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Desafíos de un Foro Social Mundial debilitado

El Foro Social Mundial (FSM) fue la expresión más contundente de resistencia a la globalización neoliberal que los movimientos de izquierda sociales y políticos lograron plasmar en las últimas décadas. Desde sus primeras ediciones, se constituyó en un punto de convergencia y robustecimiento de las luchas que venían desplegándose a lo largo de los años 90 y las tradujo en una fuerza contrahegemónica real a escala global. Hoy, ante el escenario de un brutal recrudecimiento del capitalismo, el FSM tiene el desafío de encontrar nuevos rumbos estratégicos.

Desafíos de un Foro Social Mundial debilitado

Nota: traducción del portugués de Cristian De Nápoli.

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Foro Social Mundial: el puerto para las resistencias en los años 90

El Foro Social Mundial (fsm) emergió del caudal de movilizaciones y resistencias de la década de 1990 contra la globalización neoliberal y el imperialismo. En los años 80, toda una serie de iniciativas de movimientos y organizaciones sociales lograba ya articularse en torno de una agenda global, como fue el caso de las campañas en contra del pago de la deuda externa y el monitoreo durante el ciclo social de conferencias de la Organización de las Naciones Unidas (onu). Pero fue en los 90, de cara a la avasallante hegemonía política, económica y cultural del Consenso de Washington y su «fin de la Historia», cuando las luchas de resistencia cobraron impulso y establecieron nuevas plataformas de iniciativa política.En esos años, mientras las instituciones, los acuerdos y los recetarios de la globalización neoliberal avanzaban de un modo que parecía inexorable y sin lugar a oposición, comenzaron a surgir resistencias alrededor del planeta. Eso fue lo que pasó ante el lanzamiento por parte de Bill Clinton, en 1994 y en la línea del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan), del programa Iniciativa para las Américas, que apuntaba a ampliar la agenda vigente en los tres países de América del Norte llevándola a todo el hemisferio a través del Área de Libre Comercio de las Américas (alca). Del movimiento indígena de Chiapas vino entonces la primera y potente respuesta de lucha contra el tlcan, la misma que pronto inspiró, en 1997, la creación de la Alianza Social Continental, que por su parte impulsó, junto con otras redes y fuerzas sociales del continente, la histórica Campaña Continental Contra el alca. En 1998, el triunfo electoral de Hugo Chávez significó el primer paso en el llamado «ciclo progresista» en la región, con la llegada de gobiernos de perfiles muy diversos, pero que compartían una proximidad con las demandas y las luchas populares, así como una distancia y un enfrentamiento respecto de las políticas y los programas diseñados para proteger los intereses de las grandes corporaciones y las grandes potencias.

A finales de 1994 se creaba la Organización Mundial del Comercio (omc) y si este parecía ser, por un lado, un contundente gesto de demostración de fuerza y de implementación del recetario del «libre mercado», por otro lado fue un factor desencadenante para el surgimiento de poderosos movimientos de resistencia en varios países y regiones, que poco a poco fueron articulándose en redes globales. Hacia 1998, a este ascenso paulatino de la resistencia se sumaron, en Europa, las movilizaciones contra el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones (ami), que asimismo se integraban a otros reclamos y campañas en contra del g-8 y de las reuniones anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (fmi).

Toda esta trayectoria ascendente de movilizaciones tuvo su punto culminante en Seattle, en respuesta a la Conferencia Ministerial de la omc llevada a cabo en 1999 en esa ciudad. Las calles de la ciudad estadounidense promovieron el encuentro de diversas luchas y culturas, prácticas y trayectorias y articularon organizaciones y movimientos más volcados al trabajo institucional junto con nuevas generaciones de movimientos sociales cuyo foco de acción estaba puesto en las calles. Seattle instaló a su vez la percepción de que aquella estela ascendente de movilizaciones debería contar con un espacio propio, un lugar donde las luchas de resistencia pudiesen encontrarse, articularse y aunar esfuerzos sin la presión de las cúpulas y cumbres oficiales donde hasta entonces venían nucleándose los escenarios de resistencia. Seattle fue, así, un marco fundamental, ya que representó el momento en que las organizaciones y los movimientos sociales notaron que buena parte de sus luchas, destinadas a incidir en la agenda de la globalización neoliberal, carecían de articulación con otras fuerzas y procesos capaces de asegurarles expresión política y carácter contrahegemónico.

