Opinión

China y América Latina: ¿una relación más allá de las modas?

La falta de institucionalización, el patrón desigual de comercio y la dinámica de la inversión china en la región marcan el ritmo del vínculo.

China y América Latina: ¿una relación más allá de las modas?

La relación de América Latina y el Caribe (ALC) con China ha vivido una dramática profundización en el último lustro, reflejada en términos del comercio y la inversión pero también en los ámbitos de las relaciones políticas, educativas y académicas, así como culturales y en el aprendizaje del chino mandarín en Latinoamérica y del castellano en China, entre otros aspectos.

Si bien todavía se encuentra distante de vínculos históricos con la propia América Latina, Estados Unidos y Europa (y por ello la relevancia del concepto de «nuevas relaciones triangulares»), se ha constituido en la relación reciente más dinámica y que más polémica y discusión ha generado. El análisis de la relación también se ha convertido en una «moda» apenas descubierta en un buen grupo de instituciones en Estados Unidos y Europa; sin embargo, es importante partir de los esfuerzos existentes en China y ALC. Pareciera ser que en algunos casos apenas se ha descubierto el tema y que, por ende, es reciente, sin considerar décadas de esfuerzos existentes. Esta insistencia no es una mera obsesión académica ante los continuos esfuerzos de «redescubrir la rueda» sino fundamental para un proceso de aprendizaje y un diálogo crítico efectivo entre disciplinas, sectores y países.

La relación con China no solo se destaca en su ámbito bilateral y «triangular», sino también en el geoestratégico y el regional latinoamericano. Entre 2000 y 2015 docenas de mandatarios latinoamericanos visitaron Pekín, y el premier y presidente de China visitaron 32 veces diversos países de la región, priorizando a Brasil y Chile (cinco visitas a cada uno), seguidos de Cuba y Argentina (cuatro veces cada uno). Además de tratados de libre comercio con Chile, Costa Rica y Perú, diversos nuevos proyectos podrían cambiar la concepción geoestratégica de la región, particularmente la reciente propuesta de un trayecto ferroviario interoceánico de 3.500 kilómetros del Puerto de Santos en Brasil al Puerto Ilo en el Pacífico peruano, así como la posibilidad de que se construya un canal interoceánico en Nicaragua, por el momento bajo el liderazgo personal y privado del billonario Jing Wang, pero que en el corto plazo requerirá de financiamiento de bancos internacionales y/o chinos públicos. En todos estos casos –y más allá de la efectiva realización de los proyectos ante fuertes controversias sociales, ambientales y locales, entre otras– la diplomacia china también ha relajado su histórica confrontación con los 13 países de ALC que actualmente reconocen diplomáticamente a Taiwán, particularmente en el rubro comercial.

Llaman la atención un grupo de aspectos socioeconómicos, más allá de la propia dinámica de crecimiento del PIB chino en las últimas décadas, así como del comercio y, más recientemente, de los flujos de inversión extranjera directa (IED) entre ALC y China.

1. En primer lugar, una importante debilidad institucional –tanto en los sectores educativos y académicos como en las organizaciones empresariales y en las instituciones públicas- para analizar y construir una efectiva agenda de trabajo, propositiva y de corto, mediano y largo plazo. La Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC) es un ejemplo: como resultado del Foro CELAC-China en enero de 2015 y su Plan de Cooperación 2015-2019 se estableció una clara estrategia y coherencia por parte de China –el incremento a más de 500.000 millones de dólares anuales del comercio y el acervo de inversión extranjera china a 250.000 millones de dólares en diez años y 6.000 becas gubernamentales, 6.000 plazas para recibir capacitación y 400 plazas de maestrías profesionales- sin que exista una propuesta de los países latinoamericanos. Si no existe una agenda bilateral con respecto a China para la gran mayoría de los países de ALC, muy difícilmente podrá imaginarse una agenda regional de trabajo.

