Tema central

El estado del Estado en la actual sociedad de mercado

En las últimas décadas, a partir del inicio del neoliberalismo y el auge de la globalización, América Latina registra un proceso de «desestatalización» del Estado, por el cual este es despojado de sus atribuciones principales –entre ellas la de gobernar mediante el monopolio de la violencia– y reemplazado por las dinámicas del mercado. Pero no solo el Estado, sino también la sociedad se mercantiliza, en la medida en que la lógica de mercado se extiende a las relaciones sociales, los individuos y la cultura. El artículo analiza ambos procesos a la luz de la crisis económica actual y concluye que sería ilusorio pensar en una vuelta del Estado keynesiano y redistribuidor, ya que se trata de una crisis producida por el capital financiero como parte de su proceso de reproducción.

El estado del Estado en la actual sociedad de mercado

Luego del periodo de «modernización» neoliberal del Estado y de la transformación del ciclo político de la economía en gobiernos económicos de la política, de las «gobernabilidades» y «gubernamentalidades» democráticas sometidas a los dictados del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), después de estos procesos de «gran transformación», comenzaron a plantearse tensiones, conflictos y confusiones entre la razón de Estado y la razón de mercado. La pregunta giraba alrededor de los efectos de la penetración de la racionalidad estatal por parte de la racionalidad mercantil y empresarial, en tiempos en que declinaba «el ciclo político del Estado-nación»1. Y también entonces cabía interrogarse en qué medida el mercado había dejado de ser una racionalidad exclusivamente económica para volverse también social, política y hasta cultural, dominante en la moderna sociedad de mercado, donde también el Estado sería parte del mercado.

Tras más de dos décadas de dominio de las fuerzas y los intereses económicos sobre las instituciones y los poderes políticos, es necesario plantear un nuevo problema: ¿en qué estado se encuentra el proceso de desestatalización del Estado por parte del mercado? ¿Qué queda del Estado? Y de manera más general, ¿qué queda del mismo sistema político (régimen de gobierno, sociedad civil, sociedad política)2? Esto, a su vez, remite a una cuestión ulterior: ¿para qué sirve hoy el Estado y qué es lo que puede hacer? Si ya no es el Estado el que organiza y regula a la sociedad, ¿a qué ha quedado reducida su función de gobernar? La crisis actual no solo pone a prueba la naturaleza residual del Estado moderno, sino que además manifiesta su más oculta realidad y sus límites menos evidentes, así como el extraordinario poderío del capital/mercado.

El desarrollo del capital adopta un modo de «producción destructiva»3, según el cual destruye todo aquello que le impide producir una nueva forma y fase superior de su desarrollo. Por esta razón, el capital devasta todo lo que no puede reciclar del Estado para su propia expansión. Tal devastación del Estado por el capital y el mercado reproduce a su vez esta forma «destructivo-productiva»: destruye toda aquella estatalidad que impide o no puede ser refuncionalizada para el desarrollo del capital, a la vez que el mismo mercado produce una nueva estatalidad, que convierte al Estado en un instrumento de las lógicas, los intereses y las fuerzas del mercado. Esto mismo ocurre con todas las instituciones de la «sociedad societal»: el mercado destruye la familia y produce una diversidad de formas familiares (monoparental, pluriparental, homoparental), que le son funcionales4. Una última cuestión preliminar, antes de ingresar en los temas centrales de este trabajo, se refiere a cómo y por qué el mercado se impone y domina al Estado. En primer lugar, mientras que las formaciones sociopolíticas tienden a diversificarse, adaptándose a situaciones sociohistóricas más heterogéneas (diversos modelos de Estado y de democracia), las formaciones socioeconómicas tienden, por el contrario, a una creciente unificación y homogeneización de sus formas dominantes. Esto es lo que ocurrió con el capitalismo. En segundo lugar, mientras que el modelo de Estado-nación tardó casi cuatro siglos en consolidarse en el mundo, el mercado-capitalista se consolidó y globalizó en menos de un siglo. En tercer lugar, como todas las instituciones históricas, el Estado tiende a desaparecer «víctima de su propio éxito»5 y una vez lograda su consolidación; de ahí que la institución del mercado aparezca dominando a un Estado al que sucede y sustituye.

