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La crisis económica global: impactos e implicaciones para América Latina

El impacto de la crisis mundial se siente con fuerza en América Latina, cuyo PIB caerá entre 2% y 2,5% en 2009. Tras analizar los principales efectos de la crisis y las respuestas de los gobiernos, el artículo señala que el principal canal de contagio no es financiero sino comercial, como resultado de la contracción de la demanda de manufacturas de los países desarrollados y de la fuerte reducción de los precios de los productos básicos. Esto significa que, para América Latina, esta es una crisis comercial más que financiera, lo cual implica que la oportunidad de salir de la recesión gracias al crecimiento de las exportaciones es limitada y que, por lo tanto, es necesario repensar no solo el papel del Estado, sino también el de los mercados internos y regionales como motores del desarrollo.

La crisis económica global: impactos e implicaciones para América Latina

América Latina experimentó entre 2003 y 2007 un auge económico extraordinario, basado en una combinación inusual de auge financiero mundial, fuerte expansión del comercio internacional, bonanza de los precios de los productos básicos y altos niveles de remesas de trabajadores. Este auge fue el más notorio en casi cuatro décadas; en forma más precisa, desde el que experimentó la región a fines de los años 60 y comienzos de la década del 70. Fue un auge generalizado, y de hecho benefició más a las economías de tamaño pequeño y mediano que a las dos más grandes de la región, Brasil y México. En marcado contraste con los patrones que se habían registrado desde la crisis de la deuda (y en algunos casos desde antes), sus efectos sociales fueron, además, muy favorables. El desempleo y la pobreza se redujeron en forma notoria, el empleo creció dinámicamente y mejoró su calidad, y bajaron los niveles de desigualdad en muchos países.

La región no fue afectada de manera determinante por las primeras fases de la crisis financiera internacional que se desató en agosto de 2007 en Estados Unidos, cuando se perdió la confianza en los títulos hipotecarios de baja calidad. El financiamiento externo para la región se hizo menos cuantioso y más irregular. Los márgenes de riesgo crediticio aumentaron también, aunque en forma moderada, pero gracias a la disminución de las tasas de interés internacionales los costos promedio del financiamiento externo regresaron a fines de 2007 a niveles no muy diferentes de los previos a agosto (v. más adelante el gráfico 3). Además, el incremento de las remesas comenzó a desacelerarse como producto de las menores oportunidades de empleo para los migrantes, especialmente en el sector de la construcción en EEUU1. Sin embargo, el nuevo impulso al alza de los precios de los productos básicos permitió que el auge se prolongara en varios países de la región durante el primer semestre de 2008. El cambio en las tendencias de dichos precios a mediados de ese año representó, por ello, un quiebre en esta perspectiva positiva. La debacle mundial que se desató a mediados de septiembre, con el colapso de Lehman Brothers, acentuó dramáticamente estas tendencias.

Los impactos económicos

Los efectos económicos de la crisis mundial han sido profundos, pero solo se han venido reconociendo (y conociendo) con rezago. Las proyecciones de todos los organismos multilaterales (Banco Mundial, Cepal, Fondo Monetario Internacional y Organización de las Naciones Unidas) prevén una contracción del PIB latinoamericano de entre 1,9% (Cepal2) y 2,6% (la proyección más reciente del FMI, 2009), con el Banco Mundial en un punto intermedio (contracción de 2,2%). Algunos organismos privados señalan previsiones más pesimistas. La crisis es, además, generalizada. México es la economía más afectada (con una caída estimada en torno de 7%), pero la mayoría de los países de la región registrarán contracciones en su actividad económica, tal como se refleja en el promedio simple de las tasas de crecimiento esperadas (una contracción de 0,5%).

Para poner estas cifras en perspectiva, hay que señalar que esta recesión sería peor que las de 1990 y 2002 y, si se cumplen las previsiones más pesimistas, incluso más grave que la de 1983 (cuando el PIB latinoamericano cayó 2,6%), aunque seguramente menos prolongada (v. el gráfico 1). La mayoría de los pronósticos también indica que en 2010 apenas se recuperará lo perdido en 2009 o un poco más, y que el PIB per cápita solo llegaría a los niveles de 2008 en 2011. Es decir, la crisis generará un trienio perdido de desarrollo. Es una situación algo mejor que en la «media década perdida» de 1998-2003, y ciertamente mejor que la «década perdida» de los años 80. Algunos escenarios, sin embargo, son aún más pesimistas3.

