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Encuentros y desencuentros: las relaciones entre México y la República Popular China

Aunque se trata de países en desarrollo, las relaciones entre México y la República Popular China (RCP) han sido siempre desiguales. En los últimos años, de manera coincidente con el vertiginoso ascenso del país asiático, esta desigualdad se ha acentuado. La balanza comercial entre ambos países es claramente deficitaria para México, que además ha sido desplazado por la RCP como fuente de exportaciones al crucial mercado estadounidense y como polo de atracción de inversión extranjera. El artículo argumenta que, a pesar de estos problemas, ambos países tienen la oportunidad de desarrollar un vínculo más profundo que modere las desigualdades y contribuya a la prosperidad económica y la cooperación política.

Encuentros y desencuentros: las relaciones entre México y la República Popular China

Introducción

Aun cuando México y la República Popular China (RCP) son países en desarrollo, las relaciones que han mantenido históricamente se caracterizan por la desigualdad. Esta desigualdad hoy se ha acentuado como nunca, especialmente en el terreno económico. Adicionalmente, los desencuentros políticos son frecuentes, situación que repercute en el ánimo de ambos países y que genera obstáculos innecesarios, pese a que Beijing caracteriza los vínculos con México como «relación estratégica» desde 2003. Si bien la distancia geográfica podría considerarse como un factor que dificulta la concertación, el hecho de que la RPC tenga una presencia comercial –legal e ilegal– tan importante en México desmiente el argumento de las distancias. Más preocupante aún es observar que México, campeón de las negociaciones de Tratados de Libre Comercio (TLC), no logra aprovecharlos para incursionar en mercados no tradicionales, en tanto que la RPC, que apenas empieza a interesarse en la liberalización comercial selectiva, conquista el mundo, y a Estados Unidos, incluso a costa de México.

Estos y otros desafíos demandan un mayor conocimiento sobre la RPC entre los mexicanos, tarea nada fácil pero que, de llevarse a cabo, reportaría múltiples beneficios. Asimismo, esto posibilitaría una concertación económica y política entre los dos países, lo cual ayudaría a México a abordar problemas como el enorme déficit comercial que arrastra con la nación asiática, el combate de las redes criminales responsables del agobiante contrabando chino y otros ilícitos, además de diversos tópicos de interés común.

Las relaciones políticas

Aunque el vínculo comenzó en el siglo XIX, las relaciones diplomáticas entre México y la RPC fueron establecidas el 14 de febrero de 1972, luego de que, en octubre de 1971, el gobierno mexicano se uniera al voto favorable al ingreso del país asiático en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como representante único de esa nación y aceptando el principio de «una sola China» a partir del reconocimiento de la indivisibilidad de su territorio.

Previamente, ante la imposibilidad de establecer vínculos diplomáticos de manera directa y formal, la RPC había buscado el contacto con diversas personalidades en México y América Latina. Para ello, a través de la Asociación de Amistad del Pueblo Chino con Países Extranjeros (AAPCPE), creada en 19541, se concretaron las visitas de carácter privado a la RPC de Salvador Allende, Pablo Neruda, Jacobo Arbenz y Lázaro Cárdenas. Bajo el impulso de la Asociación China para América Latina (ACAL), la cooperación política y cultural floreció. Más recientemente, se han firmado acuerdos culturales para el establecimiento de «ciudades hermanas» (en el caso de México, la ciudad de Mexicali se encuentra hermanada con Nanjing2).Los contactos políticos entre México y la RPC también incluyen a los partidos políticos. El Partido Comunista Chino (PCCh) participa en las actividades de instancias como el Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe, el Foro de San Pablo, la Organización Demócrata Cristiana de América y la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina3. La premisa de concertación política se justifica en términos de las relaciones Sur-Sur.

Desde el establecimiento de relaciones diplomáticas formales, todos los presidentes de México han visitado la RPC. Es evidente que la RPC considera como estratégica la relación, no solo por la cercanía con el mercado estadounidense, sino también por el hecho de que gran parte de los países centroamericanos, vecinos de los mexicanos, siguen manteniendo relaciones diplomáticas con Taiwán. De manera más reciente, dado que Beijing ha buscado acuerdos con Taipei, la posibilidad de que México incida en los gobiernos centroamericanos para que cambien su postura en torno de la RPC ya no sería tan apremiante4.

El interés de Beijing en México, desafortunadamente, no parece tener una contrapartida clara de parte del gobierno mexicano. El Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012 elaborado por el gobierno de Felipe Calderón se refiere a la necesidad de construir «alianzas estratégicas» con Asia, además de aprovechar la plataforma que ofrece el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) para estrechar lazos con sus miembros. Sin embargo, la RPC apenas es mencionada en los siguientes términos: «Aprovechar la plataforma del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) para derivar acuerdos gubernamentales y empresariales con los países de la Cuenca del Pacífico, y fortalecer los vínculos con China, Japón, India, Corea [sic], Singapur, Australia y Nueva Zelandia»5. Como se ve, la referencia a China es escueta.

Un hecho ponderable es que el citado plan presenta una visión de mediano-largo plazo, referida como «visión 2030». Esto sugeriría una continuidad para los siguientes 20 años. Pero esa visión no está garantizada, en gran medida porque, con cada cambio de gobierno, las nuevas autoridades buscan imprimir un «sello propio» a las políticas. Esto no sería reprochable en los casos en que las políticas precedentes fueran erróneas, pero respecto a las que sí han sido acertadas suele aplicarse el mismo criterio de «reinvención sexenal». Al parecer, solo en el plano comercial y en el de las inversiones con EEUU se observa una continuidad, en razón de los compromisos asumidos en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), cuyo incumplimiento supondría costos políticos y económicos inaceptables para México. En cualquier caso, la situación de México es diferente de la de la RPC, que sí posee un proyecto de nación al amparo del cual operan los planes quinquenales y cuya continuidad está garantizada a pesar del disenso y las opiniones divergentes que naturalmente existen en las altas esferas políticas de ese país.

Un problema más serio que se deriva de los términos en que se plantean las relaciones con los países de Asia en el citado plan es que no se habla de instrumentos ni mecanismos, ni tampoco de planes de acción concretos. Esto ratifica el perfil discursivo sobre las acciones concretas de parte de las autoridades mexicanas.

  • 1. Su nombre original fue Asociación de Intercambios Culturales del Pueblo Chino con Países Extranjeros.
  • 2. Otros ejemplos en América Latina incluyen, en Argentina, a la provincia de Buenos Aires, hermanada con la provincia de Hebei, la ciudad de Buenos Aires con Beijing, la provincia de Entre Ríos con la provincia de Jilin, y la ciudad de Rosario con Shanghai.
  • 3. Jiang Shixue: «Una mirada china a las relaciones con América Latina» en Nueva Sociedad No 203, 5-6/2006, p. 67, disponible en www.nuso.org/upload/articulos/3351_1.pdf.
  • 4. Romer Cornejo: «México y la competitividad de China» en Sergio Cesarin y Carlos Moneta (comps.): China y América Latina. Nuevos enfoques sobre cooperación y desarrollo. ¿Una segunda Ruta de la Seda?, Intal, Buenos Aires, 2005, p. 239.
  • 5. Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, Presidencia de la República, México, df, 2007, disponible en http://pnd.presidencia.gob.mx/.