Tema central

La globalización popular y el sistema mundial no hegemónico

Actualmente, la «ilicitud global» llama mucho la atención por su escala y poder. Sin embargo, separar lo lícito de lo ilícito resulta más complejo de lo que parece a primera vista, y el mundo actual está lejos de ser el escenario de una disputa entre honestos y deshonestos. En este artículo se analizan los procesos de globalización orquestados por gente del pueblo, que han dado lugar en América Latina a enormes mercados articulados con la diáspora china. En ese marco, se analiza la ambivalencia de la «piratería»: si es cierto que asume un potencial subversivo frente al capitalismo, al mismo tiempo se mezcla contradictoriamente con él, al enlazarse con las necesidades de consumo del mundo contemporáneo.

La globalización popular y el sistema mundial no hegemónico

Introducción

Millones de personas en todo el mundo se encuentran directa o indirectamente involucradas en lo que he denominado «globalización económica desde abajo» o «globalización popular», en calidad de productores, vendedores o consumidores1. ¿Quién no ha visto productos «pirateados», electrónicos, ropas, carteras, zapatillas y juguetes o bagatelas globales, que se venden en mercados populares o son ofrecidos por vendedores ambulantes en sus puestos y en las calles de cualquier ciudad?

Parte de la definición de globalización popular se refiere a la participación de agentes sociales que, en general, no son considerados en los estudios sobre globalización, o si lo son, solo figuran como migrantes o «transmigrantes». La mayoría de las veces no se tiene en cuenta la existencia de un sistema más amplio, de escala global, cuyos alcances y variadas interconexiones es necesario estudiar. Los agentes sociales que me interesan son, para decirlo de una manera simple y directa, gente del pueblo. Existe una globalización económica no-hegemónica formada por mercados populares y flujos de comercio que están, en gran medida, animados por gente del pueblo y no por representantes de las elites. Aquí utilizo el adjetivo «popular» de forma análoga a como lo usa Néstor García Canclini en su ya clásico Las culturas populares en el capitalismo2. Siguiendo a este autor, puedo decir que las globalizaciones populares, en plural, «se configuran en un proceso de apropiación desigual de los bienes económicos y culturales» del mundo globalizado por parte de los «sectores subalternos»3. Tales procesos «son realizados por el pueblo compartiendo las condiciones generales de producción, circulación y consumo del sistema en que vive (...) y a la vez dándose sus propias estructuras»4. Existe tanto una interpenetración como una interacción conflictiva entre lo popular y lo hegemónico5.

Los mercados, los flujos y las redes de comercio de la globalización popular forman parte del sistema mundial no-hegemónico. En general, sus actividades se consideran ilegales o «contrabando». Los poderes establecidos llaman «productos piratas» a la gran cantidad de mercaderías que allí se venden. Estas actividades son ilegítimas desde el punto de vista de los poderosos que las combaten en nombre de la legalidad. Así, es imposible entrar en esta arena sin abordar primero la discusión sobre lo que es legal e ilegal, lícito e ilícito.

Legal / ilegal, lícito / ilícito

En la actualidad, la «ilicitud global» llama mucho la atención por su escala y poder. Moisés Naím, editor de la revista Foreign Policy, publicó en 2005 Ilícito. Cómo traficantes, contrabandistas y piratas están cambiando el mundo6, un libro canónico dentro de la literatura conservadora dedicado a divulgar, en palabras de Itty Abraham y Willem Van Schendel, la existencia de «un espectro que atemoriza a la globalización», el fantasma del crimen organizado internacional7. El libro de Naím presenta una visión alarmante de cómo el «comercio global ilícito», que mueve miles de millones de dólares por año, representa una amenaza para la buena salud de la sociedad y el capitalismo contemporáneos. Es curioso que su autor termine por abrazar la tesis –nada neoliberal– de que el creciente debilitamiento de los Estados, provocado por la intensificación de la globalización, es un factor primordial para el aumento de las actividades ilícitas en el mundo. Naím brinda una definición de «comercio global ilícito» emblemática de la interpretación conservadora:

Es el comercio que rompe las reglas: las leyes, las reglamentaciones, las licencias, los impuestos, las prohibiciones y todos los procedimientos que las naciones emplean para organizar los negocios, proteger a sus ciudadanos, reunir recursos e implementar códigos morales. Incluye las compraventas que son estrictamente ilegales en todas partes y otras que pueden ser ilegales en algunos países y aceptadas en otros. El comercio ilícito es altamente perjudicial, claro, para los negocios legítimos. Pero hay excepciones. Así (…) existe una enorme área gris entre transacciones legales e ilegales, un área gris que los comerciantes ilícitos han usado en su propio beneficio.8

Para Naím, el «comercio global ilícito» florece y triunfa en un mundo más interconectado, que tiene fronteras más porosas y poderosas tecnologías (como internet) en manos de «civiles», menos barreras para el comercio y más agentes no estatales que operan en el escenario internacional. El presente es el paraíso del contrabandista. El crimen organizado, a pesar de haberse descentralizado de manera creciente y de trabajar en red, tiene mayor poder político y ha llegado a ocupar importantes espacios en los Estados más débiles. Naím considera que, a pesar de la antigüedad de las actividades ilícitas en el plano internacional, la actual intensidad del fenómeno lo sitúa en un nuevo escalón. Aun con su lenguaje conservador (el mal debe ser sofocado por el bien), Ilícito deja en claro, sin decirlo de esa forma, que el sistema mundial no-hegemónico tiende a crecer gracias al aumento de la compresión del tiempo-espacio –por las mejoras de los sistemas de comunicación y transporte–, de las redes implementadas por el capitalismo flexible y del debilitamiento de la capacidad de intervención y regulación de los Estados. Naím percibe el carácter sistémico del «comercio global ilícito» cuando plantea la existencia de un sistema formado por redes y nudos. En línea con su visión negativa, este autor observa una oposición global entre dos polos que lleva a la colisión entre puntos claros y agujeros negros geopolíticos. Estos últimos son «los lugares donde las redes de tráfico ‘viven’ y florecen»9 y pueden coincidir con: a) Estados-nación donde no existe el Estado de derecho; b) regiones fuera de la ley y anárquicas dentro de algunos países, como las áreas montañosas de Córcega y los estados mexicanos de la frontera con Estados Unidos; c) áreas de frontera, como el Triángulo de Oro del Sudeste asiático o la Triple Frontera en América del Sur; d) sistemas de vecindades y localidades, como las comunidades libanesas en las capitales de África occidental; y e) los espacios en internet. La diferencia entre puntos claros y agujeros negros geopolíticos no reside en la presencia o en la ausencia de redes ilícitas –puesto que ellas «están en todas partes»10–, sino en la existencia o no de una capacidad cívica y estatal suficiente como para enfrentarse a ellas. Para Naím,

un factor crucial –que les confiere a los agujeros negros buena parte de su potencia– es su capacidad de conexión especializada con los puntos claros. Una región remota, primitiva y mal gobernada –o desgobernada– no es un agujero negro geopolítico, a no ser que pueda irradiar amenazas a lugares distantes. Las redes de comercio que operan internacionalmente sirven como canales a través de los cuales tales amenazas se mueven desde lugares remotos hacia el resto del mundo.11

En esta interpretación, los puntos claros y los agujeros negros mantienen relaciones y forman parte de redes que atraviesan los Estados-nación. Cuanto más claro sea un punto (y más altos los precios que los productos ilícitos pueden alcanzar), más atractivo será para que las redes de agujeros negros puedan ofrecer sus bienes y servicios, en especial porque la diferencia de precios es el factor determinante para el comercio ilícito.

Sin embargo, el análisis de Naím, por más sofisticado y consustanciado que pueda parecer, incurre en los problemas típicos de las interpretaciones destinadas a replicar la hegemonía existente. En primer lugar, está marcado por un etnocentrismo imperial, como si ese fuera el orden natural de las cosas. No puede observar, o no se preocupa por ello, que la dicotomía «punto claro/agujero negro» ha sido históricamente construida en términos de relaciones desiguales de poder entre los diferentes sectores sociales, económicos, políticos y étnicos del sistema mundial, que crean una economía política global particular. Además, al considerar las relaciones entre los puntos claros y los agujeros negros, lo hace de una manera simplificada, subestimando la circulación entre ambos. Por último, en un sesgo típico del análisis de los poderosos, homogeneiza a los actores, especialmente a los integrantes de lo que he denominado «sistema mundial no-hegemónico». Todos caen en la misma bolsa, desde los integrantes de los carteles de la droga hasta los sacoleiros –como se llama en Brasil a quienes practican el comercio de larga distancia típico de la globalización popular–, todos quedan inmersos en un universo cuya caracterización de ilegal es tomada como natural y moralmente evidente.