Los canales de transmisión de la crisis muestran algunas sorpresas y muchos contrastes importantes con el pasado. Las remesas, que ya habían perdido su dinamismo en 2007, comenzaron a contraerse a mediados de 2008. Sin embargo, la caída fue todavía moderada en el último trimestre de ese último año y el primero de 2009 (5,2% y 6,7% en relación con los mismos trimestres un año antes), pero se aceleró en el segundo trimestre de 2009, con una caída de 15,8% (los datos provienen de siete importantes países de origen de migrantes para los cuales existe información) (v. gráfico 2). La contracción ha sido, además, generalizada, aunque ha afectado algo menos a la República Dominicana.

Por otra parte, y en contra de las perspectivas iniciales, los canales financieros de transmisión de la crisis han resultado algo menos fuertes de lo que se preveía inicialmente y, en particular, mucho menos intensos que en las dos crisis previas (la de la deuda de los años 80 y la crisis financiera de las economías emergentes que se inició en Asia en 1997)4. Un indicador muy representativo de ello es la tasa de retorno (yield) de los bonos soberanos de los principales países de la región, que combina la evolución de las tasas de interés de largo plazo en dólares con los márgenes de riesgo de los títulos latinoamericanos. Como lo muestra el gráfico 3, dicha tasa comenzó a elevarse a mediados de 2008 y, al igual que la mayoría de las tasas de interés, explotó con el colapso financiero mundial de septiembre de 2008, pero alcanzó su punto más alto hacia fines de octubre de ese año y se ha venido reduciendo considerablemente desde entonces, especialmente durante el segundo trimestre de 2009, como parte de un proceso de alcance mundial que algunos denominan «los retoños verdes». A fines de agosto de 2009 la tasa se situaba en torno de 7,5%, que es superior en solo un punto porcentual (es decir, poco más de 100 puntos base) a los niveles típicos de los años del auge, pero muy inferior a las tasas que prevalecieron entre mediados de 1998 y mediados de 2003, durante la crisis financiera de las economías emergentes (entre 12% y 17%, con algunos niveles puntuales más altos).

La disponibilidad de financiamiento externo se redujo también drásticamente desde el quiebre en la tendencia de los precios de productos básicos a mediados de 2008 y se secó a partir de septiembre, pero ha venido mejorando desde comienzos de 20095. De hecho, las emisiones de bonos en los mercados internacionales ya han alcanzado en algunos meses (julio de 2009) niveles similares a los de los años de auge. Durante las semanas críticas del colapso financiero hubo algunas pérdidas importantes en los mercados de derivados, especialmente en Brasil y México, que presionaron sobre las reservas internacionales. Sin embargo, estas últimas, consideradas como un todo, solo se redujeron marginalmente durante los primeros cinco meses de la crisis (de US$ 435.000 millones en septiembre de 2008 para las siete economías más grandes de la región a un mínimo de US$ 411.000 en febrero de 2009) y se han recuperado desde entonces6. De todos modos, la caída de las reservas ha sido importante en algunos países, en especial en Ecuador, Venezuela, México y Perú.

  • 1. V., p. ej., el análisis de los determinantes de las remesas a México en «Determinants of Mexico´s Remittances from the us» en Global Data Watch, 17/10/2008.
  • 2. Cepal: Estudio económico de América Latina y el Caribe, 2008-2009, onu, Santiago de Chile, julio de 2009.
  • 3. V., p. ej., el escenario de «L» de bid: Policy Trade-Offs for Unprecedented Times: Confronting the Global Crisis in Latin America and the Caribbean, A. Izquierdo y E. Talvi (coords.), Washington, dc, marzo de 2009.
  • 4. V., al respecto, Cepal: «Capital Flows to Latin America: Recent Developments», Oficina de Washington, 17/6/2009; Alejandro Jara, Ramón Moreno y Camilo E. Tovar: «The Global Crisis and Latin America: Financial Impact and Policy Response» en bis Quarterly Review, 6/2009; y J.A. Ocampo: «Latin America and the Global Financial Crisis» en Cambridge Journal of Economics, vol. 33, 6/2009.
  • 5. Cepal: «Capital Flows to Latin America: Recent Developments», cit.
  • 6. En algunos países la caída de las reservas fue mínima (Colombia en particular) y en otros continuó después de febrero.