Seattle fue, simbólicamente, el acto de fundación del fsm. En su primera edición, en 2001, quedaba claro que el fsm se había constituido como el puerto estratégico donde desembocaban las luchas que venían acumulándose desde hacía años. El acontecimiento se concretó en perfecta sintonía con el deseo y la necesidad latente de aquellas fuerzas de resistencia, en sus múltiples conformaciones, en vistas a un espacio propio. Esta es la explicación fundamental para el éxito inicial del fsm. Su legitimidad y poder de convocatoria emanaban de la tentativa de inaugurar un nuevo ciclo histórico de luchas y de recomposición del campo de fuerzas contrahegemónico. Tras años de avasallante hegemonía política, económica y cultural del Consenso de Washington, finalmente la confluencia de fuerzas sociales múltiples y diversas y de partidos políticos progresistas y de izquierda había creado las condiciones para un nuevo ciclo.

Por ende, una de las claves para entender el poder de convocatoria y el rol que el fsm pasó a ejercer como fuerza global contrahegemónica –sobre todo en sus primeras ediciones– fue su sintonía con las luchas contra la globalización neoliberal y el imperialismo. El fsm existía en tanto espacio de intercambio, encuentro, convergencia, establecimiento de acciones comunes, potenciación y expresión política global de las luchas vigentes en distintos puntos del planeta.

Tal sintonía se mantuvo cuando, después del 11 de septiembre de 2001, el fsm incorporó la lucha contra la guerra en el centro de su estrategia para la siguiente edición. El Foro supo asimismo comprender que, después de 2003, la expansión global del proceso requería una descentralización, de modo que este echara raíces en Asia, África y América del Norte. La realización de una edición global en Mumbai, en 2004, y de distintas ediciones regionales fue algo fundamental en este sentido.

La crisis de 2008 y la alteración radical del escenario global

En sus primeras ediciones, el fsm fue el espacio de convergencia y expresión global de las luchas contra el neoliberalismo y el imperialismo, en el que a su vez se daban cita muchas otras luchas contra la desigualdad social y en favor de la democracia y la participación. Hoy, el escenario global y regional es radicalmente distinto. Sobre todo a partir de la crisis de 2008, la brutalidad del capitalismo se extremó. La incertidumbre, la inestabilidad –incluso en países centrales, como es el caso de eeuu tras la elección de Donald Trump– y una fuerte ofensiva de la derecha son la marca de los tiempos actuales. La resistencia pasó a ejercerse en el marco de una derrota irrefutable. Según Antônio Martins, integrante del grupo que lanzó el fsm representando a la Asociación por una Tasación sobre las Transacciones Financieras y por la Ayuda a los Ciudadanos (attac),

en 2008, el escenario se transformó radicalmente con la crisis financiera. La respuesta del capitalismo ante la crisis fue brutal. Si entre 2001 y 2008 el fsm había sido capaz de diseñar alternativas, a partir de 2008 el altermundialismo no se mostró preparado para generar respuestas ante el panorama de atrocidades del capitalismo. Este es el principal problema que padeció el fsm: la falta de respuesta a la radicalización del capitalismo desatada con la crisis de 2008. Ante este escenario, el fsm como espacio necesitaba dar un paso al frente, ser más propositivo y asumir más responsabilidades. El fsm podría haber hecho una contribución mayor, manteniéndose como el espacio que es, pero vuelto un espacio cualificado que apuntara a reflexionar, debatir y generar iniciativas, a dialogar con los movimientos sociales, articular y estimular respuestas, convergencias y síntesis. Necesitaba pulir y mejorar su gobernanza para hacer frente a este nuevo escenario.1