En realidad, la cuestión de los límites entre lo legal y lo ilegal, que a primera vista parece sencilla, al ser examinada de cerca se revela más complicada que una disputa entre honestos y deshonestos, entre el bien y el mal, y se acerca mucho más al problema histórico de la distribución desigual de poder en un mundo económica, política y culturalmente diferenciado. Muchos de los agentes y las corporaciones capitalistas que supuestamente cumplen en la actualidad con la ley y están en apariencia expuestos a la voracidad de nuevos agentes económicos ilegales, están o estuvieron en una posición donde la línea legal/ilegal tampoco es o era respetada12. Como afirma Vera da Silva Telles, «las relaciones inciertas entre lo lícito, lo ilegal y lo ilícito constituyen un fenómeno transversal en la experiencia contemporánea»13.

Pero en esta discusión, así como en las relativas a la economía informal, la entidad central que está en juego es el Estado. Son las elites estatales las que han mantenido en el transcurso de los siglos el monopolio de la definición y la regulación de la legalidad/ilegalidad. Es efectivamente lo que apuntan algunos trabajos como el de Josiah Heyman y Alan Smart; para ellos,

La ley de los Estados crea inevitablemente sus contrapartidas, zonas de ambigüedad y de ilegalidad abierta. El hampa, los piratas y las bandas, los mercados negros, los migrantes ilegales, los contrabandistas y las redes de extorsión son tópicos que causan una cierta atracción sensacionalista o tal vez provocadora. Pero no existen separados del Estado, ni el Estado de ellos. Habiéndose desarrollado necesariamente conectadas, la ley estatal y su evasión deben ser estudiadas juntas (…) es interesante investigar las condiciones bajo las cuales los gobiernos y las prácticas ilegales gozan de algún tipo de simbiosis y aquellas que resultan en mayores o menores grados de conflicto.14

Además, se deben incluir las formas en las cuales la sociedad está estructurada, la dinámica de su poder político y de sus políticas económicas, así como también coyunturas económicas y percepciones culturales sobre corrupción15. Para entender lo que efectivamente ocurre, es necesario ir más allá de una perspectiva negativa, que toma como base un pretendido monopolio moral de la honestidad por parte de un segmento social. Es preciso, en palabras de Heyman y Smart, ir más allá del formalismo legal y político para reconocer que «ilegalidad no necesariamente significa que las actividades son ilegítimas cuando hay hegemonías incompletas y prácticas estatales parciales y frecuentemente comprometidas»16. El análisis histórico también ha demostrado, en especial cuando se trata de los albores del Estado moderno e interventor, la fuerte relación entre el Estado y las redes violentas, así como el rol de la depredación en la acumulación de capital17. Al mismo tiempo, y a pesar de la creciente capacidad de imponer la ley que acompañó la consolidación de los Estados a partir del siglo XIX, «no hay ninguna razón para suponer que la capacidad del Estado de imponer obediencia aumente siempre, o que desafiar la ley sea un resultado temporal de la ineficiencia y de tácticas inapropiadas de la aplicación de la ley»18. Para estos autores, el Estado moderno «no está hecho apenas de ley y orden, sino que es un complejo entramado entre lo legal y lo ilegal»19.

En efecto, las relaciones entre lo legal y lo ilegal son multifacéticas y complejas, ya que involucran intereses normativos, políticos y morales diversos. En lo relativo al sistema mundial no-hegemónico, también puede enriquecerse su comprensión a través de planteos cuyo foco se mueve en las fronteras entre la economía informal y la economía ilícita20 y entre lo ilícito y lo ilegal21. En el proceso de presentar las diferencias y las definiciones cruciales en la construcción de la noción de sistema mundial no-hegemónico, es preciso establecer una distinción fina entre economía informal e ilícita y, en segundo lugar, entre lo que es ilegal y lo que es ilícito.

¿Ilegal o informal?

No es mi propósito entrar en la vasta discusión sobre economía informal o mercado informal. En ella se encuentra, no obstante, un debate con gran incidencia sobre lo que me ocupa aquí: el poder de regulación del Estado, la consideración de la legitimidad de las prácticas de los actores económicos, la relación entre los universos formales e informales, el papel de la confianza, de las redes sociales, etc. Tampoco llamaré «economía informal global» a la globalización popular, pues creo que el énfasis en la hegemonía es más esclarecedor para las relaciones en juego. A los fines de mis objetivos en este artículo, es suficiente considerar la diferencia entre economía informal y economía ilícita presentada por Rosinaldo Silva de Sousa22, que permite dejar en claro la distinción central que establezco entre crimen organizado global y globalización popular. Lo que Sousa denomina «economía informal» equivale para mí, en el plano global, a la globalización popular. Para Sousa, el «sistema de comercio ilícito» –del cual forma parte el narcotráfico, por ejemplo– y la «economía informal» comparten dos características generales para su funcionamiento: el uso de la corrupción y la importancia del «valor confianza» y de ciertos principios de reciprocidad23. Entre tanto, para el sistema de comercio ilícito hay un tercer factor crucial, marginal a la dinámica de la economía informal: el uso de la violencia. En suma, Sousa distingue la economía informal de la ilícita según las relaciones sociales diferenciadas particulares de cada una. En la informal, que se beneficia de la omisión del Estado, prevalecen el «valor confianza» y determinados principios de reciprocidad; sus agentes no anhelan dominar los medios de la violencia. En la economía ilícita, confianza y reciprocidad también están presentes, pero prevalecen la violencia ilegítima y la corrupción de los agentes públicos. Para mí, entonces, una diferencia fundamental entre el crimen organizado global y la globalización popular radica en la falta de centralidad, en esta última, de la violencia como un factor regulador de las actividades económicas, especialmente en lo que respecta a la validez de los contratos entre los agentes económicos.

Abraham y Van Schendel enfatizan la diferencia entre legal, «lo que los Estados consideran como legítimo», y lícito, «lo que las personas involucradas en redes transnacionales consideran como legítimo»24. Así, numerosos flujos de personas, mercaderías e informaciones son considerados ilegales porque desafían las normas de las autoridades formales, pero son considerados lícitos por las personas implicadas en las transacciones. Estos autores argumentan que existe «una diferencia cualitativa de escala e intención entre las actividades de bandas organizadas internacionalmente y las múltiples microprácticas que, a pesar de ser ilegales en un sentido formal, no son motivadas por una lógica estructural organizativa ni por un propósito unificado»25.

Para analizar las líneas fluidas entre lo lícito y lo ilícito en el mundo de los flujos globales, Abraham y Van Schendel utilizan los conceptos de «cadenas de mercancías» (los trayectos recorridos por los bienes, desde su producción hasta el consumo) y «espacios regulatorios» (zonas en las cuales predominan conjuntos específicos de normas o reglas, estatales o sociales). Se trata de una opción interpretativa bastante productiva para pensar las prácticas transnacionales. Ellos definen las «actividades criminales transnacionales» como «formas de prácticas sociales que intersectan dos o más espacios regulatorios y que violan por lo menos una regla normativa o legal»26. Como es bien sabido, la producción, la circulación y el consumo de mercancías pueden ocurrir en espacios circunscriptos o atravesar diferentes espacios regulatorios. De esta manera, ciertas mercancías que entran en determinados flujos y atraviesan ciertos espacios regulatorios pueden transformarse de legales en ilegales, o viceversa. Por ejemplo, las cajas de whisky escocés que se producen y exportan legalmente en un país pueden ser introducidas y vendidas ilegalmente en otro. La producción de hojas de coca en Bolivia es otro interesante ejemplo de cómo los signos se transforman según los diferentes espacios regulatorios. Si se produce en determinadas áreas del país y en cierta cantidad, la hoja de coca es legal y su producción se entiende como legítimamente dirigida al consumo tradicional de las poblaciones indígenas y campesinas. Fuera de esto, su producción es ilegal y pasa a ser sospechosa de orientarse al mercado de la coca-cocaína27. El lavado de dinero es visto por Abraham y Van Schendel como un ejemplo de legalización en las transformaciones posibles del par lícito-ilícito28. La conversión de drogas ilegales en dinero permite, por medio del lavado, su conversión en flujos lícitos. Para estos autores, «lo que determina la legalidad y la ilegalidad en diferentes puntos de la cadena de mercancías es la escala regulatoria específica en la cual el objeto se encuentra»29, por eso es importante identificar el «origen de la autoridad regulatoria» y, en consecuencia, «distinguir entre los orígenes político (legal e ilegal) y social (lícito e ilícito) de la autoridad regulatoria»30. Lícito/ilícito, entonces, se refieren mucho más a las percepciones sociales que a la letra de la ley. Al introducir el concepto de legitimidad social o licitud y contrastarlo con legitimidad política o legalidad, buscamos resaltar la naturaleza políticamente derivada de esta distinción y sus bases morales-institucionales, en el propósito de ayudar a desnaturalizar la Ley como la condición del sentido común del espacio doméstico nacional.31

