Coyuntura

La construcción de una arquitectura financiera sudamericana

En diciembre de 2007, los presidentes de Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador, Uruguay y Paraguay anunciaron la creación del Banco del Sur, con un capital inicial de 10.000 millones de dólares. La iniciativa forma parte de los esfuerzos para avanzar en la construcción de una arquitectura financiera sudamericana que, además, incluya una unidad monetaria. El artículo analiza los problemas que ya han comenzado a aparecer, vinculados a las asimetrías entre los diferentes países de la región, y sugiere mirar los ejemplos de Asia y Europa para encontrar un camino adecuado que permita avanzar en la articulación financiera de la región.

La construcción de una arquitectura financiera sudamericana

El 9 de diciembre de 2007, el día anterior a la jura de Cristina Fernández como presidenta, se reunieron en la Casa Rosada los jefes de Estado de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela para firmar el acta de creación del Banco del Sur. Este gesto simbólico fue seguido por el anuncio de que en 60 días se lanzaría la nueva entidad. Pero luego llegó la realidad. El camino de Asia: la iniciativa de Chiang Mai

En mayo de 2000, se reunieron en Chiang Mai, Tailandia, los representantes de los diez países miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático más Japón, China y Corea del Sur (Asean + 3), con el auspicio del Banco Asiático de Desarrollo. Allí se decidió, en primer lugar, conformar formalmente el Asean + 3. Luego, se decidió dar los primeros pasos en la creación de una Unidad Monetaria Asiática (UMA) en base a una canasta de monedas que permita evaluar las variaciones que existen entre cada moneda nacional y la canasta común. El gráfico 1 muestra la estabilidad de la UMA en relación con el dólar y el euro. Se aprecia, por un lado, la revaluación del euro y, por otro lado, la devaluación del dólar frente a la canasta común de los países del Asean + 3. En líneas generales, la UMA se mueve en paralelo al dólar debido a la estrecha relación existente entre el renminbi chino y el dólar, lo que se explica por el peso de la moneda china dentro de la canasta y por la estabilidad relativa del yen frente al dólar en el largo plazo. En general, hay que enfatizar que la canasta en su conjunto es más estable frente al dólar y al euro que cada moneda por separado.El diseño de la UMA fue acompañado, entre 2004 y 2008, por un acuerdo de apoyo a la balanza de pagos de los países miembros del Asean + 3. Luego, en mayo de 2008, este acuerdo se concretó a través de un compromiso multilateral de apoyo a la balanza de pagos por 80.000 millones de dólares. Se trata, en otras palabras, de un fondo de estabilización monetario. De acuerdo con lo firmado, el giro es inmediato para el primer 20% de esos 80.000 millones.

Para los siguientes tramos, sin embargo, se estableció que es necesaria la aprobación del Fondo Monetario Internacional (FMI). No está claro por qué los bancos centrales asiáticos aceptaron esta restricción ni qué ganan imponiendo a sus propios fondos limitaciones externas, sobre todo si se tiene en cuenta que fue justamente la demora creada por las restricciones del FMI la que hizo que la crisis de Tailandia adquiriera dimensiones globales. Sin dudas, en esta decisión jugó un papel importante la Realpolitik de las presiones del Tesoro estadounidense o del personal del FMI, que busca recuperar protagonismo ante su pérdida de relevancia internacional (y de fondos).

A ocho años de su lanzamiento, el diseño de la UMA y el fondo multilateral de estabilización se encuentran muy avanzados. Pese a ello, ninguno de los dos se utiliza. En buena medida, esto ocurre por la asimetría entre los 13 países miembros del Asean + 3. Por eso, quizás el futuro hará que los diez integrantes del Asean recuperen su canasta de monedas y dejen a los socios mayores como independientes mientras se avanza en el proceso de integración.

América del Sur: el concepto detrás de la Declaración de Quito

La construcción de una nueva arquitectura financiera en Sudamérica se inició, en 2002, con los debates sobre la Unidad Monetaria Sudamericana (UMS) promovidos por Paulo Arestis y Francisco de Paula. La esencia del debate es la idea de construir una unidad regional de transacciones.

En su primera manifestación concreta, esta idea adquirió la forma inicial de una moneda común para Brasil y Argentina. Pero fue lanzada en un momento en que el real brasileño se fortalece no solo frente al dólar, sino también frente al peso argentino. La idea, planteada por ambos países, implica un solo banco central y una sola política monetaria, algo que en este contexto es imposible y que en realidad solo puede ser logrado en un plazo largo, luego de ejercicios de convergencia de indicadores macro-económicos como los realizados en Europa.

