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La crisis, el narcotráfico, la derecha medieval, el retorno del PRI feudal, la nación globalizada

México es un país jaqueado por el narcotráfico, escandalizado por las muertes cotidianas, con un Estado copado por el poder del crimen organizado, una sociedad que desconfía de los políticos y los partidos y una economía en crisis. País fundado sobre la desigualdad y la discriminación, en México convive el impulso modernizador y democrático con los resabios de feudalismo, machismo y racismo; son los indígenas y las mujeres quienes más sufren estas condiciones. El artículo sostiene que el gobierno, nacido de un escandaloso proceso electoral, no duda en apelar a los valores medievales y –frente a un pri que parece resucitar– sigue puntualmente los designios del Vaticano.

La crisis, el narcotráfico, la derecha medieval, el retorno del PRI feudal, la nación globalizada

I

En 2009 está profundamente en duda la interminable transición a la democracia. La sociedad, en su inmensa mayoría, desconfía de los partidos políticos, rechaza los gobiernos, se siente despojada a diario. Luego de su triunfo tan cuestionable, el presidente Felipe Calderón no ha conseguido la credibilidad necesaria y ha perdido incluso una parte sustancial de sus apoyos en la derecha tradicional. Lorenzo Servitje, el empresario conservador más prestigioso, que apoyó su campaña, ahora habla del fin del «microsexenio» de Calderón: «Con la falta de legitimidad, ingobernabilidad social y empecinamiento en conservar en su gabinete y en los principales puestos públicos a sus amigos y gente inepta, es difícil que Felipe Calderón se conserve en el poder». El asunto básico no es la perdurabilidad de Calderón en los cuatro años que le quedan en el mando, sino la muy mencionada descomposición de la sociedad. Grupos literalmente hambrientos asaltan los trenes en busca de granos de maíz, en las calles de las ciudades las multitudes andan en pos del empleo o en pos de que las mafias que controlan el comercio marginal les den entrada, y el gobierno de Nuevo León acusa a quienes protestan por la situación económica y la presencia del Ejército en las calles de «pagados por el narcotráfico».

Al mismo tiempo, en los partidos políticos desaparece cualquier asomo de debate ideológico o de visiones críticas. El Partido Acción Nacional (PAN) mantiene su conservadurismo a ultranza pero no lo modifica en lo mínimo; el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con grandes posibilidades de volver al poder, es ya solo una confederación de tribus por así decirlo «feudales»; y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), muy obviamente corrompido en buena parte de su dirección, ha perdido, en tanto perspectiva, la identidad de izquierda. Queda sin embargo una poderosa fuerza social de izquierda, que ya no se identifica con el PRD (aunque probablemente vote por alguno de sus candidatos) y que mantiene la resistencia en lo político, lo ecológico, lo cultural, lo social, las causas de la bioética. Pero esto carece por lo pronto de consecuencias electorales.

n n n Pese a todo, siguen siendo fundamentales las ideas en este periodo de sobrevivencia. Así se agoten y pierdan eficacia, o se diluyan y enturbien, las ideas genuinas incitan a las movilizaciones y a la resistencia. Véase si no la trascendencia de las ideas contenidas en estas palabras claves: sociedad civil, tolerancia, transición a la democracia, programas políticos incluyentes, diversidad, pluralidad y empoderamiento, de consecuencias amplísimas aun si devienen lugares comunes o abstracciones pobres. El proceso trasciende las formaciones políticas tradicionales, y en las alternativas al Pensamiento Único, hoy tan averiado, las ideas desempeñan un papel principalísimo.

II

El 13 de febrero de 2009, el presidente Felipe Calderón, en la residencia de Los Pinos y ante la cúpula del PRI, es enfático: «Si no lo hacemos, si no ganamos esa batalla [contra la delincuencia], puede ser que la próxima vez que vengan a Los Pinos se tengan que sentar con un presidente narcotraficante». Luego, en una batalla previa contra la sintaxis, el secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, coincide: «De fracasar el combate contra la delincuencia organizada, el próximo presidente de la República será un narco. La lógica del ataque del gobierno en materia del narcotráfico es porque precisamente el narcotráfico ya había hecho un Estado dentro del mismo Estado. Es un problema serio, tan serio que tuvimos que entrar, lo más fácil era dejarlo, como dice mucha gente, dejarlo en el estatus en el que estaba y sí te puedo asegurar que el presidente de la República sería un narcotraficante».

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Desde Estados Unidos las voces de alarma no coinciden con la seguridad del gobierno mexicano de estar ganándole al crimen organizado. El ex-zar del combate a la droga, Barry MacCaffrey, asegura: «México se encuentra al borde del abismo y se puede convertir en un narcoestado en la próxima década» (29 de diciembre de 2008). En materia de regaños a los demás, otra forma de las prevenciones apocalípticas, Felipe Calderón es enfático: «Habría que preguntarse cómo es posible que hayamos como pueblo sido capaces de tolerar que semejante barbarie penetrara en la sociedad mexicana, que se asentara en nuestras calles, que penetrara en nuestras autoridades…» (15 de febrero de 2009).

Los grupos del narcotráfico tienen su ejército, sus propios policías, su equipo de inteligencia y espionaje, sus propios financieros con los que estudian el mercado. Además, ya cuentan con territorios y ciudades, como reconocen dos secretarios de Gobernación (Juan Camilo Mouriño y Fernando Gómez Mont), sobredeterminan un buen número de gobiernos locales por medio del apoyo o la intimidación o la mezcla de persuasiones, pagan candidaturas a diputaciones y alcaldías, se asocian con empresarios y banqueros, manejan cifras espectaculares de lavado de dinero (actividad casi lícita en la medida en que no se investiga) y compran en EEUU armamentos de primer orden. En síntesis, desafían al Estado mexicano en varios aspectos y ponen en entredicho el funcionamiento de diversas instituciones, no solo de justicia.

Señala José Gil Olmos: «El narcotráfico tiene su ejército propio formado por los Zetas, kaibiles y maras salvatruchas. No hace falta recordar que el grupo de los Zetas se formó a partir de militares mexicanos que desertaron del Ejército para pasarse al cartel del Golfo, mientras que los kaibiles y algunos de los maras son igualmente ex-militares de Guatemala y El Salvador, respectivamente, que vendieron sus servicios a los carteles mexicanos».

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Cifras de enero y febrero de 2009: cerca de 1.020 personas asesinadas por causa del narcotráfico, muertes que no se investigan; hay atentados (la mayoría exitosos) contra jefes policíacos, presidentes municipales, autoridades judiciales, incluso contra un general encargado de la lucha contra el narcotráfico en Cancún; la violencia se extiende en todo el país, aunque sobre todo en la frontera con EEUU; abundan los secuestros a cargo de los narcos en sus «horas libres», o de delincuentes influidos por la atmósfera de la sobreabundancia de armas; aterrados por los secuestros y los climas de violencia en ciudades como Juárez, Tijuana, Reynosa, Matamoros, Nuevo Laredo, quienes pueden se trasladan a la zona fronteriza de EEUU; la vida nocturna se extingue de un buen número de ciudades por la toma delincuencial de restaurantes y discotecas.