Frente a las dificultades para encontrar soluciones universales a las contradicciones existentes entre los pares legal/ilegal y lícito/ilícito, especialmente en el ámbito transnacional que atraviesa las leyes enmarcadas por los Estados-nación, Abraham y Van Schendel construyen una noción cuya definición, en última instancia, está determinada por los cruces entre lo lícito y lo ilegal y entre lo ilícito y lo legal: lo (i)lícito. Se interesan especialmente por el cruce entre lo lícito y lo ilegal que crea un espacio donde lo (i)lícito significa actividades «legalmente abolidas pero socialmente sancionadas y protegidas»32 como aquellas que animan, debo mencionar, la globalización popular; es decir, las actividades de los sacoleiros y de los mercados populares de superlogos33 y gadgets globales. En muchos contextos, lo «socialmente lícito» domina lo «formalmente ilegal», como en el ejemplo presentado por los autores sobre la venta en Paquistán de DVD de películas producidas en la India. La visibilidad y el carácter rutinario de las actividades ilegales no impiden que el Estado las reprima, algo que con frecuencia lleva a cabo la policía en momentos de elevado sentido de «misión cívica y pública»34.

Una advertencia antes de proseguir

Al entrar en un universo de prácticas y representaciones sociales altamente atravesado por valores, y donde el bien y el mal son en muchas oportunidades tenidos como absolutos, el análisis sociológico y antropológico corre el riesgo de ser acusado, en una lectura conservadora, de enaltecer el crimen y demonizar al Estado. Es claro que, en estos contextos complejos y delicados, no se trata ni de una cosa ni de la otra. Reconocer que las líneas entre lo legal y lo ilegal se definen por relaciones históricas de poder y por el ejercicio de la hegemonía no representa una posición relativista, en la que todo lo que es ilegal es aceptable o toda legalidad es absurda. En este universo, los dilemas de la investigación antropológica crítica se sitúan en medio de varias tensiones y el fiel de la balanza es el sentido común del investigador. Así como no es posible tornar absolutos el Estado y la legalidad, tampoco se pueden presentar como románticas las prácticas ilegales. La cuestión es bien resumida por Heyman y Smart:

Mucho de lo que es ilegal es peligroso y mucho de lo que es legal es razonable. Tanto el fraude financiero como la violencia física deben ser prohibidos, procesados y castigados. El mero hecho de que la ilegalidad persista y frecuentemente se entremezcle con el mundo legal y formal no justifica una posición puramente relativista. De la misma manera, a pesar de que el Estado es un instrumento de fuerza organizada y de predación (impuestos), en la medida en que incorpora elementos razonables de la ley, no se equipara completamente a la fuerza y a la predación ilegales. Sin embargo, no podemos sostener lo contrario, esto es, que todo lo que el Estado formal hace es moralmente eficaz y que todas las actividades ilegales son inmorales y deberían ser suprimidas. Esto no se sostiene ni en el sentido empírico (…) ni en el sentido moral. En este último caso, muchas actividades clasificadas como ilegales tienen una amplia vida legítima en la sociedad (o en grupos particulares) y, en estas circunstancias, la respuesta estatal constituye mala legislación, aumentando la ilegalidad, incluyendo aquí «guerras» de todo tipo que son moralmente peores que la violación original. Un trabajo académico cuidadoso que trascienda la suposición de que toda ley formal es buena y toda ilegalidad es un «problema» que debe eliminarse y que, al mismo tiempo, apunte al balance específico en cada caso, puede informar las elecciones morales públicas que debemos hacer.35

El sistema global no-hegemónico

En primer lugar, haré una rápida consideración histórica, casi una digresión, para evitar un problema común cuando el asunto que se discute es la globalización: la tendencia a creer que se trata de fenómenos nuevos que jamás sucedieron. Muchas de las mercancías vendidas en el ámbito de la globalización popular son verdaderos simulacros, para usar la expresión de Jean Baudrillard, copias con altos niveles de perfección. En realidad, la producción de copias no autorizadas es una actividad milenaria. Además, no por casualidad el término utilizado de forma común por los poderosos para referirse a la actividad de reproducción y venta de copias no autorizadas de mercaderías valoradas por los consumidores contemporáneos es «piratería», especialmente los superlogos, es decir, copias de grandes marcas mundiales36. La piratería es una actividad muy antigua e históricamente ha sido un desafío y una alternativa a los modos predominantes de vida, trabajo y comercio.

La piratería siempre fue un problema para los poderes establecidos. Hay registros de actividad de piratas en el mar Mediterráneo anteriores a la época del Antiguo Egipto37. Solo cuando Roma consiguió imponer su poder naval las comunidades piratas desaparecieron de ese ámbito, pero no así la piratería propiamente dicha. Esta volvió a florecer, por ejemplo, en los siglos XVII y XVIII, durante la denominada «era dorada de la piratería» (1690-1730) en el Caribe, en la costa atlántica de América, en la costa de África occidental y en el océano Índico38. Hay evidencias de que comunidades piratas ejercieron un importante poder económico en diferentes partes del mundo, incluso llegando a transformarse en centros regionales. Thomas Gallant, por caso, considera que en varios lugares «emprendedores militares, como bandidos y piratas, proporcionaron el tejido que articuló el interior rural para zonas económicas en desarrollo. Sus actividades facilitaron la inserción capitalista»39. Hasta la actualidad, piratas modernos atacan con regularidad los barcos que atraviesan el mar del sur de China40 y las costas de Somalia.

La existencia de protosistemas mundiales no-hegemónicos fue impulsada por el trabajo de los marineros que conectaban las tierras del Nuevo Mundo con Europa, creando la circulación de ideopanoramas diferentes de los de las clases hegemónicas. Así, ideas alternativas de sociedad, basadas en el comunismo primitivo del Nuevo Mundo, inspiraron varias utopías europeas siglos atrás41. Peter Linebaugh y Marcus Rediker afirman que, entre 1680 y 1760, con la consolidación y estabilización del capitalismo en el Atlántico, «el barco a vela –la típica máquina de este periodo de globalización– combinaba las características de las fábricas y las de la prisión. En comparación, los piratas construyeron un orden social autónomo, democrático y multirracial en el mar»42.Como es posible observar, los proletarios de la expansión capitalista marítima (los marineros) y los agentes sociales que representaban una amenaza para los intereses hegemónicos estatales y privados por detrás de esta expansión (los piratas) estuvieron históricamente involucrados, en mayor o menor medida y con mayor o menor eficacia, en la construcción de sistemas mundiales no-hegemónicos.

