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La crisis no es sólo económica. Reflexiones globales y algunos apuntes sobre Brasil

La crisis global plantea una serie de desafíos que pueden verse también como oportunidades. El artículo aborda seis de ellos, que resultan especialmente importantes tanto a escala mundial como para el caso de Brasil: redefinir el paradigma energético-productivo, enfrentar la desigualdad, recuperar el papel central del Estado, reorientar el crédito hacia actividades productivas y socialmente valiosas, dinamizar la economía para fomentar la producción y buscar políticas que sean convergentes en términos económicos, sociales y ambientales. Se trata de retos amplios y complejos que exceden las soluciones técnicas o limitadas a los aspectos económicos y que exigen una mirada de largo plazo.

La crisis no es sólo económica. Reflexiones globales y algunos apuntes sobre Brasil

Durante tres décadas, las corporaciones empresarias exigieron –y obtuvieron– una total libertad de acción, con el argumento de que, sin la presencia del Estado, se resolverían mejor los problemas del planeta, y que el mercado y la autorregulación eran suficientes para garantizar los equilibrios económicos. En realidad, la oligopolización del sistema redujo de manera drástica los mecanismos de competencia, desarticulando los mercados, mientras que la autorregulación demostró ser esencialmente una ficción. El debilitamiento del Estado y de sus instrumentos de planificación y regulación, por un lado, y la erosión de los mecanismos de mercado y de autorregulación, por otro, produjeron una profunda desarticulación que se manifestó en una pérdida de gobernabilidad sistémica. En este contexto, se plantean seis grandes desafíos que exceden la coyuntura de la crisis económica actual.

1. Redefinir el paradigma energético-productivo

No corresponde aquí hacer una lista de nuestras tragedias. Pero el hecho es que ya no se observan crisis sectoriales y sí una crisis más amplia de gobernabilidad a escala local, nacional, regional y planetaria. Los problemas se profundizan y la suma de ellos los torna más amenazantes aún. Su raíz común se encuentra, al fin y al cabo, en el hecho de que nuestros mecanismos actuales de gobernabilidad no son adecuados. La globalización, la financierización y la oligopolización de la actividad económica erosionaron las funciones reguladoras del mercado. Frente a esta situación, las alternativas posibles (la organización de las instituciones internacionales, la reconstrucción de la capacidad de planificación e intervención del Estado, la expansión de las formas participativas y descentralizadas de gestión local, la adopción de formas horizontales de gestión en red) aún están en sus comienzos. El papel central del Estado debe ser recuperado, por supuesto, pero a partir de una visión mucho más horizontal y participativa que le permita desempeñar un rol articulador del conjunto.

Ignacy Sachs trabaja en el análisis de la convergencia de la crisis financiera con la crisis energética y en la necesidad de repensar, de manera sistémica, nuestro modelo de desarrollo. No se trata de caer en un idealismo excesivo, sino de formular una apreciación fría de nuestros desafíos.

En esta línea, el gráfico 1 resume las macrotendencias en un periodo histórico que comienza en 1750 y concluye en la actualidad. Las escalas fueron compatibilizadas y algunas de las líneas representan procesos para los cuales solo tenemos cifras recientes. Pero en una mirada de conjunto el gráfico permite analizar la convergencia de áreas que tradicionalmente se estudian de manera separada, como la demografía, el clima, la producción de automóviles, el consumo de papel, la contaminación de agua, la exterminación de la vida en los mares y otros. La sinergia del proceso se hace obvia, así como también la dimensión de los desafíos ambientales1. En un comentario sobre estas macrotendencias, la publicación New Scientist apunta al concepto dominante de crecimiento económico: «El cuestionamiento se apoya en un problema duradero: ¿cómo conciliamos los recursos finitos de la Tierra con el hecho de que, a medida que la economía crece, el total de recursos naturales necesarios para sustentarla también debe crecer? Llevó toda la historia humana que la economía alcanzara su dimensión actual. Al ritmo actual, le llevará apenas dos décadas duplicarse»2. La convergencia de las tensiones generadas se hace evidente. No podemos felicitarnos por el aumento de la pesca cuando estamos liquidando la vida en los mares, ni tiene sentido aplaudir el incremento de la producción agrícola cuando estamos acabando con los acuíferos y contaminando las reservas de agua dulce. Esto, sin hablar de la expansión de la producción de automóviles y otras cadenas productivas responsables del calentamiento global. Cuando hablamos de crisis financiera, entonces, entendemos, por supuesto, que un subsistema se desequilibró y que, en consecuencia, «estamos en crisis». Pero al observar el cuadro de una manera más amplia constatamos que el sistema, cuando funcionaba, ya era inviable. Las soluciones deben ser, por lo tanto, sistémicas. Es esta visión más amplia la que, al extender la conciencia de la magnitud de los desafíos, puede –solo puede– generar cambios más profundos.

