Tema central

La globalización popular y el sistema mundial no hegemónico

Actualmente, la «ilicitud global» llama mucho la atención por su escala y poder. Sin embargo, separar lo lícito de lo ilícito resulta más complejo de lo que parece a primera vista, y el mundo actual está lejos de ser el escenario de una disputa entre honestos y deshonestos. En este artículo se analizan los procesos de globalización orquestados por gente del pueblo, que han dado lugar en América Latina a enormes mercados articulados con la diáspora china. En ese marco, se analiza la ambivalencia de la «piratería»: si es cierto que asume un potencial subversivo frente al capitalismo, al mismo tiempo se mezcla contradictoriamente con él, al enlazarse con las necesidades de consumo del mundo contemporáneo.

La globalización popular y el sistema mundial no hegemónico

Introducción

Millones de personas en todo el mundo se encuentran directa o indirectamente involucradas en lo que he denominado «globalización económica desde abajo» o «globalización popular», en calidad de productores, vendedores o consumidores1. ¿Quién no ha visto productos «pirateados», electrónicos, ropas, carteras, zapatillas y juguetes o bagatelas globales, que se venden en mercados populares o son ofrecidos por vendedores ambulantes en sus puestos y en las calles de cualquier ciudad?

Parte de la definición de globalización popular se refiere a la participación de agentes sociales que, en general, no son considerados en los estudios sobre globalización, o si lo son, solo figuran como migrantes o «transmigrantes». La mayoría de las veces no se tiene en cuenta la existencia de un sistema más amplio, de escala global, cuyos alcances y variadas interconexiones es necesario estudiar. Los agentes sociales que me interesan son, para decirlo de una manera simple y directa, gente del pueblo. Existe una globalización económica no-hegemónica formada por mercados populares y flujos de comercio que están, en gran medida, animados por gente del pueblo y no por representantes de las elites. Aquí utilizo el adjetivo «popular» de forma análoga a como lo usa Néstor García Canclini en su ya clásico Las culturas populares en el capitalismo2. Siguiendo a este autor, puedo decir que las globalizaciones populares, en plural, «se configuran en un proceso de apropiación desigual de los bienes económicos y culturales» del mundo globalizado por parte de los «sectores subalternos»3. Tales procesos «son realizados por el pueblo compartiendo las condiciones generales de producción, circulación y consumo del sistema en que vive (...) y a la vez dándose sus propias estructuras»4. Existe tanto una interpenetración como una interacción conflictiva entre lo popular y lo hegemónico5.

Los mercados, los flujos y las redes de comercio de la globalización popular forman parte del sistema mundial no-hegemónico. En general, sus actividades se consideran ilegales o «contrabando». Los poderes establecidos llaman «productos piratas» a la gran cantidad de mercaderías que allí se venden. Estas actividades son ilegítimas desde el punto de vista de los poderosos que las combaten en nombre de la legalidad. Así, es imposible entrar en esta arena sin abordar primero la discusión sobre lo que es legal e ilegal, lícito e ilícito.

Legal / ilegal, lícito / ilícito

En la actualidad, la «ilicitud global» llama mucho la atención por su escala y poder. Moisés Naím, editor de la revista Foreign Policy, publicó en 2005 Ilícito. Cómo traficantes, contrabandistas y piratas están cambiando el mundo6, un libro canónico dentro de la literatura conservadora dedicado a divulgar, en palabras de Itty Abraham y Willem Van Schendel, la existencia de «un espectro que atemoriza a la globalización», el fantasma del crimen organizado internacional7. El libro de Naím presenta una visión alarmante de cómo el «comercio global ilícito», que mueve miles de millones de dólares por año, representa una amenaza para la buena salud de la sociedad y el capitalismo contemporáneos. Es curioso que su autor termine por abrazar la tesis –nada neoliberal– de que el creciente debilitamiento de los Estados, provocado por la intensificación de la globalización, es un factor primordial para el aumento de las actividades ilícitas en el mundo. Naím brinda una definición de «comercio global ilícito» emblemática de la interpretación conservadora:

Es el comercio que rompe las reglas: las leyes, las reglamentaciones, las licencias, los impuestos, las prohibiciones y todos los procedimientos que las naciones emplean para organizar los negocios, proteger a sus ciudadanos, reunir recursos e implementar códigos morales. Incluye las compraventas que son estrictamente ilegales en todas partes y otras que pueden ser ilegales en algunos países y aceptadas en otros. El comercio ilícito es altamente perjudicial, claro, para los negocios legítimos. Pero hay excepciones. Así (…) existe una enorme área gris entre transacciones legales e ilegales, un área gris que los comerciantes ilícitos han usado en su propio beneficio.8