En antropología, el libro clásico de Eric Wolf, Europa y la gente sin historia43, es el relato más denso sobre los procesos históricos de interconexiones que crearon el sistema mundial (o sistema-mundo). Pero la noción de sistema-mundo está directamente asociada al libro de Immanuel Wallerstein, publicado originalmente en 1974: El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI44. Aquí, el uso que realizo del concepto de sistema mundial no está tan próximo a la discusión sobre centro, periferia y semiperiferia, importantes elementos de la concepción wallersteiniana que toma prestados de la discusión sobre la dependencia. Para el concepto de sistema mundial estoy más interesado en los siguientes aspectos destacados por Wallerstein en otras de sus obras, Análisis de sistemas-mundo:

no estamos hablando de sistemas, economías, imperios del mundo (todo), sino de sistemas, economías, imperios que son un mundo (que muy posiblemente, en realidad con frecuencia no incluyen a todo el globo). Este es un concepto clave a considerar. Significa que cuando hablamos de «sistema-mundo» estamos tratando con una zona espacio-temporal que atraviesa muchas unidades políticas y culturales, representando una zona integrada de actividad e instituciones que obedecen a ciertas reglas sistémicas.45

Es justamente lo que el sistema mundial no-hegemónico constituye: una composición de varias unidades situadas en diferentes espacios glocales que están conectados por agentes que operan en la globalización popular. La globalización popular está formada por redes que trabajan de manera articulada y que en general se encuentran en diferentes mercados que conforman los nudos del sistema mundial no-hegemónico. Esta articulación crea interconexiones que le confieren a este tipo de globalización un carácter sistémico y hacen que sus redes tengan un alcance de larga distancia. El sistema mundial no-hegemónico conecta muchas unidades en el mundo mediante flujos de información, personas, mercancías y capital. Si denomino a este sistema «no-hegemónico» es porque existe un sistema hegemónico46. En realidad, los dos sistemas pueden definirse por las relaciones que mantienen entre sí y guardan analogías con lo que Naím denominó «agujeros negros» y «puntos claros»47. El sistema hegemónico refleja la lógica institucional y operativa de quienes detentan el poder, tanto en lo que respecta al Estado como al capital privado. En las últimas décadas, el sistema mundial hegemónico ha sido dominado por los intereses de la globalización capitalista neoliberal. En el sistema hegemónico, que guarda una íntima relación con el poder estatal, los agentes económicos consiguen generar y mantener frente a la sociedad como un todo la apariencia de que ostentan el monopolio de la legitimidad y legalidad de las transacciones económicas, aun cuando estén involucrados o sean sorprendidos en actividades ilegales. Un buen ejemplo es lo que sucede en los puertos. En los más organizados y de mayor capacidad operativa, apenas 5% de la carga de contenedores es efectivamente inspeccionada48. Entonces, la mayor parte del contrabando es realizada por las corporaciones: «Los medios de comunicación y la cultura popular apuntan hacia oscuras organizaciones criminales como los principales contrabandistas pero, de hecho, las empresas legítimas y las corporaciones multinacionales son los principales transgresores. Subfacturar y presentar declaraciones falsas sobre las mercaderías embarcadas son acciones básicas en este negocio»49.

El sistema mundial no-hegemónico nos lleva a otros razonamientos y puede definirse de manera análoga a mi interpretación sobre la globalización económica no-hegemónica50, una categoría similar a la de sistema mundial no-hegemónico pero en la cual la sistematicidad de la globalización popular no es el centro de la cuestión. Llamo a este sistema «no-hegemónico» y no «anti-hegemónico» porque sus agentes no intentan destruir el capitalismo global o instalar algún tipo de alternativa radical al orden prevaleciente. Es no-hegemónico porque sus actividades desafían el establishment económico en todas partes en los niveles local, regional, nacional, internacional y transnacional. Como consecuencia, sus agentes son percibidos como una amenaza al establishment y sienten el poder de las elites políticas y económicas que quieren controlarlos. En este sentido, son reveladoras las actitudes que tienen los Estados y las corporaciones en relación con las prácticas del sistema no-hegemónico. La mayor parte del tiempo, estas actividades son tratadas como asunto policial y son objeto de una elaborada acción represiva. Es cierto que el sistema mundial no-hegemónico es un universo enorme que abarca actividades ilegales, como el tráfico de personas y de órganos, que es preciso reprimir. Pero de cualquier manera, una parte importante de la globalización no-hegemónica son aquellos trabajadores, como los vendedores ambulantes, cuyo «crimen» es trabajar fuera de los parámetros definidos por el Estado.

El sistema mundial no-hegemónico está integrado por diversos segmentos y redes estructurados en forma piramidal. En el vértice se encuentran esquemas de lavado de dinero, actividades mafiosas, todo tipo de corrupción. No importa cuán poderosos y elitistas sean muchos de los agentes involucrados en el sistema no-hegemónico, ellos no pueden actuar solos. Existe una consistente participación de personas pobres en los segmentos más bajos de esa estructura piramidal. Para estos agentes sociales, el sistema mundial no-hegemónico es un modo de vida y un mecanismo de movilidad social ascendente. Networking e intermediaciones son los cimientos de esta estructura en pirámide, de forma comparable a lo que denominé consorciación: un proceso típico de las articulaciones entre agentes transnacionales, nacionales, regionales y locales alrededor de grandes proyectos de infraestructura multimillonarios51. Las actividades de la base de la pirámide son lo que llamo la verdadera globalización desde abajo. Permiten el acceso a flujos de riqueza global que, de otra forma, nunca llegarían a los segmentos más vulnerables de cualquier sociedad o economía. Abren un camino hacia la movilidad ascendente o la posibilidad de sobrevivir en economías nacionales y globales que no son capaces de proveer empleo a todos los ciudadanos. Estoy interesado en este segmento del sistema no-hegemónico y no en sus escalones superiores. Aun así, es necesario reiterar una distinción crucial para comprender el sistema mundial no-hegemónico: la relativa al crimen organizado global y la globalización popular.Aunque la actividad de globalización popular sea caracterizada, desde el punto de vista del Estado, como contrabando, es bastante diferente si consideramos el llamado «contrabando hormiga» en la frontera entre Argentina y Paraguay52 o los grandes esquemas de contrabando controlados por bandas organizadas. Así, lo que en general es indistinto desde el punto de vista del Estado, desde mi punto de vista puede ser parte de la economía (i)lícita global (de la globalización popular) o de la economía ilegal global (del crimen organizado).

La bibliografía especializada destaca la importancia de las redes sociales en el funcionamiento de este universo. Heyman y Smart ofrecen una definición de «red ilegal» que es útil para pensar la economía ilegal global53. Para ellos, se trata de un «tejido ordenado de personas enfocadas en una actividad ilegal», redes que implican, pero no necesariamente requieren, «un mundo social alternativo al Estado formal y legal». Tales redes son vitales para las prácticas ilegales, ya que se caracterizan por relaciones basadas en la mutualidad, la confianza y los intercambios54. Según mi perspectiva, las redes sociales ilegales realizan sus prácticas ilegales en el interior de una estructura jerárquica, en la que prevalecen la conspiración y la planificación centralizada, así como también el uso de la violencia ilegítima. Si cambiamos el adjetivo «ilegales» por «(i)lícitas», podremos buscar, analógicamente, una definición para pensar la economía (i)lícita global. Así, en la globalización popular, operan las redes sociales (i)lícitas de forma descentralizada, horizontal y basada en valores de confianza. Las redes sociales (i)lícitas realizan sus prácticas (i)lícitas sobre o a partir de sistemas informales previamente construidos por diásporas, redes migratorias o formas típicas de la economía popular (ferias y sus sistemas de mercados asociados, por ejemplo).