En el contexto actual, ¿sería posible que las fuerzas sociales y políticas que construyeron el fsm estén en condiciones de generar un nuevo proceso aglutinador de fuerzas contrahegemónicas? ¿Y desde qué premisas, visiones y sujetos sociales y políticos sería bueno que se diera una nueva convergencia? ¿Sería suficiente si estas se articularan contra el imperialismo y la globalización neoliberal que en su momento las amalgamaron? ¿O sería necesario afrontar las diferencias en torno de las luchas y concepciones respecto de los distintos modelos de desarrollo? ¿Sería capaz el fsm de actualizar su agenda haciendo eje en un debate urgente, como el de la incompatibilidad entre el actual modelo de desarrollo y la vida en el planeta?

Para Gustavo Codas, representante de la Central Única de Trabajadores (cut) de Brasil, que forma parte del Comité Organizador y Secretariado Internacional del fsm, es necesario preguntarse si el internacionalismo de los movimientos sociales tiene algo que decir en relación con el rediseño del poder mundial interestatal. Y agrega: «Ya no basta con emprender la crítica del capitalismo neoliberal, hay que afirmar una contrapropuesta y organizar una fuerza política mayoritaria sobre la base de ese programa»2. Por su parte, Moema Miranda, representante del Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos (ibase), señala que

en el escenario actual, las distintas izquierdas y el mismo fsm no han sido capaces de dar respuestas a la altura del recrudecimiento del capitalismo. El fsm se constituyó sobre la base de ciertas fuerzas para luchar contra una agenda y un juego que existían en el siglo xx y que ya no existen más. La derecha avanza en países donde el fsm tenía bases sólidas y eso hace que las fuerzas sociales y políticas que sostenían e integraban el Foro tengan que volcarse ahora a luchas nacionales para contener la ofensiva de la derecha. Ante un ambiente así, el fsm perdió su capacidad de convocatoria.3

Las resistencias continúan, pero sin lugar de encuentro

La insuficiente capacidad de respuesta del fsm en el escenario actual no significa que las resistencias hayan cesado. Aun en medio de la fuerte ofensiva de la derecha, están en curso hoy importantes iniciativas y luchas, especialmente en los países del Norte. Tal es el caso de los «indignados» en España y «Occupy» en eeuu, como así también hace unos años la llamada «primavera árabe», donde hay que reconocer que la dinámica del fsm no tuvo relevancia más allá del caso puntual de Túnez.

Y es también el caso de la candidatura de Bernie Sanders en eeuu y el importante polo de réplica que esta generó dentro del Partido Demócrata, el de la creación de Podemos en España y el de la rearticulación liderada por Jeremy Corbyn en el Partido Laborista del Reino Unido, con apoyo de los sectores de izquierda y de la juventud. Son distintos procesos en los cuales la resistencia se articula por vía de las dinámicas partidarias (y ante esto es importante notar las dificultades y tensiones que el proceso fsm siempre vivió en cuanto a la inclusión de partidos). Para Antônio Martins, estas son señales de respuestas y requieren nuestra atención en la medida en que se trata de fuerzas políticas de peso en países importantes, que expresan nuevas dinámicas y manifiestan un potencial de expansión.

Según Gustavo Codas, la diferencia consiste en que, al revés de los años 90, cuando el fsm significó un fuerte impulso a las expresiones políticas, estos procesos actuales se llevan a cabo sin el impulso del proceso fsm y sin formar parte de su dinámica. Del mismo modo, están en curso en nuestra región jornadas continentales y movilizaciones en torno de las próximas reuniones de la omc y del g-20 en Argentina, así como encuentros mundiales de movimientos sociales con una fuerte capacidad de convocatoria. O sea, están en curso iniciativas de izquierdas sociales y partidarias, solo que sin un ambiente amplio y común en el que puedan encontrarse.

