Tema central

El sector agropecuario en Cuba

En los últimos años, el sector agropecuario ha disminuido su participación en el Pib, genera menos divisas que en el pasado y muestra resultados poco alentadores. Esto ha creado, entre otros problemas, una creciente necesidad de incrementar las importaciones de alimentos, que en 2007 llegaron a los 1.600 millones de dólares. Reanimar al sector agropecuario es por lo tanto fundamental para mejorar el funcionamiento de la economía, garantizar la creación de empleo y propiciar fuentes de energía renovables. Aunque ya se han dado algunos pasos, es necesario enfrentar las dificultades de las cooperativas, dotar de mayor autonomía a las unidades de producción y garantizar su acceso al mercado.

El sector agropecuario en Cuba

La importancia del sector agropecuario en la economía

El sector agropecuario desempeña un importante papel en la economía cubana por su participación directa e indirecta en la conformación del PIB y, en un sentido más general, por el efecto multiplicador que genera. Resulta decisivo y estratégico. Considerar como único indicador su aporte directo al PIB puede conducir a una idea errónea de su importancia: en 2007, este fue de apenas 3,8%; antes del descenso de la producción agropecuaria, el sector aportaba de forma directa entre 7% y 8% del producto.

Un importante conjunto de industrias –la azucarera y sus derivados, la alimentaria, tabacalera, de bebidas y licores, la industria del cuero, la de sogas y cordeles, la maderera, entre otras– dependen total o parcialmente de las materias primas suministradas por el sector agropecuario. Estas representan 6,4% del PIB. Otras actividades, como el transporte y la comercialización de productos agrícolas o productos agrícolas procesados, contribuyen aproximadamente con 10% al total del PIB. En suma, alrededor de 20% del PIB depende, de forma directa o indirecta, de la actividad agropecuaria, aun en las actuales condiciones de estancamiento o disminución de su peso.

Además, el efecto multiplicador que el sector agropecuario genera en la economía se manifiesta por medio del encadenamiento o derrame (spill over) hacia atrás y hacia adelante en la cadena de producción. Si el sector no logra producir este efecto y no genera los resultados esperados, tal encadenamiento puede motivar importantes erogaciones –efecto multiplicador no favorable– que deben asumirse para suplir sus deficiencias. Esto es, de hecho, lo que viene ocurriendo en los últimos años, especialmente con el incremento de las importaciones de alimentos, que llegaron a los 1.600 millones de dólares en 2007 (18% del total de importaciones). Para 2008, se estima que rondarán entre 1.900 y 2.000 millones de dólares. Una parte significativa de lo que se importa puede ser producido internamente, sobre todo si se tienen en cuenta los altos precios del mercado internacional, mediante una reactivación del sector agropecuario.

La creciente necesidad de importaciones ha acentuado la vulnerabilidad de la economía cubana desde el punto de vista alimentario y ha consolidado una situación de dependencia alimentaria. En el cuadro 2 se aprecia la dependencia alimentaria del exterior: la producción nacional aporta apenas 42% de las calorías y 38% de las proteínas totales consumidas por los cubanos. De las proteínas de origen animal, 57% son aportadas por la producción nacional, mientras que en las de origen vegetal el porcentaje es de apenas 29%.

Respecto a la participación del sector agropecuario en la generación de divisas, en el cuadro 3 se aprecia su pérdida de peso en el total de bienes exportados, de una alta participación en 1991 (cuando generaba 83% de los ingresos en divisas) a solo 17% en 2006. En particular, las exportaciones de azúcar y sus derivados llegaron a representar, en su mejor momento, 77% del valor total de bienes exportados, mientras que en 2006 su participación ascendió a solo 8%. Ese mismo año, el níquel, favorecido por los altos precios, ascendió a 48% del total.La incidencia del sector agropecuario en el empleo es significativa: 21% de la población económicamente activa trabaja en ese sector. Si se consideran también las actividades relacionadas, el porcentaje se eleva significativamente, ya que un número importante de industrias depende para su funcionamiento de las materias primas que proporciona el campo. En total, se calcula que cerca de cuatro millones de cubanos dependen de la actividad agropecuaria.

Como demandante, el sector agropecuario se encadena con diversas ramas de la economía, como la industria mecánica (maquinaria, implementos, herramientas), la ligera (ropa, calzado) y la química (agroquímicos, neumáticos, baterías, combustible).

Desde el punto de vista energético, el sector agropecuario genera energía renovable y no contaminante a través del sistema agroindustrial cañero, es decir, a partir de la biomasa de la caña de azúcar que produce energía eléctrica, biocombustible y biogás, lo que supone importantes ventajas económicas, sociales y territoriales. Esta agroindustria bioenergética es autosustentable energéticamente, crea excedentes suficientes y logra balances positivos en el proceso de emisión y desemisión de gases. Se ha comprobado que las plantaciones de caña absorben el dióxido de carbono (CO2), principal causante del efecto invernadero y del calentamiento global, y lo expulsan en forma de oxígeno. En un año, una hectárea de caña de azúcar puede absorber más de 60 toneladas de dióxido de carbono y producir unas 40 toneladas de oxígeno puro, lo que da lugar al llamado «efecto bosque». Las transformaciones económicas de los 90

Entre 1993 y 1994, con la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), se inició un proceso de transformación de las relaciones de producción del sector agrícola, hasta entonces sustentadas básicamente en la sobredimensionada empresa estatal. Este proceso se realizó a partir de la venta de los medios de producción a los cooperativistas, excepto la tierra, que fue entregada en condiciones de usufructo por un tiempo no definido. En octubre de 1994 se decidió, además, la reapertura del mercado libre agropecuario.

La trayectoria y la experiencia positiva de las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) que venían operando de manera exitosa desde hacía 20 años sirvieron de modelo para la proyección y constitución de las UBPC. La creación de estas unidades, articuladas con la CPA y las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), terminó de definir el cooperativismo como la principal línea de desarrollo en la producción agrícola y ganadera, con importantes cambios en la tenencia y el uso de la tierra. Si en 1989 82% de la tierra total era trabajada por la empresa estatal, en 2005 el porcentaje se había reducido a 58% (ver cuadro 4).