Tema central

La crisis mundial desde la perspectiva de los países en desarrollo: algunas reflexiones

La crisis económica mundial iniciada en Estados Unidos ha impactado en la teoría macroeconómica y revitalizado algunas viejas ideas. La crisis permite extraer ciertas lecciones para los países en desarrollo. En primer lugar, prevenir este tipo de situaciones exige no solo la regulación de los mercados financieros nacionales sino también la implementación de políticas macroeconómicas consistentes. Además, es necesario construir normas internacionales que moderen los movimientos de capitales. En los países en desarrollo, las crisis tienden a impactar en la balanza de pagos y el frente fiscal y muchas veces generan respuestas de ajuste recesivo, que es exactamente lo opuesto a lo que se debería hacer. El refuerzo de la capacidad de préstamo del FMI y los cambios en los condicionamientos del organismo son signos positivos, aunque no suficientes.

La crisis mundial desde la perspectiva de los países en desarrollo: algunas reflexiones

Introducción

La crisis mundial tiene su origen en el sistema financiero estadounidense. Al ser este el núcleo de una red en la que se interrelacionan los sistemas financieros nacionales de casi todos los países del mundo, la crisis se expandió con gran rapidez. La caída de los precios de los activos, la disminución de la liquidez y la creciente incertidumbre en los mercados financieros comenzaron a generar un progresivo impacto en la actividad económica. La consiguiente reducción de la demanda agregada se extendió por todo el mundo a través de los canales comerciales internacionales, acentuando así la dinámica recesiva. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en 2009 la economía mundial sufriría la mayor recesión de los últimos 60 años. Los analistas coinciden en general en que la economía mundial atraviesa la peor crisis desde la Gran Depresión. Las crisis económicas y financieras son difíciles de comprender a la luz de la teoría macroeconómica predominante en la actualidad. Sus modelos infieren los resultados macroeconómicos de los microfundamentos explícitos de la teoría de la elección racional, según la cual los agentes persiguen la optimización sobre la base de expectativas racionales. Resulta llamativo el contraste entre la crisis actual y el mundo tal y como lo describe la teoría macroeconómica moderna. Cuesta creer que una crisis financiera pueda derivar de la interacción de agentes que conocen las probabilidades de los hechos futuros. La incertidumbre –no el riesgo– sobre el futuro y la confianza con que los agentes construyen sus expectativas sobre este constituyen factores claves para comprender las crisis financieras. Sin embargo, se trata de aspectos relegados por los modelos económicos predominantes. De igual modo, un modelo basado en un agente único mal puede dar cuenta de las importantes asimetrías entre los agentes que inciden en el comportamiento microeconómico y en los resultados macroeconómicos. La existencia de información asimétrica entre deudores y acreedores, por ejemplo, es sumamente importante para comprender el comportamiento de los mercados y las crisis financieras.