En 2006, Hugo Chávez anunció la creación de un Banco del Sur, que en realidad fusionaba la idea de crear un banco de desarrollo sudamericano y un fondo de estabilización. Este anuncio, al igual que el ensayo argentino-brasileño, refleja la preocupación por la obsolescencia de la arquitectura financiera internacional existente, la pérdida de vigencia del dólar estadounidense como unidad de reserva y medio internacional de pagos y, finalmente, el agotamiento de las instituciones financieras internacionales como organizadoras del mundo económico.

En mayo de 2007, la Declaración de Quito aportó varios elementos centrales novedosos. Allí, los representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela anunciaron el lanzamiento del Banco del Sur como banco de desarrollo sudamericano. Se anticipó que, para no repetir la falta de transparencia de las instituciones basadas en Washington, se estructuraría sobre la base de «un país-un voto», con 21.000 millones de dólares de capital suscrito y la idea de emitir bonos para captar recursos por hasta tres veces ese monto.

Algunos problemas en la creación del Banco del Sur

En el camino de construcción del Banco fueron apareciendo diversos tipos de problemas. El primero son las voluntades políticas y el juego asimétrico entre las partes. Como ocurre en Asia, se trata de un problema que no tiene solución y que debe ser enfrentado en cada ronda. De los siete países que conforman el Banco del Sur (Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela) tres (Brasil, Argentina y Venezuela) expresan el 70% del PIB y del comercio de la región. Pero los otros cuatro son países soberanos con voluntad de hacerse sentir en las negociaciones.

Las diferentes voluntades de cada país también constituyen un problema. Originalmente, Ecuador apuntaba a romper la impasse entre los grandes, del mismo modo que Bélgica lo hizo en la creación de la Comisión Económica Europea en los años 50. La idea de Quito era acercar a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) al Mercosur. Un paso en este acercamiento se produjo en mayo de 2008, en Brasilia, donde los mandatarios de los 12 países de Sudamérica firmaron el Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y resolvieron estudiar la propuesta brasileña de crear un Consejo de Defensa, con el objeto de ganar autonomía frente a la presencia militar de potencias extrarregionales, avanzar en la coordinación entre las Fuerzas Armadas de la región para evitar incidentes como el de la frontera colombo-ecuatoriana y, sobre todo, consensuar una postura común ante la creación de la IV Flota estadounidense. Pero la iniciativa, que debía ser acordada entre todos los países, fue objetada por Colombia, que cumple, aparentemente, un papel disociador en la Unasur. Al mismo tiempo, la idea de unir a la CAN con el Mercosur fue sustituida en Brasilia por la idea de expandir el Mercosur a Unasur. Así, la iniciativa ecuatoriana de avanzar en una articulación entre los procesos de integración andino y del Cono Sur quedó truncada, lo que llevó a la renuncia de Rodrigo Borja a la Secretaría Ejecutiva de la Unasur. Sin embargo, la posible expansión del Mercosur a otros países no es sencilla. Para Colombia, Chile y Perú, que han firmado tratados de libre comercio con Estados Unidos, o que buscan hacerlo, la pertenencia al Mercosur no es prioritaria, pues su política comercial se orienta hacia el Norte, aunque el comercio intrasudamericano del Perú y de Colombia es creciente (no así el de Chile).

El segundo grupo de problemas en la construcción de un Banco del Sur está relacionado con cuestiones más prácticas. Un banco sin estudios de factibilidad es poco creíble, y menos aún si carece de un perfil preciso de lo que va a hacer, el tipo de cartera de crédito que va a tener, los proyectos que quiere fomentar, las zonas donde desea hacer donaciones, los tipos de aportes de capital y su forma de gobierno.

En junio de 2008, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, que ha decidido acompañar el proceso de lanzamiento del Banco del Sur con recursos profesionales y financieros, organizó una reunión de técnicos con la sociedad civil para discutir temas como el gobierno y la administración de la institución, su estructura organizativa, las responsabilidades operacionales, los recursos humanos, las compras y adquisiciones, el régimen de responsabilidades e inmunidades y la suspensión/exclusión de los miembros. Sin embargo, no participaron Venezuela, Brasil y Argentina, pues cada uno tiene una propuesta propia.

