Coyuntura

El impacto regional del rearme de Venezuela y Chile

En los últimos años, Chile y Venezuela gastaron más recursos en armas que ningún otro país sudamericano. Esto se debe a la fuerte presencia de los militares en el gobierno de Hugo Chávez y al rol protagónico que siguen jugando las Fuerzas Armadas en Chile, pero también a la bonanza económica derivada del incremento del precio internacional del petróleo y el cobre. Además de generar desequilibrios con las naciones vecinas, el rearme convierte a ambos países en modelos opuestos en cuanto a sus políticas de defensa: el fortalecimiento militar chileno es posible gracias a la relación de confianza con Estados Unidos, mientras que el de Venezuela se produce en abierto desafío a la superpotencia.

El impacto regional del rearme de Venezuela y Chile

Introducción

Mucho se ha discutido en los últimos años sobre las tensiones político-ideológicas entre los gobiernos «bolivarianos» (Venezuela, Bolivia y Ecuador) y el de George W. Bush. Las pocas energías que Washington no destina al pantano de Iraq, la escalada en Afganistán o la guerra contra Al Qaeda, se han usado para plantear –y replantear– su estrategia hacia nuestra región. Los planteos van desde la «doctrina Maisto», acuñada por el ex-embajador estadounidense en Venezuela, que sugería juzgar a Hugo Chávez por sus acciones y no por sus palabras, hasta la dura retórica de funcionarios como Roger Pardo-Maurer y Roger Noriega, o la más sigilosa y sofisticada «doctrina Shannon»: hablar suavemente, pero actuar en forma decidida y aguda. Un aspecto no muy tratado de este asunto es el impacto en los equilibrios –o, mejor dicho, en los desequilibrios– de las capacidades militares de los Estados sudamericanos. Aquí nos centraremos en dos casos paradigmáticos, Chile y Venezuela, y desarrollaremos su incidencia en las relaciones de seguridad con otros países.

¿Por qué estos dos casos? Según informes del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres (IISS) y del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal), se trata de los países de la región que más han gastado en armas en los últimos años: 2.785 millones de dólares en el caso de Chile y 2.200 millones en el de Venezuela. En línea con esta información, un reciente informe publicado por la Military Power Review afirma que Chile ha ascendido del cuarto al tercer puesto de la región en cuanto a capacidad militar, superando por primera vez a Argentina, solo por debajo de Brasil y muy cerca de Perú, mientras que Venezuela ha escalado dos posiciones y hoy ocupa el quinto lugar.

Las razones son múltiples. A procesos endógenos, como el peso decisivo que han alcanzado los militares en Venezuela desde la consolidación del gobierno bolivariano y la presencia que aún conservan las Fuerzas Armadas chilenas, se suma la casi cuadruplicación en los últimos años de los precios internacionales del petróleo y del cobre, la principal riqueza de ambos países.

Otro punto en común es la existencia de diferendos limítrofes. En el caso de Chile, la demarcación de los Hielos Continentales con Argentina, un tema que sigue generando problemas, se suma a la demarcación marítima con Perú y la disputa por la salida al mar con Bolivia; es decir, pleitos con sus tres países lindantes. En cuanto a Venezuela, el conflicto con Colombia por la demarcación del Golfo de Venezuela, que casi genera un enfrentamiento armado en 1987, se suma al reclamo contra Guyana y a la demarcación marítima y la disputa por la pesca con República Dominicana.

Sin embargo, pese a las similitudes en cuanto a los fondos destinados a las políticas de defensa, la revalorización de sus recursos naturales y las cuestiones fronterizas irresueltas, Venezuela y Chile expresan dos modelos opuestos de organización política, económica, social y de política exterior. Convertidos en «tipos ideales», ambos países proyectan una fuerte influencia en el actual debate ideológico.

Chile: paradigma de una política de Estado en materia de defensa

El fuerte incremento del precio del cobre a partir de 2003 generó un impacto positivo en la economía de Chile. Es, en términos reales, el precio más alto de los últimos 30 años, y la tendencia es estable. En 2006, las ganancias de la empresa estatal Codelco (7.141 millones de dólares) y de las operadoras privadas (10.000 millones de dólares) batieron récords. El boom es tal que ha obligado al gobierno a desarrollar políticas macroeconómicas anticíclicas para evitar un sobrecalentamiento de la economía. «Pensemos como si Chile se hubiera ganado la lotería, pero el premio se entrega en anualidades y en algún momento se terminará sin aviso.»

Esta bonanza económica ha permitido que Chile incrementara el presupuesto destinado al área de defensa, garantizado por la Ley Secreta del Cobre sancionada durante la dictadura de Augusto Pinochet, que establece que un porcentaje de los ingresos por las exportaciones del mineral se debe destinar automáticamente a los gastos militares. Hoy, Chile gasta en defensa 3,8% de su PIB. Es el país sudamericano que mayor porcentaje de su producto destina a esta área, seguido por Colombia, con 3,7%. Venezuela destina 1,6% (contra 1,4% antes del ascenso de Chávez al poder) y Argentina, 1%.

En la última década, el Ejército chileno ha encarado un fuerte proceso de modernización y reestructuración. Medios especializados han concluido que, tomando en cuenta los tamaños relativos de los PIB de Brasil y de Chile, este último destina seis veces más recursos económicos al reequipamiento militar que la principal potencia regional.

Como parte de esta trasformación, Chile ha reducido su total de efectivos, de 120.000 a 40.000. Además, ha realizado importantes compras de nuevo material. Según fuentes de la empresa Lockheed Martin, Chile ha adquirido aviones F-16 CD provistos de misiles aire-aire de alcance intermedio guiados por radar del tipo AIM-120 AMRAAM, misiles aire-aire de corto alcance y guía infrarroja Python IV y bombas GBU guiadas por láser de 250 y 500 kilos. Dos submarinos Scorpene, que se sumarán a la flota entre 2006 y 2007, contarán con misiles SM 39 Exocet. Por último, se aumentará el número de soldados profesionales, que pasarán de los 2.000 actuales a 10.000 en 2010, mientras que los convocados para el servicio militar pasarán de 16.000 a 8.000. Cabe recordar que las fuerzas armadas profesionales son usualmente consideradas un elemento que potencia la capacidad militar y ofensiva de un Estado, argumento que tuvo presente Chile a mediados de los 90, cuando Argentina dejó atrás el servicio militar obligatorio.

La mayor parte de estos armamentos han sido adquiridos a Estados Unidos o sus aliados. En ese sentido, la relación de Chile con Washington es fundamental para la adquisición de armas de última generación. Por eso, la decisión del gobierno chileno de adherir a la Corte Penal Internacional, a la que EEUU se opone, ha derivado en negociaciones con el Pentágono y el Departamento de Estado para limitar las sanciones que sufriría Chile por no garantizar la inmunidad de los militares estadounidenses. Según el Ministerio de Defensa chileno, las sanciones se limitarán a trabas en la venta de material bélico usado y a restricciones de financiamiento, dos puntos que no resultan críticos, dada la disponibilidad de recursos y la compra de material nuevo. En la misma línea, a partir de 2005 han comenzado a circular versiones acerca de la designación de Chile «aliado mayor extra-OTAN», categoría asignada a Argentina en 1998 por su rol en operaciones de paz. Finalmente, al menos una unidad de la Armada chilena opera integrada a un grupo de batalla naval de los EEUU en el Atlántico.