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El orteguismo y sus circunstancias Claves de un éxito volátil

Daniel Ortega se prepara para su tercer periodo presidencial consecutivo, esta vez con su esposa como vicepresidenta. Su victoria, con la exclusión de la principal fuerza opositora, es resultado de una sucesión de jugadas audaces para conservar el poder. Pero la fortaleza del régimen actual tiene los pies de barro. Aunque su apoyo se basa en diversas torsiones de la institucionalidad, a merced del poder matrimonial, sostener, en el extremo opuesto, que el orteguismo está ayuno de respaldo social es el sueño vano de la oposición.

El orteguismo y sus circunstancias / Claves de un éxito volátil

Daniel Ortega gobernó Nicaragua durante el periodo 1979-1985 como parte de dos juntas de gobierno. Fue elegido presidente en 1985 y derrotado en las elecciones de 1990. En 2006, después de tres intentos fallidos y de «gobernar desde abajo» –según la consigna que él mismo acuñó–, retornó al poder para dar un giro a la política nicaragüense y edificar la «Nicaragua cristiana, socialista y solidaria». Reelegido en 2011, se prepara para gobernar en su tercer periodo presidencial consecutivo tras su triunfo del 6 de noviembre de 2016 con más de 70% de los votos1, en una elección en la que la principal fuerza opositora quedó fuera de juego debido a una estratagema legal que adjudicó la propiedad de la personería jurídica del Partido Liberal Independiente a un político al servicio del orteguismo. Esta vez su acompañante en la fórmula no es un ex-participante de la lucha armada como en 2006 ni un general retirado como en 2011. Es su esposa, la poeta Rosario Murillo, a quien muchos reconocen como el poder tras el trono, artífice de muchos logros y creadora de la imagen y cosmética del régimen.

En los años 80, Murillo presidió la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (astc), una suerte de Ministerio de Cultura paralelo al que dirigía Ernesto Cardenal, con quien siempre sostuvo una rivalidad que escindió a los artistas y escritores nicaragüenses2. En ese entonces su poder fue equilibrado por la Dirección Nacional de nueve comandantes que lideraron el proceso revolucionario. Pero el giro del Frente Sandinista de Liberación Nacional (fsln) hacia la autocracia le ha dado a Murillo un poder sin precedentes para una primera dama en Nicaragua. Son numerosas las especulaciones sobre la decisión de transformarla en vicepresidenta: ¿se le quiere dar más poder formal y visibilidad de los que ya tiene? ¿Se prepara una sucesión y se toman medidas para que el poder quede en familia? ¿Se sientan las bases de una nueva dinastía, semejante a la de los Somoza? Sea cual fuere la motivación, la medida es muy arriesgada porque Murillo despierta considerable animadversión tanto en las filas de la oposición como en las del propio fsln. Pero la pareja presidencial se fía de la solidez de su dominio en este alarde temerario. Exploraremos las bases de su poder y su fortaleza en un contrapunto en el que, tras cada clave de su éxito, mencionaré sus límites.

Oligarquía dividida, elites sobornadas

La década de 1980, entre otros profundos cambios sociales, sacudió la forma en que las elites nicaragüenses estaban articuladas. Las posibilidades de esta sacudida se remontan a las décadas previas a la revolución sandinista. Los tres grupos de la elite identificados por Jaime Wheelock –agropecuario, comercial e inmobiliario– estaban cohesionados por su aversión al enemigo común que los mantenía alejados de la tajada del león: el «grupo de los dados cargados», personificado por Anastasio Somoza y sus compinches3. Pero sus intereses eran muy diversos y por eso cada sector se fortalecía en torno de un banco. La tentación actual es tomar a los banqueros como un grupo monolítico considerando exclusivamente los obvios intereses comunes, pero haciendo caso omiso de que históricamente en Nicaragua los bancos han sido la punta de lanza financiera de los mencionados tres grupos que dan cuenta de la elite local.

