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Geopolítica del fracking. Impactos y riesgos ambientales

La extracción de petróleo y gas de esquisto presenta serios riesgos ambientales y ya ha generado protestas de gran amplitud, pero detrás de las nuevas tecnologías que la hacen posible hay poderosos intereses económicos y políticos. Los hidrocarburos no tradicionales son parte, además, de entramados geopolíticos que tienen a Estados Unidos como principal protagonista. Pese a ello, en los últimos tiempos, países como Francia y Bulgaria han prohibido el fracking hasta que se tenga más información sobre los riesgos y varios gobiernos locales de diferentes partes del mundo han tomado decisiones similares. Sin embargo, en América Latina es presentado como una nueva fuente de prosperidad.

Geopolítica del fracking. Impactos y riesgos ambientales

Se perfora la tierra verticalmente hasta 3.000 o 4.000 metros de profundidad, luego se realizan hasta seis perforaciones horizontales de uno a dos kilómetros de longitud y se inyecta a alta presión una mezcla de hasta 30 millones de litros de agua, centenares de toneladas de arena y decenas de miles de litros de productos químicos no revelados por las empresas para extraer petróleo y/o gas de las grietas generadas en lutitas, rocas impermeables de esquisto o pizarra. Esta es la nueva tecnología denominada fractura hidráulica o fracking. A la superficie vuelve hasta 50% del fluido inyectado, junto con el petróleo o metano extraído del esquisto. Una vez separados los hidrocarburos obtenidos, se desecha un efluente tóxico que, además de los componentes originales, contiene elementos radioactivos y otros carcinógenos probados presentes en la roca. Mientras tanto, desde el subsuelo se contaminan tierras fértiles, aguas subterráneas y superficiales, e incluso se han verificado sismos debido a que los fluidos inyectados a alta presión provocan el movimiento de fallas de la corteza terrestre.

En Estados Unidos, donde esta tecnología de extracción de los hidrocarburos no convencionales se aplica desde 1998, vastas áreas rurales en 34 estados de la Unión se han vuelto zonas industriales donde, en cada plataforma, opera una maquinaria estrepitosa, atendida por decenas de camiones con combustible o con agua y los productos químicos utilizados en la operación, que luego son desechados en lagunas al aire libre o reinyectados en el subsuelo. Se sabe que los aditivos incluyen ácidos, bactericidas, estabilizadores de arcilla, inhibidores de corrosión, reticulantes, reductor de fricción, gelificante, controlador de metales, inhibidor de sarro y surfactantes. El Centro Tyndall de la Universidad de Manchester, en el Reino Unido, fue uno de los primeros en investigar los impactos de la extracción de gas de esquisto sobre el medio ambiente1 y analizó 260 productos químicos usados en el fracking. De ese total, 17 fueron considerados tóxicos para organismos acuáticos, 38 tóxicos agudos, ocho cancerígenos probados y otros seis sospechados de serlo, siete elementos mutagénicos y cinco producen efectos sobre la reproducción. Si bien el riesgo depende de la concentración y la exposición de esas sustancias a los seres vivos, las cantidades empleadas –en una plataforma de seis pozos, de 1.000 m a 3.500 m – justifican la máxima precaución y control.

A partir de las informaciones obtenidas de las experiencias estadounidenses, las conclusiones del Centro Tyndall, divulgadas en enero de 2011, fueron las siguientes:

- la evidencia sugiere que la extracción de gas de esquisto conlleva un riesgo significativo de contaminación del suelo y las aguas superficiales;- mientras no se haya logrado una investigación con suficiente información, el enfoque precautorio es la única acción responsable frente a su desarrollo en el Reino Unido y en Europa;

- sin un límite significativo en las emisiones globales de gases de efecto invernadero, la explotación del gas de esquisto aumentaría las emisiones netas de carbono;- para lograr reducciones rápidas de carbono se requiere una mayor inversión en tecnologías limpias de carbono y esto podría demorarse por la explotación del gas de esquisto;- los requerimientos de agua en la explotación de gas de esquisto pondrían una presión considerable sobre los suministros de agua a escala local en el Reino Unido;- el riesgo de contaminación de las fuentes de agua por los productos químicos peligrosos utilizados en la extracción puede generar objeciones significativas en el nivel local.

Contra lo que aseguran las empresas y el propio gobierno de EEUU, un estudio de la Universidad de Cornell, publicado en la revista científica Climatic Change Letters, estimó que en unos 20 años la explotación de petróleo y gas no convencional dejará una «huella de carbono» muy superior a la del carbón, porque los elementos asociados a su exploración y uso son más difíciles de capturar que el dióxido de carbono, principal gas de «efecto invernadero»2.

Otro estudio de Cornell relevó 24 establecimientos rurales en seis estados en donde se registró la contaminación de aire, agua y suelo por exposición a químicos del fracking, la muerte de más de 70 animales por ingestión de agua contaminada, deformaciones congénitas en animales (por ejemplo, sin cola) y serios trastornos reproductivos y gastrointestinales. Los científicos advirtieron que los químicos podrían aparecer en productos de carne o leche a partir de esos animales.

A su vez, The New York Times publicó las conclusiones de una investigación sobre 200 perforaciones en Pensilvania, varias de ellas en la Marcellus Shale, la mayor cuenca de esquisto del país. De acuerdo con esa investigación, el tratamiento de los efluentes no eliminaba algunos de los tóxicos y luego estos eran descargados en aguas de uso público. De 149 perforaciones, 42 excedían la norma federal del agua potable para la presencia de radio, 41 para el benceno y cuatro para el uranio, a la vez que 128 perforaciones la excedían para una radiación emitida por el radio y el uranio3.

La siesta de la EPA

El plan diseñado por la Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency, EPA), organismo encargado del control ambiental en EEUU, para estudiar los impactos potenciales de la fractura hidráulica en los recursos de agua potable se inició recién en 2011 y debía concluir a fines de 2012. En el pasado mes de diciembre, la EPA liberó al público solo un adelanto de los trabajos en curso y anunció una postergación de los resultados de su investigación por dos años más. Esta institución está trabajando en 19 proyectos de investigación centrados en la tecnología del fracking para la extracción de gas de esquisto y otras formaciones geológicas capaces de producir petróleo y gas. Los proyectos se proponen identificar cuáles son los posibles impactos sobre las reservas de agua potable de cinco actividades o componentes del fracking, a saber:

  • 1. Tyndall Centre for Climate Change Research: «Shale Gas: A Provisional Assessment of Climate Change and Environmental Impacts», Universidad de Manchester, enero de 2011.
  • 2. Robert W. Howarth, Renee Santoro y Anthony Ingraffea: «Methane and the Greenhouse Gas Footprint of Natural Gas from Shale Formations» en Climatic Change Letters vol. 106 Nº 1, 14/4/2011.
  • 3. Sierra Crane-Murdoch: «Unpacking Health Hazards in Fracking’s Chemical Cocktail» en High Country News, www.hcn.org/issues/43.3/unpacking-health-hazards-in-frackings-chemical-cocktail, 21/2/11.