Aportes

«Enlatados» o modelos propios. Una hipótesis sobre el estancamiento latinoamericano

El estancamiento latinoamericano se explica por múltiples razones. Algunos requisitos básicos -mayores tasas deinversión, mejor educación y más tecnología- no se cumplen debido a graves problemas institucionales que impiden desarrollar la confianza y la credibilidad entre los ciudadanos. A modo de hipótesis, el artículo sostiene que los sucesivos fracasos en materia de desarrollo están relacionados con la poca atención que los distintos modelos han prestado a las culturas políticas y organizacionales locales, lo que hace que la población no los asuma como propios ni pueda convertirse en portadora del procesode cambio. Importados como «enlatados», esos modelos generan resistencias que permiten preservar la identidad pero perpetúan la pobreza. Entonces, ¿por qué noaprovechar los nichos y las fugas de la cultura para apalancar desde allí el desarrollo?

«Enlatados» o modelos propios. Una hipótesis sobre el estancamiento latinoamericano

Una hipótesis sobre el estancamiento latinoamericano

El estancamiento latinoamericano se explica por múltiples razones. Algunos requisitos básicos –mayores tasas de inversión, mejor educación y más tecnología– no se cumplen debido a graves problemas institucionales que impiden desarrollar la confianza y la credibilidad entre los ciudadanos. A modo de hipótesis, el artículo sostiene que los sucesivos fracasos en materia de desarrollo están relacionados con la poca atención que los distintos modelos han prestado a las culturas políticas y organizacionales locales, lo que hace que la población no los asuma como propios ni pueda convertirse en portadora del proceso de cambio. Importados como «enlatados», esos modelos generan resistencias que permiten preservar la identidad pero perpetúan la pobreza. Entonces, ¿por qué no aprovechar los nichos y las fugas de la cultura para apalancar desde allí el desarrollo?

La pregunta por el estancamiento

Las respuestas económicas al interrogante acerca de por qué crece tan poco nuestra región tienen un consenso relativamente amplio que es posible sintetizar en el siguiente análisis:

¿Por qué América Latina no crece como China? Para que la producción crezca tiene que contar con demanda suficiente; si la interna es pequeña, porque los ingresos de la población son reducidos, es necesaria la externa. Para un país económicamente pequeño ésta es potencialmente ilimitada. De tal modo, el límite de producción está dado por la capacidad instalada que aumenta con la inversión. Los recursos de inversión provienen del ahorro interno completado con el ahorro externo, es decir con inversión extranjera. En este contexto es explicable por qué China crece tanto. No es debido a su estructura económica, similar a la latinoamericana. Crece porque cuenta con una demanda externa ilimitada y porque experimenta una expansión aceleradísima de su capacidad instalada gracias a su elevada tasa de inversión. En 2003, China invirtió 47% del PIB, (...). América Latina alcanza con dificultad tasas de inversión del 15%-20%. La demanda externa en China es ilimitada porque su producción es competitiva. No es que China lo sea; los productores chinos son los competitivos. Ser competitivo es poder vender en el mercado internacional. Para ello el precio de venta del bien o servicio que el productor puede vender tiene que ser mayor que el costo de producirlo. Por lo tanto, ser competitivo es ser rentable.

Pocas veces nos abocamos a entender las razones institucionales por las que se incumplen esas conocidas prenociones económicas, como las bajas tasas de inversión –que convirtieron a América Latina en exportadora neta de capitales. Tampoco se indaga las razones que explican la pervivencia de bajos niveles educativos y tecnológicos, la extrema desigualdad de ingreso y propiedad entre ricos y pobres (rubro en el que la región ostenta el triste récord mundial), la escasa credibilidad de la dirigencia política, los elevados niveles de corrupción y la precariedad del sistema jurídico, todo ello en sociedades que carecen de la tradición de disciplinamiento cultural que parece tener la sociedad china.

En comparación con lo que ocurre en la inmensa nación asiática, y aun conociendo de ésta solo retazos de historia, es fácil identificar en América Latina estrangulamientos institucionales que frenan la inversión de los capitalistas latinoamericanos en su propia región. Que los agentes económicos privados inviertan en la economía supone confianzas, imaginarios compartidos y, sobre todo, sujetos portadores del proceso, como lo fue en su momento el empresario burgués, que nunca tuvo protagonismo en América Latina debido a la debilidad de la sociedad civil, tan imbricada con el Estado. Un Estado, además, cooptado casi siempre por oligarquías carentes de intereses estratégicos nacionales, a diferencia de lo que sucede en el caso chino.

La historia económica muestra que siempre hay un actor portador del proceso económico, que lo lidera, orienta, incentiva y protagoniza. En la China de hoy –al igual que ayer en el sudeste de Asia y anteayer en Inglaterra, Francia o Alemania–, el Estado ocupa un rol relevante, lo que señala una dirección endógena, que surge de la matriz sociocultural y política de la nación e incorpora así el amplio abanico de factores que explican el desarrollo económico. Distinta es la situación latinoamericana de las últimas décadas: salvo contados momentos en que el Estado ha sido protagónico, y por periodos relativamente cortos, cada vez con mayor frecuencia los portadores son externos, con lo cual la carta de navegación no responde a las problemáticas, las necesidades ni las demandas nacionales.

Con excepción de etapas acotadas, como el errático periodo de sustitución de importaciones, la región parece haber adscrito de antemano a laglobalización, asumiéndola como una suerte de realidad inmensa, fatídica e inmodificable, frente a la cual se resignaron instrumentos clave de política económica que podrían haber corregido situaciones indeseables del proceso. Pero eso no es nuevo en la región. En los últimos 50 o 60 años, las sociedades latinoamericanas han sido bombardeadas con modelos de desarrollo diseñados y pensados afuera, que instan a reemplazar los estilos de interacción por prácticas más modernas y supuestamente más eficaces. Así, se nos ha dicho a través de las teorías socioeconómicas más diversas que la cultura vigente debe ser reemplazada, dada la evidente disfuncionalidad para el desarrollo económico de sus formas caudillistas, prebendarias, patrimoniales y clientelistas, que frenan el despliegue de racionalidadinstrumental. Demasiada insistencia en un único modo posible al que hay que adaptarse, ya sea en nombre de las distintas teorías de la modernización en su momento, o en el del Consenso de Washington hoy: pese a diferencias ideológicas y énfasis distintos, ambos mantuvieron formatos etnocéntricos.

Hay también razones metodológicas relevantes:

La cultura política se puede fácilmente presentar como una máquina cerrada sobre sí misma, condenada a autorreproducirse indefinidamente salvo la intervención masiva de una desintegración venida de afuera. Y aun en este caso límite, la fuerte persistencia de los sincretismos culturales mestizos es testigo de que las culturasaborígenes y criollas tuvieron y siguen teniendo una enorme capacidad asimiladora y resignificadora de las presuntamente avallasadoras imposiciones culturales de la modernidad europea (...).