Este contraste entre la teoría macroeconómica contemporánea y la realidad actual ha repercutido en los círculos académicos. Los economistas heterodoxos vienen criticando desde hace tiempo la teoría macroeconómica prevaleciente. Pero lo que resulta aún más notable es que varias figuras influyentes de la corriente económica dominante han manifestado su disconformidad. Entre los escépticos se puede mencionar a Robert Solow1, George Ackerloff y Robert Shiller2, Willem Buiter3, Paul Krugman4 y Dani Rodrik5. Tanto los críticos heterodoxos como aquellos que pertenecen a la corriente principal parecen compartir la opinión de que la macroeconomía contemporánea ha dejado de lado, de forma sistemática, importantes conocimientos y visiones presentes en generaciones anteriores de economistas. Nosotros coincidimos con esta opinión. No obstante, dado el curso que han tomado los debates, creemos que existe el riesgo de que la recuperación de antiguos conocimientos termine resultando parcial. Un elemento clave de la economía estructuralista e institucional es el que sostiene que el comportamiento económico no se reproduce necesariamente de igual modo en todos los países. La historia, las instituciones y las estructuras económicas cumplen roles fundamentales a la hora de definir el comportamiento de los agentes y, en consecuencia, generan efectos sobre los resultados macroeconómicos. Este aspecto no debería ser olvidado. El presente artículo analiza, en el contexto de la crisis actual, dos diferencias importantes entre los países en vías de desarrollo y los desarrollados. En la primera sección se evalúan las diferencias en cuanto a los factores que desencadenan la fase de auge que precede a una crisis financiera. Por ejemplo, las condiciones que condujeron a las crisis financieras en los países en desarrollo residen en la implementación de políticas macroeconómicas que incluyeron ciertos incentivos que originaron estos ciclos de auge y recesión. Por el contrario, en los países desarrollados las causas que explican la etapa de auge se han gestado endógenamente, desde el interior del sistema financiero local. En la sección posterior, el artículo analiza las diferencias entre los países desarrollados y los países en desarrollo en lo que respecta a la capacidad de los gobiernos para implementar políticas de estabilización en momentos de crisis financieras. El principal argumento es que, dado que en los países en desarrollo los agentes se inclinan en general hacia los activos extranjeros, el espacio para aplicar políticas monetarias y fiscales expansivas es más reducido que en los países desarrollados. Sobre la base de estas dos diferencias, se plantean, en el final del artículo, algunas propuestas para paliar los efectos de la crisis mundial en las economías emergentes. El texto se cierra con unas breves conclusiones.