Por otro lado, Naím llama la atención sobre el carácter simultáneamente global y local de las redes involucradas en lo que denomino sistema mundial no-hegemónico y sobre su habilidad para explotar con rapidez su movilidad internacional, lo cual potencia bastante su capacidad de escapar al control de los Estados nacionales55. Además, es preciso enfatizar la flexibilidad de estas redes. Como todas las redes sociales, las redes ilegales/(i)lícitas pueden armarse y desarmarse según las circunstancias y sus intereses. Pueden desarmarse, por ejemplo, cuando una actividad ilegal ya no es necesaria o ventajosa. Estrictamente, no se necesitan grandes redes o extensas articulaciones de redes para realizar conexiones de larga distancia, o incluso globales. De hecho, las mercancías que fluyen dentro del sistema mundial no-hegemónico pueden cambiar varias veces de mano, atravesando diversos espacios regulatorios, hasta llegar a los consumidores finales. De esta manera, el sistema está integrado por una intrincada red de nudos, que son puntos de interconexión entre vendedores y compradores. Tales nudos varían en tamaño e importancia para la reproducción del sistema y pueden ser desde pequeños aglomerados de barracas de vendedores ambulantes que atienden las necesidades de consumidores finales, hasta megacentros, en gran medida destinados a intermediarios, cuya influencia económica tiene alcance internacional, como los localizados en Dubai (Emiratos Árabes Unidos), que abastecen a diversos países europeos56, o en el «espacio social transfronterizo»57 de Foz de Iguazú-Ciudad del Este58. Hay también megacentros de alcance nacional, como la calle 25 de Março, en la ciudad de San Pablo59 y Tepito, en la Ciudad de México, que abastecen a agentes de la globalización popular que operan en un radio que puede alcanzar algunos millares de kilómetros y cruzar países. Tepito, por ejemplo, el «tianguis global» («tianguis» significa feria de vendedores ambulantes en nahuátl, lengua indígena aún ampliamente hablada en México), conecta a través de redes migratorias la Ciudad de México con Los Ángeles, en EEUU60. También se encuentran importantes centros de actuación regional o local como los San Andresitos (en alusión a la isla caribeña y puerto libre de San Andrés), en Colombia; en Brasil, las Feiras do Paraguai en la ciudad de Caruaru (en el estado de Pernambuco)61 y en Brasilia62, el área del centro de Río de Janeiro conocida como Saara y el Shopping Oiapoque, en Belo Horizonte63. No podemos dejar de incluir el Barrio Chino de Nueva York y el famoso Mercado de la Seda (Xiu Shui), en Beijing. El ejemplo de Caruaru es particularmente interesante dada la centralidad que hace más de 150 años mantiene en el sistema regional la feria de la ciudad, cuya influencia alcanza muchas ciudades de todo el Nordeste brasileño. Además, este caso muestra cómo la existencia previa de un sistema migratorio popular, el de los pernambucanos hacia San Pablo, ofrece una estructura útil para las dinámicas de la globalización popular64. Las mercancías procedentes de Ciudad del Este o de la calle 25 de Março alimentan la Feira do Paraguai, el sector de gadgets globales de la Feria de Caruaru, que, a su vez, alimenta a una gran cantidad de otras ferias menores y de pequeños comerciantes en todo el Nordeste. La Feira do Paraguai permite visualizar perfectamente cómo se extiende la capilaridad del sistema mundial no-hegemónico a través de la globalización popular, llegando a lugares distantes e inusitados. En realidad, estos nudos del sistema mundial no-hegemónico son mercados de mayor o menor envergadura. Los mercados pueden desempeñar el papel de nexos entre diferentes flujos a través de la articulación de redes con objetivos semejantes y comunes. Así, varias redes de poca extensión acaban generando un efecto de largo alcance. Los mercados pueden ser tanto puntos de articulación de estas redes como el locus de articulación entre las actividades de la economía ilegal global y de la economía (i)lícita global. Ciudad del Este, dada su magnitud, es un claro ejemplo de ello, con su asociación con enormes y poderosos esquemas de lavado de dinero y, al mismo tiempo, la presencia de millares de sacoleiros. También la calle 25 de Março en San Pablo, debido a su dimensión (aunque menor que la de Ciudad del Este), es un excelente ejemplo de un mercado, un nudo del sistema mundial no-hegemónico que demuestra la presencia de grandes intermediarios y de miríadas de redes de sacoleiros. Cabe destacar que existe una diferenciación interna en este universo que puede presentarse bajo la forma de una estructura piramidal establecida internamente en las redes de transacciones entre grandes y pequeños proveedores, por ejemplo. En el interior de tal estructura, puede haber agentes y redes sociales involucrados en diferentes momentos y aspectos de las actividades económicas lícitas, (i)lícitas e ilegales. Nada impide que se pase del sistema no-hegemónico al hegemónico y viceversa.

El sistema mundial no-hegemónico puede servir como una forma de realizar la acumulación primitiva de capital. Como tal, puede ser útil para un capitalista individual como forma de acumular en un determinado momento de su trayectoria económica, o puede ser permanentemente utilizado para tal fin. No obstante, es necesario notar junto con Chang que

la proliferación de productos falsificados adopta casi las mismas rutas del capitalismo global con tácticas «glocales» de maniobras incluso más flexibles y ágiles para escapar de las redadas nacionales. (...) Las logo(marcas) falsas se diseminan por todo el mundo y constituyen con éxito un mercado global que simultáneamente duplica la creación de redes del capitalismo y lo desestabiliza como una subversión falsificada.65

La globalización popular está conformada por nudos (los mercados populares) y flujos (los viajes). Así como hay nudos mayores, existen flujos mayores o menores que abarcan grandes o pequeñas distancias. De este modo, las redes sociales transnacionales que estimulan los flujos internos al sistema mundial no-hegemónico están compuestas por migrantes de varios tipos66. Muchos de ellos son auténticos comerciantes nómadas globales contemporáneos. La diáspora china, la mayor del mundo actual, cumple un papel fundamental en la globalización popular, que se apoya en ella en gran medida. No es casualidad que cada vez encontremos más migrantes chinos, en general cantoneses, asociados al comercio del sistema mundial no-hegemónico. La Galeria Pagé, por ejemplo, el edificio más globalizado de la calle 25 de Março, en la ciudad de San Pablo, está dominada por la presencia china, hecho que refleja la creciente influencia de estos migrantes en un importante nudo de globalización popular. La historia de la calle 25 de Março67 ilustra ciertas dinámicas centrales del sistema como un todo. Esta área paulista se caracterizó, desde fines del siglo XIX, por la presencia sirio-libanesa que, a partir de los últimos años del siglo XX, pasó a ser relegada por la presencia asiática, coreana y principalmente china. La diáspora sirio-libanesa conforma la segunda red más importante de agentes sociales en el sistema mundial no-hegemónico. Tejida a lo largo de mucho tiempo y basada en redes de parentesco y amistad, afinidad religiosa y política, la diáspora sirio-libanesa fue relevante para la internacionalización de la zona de la calle 25 de Março y para el establecimiento de vínculos y prácticas comerciales internacionales, lo que resultó en la transformación del área en un espacio urbano étnicamente diferenciado.

Desde fines de la década de 1950, miles de descendientes de árabes también fueron claves para el comercio de la transfronteriza Ciudad del Este-Foz de Iguazú68. La migración libanesa fue igualmente crucial en el establecimiento de una red en San Andresitos, en Colombia. En algunos casos, como el de la calle 25 de Março, el de Ciudad del Este-Foz de Iguazú y la región de Saara, en Río de Janeiro, la migración china está relegando a la libanesa, lo cual genera nuevas segmentaciones étnicas y, potencialmente, nuevos conflictos interétnicos69. En otros casos, como en las Feiras do Paraguai en Brasilia70 y en Caruaru (Pernambuco, Brasil), o en Tepito71, en Ciudad de México, también es posible notar una creciente presencia china. De hecho, la globalización popular puede haberse transformado en el mayor impulsor del crecimiento de la migración china en Brasil y en otros países como Argentina y México. Diásporas de la envergadura de la china y la libanesa proporcionan una base altamente orgánica para desarrollar actividades transnacionales, ya que las redes migratorias pueden propiciar confianza y previsibilidad, como está implícito en la noción china de guanxi, en un universo donde es baja la capacidad de implementar la ley72. Algunas consideraciones sobre la esfera de la producción. Los trabajos realizados sobre aspectos específicos del sistema mundial no-hegemónico suelen concentrarse en la circulación de personas y mercancías73. El hecho de que en el interior de este universo se destaquen los mercados se explica por sus características de espacios públicos, en los cuales es posible efectuar un trabajo de campo con cierta facilidad. Hablar de este sistema considerando también las unidades productivas que lo componen representa una tarea etnográfica mucho más ardua. Las fábricas no son exactamente espacios públicos. Por el contrario, como ya indicaba Karl Marx en El capital, los capitalistas exigen dejar fuera del alcance de la vista las transformaciones que allí ocurren, y esto es más notorio cuando se trata de unidades de producción vinculadas a la economía (i)lícita global.