El fsln ha sabido aprovechar las divisiones de las elites: coopta, compra o alquila grupos, asociaciones, personas y conciencias. El soborno de alto nivel es su mejor aliado. Pondré algunos ejemplos que ilustran su estrategia. El proyecto de un canal transoceánico fue pensado para convertirse en la nueva «revolución de las oportunidades», nombre que el último Somoza dio al terremoto de 1972 porque le permitió multiplicar su fortuna mediante la rapiña de la ayuda internacional a los damnificados. El canal podría ser un nuevo embuste como tal, pero es una oportunidad de acaparamiento de tierras, entre otras cosas. La debacle económica de Wang Jing, el empresario chino que suscribió el convenio con el gobierno de Ortega, evaporó la carnada que debía atraer a otros inversionistas: súbitamente perdió en la Bolsa de Valores alrededor de 80% de su fortuna y el proyecto perdió credibilidad4. Este inesperado giro de los acontecimientos puso en evidencia lo que muchos ya intuían: es probable que no haya canal, pero sí una serie de inversiones alrededor de la posibilidad del canal y sus efectos colaterales, como zonas libres, aeropuertos, etc. La faceta menos visible –y sin embargo más real– es la oportunidad de trabajo con salarios astronómicos para muchos ex-oligarcas reciclados en tecnócratas especializados en medio ambiente, cálculos financieros, trapicheos legales y obras de ingeniería. Los tecnócratas se han acercado para abrevar en las aguas revueltas. El negocio del canal ha cristalizado en ingentes beneficios. También hay promesas de contratos a compañías constructoras. Por esa razón, algunos de los miembros más connotados del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), principalmente aquellos ligados a la Cámara de la Construcción, se dejaron cortejar en un viaje a China con gastos pagados por el gobierno.

Otro sector de las elites es el ligado al Banco de la Producción (Banpro), que fue uno de los principales beneficiarios de las compactaciones de bancos con que arrancó el siglo xxi. Se puede rastrear el origen de su capital en las inversiones algodoneras y el comercio de mediados del siglo xx, pero un nuevo proceso de acumulación –de «acumulación por desposesión»5– tuvo lugar con las quiebras bancarias y su absorción de las carteras –presuntamente contaminadas– de las instituciones condenadas a la bancarrota por la Superintendencia de Bancos, en un proceso que ha sido cuestionado con evidencia en mano6. Este banco ha sido el custodio de gran parte de los fondos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (alba) y del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (inss). Suficiente razón para el silencio. También para cerrar el grifo del apoyo financiero que brindaba a Eduardo Montealegre, candidato presidencial de la oposición. Pero las contraprestaciones del Banpro no se han detenido ahí: en 2011 compró El Nuevo Diario, un periódico de raíces sandinistas pero entonces ya muy crítico del fsln y con reportajes investigativos de gran calidad. Las caricias financieras al Banpro tuvieron réditos significativos: cortar el mecenazgo a un candidato de oposición y neutralizar el tabloide que apoyaba a un periodismo independiente.

  • 1.

    José Luis Rocha: es investigador de la revista Envío y del Instituto de Investigación y Proyección Social sobre Dinámicas Globales y Territoriales (idgt) de la Universidad Rafael Landívar en Guatemala.Palabras claves: cooptación, democracia, sandinismo, Rosario Murillo, Daniel Ortega, Nicaragua.. Arturo Wallace: «La reelección de Daniel Ortega, el sandinista que ayudó a derrocar a los Somoza y ahora gobernará Nicaragua por más tiempo que cualquiera de ellos» en bbc Mundo, 7/11/2016.

  • 2.

    Klaas Wellinga: Los poetas y el poder. Política cultural en la Nicaragua sandinista, Paria, Ciudad de México, 1993.

  • 3.

    J. Wheelock: Imperialismo y dictadura. Crisis de una formación social, 6ª ed., Siglo xxi, Ciudad de México, 1982, p. 126.

  • 4.

    Suzanne Daley: «Lost in Nicaragua, a Chinese Tycoon’s Canal Project» en The New York Times, 3/4/2016.

  • 5.

    David Harvey: «The ‘New’ Imperialism: Accumulation by Dispossession» en Socialist Register No 40, 2004. [Hay edición en español: «El ‘nuevo‘ imperialismo. Acumulación por desposesión», Clacso, Buenos Aires, 2005].

  • 6.

    J.L. Rocha, Ed Brown y Jon Cloke: «Of Legitimate and Illegitimate Corruption: Bankruptcies in Nicaragua» en Critical Perspectives on International Business vol. 7 No 2, 2011.