Tema central

Fotos de Cuba

Fotos de Cuba

I.

Hace unos días me llegó un correo electrónico en el que un remitente para mí desconocido me invitaba, junto con otras decenas de destinatarios, a sumarme a una peculiar votación. A alguien, creo que en un país de Europa, se le había ocurrido la muy peregrina y absurda idea de llevar a «referéndum» electrónico la selección de la bandera nacional más hermosa del mundo. Quien enviaba el mensaje comentaba que, en ese momento, la bandera cubana estaba en el segundo lugar mundial de preferencias (¡!) y que, para llegar al sitio de honor más que merecido por nuestra bandera, resultaba necesario que todos los cubanos radicados en todas las partes del mundo enviaran su voto –claro, por la bandera cubana– a una determinada dirección electrónica.

Sin duda, al entusiasta remitente de aquel mensaje no parecía importarle demasiado que aquella votación no tuviese pies ni cabeza; tampoco que sumados los que viven en la isla y los que andan por la diáspora, los cubanos no seamos más que unos doce, trece millones de personas; y menos aún que de los once millones que viven en el país, solo un pequeño por ciento tiene acceso a correo electrónico y un por ciento ínfimo a internet. Se le olvidaba también (pienso yo) que, en una votación tan desquiciada como la propuesta, nada teníamos que hacer frente a chinos, rusos, norteamericanos, hindúes o brasileños si a estos les daba por emitir su voto: para él lo único importante era dejar bien claro que la bandera más bella del mundo era la cubana, que todos debíamos votar por ella y cerraba su mensaje con una exhortación: «¡Viva Cuba, carajo!». II. No deja de resultar curioso que medio mundo ande muy preocupado con los «cambios» que se están produciendo, se deben producir o se producirán en Cuba. La noticia de que los ciudadanos cubanos al fin pueden alojarse en los hoteles de su país, contratar libremente líneas de teléfonos celulares o cambiarse de sexo por intervenciones quirúrgicas provoca una conmoción capaz de robar atención a guerras, elecciones presidenciales o desastres naturales que afectan a cientos de millones de personas. Y es que todo, o casi todo lo que proviene de Cuba, es noticia. Dentro de la isla, sin embargo, muchas de esas noticias ni siquiera llegan a los periódicos y la gente, cuando las conoce, es por la eficiente e imparable Radio Bemba, el sistema de comunicación alternativa, boca a boca, que los cubanos han debido perfeccionar en estos años gracias a que poseen el sistema de prensa escrita, radial y televisiva más elusivo que alguien pueda imaginar (elusivo es solo uno de los calificativos posibles).

Pero la vida cotidiana de los cubanos es tan compleja en sus entramados, está tan llena de singularidades e incongruencias que pocas veces la prensa internacional que intenta reflejarla puede llegar a rozar sus dramáticas interioridades, entre otras razones porque ni siquiera para los cubanos que vivimos día a día esa realidad cotidiana resulta factible encontrar ciertas respuestas. ¿Un ejemplo? Nadie ha podido explicar, con toda exactitud, cómo es posible que los cubanos no mueran de hambre, anden por lo general dignamente vestidos, y además algunos de ellos inviertan miles de dólares en la celebración de la fiesta de los quince años de la niña de la casa y muchos otros «se hagan el santo» (iniciación religiosa afrocubana) que les cuesta también más de mil dólares, cuando el salario promedio de un ciudadano de la isla anda por los 20, 25 euros mensuales (cuando es alto) y una simple botella de aceite de soya cuesta dos de esos euros en los mercados en divisa.

¿Otro ejemplo? Se dice, oficialmente, que en Cuba no hay desempleo, más aún, que el país puede enorgullecerse de tener lo que se califica como «pleno empleo». Hoy, mientras trataba de darles forma a estas notas, debí ir a la cafetería del barrio, uno de los llamados Rápidos, a comprar un paquete de cigarrillos –ando en una lucha agónica por dejarlo. Son apenas las once de la mañana y en el Rápido había más de diez personas bebiendo cervezas (cuestan un peso convertible cubano, algo así como un dólar veinte centavos) y escuchando el ritmo atronador de un reguetón a cuyos compases se movían los dependientes. Mientras, en la calle parecía haber una manifestación: gentes comprando viandas en los puestos callejeros, una cola en la shoping (tienda que solo vende en divisas) pues se acerca el Día de los Padres, varias personas esperando autos de alquiler que cobran a diez pesos cubanos (medio dólar) el trayecto, gente hablando displicente y sonriente junto al muro de la iglesia o a la sombra de un flamboyán. ¿Dónde trabajan todas esas personas? ¿De dónde sacan el dinero para comprar lo necesario y hasta lo suntuario? ¿Todas viven del invento, el robo y la maraña? ¿Cómo puede un ser humano resistir más de un minuto el volumen del reguetón que se escucha en el Rápido de mi barrio y en todos los Rápidos, tiendas, establecimientos del país?

III. José Martí, el héroe nacional cubano, apóstol de la independencia, escribió a finales del siglo XIX que con la soberanía de Cuba del poder español e impidiendo el pretendido dominio norteamericano de la isla, los cubanos íbamos a «equilibrar» el mundo. Todo el mundo, el planeta entero.

Nunca he estado seguro –y creo que jamás lo estaré– de si se trata de una bendición o de un castigo, pero lo cierto es que Cuba arrastra la característica esencial de su desproporción. Desde los mismos orígenes históricos del país hasta la actualidad, la pequeña isla del Caribe señalada por su privilegiada y peculiar ubicación geográfica, forjada por la singular mezcla de sangres, culturas y religiones que se fundieron en sus campos y villas, y escogida por la historia para estar en el centro de algunos de los más trascendentes debates universales, ha debido afrontar, como nación, el destino de ser un espacio más grande que su territorio, y esa condición extraordinaria ha tenido sus consecuencias.

Que Cuba, entre las vastas, ricas y muy pobladas posesiones del imperio español en América, haya sido considerada la joya más preciada de la corona y que su pérdida definitiva haya significado para la antigua metrópoli uno de los traumas más conmovedores y recordados en la vida e historia española, de alguna manera indica que cierta condición especial destacaba a la isla. El hecho de que La Habana llegase a ser en el siglo XVIII una de las tres ciudades más ricas e influyentes de la América colonial y que, ya en la centuria siguiente, consiguiera el milagro de ser el territorio económicamente más potente de España y quebrara con ello la típica relación de dependencia colonial (según la tesis del historiador Manuel Moreno Fraginals), son elementos a tener muy en cuenta.