Si comenzáramos por hablar de donde se producen las mercancías, los centros fundamentales del sistema se encuentran en Asia, en lugares como Taiwán, Corea del Sur, Singapur, Malasia y especialmente China. El hecho de que diferentes áreas de Asia se hayan transformado en el centro de producción de las mercancías del sistema mundial no-hegemónico está relacionado, en gran medida, con el poder de la economía de Japón, uno de los mayores mercados de artículos de lujo. Taiwán, Corea del Sur y Hong Kong, por ejemplo, fueron grandes centros productores de mercancías falsas destinadas al mercado japonés. A su vez, China se transformó rápidamente en la principal proveedora de productos falsos para todo el mundo; en palabras de Chang, «hoy en día, inclusive en Taiwán, los productos Louis Vuitton falsificados son ‘importados’ principalmente de China»74. Así, este país no solo es la niña mimada de la globalización hegemónica75, sino que es también el centro de la globalización no-hegemónica, de la globalización popular. De hecho, cualquier investigación sobre la producción de bagatelas globales y de copias no autorizadas debería privilegiar sin duda la provincia de Guangdong, en el sur de China, donde el boom económico de las últimas décadas se ha expresado también en una enorme producción de bienes para los mercados de la globalización popular76. Las ciudades de Dongguan, Shenzhen, Hong Kong y Guangzhou (Cantón) conforman, probablemente, la mayor zona de producción de mercancías del sistema mundial no-hegemónico, el comienzo de una cadena de mercancías en la cual las ganancias se acumulan de manera fantástica.

Guangdong ha sido históricamente una gran puerta de entrada para el comercio con el mundo y para la emigración. La importancia de Guangdong y de su capital, Cantón, como medio de contacto con Occidente llevó a los portugueses a colonizar Macao entre 1557 y 1999. En 1841, también en la desembocadura del río de las Perlas, los ingleses fundaron Hong Kong, un enclave comercial del imperio británico. La soberanía china sobre Hong Kong fue reconquistada en 1997. Actualmente, Macao y Hong Kong son Regiones Administrativas Especiales de la República Popular China, de acuerdo con el modelo «un país, dos sistemas». Más importante aún para comprender esta área como el centro del sistema mundial no-hegemónico es el fabuloso desarrollo de Shenzhen, en China continental. En 1980, se convirtió en la primera Zona Económica Especial. Situada a pocos kilómetros de Hong Kong, en la región económica más dinámica de China, en el delta del río de las Perlas, Shenzhen es el corazón del sistema productivo de las mercancías de la globalización popular.

Hong Kong y Shenzhen desarrollan diferentes relaciones complementarias. La ex-colonia británica es una gran puerta de entrada para los sacoleiros de todo el mundo, que penetran de manera creciente en el territorio de China continental y van a Shenzhen, portando visas de un día adquiridas en Hong Kong para hacer sus compras en centros comerciales como el de Luohu. Muchos de estos sacoleiros pueden hacer sus compras en lo que tal vez sea el edificio más globalizado del sistema mundial no-hegemónico, Chungking Mansions, en Hong Kong77. Construido en la década de 1960, posee cinco bloques con 17 pisos. Sus dos primeros niveles están formados por pequeños negocios para compradores de más de 100 nacionalidades. El resto de las plantas son restaurantes y pensiones que albergan a viajeros provenientes especialmente de Asia, Oriente Medio y África.

Estas áreas de China poseen una historia de producción de copias que se remonta, por lo menos, al siglo XIX78. Allí se copiaban bienes occidentales para la venta en el interior de China y, a la inversa, bienes chinos para la venta a Occidente. En lo que respecta a la producción de mercancías para el sistema mundial no-hegemónico, Chang llega a hablar de una «industria global de falsificaciones»79. La (re)producción de copias de superlogos «aún sigue el modo tradicional de producción de mercancías, que está basado en la división y explotación global del trabajo, en el sistema de producción de fábrica y, específicamente, en el ahora más que conocido sistema de outsourcing hacia todo el mundo»80. En América del Sur, Paraguay es un conocido centro productor. En Brasil –en Minas Gerais, por ejemplo– existen pequeñas fábricas que copian zapatillas de marcas famosas81.

¿Por qué existe la globalización popular? Originales y copias

Más allá de los elementos que ya han sido señalados ampliamente en la bibliografía sobre economía informal –como el no pago de impuestos, la ausencia de mecanismos de responsabilización en las transacciones comerciales y la prestación de servicios o la precariedad de los trabajadores involucrados–, la globalización popular se apoya fuertemente en la existencia de superlogos y en la actual capacidad de producir copias tan perfectas que cada vez es más difícil, o irrelevante, identificar las diferencias entre los bienes falsificados y sus originales.

En gran medida, los productos «piratas» toman como base para su enorme rentabilidad la producción de copias de superlogos. El superlogo está anclado en un excedente de valor excepcional, ampliamente basado en su valor simbólico, en lo que representa como símbolo de estatus para los consumidores. Este excedente de valor es adicionado a una mercancía mediante el mantenimiento del monopolio encarnado en la propiedad del superlogo. Manteniendo, manipulando y administrando superlogos, las grandes corporaciones logran ocupar nichos exclusivos en el mercado de símbolos globales de estatus y, en última instancia, incrementar enormemente sus ganancias. Esos nichos monopólicos son estratégicos para la acumulación de las empresas capitalistas. Así, las copias no autorizadas significan una amenaza para uno de los núcleos duros de la reproducción del capitalismo: la posesión de derechos de propiedad sobre determinadas mercancías, ya que son estos derechos los que permiten, justamente, mantener los nichos monopólicos. La diferencia entre el valor real del objeto específico y su extraordinario valor simbólico excedente es lo que da impulso al mercado de copias de superlogos, siempre vendidas, claro, por precios mucho menores que los originales. Además del hecho de que no pagan impuestos, algo típico de las economías informales, el bajo precio de las copias proviene de una combinación de factores, entre los cuales destaco la sobreexplotación de una fuerza de trabajo precarizada (en Shenzhen, por ejemplo, son migrantes, en general, recientemente proletarizados82); la no remuneración de una serie de factores que entran en la composición del precio del bien de lujo como, por ejemplo, en la industria de la alta costura, desfiles, revistas, publicidad y tiendas sofisticadas; el uso del mercado formal como campo de pruebas, esto es, se hacen copias solo de los modelos de mayor éxito de ventas de un superlogo.

Los superlogos, originales o copias, desempeñan un papel clave en la economía simbólica del lujo, en tiempos en los que la distinción de estatus se confunde con la capacidad de poseer determinados objetos y de manipular imágenes que confieren a los consumidores identidades sociales diferenciadas83. Las copias permiten a los consumidores manejar de manera consciente los juegos sociales basados en la distinción, que son formas de crear, mantener y reproducir estatus. En última instancia, son formas de manipular las impresiones en las interacciones sociales con fines muy diversos, pero que terminan por redundar en una búsqueda de poder personal dentro de una sociedad individualista y consumista.

La industria de copias impulsa una disputa por el control del extraordinario valor agregado por el superlogo a las mercancías. No obstante, el impacto de la copia sobre la industria de bienes auténticos no es necesariamente negativo. El escritor brasileño Mário de Andrade mencionaba que la copia da valor al original. De hecho, cuanto mayor es el número de copias, más valor tendrá el original, especialmente para un segmento cada vez más restringido de connaisseurs capaces de cotejar la autenticidad en objetos/símbolos verdaderamente originales y portadores de los significados de distinción social más deseados. En realidad, las copias se subdividen en diferentes categorías. Las de tercera línea son imitaciones burdas que traen, por ejemplo, errores groseros como la grafía equivocada del superlogo. Las de segunda línea son réplicas bastante razonables, mientras que las copias de primera línea pueden ser verdaderos simulacros cuya falsedad a veces solo es detectada por especialistas. El precio de los productos varía de acuerdo con la calidad de la copia. Circula la leyenda de que en Shenzhen existen fábricas que producen bienes originales durante el día y falsificados durante la noche. En este caso, no habría diferencia entre el original y la copia, a no ser el sello del superlogo adherido al primero. La creciente calidad de las copias bien podría ser lo que atrajo a consumidores de clase media y clase media alta a realizar compras en nudos del sistema mundial no-hegemónico, como el Shopping Oiapoque en Belo Horizonte y la Feira do Paraguai en Brasilia. De cualquier manera, este es un mercado atravesado por la dinámica de la moda, lo que lo torna verdaderamente más volátil y caprichoso.