Ignacy Sachs resume bien el dilema: ¿qué desarrollo queremos? ¿Qué Estado y qué mecanismos de regulación son necesarios para ese desarrollo? No es posible soslayar la dimensión de los desafíos. Con 6.800 millones de habitantes –y 76 millones más por año– que consumen de manera cada vez más desenfrenada y manejan tecnologías cada vez más poderosas, nuestro planeta se muestra en toda su fragilidad. La cuestión básica a la hora de reformular el sistema financiero es clara: es absurdo desperdiciar nuestras economías y el potencial mundial de financiamiento en el casino global, cuando tenemos desafíos sociales y ambientales que exigen recursos de forma urgente.

2. Enfrentar el desafío de la desigualdad

La financierización de los procesos económicos viene alimentándose, desde hace décadas, de la apropiación de las ganancias generadas por la productividad derivada de la revolución tecnológica en curso. No es el momento de analizar en detalle este proceso, pero es importante señalar que la concentración de ingresos está alcanzando niveles francamente obscenos3.

La imagen de la copa de champaña es interesante pues en general no hay conciencia de la profundidad del drama. El 20% más rico se apropia de 82,7% del ingreso, mientras que los dos tercios más pobres tienen acceso a solo 6%. En 1960, el ingreso del que se apropiaba el 20% más rico de la población mundial equivalía a 70 veces el que se quedaba el 20% más pobre; en 1989, a 140 veces. La concentración del ingreso es escandalosa: obliga a encarar tanto el problema ético, de injusticia y el drama de millones de personas, como el problema económico que implica excluir a millones de personas que no solo podrían vivir mejor, sino también contribuir de forma más amplia con sus capacidades productivas. No habrá tranquilidad en el planeta mientras la economía siga organizada en función de solo un tercio de la población mundial.

  • 1. Para acceder al gráfico online, v. http://dowbor.org/ar/ns.doc; el informe completo puede consultarse en www.newscientist.com/opinion; los cuadros de apoyo y las fuentes primarias pueden observarse en http://dowbor.org/ar/08_ns_overconsumption.pdf; contribuyeron con el informe Tim Jackson, David Suzuki, Jo Marchant, Herman Daly, Gus Speth, Liz Else, Andrew Simms, Suzan George y Kate Soper.
  • 2. «How Our Economy is Killing the Earth» en New Scientist No 2678, 18/10/2008, p. 40.
  • 3. Existe una enorme literatura sobre este asunto. Un excelente análisis del agravamiento reciente de estos números puede encontrarse en el informe Report on the World Social Situation 2005, The Inequality Predicament, onu, Nueva York, 2005. En Banco Mundial: The Next 4 Billion (ifc, Washington, dc, 2007), se estima que existen 4.000 millones de personas «excluidas de los beneficios de la globalización»: estamos hablando de dos tercios de la población mundial. Para un análisis más amplio de los procesos, v. L. Dowbor: Democracia Econômica (Vozes, Petrópolis, 2008), así como el artículo «Inovação Social e Sustentabilidade», ambos disponibles en http://dowbor.org.