Un tercer conjunto de problemas se vincula al reclutamiento del personal. Por un lado, no se quiere repetir la experiencia de los bancos nacionales de desarrollo de la época del proteccionismo. Pero tampoco el tipo de banca de desarrollo al estilo de las instituciones financieras internacionales, cuestionadas por la opacidad en la elección de su cuerpo directivo, por la toma de decisiones crediticias y por la actitud de sus funcionarios, que velan por sus propios intereses. Se habla en cambio de un nuevo tipo de funcionario, comprometido con el desarrollo de América del Sur, con el corazón a la izquierda y, al mismo tiempo, con competencias profesionales de primer nivel. Esas rarezas deberán encontrarse para equipar las oficinas de Buenos Aires, La Paz y Caracas.

Finalmente, el último problema es la ausencia de algunos gobiernos en ciertas discusiones. Bolivia, por ejemplo, es fundamental, pues una de las subsedes estará ubicada en La Paz. Pese a ello, la ausencia de Bolivia en muchos diálogos informales es notable. Esta ausencia, que se afirma se debe a la falta de personal adecuado, podría atentar contra la apertura de una subsede en ese país. Por otro lado, la llegada de Fernando Lugo a la Presidencia de Paraguay puede ser una señal de una participación más activa de los técnicos de ese país. En el caso de Ecuador, la incertidumbre creada por la renuncia del presidente de la Asamblea Constituyente y el conflicto con Colombia podrían minimizar su peso en las mesas de discusión. En una mirada de conjunto, la inestabilidad de varios de los gobiernos que integran el Banco del Sur podría complicar su construcción.

El proceso de construcción del Banco del Sur está plagado de este tipo de complicaciones. Esto indica que todavía habrá que esperar para su puesta en marcha. Mientras tanto, Bolivia ha anunciado su decisión de tomar prestado dinero del Banco Mundial, en una falta de reflejos políticos espectacular, pues la línea de acción consiste justamente en no contraer nuevos préstamos con esa institución ni con el FMI para apurar el proceso de conformación del Banco del Sur.

Más allá de estos problemas, en julio de 2008, en la cumbre del Mercosur en Tucumán, se produjo un avance importante. Allí el Banco del Sur fue rebautizado Bancosur –como Unasur y como Mercosur– y se anunciaron los aportes de capital por 10.000 millones de dólares de un capital suscrito de 21.000 millones. Argentina, Brasil y Venezuela aportarán, cada uno, 2.000 millones, Ecuador y Uruguay 400 cada uno y Paraguay y Bolivia 100 millones. Según afirmaron fuentes del Ministerio de Economía de Argentina, los 3.000 millones restantes serán aportados por Colombia, Chile, Perú, Suriname y Guyana, países que también integran la Unasur. Pero eso deberá ocurrir en los próximos gobiernos: hasta la fecha, tanto Perú como Colombia se han visto reticentes a sumarse al proyecto con el argumento de que es una iniciativa de Hugo Chávez.

La Unidad Monetaria Sudamericana (UMS)

Para poder llevar adelante la iniciativa de Quito, es preciso crear, además del Banco del Sur, un fondo de estabilización monetario y una unidad monetaria sudamericana. El propósito de esta última es, por un lado, disponer de una unidad de cuentas estable para la emisión de bonos y, por otro, de una unidad para la medición de precios para el comercio intrarregional.

La creación de una unidad de cuentas común a través de la cual referir los precios de los bienes y servicios debe analizarse en el marco más general de los procesos de integración. En 1961, Robert Mundell introdujo la idea de construir un área monetaria óptima en base a un sistema de tipos de cambio fijos dentro de la cual se autorizara la libre movilidad de los factores productivos. Más tarde, Milton Friedman defendió la idea de establecer tipos de cambio libres para todas las monedas. Cuando el entonces presidente estadounidense, Richard Nixon, decidió terminar con la convertibilidad del dólar, se inició el libre mercado universal de divisas y la flotación. Ese fue el final del acuerdo de Bretton Woods construido sobre la base de tipos de cambio fijos y con el FMI como encargado de socorrer a aquellos países con déficits de balanza de pagos para evitar la devaluación del tipo de cambio.

Casi cuatro décadas más tarde la historia se repite. Hoy, EEUU registra un déficit externo y fiscal en un contexto mundial de libertad cambiaria. La consecuencia es una significativa devaluación del dólar, no solo contra las monedas duras sino también contra otras monedas. Además, hay una creciente inflación en dólares, ya que la moneda estadounidense funciona como factor de contagio para el alza de los precios internacionales.