El fsm en 2018 y en adelante

Así como la sintonía con la dinámica de las luchas fue determinante para que el fsm adquiriera su peso desde el primer momento, una de las preguntas cruciales que tenemos que hacernos respecto del sentido y la pertinencia del fsm en la actualidad tiene que ver con su capacidad o no para conservar esa sintonía. Existe una amplia diversidad de luchas pero dispersas, con múltiples formas de organización de los movimientos sociales, con nuevas pautas y enfrentadas al agotamiento de los programas de partidos progresistas y de izquierda que habían logrado importantes avances mientras se impusieron en elecciones (aunque siempre en medio de notables contradicciones). ¿Cómo contribuir entonces a impulsar señales de respuesta como las que están en curso en algunos países del Norte y en otras regiones? ¿Qué herramientas y ambientes de articulación de resistencias pueden favorecer este impulso? ¿El fsm podrá ser, hoy, una referencia de este tipo?

¿Será capaz el Foro de revertir la fragmentación y el aislamiento de las múltiples resistencias que ocurren en los distintos puntos del planeta? ¿Será capaz de recuperar su papel de espacio y herramienta de encuentro y reconstrucción de las izquierdas sociales y políticas? ¿Será capaz de activar respuestas e iniciativas a la altura de la urgencia de enfrentarnos a la barbarie del capitalismo en su estadio actual? ¿Será capaz de contribuir a que las fuerzas democráticas, populares, progresistas y de izquierda reinicien un camino de construcción de alternativas que, sin dejar de ser plurales, puedan generar iniciativas estratégicas y unitarias? ¿Cómo mantener la diversidad y, al mismo tiempo, alentar decisiones estratégicas frente a la brutalidad del escenario actual? En 2004, pasadas las tres primeras ediciones mundiales del fsm, Gustavo Codas señalaba ya una cuestión que sigue siendo central para el futuro del fsm: «La cuestión es que el ‘espacio fsm’ viene contentándose con recibir a todas las culturas, pero no ha explorado las potencialidades del debate explícito sobre la posibilidad de construir un terreno estratégico común de trabajo entre estas culturas»4. Moema Miranda, por su parte, sostiene que «las luchas de hoy se dan en un ambiente de total derrota, y por eso la resistencia y reconstrucción no pueden promoverse con los mismos instrumentos que creamos en el siglo xx. Tenemos que aprender y aprovechar las lecciones para construir algo nuevo. Los problemas de gobernanza del fsm son el reflejo y la consecuencia de este escenario»5.

Estas son las cuestiones centrales a la hora de reflexionar sobre el futuro del fsm. Es importante constatar que ciertas pautas consideradas cruciales en las primeras ediciones ya no están en el centro de la reflexión actual. Por ejemplo, hoy dejó de tener sentido el temor a la participación de partidos políticos y, junto con ello, la asimilación dentro de la agenda del fsm de los debates sobre gobernabilidad y correlación de fuerzas cuando hay partidos progresistas y/o de izquierda en el gobierno. Tal controversia, que fue central en días del llamado ciclo progresista en América del Sur, y en especial de cara a la experiencia del Partido de los Trabajadores (pt) en Brasil, hoy ya no tiene sentido frente a la coyuntura de graves retrocesos en los países que pasaron por experiencias de ese tipo. Otro ejemplo de controversia cuya perseverancia ya no tendría sentido se vincula con las posiciones encontradas respecto de si dialogar o no con el Foro de Davos: ante un escenario de tamaña brutalidad del capitalismo global, este «diálogo» estaría fuera de discusión.

En un contexto de vaciamiento del fsm, tampoco parecen tener justificación los temores que había en algunos sectores respecto de la existencia de fuerzas que se articulaban por dentro de él para disputarse el rumbo de su construcción. Vistos hoy en perspectiva, tales espacios de articulación dentro del espacio más amplio del fsm le daban fuerza política y se constituían en defensa ante el riesgo de una cierta despolitización debido a la dispersión de la infinidad de actividades autogestionadas, que en nombre de la pluralidad y el «no dirigismo» acababan padeciendo la falta de coordinación y articulación.