Las crisis financieras, aquí y allá

Las dificultades de la teoría macroeconómica dominante para lidiar con las crisis no deberían atribuirse a todas las escuelas de pensamiento. Las obras de Karl Marx, John Maynard Keynes, Michael Kalecki, Hyman Minsky y Axel Leijonhufvud, por mencionar solo algunos nombres, han subrayado la inestabilidad inherente a las economías capitalistas y su propensión a las crisis. Desde que estalló la crisis de las hipotecas subprime se han producido algunas reacciones críticas hacia el paradigma dominante y una incipiente revalorización de los aportes de aquellos teóricos que han abordado la cuestión de las crisis financieras como tema central. La contribución de Minsky pareció haber captado especial atención6. El hecho de que analistas y observadores de los mercados financieros hayan rescatado las ideas de Minsky del exilio intelectual al que habían sido condenadas no debería sorprender. Las condiciones que provocaron y contribuyeron al desarrollo de la crisis financiera actual reproducen muy nítidamente el modelo de crisis financieras de Minsky. En él7, las crisis están siempre precedidas por un periodo de auge económico y financiero. Durante la fase de auge, las expectativas optimistas sobre el futuro se generalizan, la confianza se incrementa y la percepción del riesgo disminuye. En este contexto, los agentes asumen posiciones de riesgo y el sistema adquiere una creciente fragilidad. Llegado cierto momento, un hecho puntual llama la atención de los agentes sobre el alto grado de exposición al riesgo que existe en el sistema. Comienza así una etapa de dificultades. En respuesta a la percepción de un riesgo más alto, la mayoría de los agentes modifica sus carteras en favor de activos líquidos y más seguros. El exceso de demanda de liquidez y activos de bajo riesgo termina por hacer estallar la burbuja, lo que desemboca en una pérdida masiva de riqueza. En esta fase recesiva prevalecen las expectativas pesimistas. Así como en la fase anterior predominaban los efectos de la retroalimentación positiva, en esta etapa se imponen efectos negativos. Los desarrollos deflacionarios en los mercados financieros hacen que la mayor parte de los agentes cuente con una liquidez restringida o se ubiquen directamente en un estado de insolvencia; en cualquiera de estos casos, sus decisiones relativas a los gastos se ven afectadas de forma adversa. El consumo privado disminuye y las inversiones colapsan. Lo que comenzó como contracción del sector financiero alcanza a toda la economía. En suma, la crisis financiera conduce a una crisis sistémica. Para los economistas que tomaron en serio la obra de Minsky, la crisis financiera de Estados Unidos no fue una sorpresa. En efecto, el marco teórico de Minsky resulta útil para comprender los hechos en curso y formular posibles respuestas. Sería provechoso para la comprensión y prevención de las crisis financieras que los aportes de Minsky hubiesen influido de manera más clara tanto en la investigación económica como en la elaboración de políticas. En este sentido, también sería positivo que los economistas y los responsables de las políticas tomaran en consideración las vastas investigaciones sobre las crisis en los países en desarrollo ocurridas en los últimos 30 años. La mayoría de estos casos tuvieron lugar en América Latina. En efecto, desde comienzos de los 70, la región comenzó a participar en la segunda ola de globalización y, desde entonces, padeció numerosas crisis. Otros países en vías de desarrollo se incorporaron al proceso de globalización financiera más tarde, en los primeros años de la década de 1990 y, junto con los países latinoamericanos, pasaron a denominarse «economías de mercado emergente». Las crisis en algunas de estas economías, como las de los cinco países de Asia oriental, Rusia y Turquía, se suman a la larga lista de crisis en países en desarrollo. El modelo de Minsky ha inspirado numerosos estudios sobre las crisis financieras de los países en vías de desarrollo8. En la segunda mitad de los 70, Argentina y Chile se vieron inmersos en ciclos de auge y recesión minskyanos, que generaron crisis financieras sistémicas que estallaron alrededor de un año antes de sus crisis de balanza de pagos, ocurridas en 1980 (Argentina) y 1981 (Chile). También se observaron ciclos minskyanos similares en las crisis de México y Argentina en 1995, Asia oriental en 1997-1998, Rusia en 1998, Brasil en 1999, y Argentina y Turquía en 2001. En todos estos episodios, las crisis estuvieron precedidas por periodos de auge durante los cuales se crearon burbujas de precios de los activos e intermediación financiera en un contexto de comportamientos cada vez más arriesgados. El análisis de todos estos episodios demuestra que las crisis no fueron el resultado de políticas fiscales insostenibles, shocks externos negativos o comportamientos que involucren un alto riesgo moral debido a garantías gubernamentales implícitas o explícitas. Por el contrario, fueron consecuencia de una creciente fragilidad financiera como consecuencia de la confluencia de un mayor apetito de riesgo por parte del sector privado y una laxa reglamentación de los mercados financieros durante la fase de auge9. La crisis financiera actual de EEUU y las que golpean a las economías emergentes se asemejan en sus dinámicas de características minskyanas. Existe, sin embargo, una diferencia crucial que reside en los factores que dan inicio a la fase de auge en el ciclo minskyano. En el caso de las economías de mercado emergentes, las innovaciones y las burbujas financieras que se desarrollan en la fase de auge son consecuencia de la implementación de nuevas reglas de política macroeconómica, incluida la apertura de la cuenta de capital, que generan un entorno rentable para el arbitraje financiero entre los activos externos y locales.Esta conclusión se desprende del análisis comparativo de las crisis en las economías emergentes10. El análisis, en efecto, demuestra una serie de características en común. En primer lugar, las condiciones que disparan la fase de auge son originadas por cambios relativamente drásticos en las políticas macroeconómicas. En general, la liberalización del mercado financiero local y la cuenta de capital se combina con alguna regla para la predeterminación del tipo de cambio nominal (como las paridades fijas o las paridades fijas escalonadas, las «tablitas cambiarias»). La implementación de nuevas reglas macroeconómicas puede tomarse como un shock exógeno sobre el sistema financiero, que pronto incentiva el arbitraje entre activos externos y domésticos e induce influjos de capital que disparan el auge. En segundo lugar, en todos los casos, los movimientos internacionales de capital desempeñan un papel fundamental tanto en el auge como en la recesión. Por último, se observa una laxitud en la regulación del mercado financiero local. Esto puede ocurrir debido a la reciente liberalización o a una expansión demasiado grande de la actividad financiera durante la fase de auge que supera la capacidad regulatoria existente.

