Tema central

Campañas por trabajo decente en megaeventos deportivos en Brasil Estrategias sindicales innovadoras en el sector de la construcción

Este artículo busca comprender en qué medida el proceso originado en las campañas por el Trabajo Decente Antes y Después de 2014 y 2016 −desarrolladas por la Internacional de los Trabajadores de la Construcción y la Madera (ICM) durante la Copa Mundial Brasil 2014 y los Juegos Olímpicos Río 2016− impulsó acciones en los ámbitos nacional e internacional articuladas por los sindicatos de la construcción en el país. Se trata de entender cuáles fueron los éxitos y las permanencias entre las dos campañas.

Campañas por trabajo decente en megaeventos deportivos en Brasil / Estrategias sindicales innovadoras en el sector de la construcción

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Introducción

En 2007 y en 2009 Brasil fue oficialmente designado como el país sede de la Copa Mundial de Fútbol 2014 y de los Juegos Olímpicos 2016, respectivamente, lo que puso en un primer plano al sector de la construcción1. Para la ejecución de proyectos relacionados con estos megaeventos deportivos, los gastos se estimaron en decenas de miles de millones de reales para obras en puertos, aeropuertos, proyectos de movilidad urbana y la construcción o reforma de estadios en los que estuvieron involucrados millares de trabajadores.


Los conflictos provenientes de la ecuación entre inversiones públicas, ganancias privadas y condiciones de trabajo fueron semejantes a los verificados en ediciones anteriores, como la Copa de Sudáfrica 2010 y las Olimpíadas de Londres de 2012. En función de esto, al igual que en el continente africano, los preparativos para los Juegos en Brasil fueron objeto de estrategias sindicales innovadoras en el sentido de promover la articulación entre organizaciones sindicales nacionales e internacionales.

Este estudio analiza la acción sindical dentro de procesos de globalización económica. En especial, se trata del desarrollo de prácticas sindicales internacionales en el sector de la construcción, condicionadas por estrategias orientadas a la promoción de buenas condiciones de trabajo en los preparativos de megaeventos como la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos en Brasil. El análisis se orienta a comprender cómo el proceso puesto en marcha por la Campaña por Trabajo Decente Antes y Después de 2014, una acción desarrollada por la Internacional de los Trabajadores de la Construcción y la Madera (ICM), impulsó la internacionalización de los sindicatos de trabajadores de la construcción en Brasil, por medio de la articulación internacional de pautas y estrategias y del establecimiento de vínculos institucionales. Se busca de esta manera actualizar las reflexiones sobre los efectos de esta campaña al considerar la continuidad de los resultados alcanzados por las estrategias sindicales de 2014 en las desplegadas en los preparativos de los Juegos de 2016.

De modo general, se observa que la experiencia previa de la ICM en la adopción de estrategias dirigidas a megaeventos deportivos, el planteo de negociaciones con los organizadores de la Copa −interlocutores no tradicionales del movimiento
sindical− y la falta de articulación nacional entre sindicatos brasileños generó la predisposición de estos para adherir a la campaña internacional y al estrechamiento de los vínculos con la Federación Sindical Internacional (FSI). En términos específicos, el ingreso de los sindicatos en la campaña implicó la adopción, en Brasil, de una agenda internacional orientada a megaeventos
deportivos. Con la mediación de una organización extranjera, se constituyó una inédita pauta nacional de consenso entre los sindicatos brasileños que influyó en las negociaciones locales. La continuidad de esta experiencia, sin embargo, se muestra amenazada.

Para el estudio se utilizó la metodología analítica de recursos de poder2, que hace referencia a la capacidad de los sindicatos de actuar estratégicamente, basados en movilizaciones colectivas. En líneas generales, tal abordaje trata de considerar la capacidad de los sindicatos de reconocer y utilizar de forma estratégica cuatro dimensiones fundamentales del poder sindical, en especial los poderes estructural, institucional, asociativo y social. Con relación a los datos analizados, se utilizaron dos fuentes principales. En un primer momento, entrevistas realizadas a dirigentes sindicales de diez ciudades sedes de la Copa 2014, en investigación de posdoctorado. Luego, exclusivamente para el presente texto, se actualizaron datos obtenidos en entrevistas realizadas a líderes del sindicato de la ciudad anfitriona de los Juegos Olímpicos 2016 y otras a dirigentes de la icm. Adicionalmente se recolectaron documentos de campaña, pautas de negociación, acuerdos colectivos firmados regionalmente y datos como fuente secundaria disponibles en internet sobre el impacto de la estrategia sindical en la prensa nacional durante ambos megaeventos deportivos.

