países importadores. Éstos son entonces algunos de los elementos clave para comprender el escenario geopolítico mundial.Pero no son los únicos. El abastecimiento energético modificó sus pautas en el sentido de un uso más intensivo del gas natural. A comienzos de los 90, la introducción a escala mundial de plantas de ciclo combinado a partir del spin off generado por la tecnología de las turbinas en la industria aeronáutica significó una presión adicional sobre la demanda de gas. Los productores de distintas regiones vieron la posibilidad de valorizar reservas ya descubiertas realizando inversiones marginales. De este modo, la brecha entre los precios del crudo y del gas se redujo. Pero, además, el hecho de que el gas no fuera un bien transable en términos económicos más que en forma marginal (debido a sus elevados costos y a las limitaciones geográficas de los intercambios, condicionadas por la infraestructura de transporte) introdujo incentivos para bajar los costos del gas natural licuado (GNL): se trata de un gas que se convierte de estado gaseoso en líquido, se transporta a través de buques metaneros y luego se regasifica e inyecta al sistema de transporte por ductos.