Para Naím, el «comercio global ilícito» florece y triunfa en un mundo más interconectado, que tiene fronteras más porosas y poderosas tecnologías (como internet) en manos de «civiles», menos barreras para el comercio y más agentes no estatales que operan en el escenario internacional. El presente es el paraíso del contrabandista. El crimen organizado, a pesar de haberse descentralizado de manera creciente y de trabajar en red, tiene mayor poder político y ha llegado a ocupar importantes espacios en los Estados más débiles. Naím considera que, a pesar de la antigüedad de las actividades ilícitas en el plano internacional, la actual intensidad del fenómeno lo sitúa en un nuevo escalón. Aun con su lenguaje conservador (el mal debe ser sofocado por el bien), Ilícito deja en claro, sin decirlo de esa forma, que el sistema mundial no-hegemónico tiende a crecer gracias al aumento de la compresión del tiempo-espacio –por las mejoras de los sistemas de comunicación y transporte–, de las redes implementadas por el capitalismo flexible y del debilitamiento de la capacidad de intervención y regulación de los Estados. Naím percibe el carácter sistémico del «comercio global ilícito» cuando plantea la existencia de un sistema formado por redes y nudos. En línea con su visión negativa, este autor observa una oposición global entre dos polos que lleva a la colisión entre puntos claros y agujeros negros geopolíticos. Estos últimos son «los lugares donde las redes de tráfico ‘viven’ y florecen»9 y pueden coincidir con: a) Estados-nación donde no existe el Estado de derecho; b) regiones fuera de la ley y anárquicas dentro de algunos países, como las áreas montañosas de Córcega y los estados mexicanos de la frontera con Estados Unidos; c) áreas de frontera, como el Triángulo de Oro del Sudeste asiático o la Triple Frontera en América del Sur; d) sistemas de vecindades y localidades, como las comunidades libanesas en las capitales de África occidental; y e) los espacios en internet. La diferencia entre puntos claros y agujeros negros geopolíticos no reside en la presencia o en la ausencia de redes ilícitas –puesto que ellas «están en todas partes»10–, sino en la existencia o no de una capacidad cívica y estatal suficiente como para enfrentarse a ellas. Para Naím,

  • 1. Hace algunos años, hemos investigado con estudiantes de la Universidad de Brasilia lo que he denominado «otras globalizaciones políticas y económicas», formas de globalización desde abajo. Ver G. Lins Ribeiro: «Other Globalizations. Alter-native Transnational Processes and Agents» en Série Antropológia No 389, Universidad de Brasilia, Brasilia, 2006; «Economic Globalization from Below» en Etnográfica No 2, 2006, pp. 233-249; «El sistema mundial no-hegemónico y la globalización popular» en Anuario de Estudios en Antropología Social 2006, ides, Buenos Aires, 2007, pp. 7-19; «De Guangdong a Caruaru» en Le Monde diplomatique Brasil vol. 2 No 20, 3/2009, pp. 8-9; «Non-Hegemonic Globalizations. Alter-native Transnational Processes and Agents» en Anthropological Theory vol. 9 No 3, 2009, pp. 1-33; «De Guangdong a Caruaru» en Revista Brasileira de Sociologia da Emoção vol. 8 No 24, 2009, pp. 510-522. En este artículo solo me interesan las «otras globalizaciones económicas». Muchos de los datos que se encuentran aquí están tomados de los trabajos de Angelo José Sátyro de Souza: «Feira do Paraguai: território e poder. História e memória», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2000; Breno Einstein Figueiredo: «De feirantes da feira do Paraguai a micro-empresários», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2001; Munich Nascimento: «A rua 25 de Março e a imigração sírio-libanesa para São Paulo», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2006; Rachel Dubard de Moura Rocha: «Nem daqui, nem da China. Um estudo antropológico sobre identidades multifacetadas dos migrantes chineses na Feira dos Importados, Brasília, df», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2007; Gustavo Paulo Santos: «Consumo de metáforas: conotações e usos sociais de logomarcas em estudos comparados», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2008; y Carolina Vicente Ferreira Lima: «Consumo feminino de produtos de superlogomarcas e produtos piratas de superlogomarcas», tesis de licenciatura, Universidad de Brasilia, 2008.
  • 2. Nueva Imagen, México, df, 1982.
  • 3. Ibíd., p. 62.
  • 4. Ibíd.
  • 5. Ibíd., p. 63.
  • 6. Illicit: How Smugglers, Traffickers, and Copycats are Hijacking the Global Economy, Doubleday, Nueva York, 2005. La edición en español fue publicada por Debate, Barcelona, 2006.
  • 7. «Introduction: The Making of Illicitness» en W. Van Schendel e I. Abraham (eds.): Illicit Flows and Criminal Things, Indiana University Press, Bloomington, 2005, p. 2.
  • 8. M. Naím: ob. cit., p. 2.
  • 9. Ibíd., p. 261.
  • 10. Ibíd., p. 263.