La internacionalización sindical y los megaeventos deportivos en Brasil

Los análisis sociológicos acerca de las transformaciones en el mundo del trabajo han señalado la emergencia de desafíos para la organización de los trabajadores nacionalmente establecida. Por un lado, las relaciones productivas se fueron alterando, así como se modificaron las características de los trabajadores y la forma en que estos se relacionan con las actividades que desempeñan. Por otro, la institucionalización de los sindicatos tiene una raíz moderna −caracterizada por la concentración de grandes contingentes de trabajadores en empresas nacionalmente estructuradas− que empieza a poner en jaque su capacidad de organización y de movilización en diversas categorías profesionales. En este contexto, surgen estrategias sindicales de articulación de agendas y acciones en el ambiente internacional como alternativa de superación de impasses organizativos. No obstante, el poder estructural del sector brasileño de la construcción fue significativo durante el boom de empleos que tuvo lugar en el transcurso de los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff. Este sector se destacó por la adjudicación de un conjunto de obras que formaron parte del

Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC)3 y de los preparativos para la realización de la Copa Mundial de Fútbol y también por una serie de conflictos laborales. De acuerdo con el informe del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (DIEESE)4, solo en 2012 −un año después del inicio de las obras en los estadios que serían utilizados para el Mundial− 19% de las huelgas realizadas en el ámbito privado en todo el país estallaron en el sector de la construcción. En el mismo sentido, una investigación encomendada por la Federación Nacional de los Trabajadores de las Industrias de la Construcción Pesada (fenatracop)5 estimó que 501.000 trabajadores de la construcción civil, pesada y de montaje industrial habrían participado de huelgas en ese año. Este dato evidencia, sobre todo, la capacidad de movilización de los trabajadores concentrados en los obradores del país, ligada al poder de negociación en el mercado de trabajo, en función de los plazos para la entrega de las obras y los bajos índices de desempleo6. Sin embargo, la emergencia de tales conflictos estuvo relacionada con concomitantes dificultades en términos de poder asociativo que enfrentaron los sindicatos brasileños. Paralizaciones como las ocurridas en 2011 en las usinas hidroeléctricas de Santo Antônio y Jirau, en el estado de Rondônia, estuvieron marcadas no solo por la participación de casi 38.000 trabajadores, sino también por una desconexión entre las cúpulas sindicales y sus representados que incluso sorprendió a los sindicatos (Veras). Asimismo, se constataron huelgas espontáneas en obras de los estadios de la Copa, como las que irrumpieron entre agosto y septiembre de 2011 en el Maracaná, y en marzo de 2012 en el Arena da Amazônia, que se caracterizaron porque la articulación entre trabajadores y sus representantes sindicales tuvo lugar solo después del inicio de los conflictos. En el caso del estadio carioca, la primera huelga se inició a causa de un accidente de trabajo; la segunda, a raíz de una acusación de provisión de comida en mal estado contra el consorcio liderado por la empresa Odebrecht. En Manaos, la paralización fue motivada por denuncias de acoso laboral ejercido por representantes de la constructora Andrade Gutiérrez. En todos estos casos, el poder institucional, que comprende el amparo legal de negociaciones anuales entre empleadores y asalariados, contribuyó a la legitimidad de los sindicatos7 que, ante estos conflictos imprevistos, organizaban las movilizaciones, ampliaban pautas de reivindicación y avanzaban en negociaciones.

Por otro lado, los preparativos de la Copa de 2014 trajeron novedades en términos de pautas sindicales y de estrategias en el sector de la construcción en el país, sobre todo en función de una campaña sindical iniciada en el exterior por la ICM, junto con organizaciones brasileñas. En este contexto, las acciones en torno de megaeventos deportivos inauguraron un panorama organizativo internacionalizado, hasta entonces desconocido en este sector económico. Considerando tal escenario, las siguientes preguntas orientaron nuestro análisis: ¿la internacionalización sindical sería una alternativa concreta ante los desafíos impuestos por las transformaciones del capitalismo? ¿Cuáles son los obstáculos para la internacionalización de los sindicatos nacionalmente establecidos? ¿En qué medida iniciativas internacionales como la Campaña por Trabajo Decente
influyen en las prácticas locales desarrolladas por sindicatos brasileños del sector de la construcción?

Las prácticas sindicales internacionales pueden ser definidas por medio de la relación bilateral establecida directamente entre sindicatos de diferentes países o a través de las acciones desarrolladas por organizaciones sindicales globales con sus afiliados. Ellas corresponden, sobre todo, a acciones dirigidas a empresas transnacionales y organismos multilaterales o a diversas campañas relativas a temáticas tales como igualdad de género, inmigrantes, trabajo decente y, en los últimos años, megaeventos deportivos.

