Opinión

El futuro de la integración latinoamericana

En estos años, el destino de América Latina se debate entre la decisión de cada gobierno de firmar Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos o la de privilegiar los procesos de integración regional. Firmar TLC significa hipotecar el futuro del país por intermedio de un acuerdo sumamente desigual, firmado individualmente por cada país, con la más grande potencia económica, tecnológica, política y militar del planeta.

El futuro de la integración latinoamericana

En estos años, el destino de América Latina se debate entre la decisión de cada gobierno de firmar Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos o la de privilegiar los procesos de integración regional. Algunos países ya han optado: Chile y México lo han hecho por el libre comercio, mientras que Perú y Colombia lo están negociando. Costa Rica tuvo que convocar –como es justo hacerlo– un referendo nacional para que el pueblo decida qué destino quiere para su país. Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba han optado por la reinserción internacional mediante procesos de integración regional.

Firmar TLC significa hipotecar el futuro del país por intermedio de un acuerdo sumamente desigual, firmado individualmente por cada país, con la más grande potencia económica, tecnológica, política y militar del planeta. México lo ha hecho, creyendo que se generalizarían el progreso, la modernización, las inversiones productivas y el bienestar para su país y su pueblo. Gran engaño. La zona fronteriza con EEUU tuvo un momentáneo desarrollo, con las llamadas «industrias de maquila», que explotan mano de obra femenina e infantil, sin derecho a sindicalización alguna. Cuando se presentaron mejores condiciones de inversión en China, esos capitales abandonaron México inmediatamente para desplazarse a Asia. La situación social de México, con la diseminación de la violencia, estrechamente vinculada a los carteles que reexportan drogas hacia EEUU, refleja lo que efectivamente exportó la política de libre comercio.

La alternativa reside en los procesos de integración regional, que permiten orientar las economías de la región hacia sus propias necesidades, así como construir infraestructuras que integren el continente –el caso del gasoducto continental es el más conocido en ese sentido–. Expresión más honda de la integración es la que se da en laAlianza Bolivariana para las Américas (ALBA), donde se lleva a la práctica lo que propone el Foro Social Mundial: un comercio justo. Los países que integran el ALBA entregan lo que pueden y reciben lo que necesitan. En el caso de los intercambios entre Cuba y Venezuela, por ejemplo, que ya tienen algunos años, Venezuela ofrece petróleo a Cuba, mientras que ésta retribuye con personal calificado en las áreas de salud, educación y deporte. Este intercambio no se realiza según los precios de mercado, sino que se orienta por las necesidades de cada país. Bolivia, Haití, Ecuador y Nicaragua reciben mucho más de lo que pueden aportar, pero esto no se refleja en déficits en la balanza de pagos ni en el consiguiente endeudamiento de esos países.

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