Finalmente, desde una perspectiva antropológica, mientras que el poder político es en sí mismo limitado y contingente, al fundarse en «el deseo de dominar (al otro) y de no ser dominado (por el otro)»6, lo que implica que no hay poder sin contrapoder, las fuerzas del mercado, basadas en el deseo de poseer, son ilimitadas (apeiron, decía Aristóteles), y por ello mismo capaces de una violencia ciega (que los griegos llamaban hybris). Por este motivo, los mercados desenfrenados pueden llegar a enloquecer. No otra sería la interpretación antropológica de la crisis actual.

Sobre la base de estos presupuestos, es posible plantear una doble cuestión: qué estatalidad es «devastada» hoy por el mercado y de qué nuevas formas de estatalidad el mercado reviste al Estado7.

La desestatalización del Estado

Del Estado, como de las demás instituciones de la sociedad, el mercado conserva la apariencia de sus formas, pero vaciándolo de su sustancia institucional; de todo lo que produce socialidad, vínculos sociales y cohesión social, categorías todas ellas incompatibles con la lógica y los intereses del mercado. Es así como el Estado ha sido progresivamente despojado de su función de gobernar. No solo ha perdido su eficiencia gobernante, sino que también ha confundido y cambiado los modos de gobernar, y ha dejado de ser un organismo e instrumento de gobierno.

Hacia una «gobernanza» sin gobierno estatal. Una vez fragilizado tras su «modernización» privatizadora (privado de sus recursos, servicios, know how…) y descentralizadora, el Estado fue sustituido de manera cada vez más amplia por los mercados y por las ONG, de la misma manera que buena parte de su intelligentsia burocrática abandonó el sector público para integrar el mercado de los consultores y asesores privados. Finalmente, muchos de los sectores y las competencias estatales fueron cubiertos por la cooperación internacional y los organismos financieros como el FMI y el BM. Desde estos organismos se producían los diagnósticos, se elaboraban los proyectos, se definían las estrategias y se implementaban los planes de acción. Este debilitamiento político del Estado y el creciente intervencionismo económico y del mercado en el funcionamiento de sus aparatos reflejaban la reconversión del gobierno político (de la economía) en el gobierno económico (de la política).

  • 1. J. Sánchez Parga: La modernización y el Estado. Fin del ciclo del Estado-nación, Conam / puce, Quito, 1999.
  • 2. «Ya no podemos creer que las instituciones políticas son bastante fuertes para controlar y dominar las fuerzas económicas.» Guy Laval: Malaise dans la pensée. Essai sur la pensée totalitaire, Publisud, París, 1995, p. 201.
  • 3. Joseph Schumpeter: Capitalisme, socialisme et démocratie, Payot, París, 1969, p. 225. [Hay edición en español: Capitalismo, socialismo y democracia, Folio, Barcelona, 1984.]
  • 4. Exactamente lo mismo ha ocurrido con la universidad –se han diversificado ilimitadamente los modelos de institución universitaria–, con el contrato laboral, con la ciencia, etc.
  • 5. Montesquieu: De l’Esprit des Lois, Pléiade, París, 1950, viii, 5.
  • 6. Nicolás Maquiavelo: Discorsi sopra la prima decada de Tito Livio I, 5. En Tutte le Opere, Sansoni, Florencia, 1992.
  • 7. La lógica y la fuerza «devastadoras» del desarrollo capitalista se extienden a todos los ámbitos e instituciones de la sociedad, incluido el del conocimiento y la ciencia, lo que Karl Marx llama «devastación intelectual» (intellektuelle Veröderung). K. Marx: Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie, L. I, IV, cap. 13, 3ª, Dietz Verlag, Berlín, 1969.