Con todo, las copias de superlogos de ropas, zapatos y accesorios están perdiendo su lugar de principal fuente de ingresos de la industria de productos falsos en favor de los DVD y programas pirateados. Esto es coherente con la hegemonía del capitalismo electrónico-informático y con su flexibilidad interior, en especial por su capacidad de reproducción de copias perfectas. Es cada vez más simple copiar música, películas, imágenes, textos y otros materiales protegidos por copyright, desde internet o desde otras fuentes de tecnología digital. Las modificaciones introducidas por las nuevas tecnologías de reproducción en los últimos años son rápidamente apropiadas, no solo por adolescentes en sus casas, sino por personas interesadas en ganar dinero en las calles y los mercados del sistema mundial no-hegemónico. El sistema normativo que intenta regular la propiedad intelectual de los superlogos globales, y en especial de los bienes culturales capaces de ser reproducidos electrónicamente, va a contramano de la innovación tecnológica contemporánea, que permite potenciar enormemente a individuos y redes y su capacidad de hacer copias. Al no dar cuenta de las nuevas dinámicas y de las múltiples e imaginativas apropiaciones que constantemente realizan millones de personas en todo el mundo, el sistema normativo actual prefiere criminalizar y estigmatizar este universo. De esta manera, se transforma en un obstáculo para la liberación de una gigantesca energía emprendedora y creativa situada en diferentes partes del globo, y que termina por realizarse a través de operaciones que con frecuencia ocurren bajo el paraguas del sistema mundial no-hegemónico.

En la práctica, la «piratería» revela el absurdo valor excedente que se agrega a la mercancía por la propiedad del superlogo. Como el capitalismo está basado en la apropiación socialmente sancionada de excedentes, al denunciar este excedente extraordinario, la «piratería» asume un potencial subversivo que, como ya se mencionó, alcanza uno de los núcleos duros del capitalismo, al mismo tiempo que se mezcla contradictoriamente con él al enlazarse con las propias necesidades de consumo, de (re)producción de identidades sociales y de distinción bajo la égida del capitalismo electrónico-informático.

El impulso estructural brindado por las tecnologías contemporáneas de reproducción y por el aumento de la capacidad de comunicarse y viajar hacia distintos lugares del mundo lleva a creer que la globalización popular continuará consolidando y estrechando, de manera heterodoxa, los nexos entre los diversos nudos del sistema mundial no-hegemónico.