En los años 70, los integrantes de la Comunidad Económica Europea comprobaron que su comercio intrarregional estaba siendo afectado por la inestabilidad del medio de pago y decidieron intentar desconectarse del dólar como unidad de medida. Demoraron casi una década en construir la canasta de monedas que fue la base de la unidad monetaria europea. Pero al final lo lograron. Inicialmente, redujeron las bandas de flotación entre sus monedas dentro de márgenes más estrechos que los que tenían todas esas monedas frente al dólar, proceso denominado snake in the tunnel. Posteriormente, se creó una canasta de monedas con una unidad de cuenta distinta del dólar y equivalente a un Derecho Internacional de Giro (DEG). En 1979, esta se convirtió en la Unidad de Cuenta Europea (ECU, por sus siglas en inglés) con bandas de fluctuación de +/- 2,25%, que funcionaba también como activo de reserva. El ECU se mantuvo vigente hasta la introducción del euro en 1999. En toda esta etapa, el comercio se efectuaba en la moneda nacional de cada país. Además, se estableció un mercado cambiario de las monedas nacionales, abandonando al dólar como la referencia intermediaria. La existencia del ECU y del Sistema Monetario Europeo (EMS, por sus siglas en inglés) permitió la denominación de bonos y de reservas internacionales dentro de los mercados europeos.

Para crear una Unidad Monetaria Sudamericana debería comenzarse por construir una canasta que integrara las monedas de los diez países de América del Sur. El objetivo, ya mencionado, consistiría en tener una unidad de referencia estable para la emisión de bonos y para la comparación de precios dentro de la región. Se comienza por construir una canasta referencial, como el DEG o el ECU; los componentes de la canasta pueden variar mientras las economías convergen en su déficit fiscal y externo, la expansión de su oferta monetaria y el control de la inflación. Esto requiere de una cierta banda cambiaria y de coordinación de políticas cambiarias. La flexibilidad de este mecanismo se pudo apreciar con el ECU, con bandas de 15% que se mantuvieron por tres años, y con el EMS, que duró de 1979 a 1999. Esta podría ser la unidad de cuentas de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) y de los bancos centrales para poder establecer el comercio intrarregional de forma estable y para la emisión de bonos.

En cambio, una unión monetaria implica establecer un tipo de cambio fijo y luego fusionar las monedas nacionales. Esto significa convertir las economías y las políticas de cada país en una sola. El mejor ejemplo es el euro. Es muy pronto, teniendo en cuenta la dinámica de integración sudamericana, para proponer la convergencia de las políticas económicas; y tampoco sabemos si esto es lo deseable. Pero no lo es para plantear una unidad de referencia común que permita el pago en monedas nacionales, tal como decidieron los países del Mercosur el 1 de julio.El gráfico 2 muestra la relación de la Unidad Monetaria Sudamericana (UMS) con el dólar/euro, el dólar y el euro. En enero de 2003, un UMS compraba 0,89 dólares; en octubre de 2007, 1,23 dólares. La línea ubicada en el medio indica la relación entre el UMS y el dólar/euro: como se ve, la línea asciende levemente, lo que indica que, mientras el dólar se deprecia de forma sustantiva frente al UMS y el euro se revalúa muy ligeramente, el promedio es relativamente estable. Finalmente, la relación UMS/euro ha variado poco entre enero de 2003 (0,84 euros) y octubre de 2007 (0,86). En suma, durante este periodo ni la revaluación del real ni los cambios en la cotización del peso argentino ni la devaluación del bolívar han llevado al UMS muy lejos del promedio dólar/euro. En otras palabras, es una canasta estable y bien anclada.

Finalmente...

En el proceso de construcción de una arquitectura financiera sudamericana, el modelo asiático de Chiang Mai está presente. En la dinámica actual, se podría dar la paradoja de que los impulsos sudamericanos generen resultados concretos antes que los asiáticos debido a las dificultades de liderazgo del proceso asiático.

La discusión sobre la unidad monetaria sudamericana está por darse y los materiales están en proceso de construcción. Mientras tanto, el Mercosur inició el 1 de julio el comercio intrarregional en moneda nacional, dejando al dólar de lado y sin necesidad de utilizar la cámara de compensación de Aladi. Esto fue posible gracias a la decisión de utilizar forwards para que cada banco comercial compense los pagos al final de cada día. Sin dudas, esto fortalecerá el mercado cambiario intra-Mercosur. Si se ampliara, podría ser la base para un mercado cambiario sudamericano, como paso necesario para la construcción de una arquitectura financiera en la región.

Bibliografía

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