Los frecuentes debates sobre la forma de organización del fsm también tienen que ser puestos en su debida perspectiva. Esta ha sido desde el comienzo objeto de intensos debates, motivados por el deseo sincero de no reproducir modelos centralizados y jerárquicos tan divulgados y fracasados ya en otros espacios. Sin embargo, con esta tentativa se agruparon experimentos y modelos que, aun mostrándose inadecuados, fueron consolidándose en la arquitectura del Foro. En nombre de la horizontalidad y la no institucionalización, fueron creándose «instancias facilitadoras» que terminaron reproduciendo, de manera no explícita, estructuras tradicionales de poder y procesos poco transparentes de toma de decisiones.

En este ambiente de enormes desafíos estratégicos y organizativos se realizará, en marzo de 2018, en la ciudad de Salvador de Bahía, la próxima edición mundial del fsm. En su convocatoria, el Comité Brasileño del fsm 2018 afirma:

El Consejo Internacional del fsm, en su última reunión celebrada en enero de 2017 en Porto Alegre, entendió que era urgente y necesaria la realización de una edición mundial del fsm, en marzo de 2018, en Salvador, por la gravedad de la crisis económica, social, ambiental y la crisis de los valores democráticos que vive la humanidad. El crecimiento del pensamiento reaccionario y autoritario, tanto en Brasil como en América Latina y el mundo, coloca a todas y todos los defensores de un nuevo mundo en el marco de la solidaridad, la justicia social, la democracia y la paz, en estado de alerta y permanente movilización, exigiendo un proceso de articulación y unidad mundial de los movimientos sociales para la lucha de resistencia y transformación de la realidad caótica que aflige a la humanidad. (...) La elección del lema «Resistir es crear, resistir es transformar» indica que, para el Comité Brasileño, nuestra resistencia tiene el germen de lo nuevo. Entendemos que en este proceso mundial de luchas de los pueblos, de los territorios y de los movimientos contra el neoliberalismo, contra el imperialismo y contra la degradación ambiental, estamos construyendo, en la práctica, en el día a día, las alternativas de otro mundo posible.6

Para Moema Miranda, «el fsm fue el último gran soplo de resistencia contra el capitalismo. En sus inicios, recreó los lazos entre las fuerzas de las izquierdas clásicas, los movimientos populares de base, las iglesias y otras fuerzas sociales y políticas en sus múltiples dimensiones». Pero cree que «hoy vivimos tempos distópicos y reina un clima de total derrota. Los desafíos, equívocos y dificultades para dar respuestas a la altura de la crisis actual les caben a todas las izquierdas, y también al fsm».El desafío es enorme, por ende, y más grande aún es la esperanza de que la próxima edición del fsm sea capaz de renovarse como herramienta con poder de convocatoria de las fuerzas sociales y políticas en lucha, en especial de las que no participaron activamente en el proceso anterior del fsm y que en los últimos años han asumido un creciente protagonismo con sus resistencias, como es el caso de las juventudes y los movimientos indígenas en Brasil, o las fuerzas políticas que ponen en debate propuestas alternativas en países importantes como eeuu, España y Reino Unido, entre otros. El sentido, la potencia y la capacidad del fsm para generar respuestas a la altura de la truculencia del capitalismo global dependen de que sepamos afrontar estos desafíos.

  • 1.

    Entrevista con la autora, agosto de 2017.

  • 2.

    G. Codas: «Desde América Latina. Balance y perspectivas del fsm» en «Foro Social Mundial: momento de replanteamientos?», América Latina en Movimiento - alai No 484, 4/2013.

  • 3.

    Entrevista con la autora, agosto de 2017.

  • 4.

    G. Codas: «De volta a Seattle: anotações sobre o futuro do ‘processo fsm’» en Proposta No 102, 9-11/2004.

  • 5.

    Entrevista con la autora, cit.

  • 6.

    fsm: «Convocatória del Foro Social Mundial 2018», disponible en http://fsm2018.org/wp-content/uploads/2017/08/convocatoria-del-fsm-2018_final_cs.pdf.