  • 1. Hace algunos años, hemos investigado con estudiantes de la Universidad de Brasilia lo que he denominado «otras globalizaciones políticas y económicas», formas de globalización desde abajo. Ver G. Lins Ribeiro: «Other Globalizations. Alter-native Transnational Processes and Agents» en Série Antropológia No 389, Universidad de Brasilia, Brasilia, 2006; «Economic Globalization from Below» en Etnográfica No 2, 2006, pp. 233-249; «El sistema mundial no-hegemónico y la globalización popular» en Anuario de Estudios en Antropología Social 2006, ides, Buenos Aires, 2007, pp. 7-19; «De Guangdong a Caruaru» en Le Monde diplomatique Brasil vol. 2 No 20, 3/2009, pp. 8-9; «Non-Hegemonic Globalizations. Alter-native Transnational Processes and Agents» en Anthropological Theory vol. 9 No 3, 2009, pp. 1-33; «De Guangdong a Caruaru» en Revista Brasileira de Sociologia da Emoção vol. 8 No 24, 2009, pp. 510-522. En este artículo solo me interesan las «otras globalizaciones económicas». Muchos de los datos que se encuentran aquí están tomados de los trabajos de Angelo José Sátyro de Souza: «Feira do Paraguai: território e poder. História e memória», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2000; Breno Einstein Figueiredo: «De feirantes da feira do Paraguai a micro-empresários», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2001; Munich Nascimento: «A rua 25 de Março e a imigração sírio-libanesa para São Paulo», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2006; Rachel Dubard de Moura Rocha: «Nem daqui, nem da China. Um estudo antropológico sobre identidades multifacetadas dos migrantes chineses na Feira dos Importados, Brasília, df», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2007; Gustavo Paulo Santos: «Consumo de metáforas: conotações e usos sociais de logomarcas em estudos comparados», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2008; y Carolina Vicente Ferreira Lima: «Consumo feminino de produtos de superlogomarcas e produtos piratas de superlogomarcas», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2008.
  • 2. Nueva Imagen, México, df, 1982.
  • 3. Ibíd., p. 62.
  • 4. Ibíd.
  • 5. Ibíd., p. 63.
  • 6. Illicit: How Smugglers, Traffickers, and Copycats are Hijacking the Global Economy, Doubleday, Nueva York, 2005. La edición en español fue publicada por Debate, Barcelona, 2006.
  • 7. «Introduction: The Making of Illicitness» en W. Van Schendel e I. Abraham (eds.): Illicit Flows and Criminal Things, Indiana University Press, Bloomington, 2005, p. 2.
  • 8. M. Naím: ob. cit., p. 2.
  • 9. Ibíd., p. 261.
  • 10. Ibíd., p. 263.
  • 11. Ibíd., pp. 264-265.
  • 12. Carolyn Nordstrom: Global Outlaws. Crime, Money, and Power in the Contemporary World, University of California Press, Berkeley, 2007.
  • 13. «Ilegalismos urbanos e a cidade» en Novos Estudos No 84, 2009, p. 156.
  • 14. J.McC. Heyman y A. Smart: «States and Illegal Practices: An Overview» en J.McC. Heyman (ed.): States and Illegal Practices, Berg, Oxford-Nueva York, 1999, p. 1.
  • 15. F. LaMond Tullis: Unintended Consequences: Illegal Drugs and Drug Policies in Nine Countries, Lynne Rienner, Boulder, 1995; J.McC. Heyman y A. Smart: ob. cit., p. 5.
  • 16. Ob. cit., p. 8.
  • 17. Ibíd.
  • 18. Ibíd., p. 9.
  • 19. Ibíd.
  • 20. Rosinaldo Silva de Sousa: «Narcotráfico y economía ilícita: las redes del crimen organizado en Río de Janeiro» en Revista Mexicana de Sociología vol. 66 No 1, 2004.
  • 21. I. Abraham y W. Van Schendel: ob. cit.
  • 22. «Narcotráfico y economía ilícita: las redes del crimen organizado en Río de Janeiro», cit.
  • 23. Larissa Lomnitz Adler: «Informal Exchange Networks in Formal Systems: A Theoretical Model» en American Anthropologist vol. 90 No 1, 1988, y «Redes informales de intercambio en sistemas formales» en L. Lomnitz Adler: Redes sociales, cultura y poder: ensayos de antropología latinoamericana, Miguel Ángel Porrúa, México, df, 1994, pp. 152-166.
  • 24. Ob. cit., p. 4.
  • 25. Ibíd.
  • 26. Ibíd., p. 15.
  • 27. R. Silva de Sousa: «Os cocaleros do Chapare: coca, cocaína e políticas internacionais antidrogas na Bolívia», tesis de doctorado, Universidad de Brasilia, 2006.
  • 28. Ob. cit.
  • 29. Ibíd., p. 17.
  • 30. Ibíd.
  • 31. Ibíd., p. 31.
  • 32. Ob. cit., p. 22.
  • 33. Hsiao-hung Chang denominó «superlogos» al conjunto de marcas altamente reconocidas a escala internacional y que se han tornado en símbolos globales de estatus privilegiado (Louis Vuitton, Fendi, Armani, Dior, Gucci, Nike, Adidas, Rolex, Ray-Ban, Sony y muchas otras). Hsiao-hung Chang: «Fake Logos, Fake Theory, Fake Globalization» en Inter-Asia Cultural Studies vol. 5 No 2, 2004.
  • 34. I. Abraham y W. Van Schendel: ob. cit., p. 22.
  • 35. J.McC. Heyman y A. Smart: ob. cit., p. 21.
  • 36. H. Chang: ob. cit.
  • 37. Angus Konstam: The History of Pirates, The Globe Pequot Press, Guilford, 2002.
  • 38. Ibíd.
  • 39. T.W. Gallant: «Brigandage, Piracy, Capitalism, and State-Formation: Transnational Crime from a Historical World-System Perspective» en J.McC. Heyman (ed.): ob. cit., p. 37.
  • 40. A. Konstam: ob. cit.
  • 41. Peter Linebaugh y Marcus Rediker: The Many-Headed Hydra. Sailors, Slaves, Commoners, and the Hidden History of the Revolutionary Atlantic, Beacon Press, Boston, 2000, p. 24.
  • 42. Ibíd., p. 328.
  • 43. E. Wolf: Europa y la gente sin historia [1982], Fondo de Cultura Económica, México, df, 1987.
  • 44. Siglo Veintiuno de España, Madrid, 1979.
  • 45. I. Wallerstein: World-Systems Analysis, Duke University Press, Durham-Londres, 2006, pp. 16-17. [Hay edición en español: Análisis de sistemas-mundo. Una introducción, Siglo Veintiuno, México, df, 2006].
  • 46. Mi definición funde dos conceptos de economía política marxista. El primero es el de sistema mundial, al cual ya me referí, y el segundo, el de hegemonía, de inspiración gramsciana. Por hegemonía, entiendo el ejercicio naturalizado y silencioso del poder, la naturalización por parte de los diferentes grupos y clases sociales que constituyen una sociedad de las formas socialmente apropiadas de reproducción de la vida social.
  • 47. M. Naím: ob. cit.
  • 48. Carolyn Nordstrom: Global Outlaws. Crime, Money, and Power in the Contemporary World, University of California Press, Berkeley, 2007.
  • 49. Ibíd., pp. 119-120.
  • 50. G. Lins Ribeiro: «Other Globalizations», cit.
  • 51. G. Lins Ribeiro: Transnational Capitalism and Hydropolitics in Argentina: The Yacyreta High Dam, University Press of Florida, Gainesville, 1994 y Capitalismo transnacional y política hidroenergética en la Argentina. La represa hidroeléctrica de Yacyretá, Universidad Nacional de Misiones, Posadas, 1999.
  • 52. Lídia Schiavoni: Frágiles pasos, pesadas cargas. Las comerciantes fronterizas de Posadas-Encarnación, Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos / Editorial Universitaria de la Universidad Nacional de Misiones, Asunción-Posadas, 1993.
  • 53. J. McC. Heyman y A. Smart: ob. cit., p. 17.
  • 54. Ibíd.
  • 55. M. Naím: ob. cit., p. 34.
  • 56. Alain Tarrius: La remontée des Suds: afghans et marocains en Europe Méridionale, L’Aube, París, 2007; V. da Silva Telles: ob. cit.
  • 57. La noción de espacio social transfronterizo permite entender las relaciones sociales, culturales, políticas y de parentesco que los agentes sociales desarrollan en áreas fronterizas, donde la frontera opera como un aparato taxonómico complejo y bastante flexible. (V. al respecto Elvia Jiménez Marcano: «La construcción de espacios sociales transfronterizos entre Santa Elena de Uairen [Venezuela] y Villa Pacaraima [Brasil]», tesis de doctorado, Flacso / Universidad de Brasilia, 1996). La flexibilidad que los agentes sociales experimentan en zonas fronterizas se debe en buena medida a la ineficiencia de los agentes del Estado o a su connivencia con otros agentes sociales que operan internamente en el espacio transfronterizo. Una vez que los espacios sociales transfronterizos ponen en jaque la lógica clasificatoria del Estado-nación, los mayores entre ellos son, en general, universos transnacionales propensos a ser territorios globales fragmentados, conectados a los circuitos globales de personas, bienes e información. Las fronteras son frecuentemente reconocidas como lugares donde los límites del poder del Estado son puestos en jaque por agentes de la globalización popular (v. I. Abraham y W. Van Schendel: ob. cit., p. 14; v. tb. M. Naím: ob. cit.). Abraham y Van Schendel consideran las fronteras como un espacio típico para el desarrollo de lo (i)lícito, hecho favorecido por la «intersección de múltiples autoridades» que compiten entre sí, ya que «los Estados vecinos tienen con frecuencia puntos de vista diferentes sobre la ley y lo lícito». Estos autores ponen como ejemplos las fronteras entre la India, Bangladesh, China y Myanmar y mencionan los casinos y las compras a través de las fronteras como fenómenos comunes (ob. cit., p. 22 y ss.).
  • 58. Fernando Rabossi: «Nas ruas de Ciudad del Este: vidas e vendas num mercado de fronteira», tesis de doctorado, Universidade Federal do Rio de Janeiro, 2004; Rosana Pinheiro Machado: «‘A garantia soy yo’: etnografia das práticas comerciais entre camelôs e sacoleiros na cidade de Porto Alegre e na fronteira Brasil/Paraguai», tesis de maestría, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, 2005, y «Made in China. Produção e circulação de mercadorias no circuito China-Paraguai-Brasil», tesis de doctorado, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, 2009.
  • 59. Erica Mancuso Schaden: «Imigração árabe: um olhar sobre a rua 25 de Março», informe de avance de investigación, Universidad Provincial de Campinas, 2005, mimeo; M. Nascimento: ob. cit.
  • 60. Sandra Alarcón: El tianguis global, Universidad Iberoamericana, México, df, 2008.
  • 61. Maria Rejane Souza de Britto Lyra: «Sulanca x muamba. Rede social que alimenta a migração de retorno» en São Paulo em Perspectiva vol. 19 No 4, 2005.
  • 62. A.J. Sátyro de Souza: ob. cit.; B.E. Figueiredo: ob. cit.
  • 63. Cristina Aparecida Vilas Bôas: «Ter para ser socialmente. Representações e práticas do consumo no shopping Oiapoque, Belo Horizonte», tesis de maestría, Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais, 2009.
  • 64. M.R. Souza de Britto Lyra: ob. cit.
  • 65. Ob. cit., p. 223.
  • 66. V. da Silva Telles: ob. cit.
  • 67. M. Nascimento: ob. cit.
  • 68. Aline Maria Thomé Arruda: «A presença libanesa em Foz do Iguaçu (Brasil) e Ciudad del Este (Paraguai)», tesis de maestría, Universidad de Brasilia, 2007.
  • 69. Neiva Vieira da Cunha: «Libaneses e Chineses: sucessão, conflito e disputa numa rua de comércio do Rio de Janeiro», ponencia presentada en la vi Reunión de Antropología del Mercosur, Montevideo, 16 y 18 de noviembre de 2005.
  • 70. R. Dubard de Moura Rocha: ob. cit.
  • 71. S. Alarcón: ob. cit.
  • 72. Ver R. Pinheiro Machado: «Made in China», cit.; Marcos de Araújo Silva: «Guanxi nos trópicos: um estudo sobre a diáspora chinesa em Pernambuco», tesis de maestría, Universidad Federal de Pernambuco, 2008; y «‘This Isn’t Contraband, I’m Clean’: A Study of Borders of Incorporation and Exclusion among Chinese Immigrants in Pernambuco» en Vibrant No 6, 2009, pp. 152-169.
  • 73. V., por ejemplo, R. Pinheiro Machado: «‘A garantia soy yo’», cit., y «Made in China», cit.; M. Nascimento: ob. cit.; Yulian Konstantinov: «Patterns of Reinterpretation: Trader-Tourism in the Balkans (Bulgaria) as a Picaresque Metaphorical Enactment of Post-Totalitarianism» en American Ethnologist vol. 23 No 4, 1996; Janet MacGaffey y Rémy Bazenguissa-Ganga: Congo-Paris: Transnational Traders on the Margins of the Law, The International African Institute / James Currey / Indiana University Press, Oxford-Bloomington, 2000.
  • 74. H. Chang: ob. cit., p. 230.
  • 75. V., por ejemplo, Doug Guthrie: China and Globalization. The Social, Economic and Political Transformation of Chinese Society, Routledge, Nueva York, 2006.
  • 76. Buena parte de lo que sigue se basa en R. Pinheiro Machado: «Made in China», cit.
  • 77. Gordon Mathews: «Chungking Mansions: A Center of ‘Low-End Globalization’» en Ethnology vol. xlvi No 2, 2008, pp. 169-183.
  • 78. R. Pinheiro Machado: «Made in China», cit.
  • 79. H. Chang: ob. cit., p. 224.
  • 80. Ibíd., p. 204.
  • 81. G.P. Santos: ob. cit.
  • 82. Ver R. Pinheiro Machado: «Made in China», cit.
  • 83. C. Vicente Ferreira Lima: ob. cit.; G.P. Santos: ob. cit.