2. Segundo, si bien es relevante reconocer la dinámica creciente en el ámbito específico del comercio y la IED entre ALC y China también es importante detenerse en las estructuras que este nuevo comercio ha generado. Ya ha sido analizado (para la región en su conjunto y a nivel bilateral) que en la gran mayoría de los casos el comercio se ha concentrado mayoritariamente en un reducido grupo de mercancías –particularmente soja, minerales y petróleo- que represen más del 80% de las exportaciones a China. Adicionalmente, estas mercancías se caracterizan por un muy bajo valor agregado y nivel tecnológico, muy inferior al resto de las mercancías que ALC exporta y con una significativa brecha con las importaciones provenientes de China, sumado a un creciente déficit comercial. Las salidas de flujos de IED de China a ALC, en particular desde la crisis internacional de 2007-2008, parecen profundizar esta estructura al concentrarse en la fusión y adquisición de acervos ya existentes y en actividades vinculadas con la extracción de materias primas (de minerales y petróleo a pescado, entre otros)1. Estas estructuras se han conformado rápidamente en la relación ALC-China desde la década de 1990 y no han sido, por el ahora, abordadas de forma explícita por el sector público como en el caso de la CELAC. Debiera ser de interés de ambas partes sobrellevar estas dificultades que, en el mediano y largo plazo, generarán múltiples presiones económicas, sociales y políticas en la región.

3. Tercero, más allá del creciente comercio entre ALC y China, al menos desde 2007-2008 se aprecia una creciente participación de China en su IED en la región, así como en el financiamiento directo y su significativa participación en proyectos de infraestructura. En todos estos rubros el desempeño chino en ALC ha sido extremadamente dinámico. Por ejemplo, desde 2010 la IED china ha promediado más de 10.000 millones de dólares anuales, en la mayoría de los casos concentrados en la adquisición de grandes empresas petroleras y mineras en Brasil, Argentina y Perú. También en el marco financiero China se ha destacado como la principal fuente de financiamiento a ALC –superando a fuentes tradicionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo-, concentrado en Venezuela. Sin lugar a dudas, una de las grandes fortalezas de China en la actualidad es lograr presentar proyectos en forma de «paquetes» o «llave en mano», es decir, proyectos de infraestructura (o de otro tipo) con financiamiento, fuerza de trabajo, tecnología y proveedores chinos, en su mayoría todavía de propiedad pública. Estas tendencias, por otro lado, también han generado múltiples malentendidos y errores por parte de China y los países receptores que han resultado en proyectos frustrados, así como distanciamientos coyunturales y de mediano plazo. El proceso de aprendizaje entre ambas partes ha sido lento y por el momento no ha estado acompañado suficientemente por instituciones, por ejemplo en el caso de empresas chinas participantes en licitaciones y proyectos de infraestructura al requerir no solo presentar proyectos vis a vis otros competidores, sino también negociar e integrar a agrupaciones sociales, ambientalistas y locales que son relevantes para la efectiva realización de los proyectos. China requiere, conjuntamente con las contrapartes latinoamericanas, comprender las «características latinoamericanas», nacionales y locales específicas en la región.

La relación entre China y América Latina y el Caribe es muy reciente y con un impresionante dinamismo, aunque por el momento con estructuras que en el mediano y largo plazo no son política ni económicamente sustentables. Si Raúl Prebisch viviera, seguramente tomaría estos casos para su análisis de la relación centro-periferia.

  • 1. De este desempeño surge un aspecto importante a analizar en el futuro: si la problemática entre ALC y China es resultado de su especialización en productos agrícolas y minerales («materias primas») o si, por el contrario, se debe a una especialización en productos y procesos en segmentos de cadenas de valor con escaso nivel tecnológico y de valor agregado. En el segundo caso podríamos imaginar un cambio en los productos exportados –por ejemplo un mayor grado de exportaciones manufactureras- pero que continuarían con los bajos niveles tecnológicos y de valor agregado. Por el contrario, las exportaciones de ALC a China y sus productos actuales no son «el problema» sino la falta de encadenamientos hacia atrás y el bajo nivel de procesamiento y de valor agregado doméstico.