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El proyecto de Evo Morales más allá de 2010

Pese al sólido respaldo de la mayoría de la población, Evo Morales no logra garantizar la gobernabilidad y la paz social. La necesaria reivindicación y defensa de los derechos de los grupos indígenas ha derivado en un ataque discursivo a los valores de los grupos mestizos urbanos, que cada vez se sienten más excluidos y se sitúan en una posición de abierta confrontación. A la vez, la heterogénea composición de fuerzas que conforman el evismo –indígenas, campesinas, cocaleras, gremialistas, cooperativistas– carece de un eje articulador en torno de un interés económico común. Por eso, este trabajo retoma a Antonio Gramsci para argumentar que es necesario que el gobierno articule un discurso que permita generar una nueva hegemonía que incluya a los grupos urbanos que hoy no se sienten parte del proyecto de cambio del MAS.

El proyecto de Evo Morales más allá de 2010

La urgencia del momento

Bolivia ha ingresado en una fase en la que los retos para la construcción de una propuesta hegemónica del evismo restringen los grados de libertad para cometer errores y, además, requieren de respuestas rápidas y pertinentes. Las decisiones que se tomen en esta coyuntura –hasta el momento de la previsible victoria de Evo Morales en las elecciones de diciembre de 2009– determinarán la real magnitud del proceso de cambio iniciado en 2006. Se trata, por lo tanto, de un momento crucial en la toma de decisiones, un momento que develará la verdadera talla de los hombres que están al mando del Estado.Dos escenas ilustran la compleja evolución de la situación política de Bolivia: la primera data del 2 de febrero de 2006, cuando Evo Morales, poco después de asumir la Presidencia tras un rotundo 54% de apoyo electoral, fue recibido por la Cámara de Industria y Comercio de Santa Cruz (Cainco) para explicar su plan económico y comprometer el apoyo del empresariado cruceño. La reunión fue un éxito; el presidente se comprometió a trabajar junto con los empresarios, garantizar la seguridad jurídica y buscar nuevos mercados para las exportaciones1. La segunda escena data del 9 de septiembre de 2008, apenas tres días después de la victoria de Evo Morales, con 67% de aprobación, en el referéndum revocatorio de mandato: en Santa Cruz, grupos de vándalos, con el abierto apoyo de las organizaciones cívicas y de la oposición regional en la Prefectura, saquearon e incendiaron oficinas del gobierno nacional, de ONG reputadas como afines al oficialismo y de empresas estatales2.

Más allá de las explicaciones que señalan un desenmascaramiento de las tendencias más racistas, señoriales y retrógradas de la sociedad como causantes de la confrontación que se vive en Bolivia, lo cierto es que el porcentaje de apoyo ciudadano logrado por Evo Morales en agosto de 2008 –que haría palidecer de envidia a cualquier presidente de los últimos 26 años de democracia– no le garantiza la gobernabilidad ni la paz social. Es más: en la situación actual, incluso la reciente victoria por 61,4% en el referéndum de aprobación de la nueva Constitución, el 25 de enero de 2009, junto con una previsible victoria en los comicios de diciembre –independientemente de la fuerza de los porcentajes– resultaría insuficiente para generar el clima de estabilidad política necesario para consolidar el proceso de cambio.

Por supuesto, la legitimación electoral habilita al gobierno a recurrir a la fuerza pública para hacer cumplir los postulados votados por el pueblo. Análogamente, legitimar el proceso de cambio en dos eventos electorales reforzaría los argumentos en el sentido de la necesidad de recurrir a la fuerza pública para impulsar el proceso, contra cualquier oposición desestabilizadora. Sin embargo, la apelación sistemática al uso de la fuerza tiene sus límites y sus riesgos y es, por decir lo menos, la forma más ineficiente de hacer gestión política... y también la menos sostenible.En estas reflexiones intentaremos explorar, bajo la guía del legado teórico de Antonio Gramsci, algunos aspectos que consideramos particularmente relevantes para explicar la situación de hoy y las condiciones que enfrentará el actual proceso de cambio a partir de 2010, condiciones que, creemos, deben comenzar a encararse desde ahora.

Hegemonía en clave gramsciana

La hegemonía, según las reflexiones de Gramsci, alude a la capacidad de un sujeto político (entendido como sujeto colectivo) de dirigir y dominar al conjunto de la sociedad mediante la combinación de convicción y coacción. Un bloque histórico no es –a diferencia de lo que algunas interpretaciones marxistas quisieran creer– una clase que logra imponerse sobre el resto de la sociedad, sino un «conjunto de fuerzas heterogéneas y, hasta cierto punto, contradictorias, que podrían estallar si no fuesen equilibradas por la ideología (que logra las funciones de dirección) y por la dominación (obtenida mediante la actividad política)»3.

La construcción de un bloque histórico requiere, por un lado, generar un sistema de alianzas –entendido como un sistema de articulación de diversas facciones sociales–; en otras palabras, se requiere del ejercicio del juego político. Pero, por otro lado, no es posible pensar en una estrategia hegemónica sin dirección ideológica, aspecto que pertenece al campo de la cultura. La hegemonía articulatoria se realiza cuando la ideología de la clase dominante se interioriza socialmente mediante los aparatos ideológicos utilizados por dicha clase4.

En otras palabras, la hegemonía requiere que el sistema de significados y valores que constituyen un interés particular sean validados, legitimados o asumidos por el conjunto de la sociedad. Aquí añadimos que, para que esta condición se cumpla, un elemento fundamental en la estrategia hegemónica del bloque dirigente es la recuperación, la asimilación –e incluso la resignificación– ideológica de aquellos valores propios de las diversas capas subordinadas, de modo tal que estas se identifiquen con el proyecto de poder que se propone.

La inconclusa construcción ideológica del proceso de cambio boliviano

La heterogénea composición de fuerzas indígenas/campesinas, cocaleras, gremialistas, cooperativistas y otros grupos afines que conforman el núcleo duro del evismo irrumpió en la vida política de Bolivia tras un largo proceso de lucha contra un sistema político de corte señorial, proceso cuyas raíces se pueden encontrar en los movimientos kataristas de la década de 1970. Creemos que es poco probable encontrar en este eje político una comunión de intereses que vayan más allá de la superación del «colonialismo», en tanto expresión de la tradicional subordinación de las masas de origen indígena a una ciudadanía de segunda clase.

La Bolivia que ve ascender al evismo en 2006 es parecida, pero a la vez muy diferente, de la Bolivia de 1952. Por un lado, no obstante las rupturas sociales propiciadas por la Revolución Nacional, los valores señoriales, firmemente enraizados entre ciertos grupos de mestizos urbanos –ya sean capas medias empobrecidas o herederos reciclados de las antiguas oligarquías– habían impedido que la población de origen indígena accediera plenamente a un conjunto de espacios de poder. Gracias a la operación de complejos mecanismos objetivos y subjetivos, estos espacios habían quedado reservados para la elite mestiza.

  • 1. «Evo Morales y los empresarios se quieren ayudar» en El Deber, Santa Cruz, 3/2/2006; «El Presidente y empresarios prometen planes conjuntos» en La Prensa, La Paz, 3/2/2006.
  • 2. «Violento saqueo de oficinas del Estado en Santa Cruz» en La Razón, La Paz, 10/9/2008.
  • 3. José María Laso Prieto: Introducción al pensamiento global de Gramsci, Asociación Cultural Wenceslao Roces, Gijón, 1991.
  • 4. J.M. Laso Prieto: «El poder en el pensamiento de Gramsci» en Argumentos No 15, 1978, pp. 43-46.