  • 1. «Comments on Modern Macroeconomics in Practice: How Theory is Shaping Policy by V. V. Chari and Patrick J. Kehoe» en Journal of Economic Perspectives vol. 22 No 1, invierno de 2008, pp. 243-249.
  • 2. Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy, and Why It Matters for Global Capitalism, Princeton University Press, Princeton, 2009.
  • 3. «The Unfortunate Uselessness of Most ‘State of the Art’ Academic Monetary Economics» en Willem Buiter’s Maverecon Blog, 3/3/2009, http://blogs.ft.com/maverecon/2009/03/the-unfortunate-uselessness-of-most-state-of-the-art-academic-monetary-economics/.
  • 4. «A Dark Age of Macroeconomics (Wonkish)» en Paul Krugman’s Blog, The New York Times, 27/1/2009, http://krugman.blogs.nytimes.com/2009/01/27/a-dark-age-of-macroeconomics-wonkish/.
  • 5. «The Sorry State of (Macro) Economics» en Dani Rodrik’s Weblog, 11/3/2009, http://rodrik.typepad.com/dani_rodriks_weblog/2009/03/the-sorry-state-of-macroeconomics.html.
  • 6. Diversos artículos publicados en periódicos como The New York Times, The Wall Street Journal y Financial Times han puesto el énfasis en la relación entre el aporte de Minsky y las crisis financieras actuales. Entre los blogs de economistas financieros que reivindican la obra de Minsky pueden mencionarse los de Nouriel Roubini y Willem Buiter. Desde una perspectiva más académica, Ackerloff y Shiller defienden la relevancia de los aportes de Minsky. Ver G. Ackerloff y R. Shiller: ob. cit.
  • 7. Abundan los trabajos de Minsky sobre las crisis financieras y su relación con la macroeconomía. Para un análisis crítico sobre la asimilación neoclásica de los aportes de Keynes y la relevancia de las finanzas en el marco de Keynes, véase John Maynard Keynes, Columbia University Press, Nueva York, 1975; para una síntesis de su modelo de crisis financieras, «A Theory of Systemic Fragility» en Edward I. Altman y Arnold W. Sametz (eds.): Financial Crises: Institutions and Markets in a Fragile Environment, John Wiley and Sons, Nueva York, 1977, y para la más brillante y madura exposición de su pensamiento, Stabilizing an Unstable Economy, Yale University Press, New Haven, 1986. Charles Kindleberger ofrece un informe histórico exhaustivo de las crisis financieras analizadas dentro del marco de Minsky en Maniacs, Panics and Crashes: A History of Financial Crisis, John Wiley and Sons, Nueva York, 1977.
  • 8. Para un modelo seminal de las crisis financieras en países en desarrollo conforme a la herencia minskyana, v. R. Frenkel: «Mercado financiero, expectativas cambiarias y movimientos de capital» en El Trimestre Económico vol. l No 200, 10-12/1983, donde se analizaron las crisis de Argentina y Chile de comienzos de la década de 1980. Otros análisis minskyanos de crisis en países en desarrollo incluyen: Moritz Cruz, Edmund Amann y Bernard Walters: «Expectations, the Business Cycle and the Mexican Peso Crisis» en Cambridge Journal of Economics vol. 30, 2006, pp. 701-722, sobre la crisis mexicana de 1995; Philip Arestis y Murray Glickman: «Financial Crisis in Southeast Asia: Dispelling Illusion the Minskyan Way» en Cambridge Journal of Economics vol. 26, 2002, pp. 237-260, sobre las crisis asiáticas de 1998; Gabriel X. Martínez: «The Political Economy of the Ecuadorian Financial Crisis» en Cambridge Journal of Economics vol. 30, 2006, pp. 567-585, sobre la crisis ecuatoriana de 1999; y Mario Damill, R. Frenkel y Martín Rapetti: «The Argentinean Debt: History, Default and Restructuring» en Revista da Anpec vol. 6 No 3, 2005, sobre la crisis argentina de 2001-2002.
  • 9. Lance Taylor: «Capital Market Crises: Liberalisation, Fixed Exchange Rates and Market-Driven Destabilization» en Cambridge Journal of Economics vol. 22, 1998, pp. 663-676.
  • 10. R. Frenkel: «Globalization and Financial Crises in Latin America», en Cepal Review No 80, 8/2003.