La participación de los sindicatos en actividades promovidas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT)8, en negociaciones sobre las definiciones de los mecanismos multilaterales de gobernabilidad −tal el caso del Mercosur9− o, incluso, en la creación de institutos de cooperación internacional10 ha demostrado una inclinación a la internacionalización de sus prácticas. Este movimiento, sin embargo, no es homogéneo y se desarrolla en diferentes ritmos y trayectorias. En otro trabajo (Rombaldi 2012) he apuntado el caso de la internacionalización de las prácticas sindicales del sector metalúrgico y de telecomunicaciones, en las que variables como la afiliación a diferentes centrales sindicales, las experiencias de intercambio y las características sectoriales fueron significativas para la predisposición a la adopción de estrategias que ampliaran el objetivo nacional. En estos casos, las capacidades de aprendizaje de competencias internacionales específicas11 fueron la llave para el éxito de los proyectos de internacionalización sindical.

En la última década, las campañas sindicales internacionales dirigidas a la promoción de mejores condiciones de trabajo, el fortalecimiento sindical y el establecimiento de acuerdos con empresas transnacionales han aumentado considerablemente12. Brasil viene adquiriendo protagonismo en el mapa de tales estrategias, no solo por contar con la presencia de una serie de empresas involucradas en la pauta sindical internacional −como Walmart, Prosegur y Arauco13− sino también por ser sede de grandes eventos deportivos, que constituyen oportunidades para la ampliación de estrategias sindicales, ya que participa gran cantidad de trabajadores en los preparativos. Además, en términos de aumento de poder estructural, a los sindicatos locales se les hacía necesaria la capacidad de intermediación en la negociación con entidades no tradicionales −tales como los comités organizadores nacionales e internacionales−, a lo que se sumaban la conveniencia de acumular una expertise sindical que sirviera de apoyo a las organizaciones sociales establecidas en el país sede y, finalmente,
la posibilidad de promover la articulación entre agendas nacionales e internacionales teniendo en cuenta el fortalecimiento del eslabón entre los diferentes niveles de organización de trabajadores.

Con la organización de los mundiales de fútbol, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) se convirtió en un vehículo de penetración de capital en las economías nacionales, ya que a través de la apertura de mercados para patrocinadores pasó incluso a ejercer funciones semejantes a las de una empresa transnacional14. La influencia de la FIFA, sin embargo, va mucho más allá de la organización de los juegos. Establece una serie de imposiciones a los países sede de las Copas, como exigencias de infraestructura y de establecimiento de garantías legales para la protección de patrocinadores −por medio de zonas comerciales y exenciones fiscales, por ejemplo−, sin una explícita mención a la protección social de los trabajadores involucrados (McKinley). Los megaeventos deportivos revelaron nuevas formas asumidas por la dinámica
capitalista y, como consecuencia, las organizaciones sindicales globales empezaron a buscar alternativas organizativas. La campaña Play Fair15, por ejemplo, resultó de la constitución de un poder social de articulación entre organizaciones sindicales internacionales y ONG asociadas que apuntaban a unificar acciones dirigidas a grandes eventos deportivos, como la Copa del Mundo y las Olimpíadas. Compuesta por la Confederación Sindical Internacional (CSI), las federaciones sindicales nternacionales Industriall −que representa, entre otros, a los trabajadores textiles−, la ICM y la ONG Clean Clothes Campaign, esta campaña apuntó a la promoción de buenas condiciones de trabajo en la producción textil.


En especial, buscó establecer criterios sociales mínimos relativos a las condiciones en las que desempeñan tareas los trabajadores involucrados en los preparativos de los juegos. La campaña estuvo dirigida a las Olimpíadas 2012 de Londres y obtuvo resultados bastante positivos. Entre ellos, se destacan un acuerdo entre sindicatos ingleses y el comité organizador de los Juegos, la influencia en los procedimientos de contratación de empresas tercerizadas −por medio de la implementación de un código sobre tercerización que abarcaba derechos humanos internacionalmente reconocidos−, así como las denuncias
de condiciones sufridas por los trabajadores chinos que confeccionaban mascotas y de auditorías fraudulentas e ineficaces16.

Otro caso destacable tuvo lugar en ocasión de los preparativos para la Copa Mundial Sudáfrica 2010: la primera experiencia de la ICMen la organización de campañas para asegurar buenas condiciones de trabajo durante los preparativos de los mundiales de fútbol, llamada Campaign for Decent Work Towards and Beyond 201017, en la que actuó como intermediaria en la relación entre sindicatos nacionales con diferentes posicionamientos políticos, fomentó investigaciones y reuniones de negociación e hizo lobby ante la FIFA. Específicamente, la icm organizó reuniones en Zúrich, a las que invitó a sindicalistas sudafricanos y de la CSI y a representantes de la FIFA, como el presidente Joseph Blatter y el secretario general, Jérôme Valcke. Además de tratar cuestiones planteadas por los trabajadores, junto con el gobierno sudafricano y el Comité Organizador local de los juegos, la fifa acordó incluir sindicatos en las visitas de inspección a las obras de la Copa. Entre
los resultados de la campaña, también se destacan la inclusión de los sindicatos locales en las inspecciones a los estadios, el aumento de 39% de los índices de sindicalización en el sector entre 2006 y 2009 y la conquista de un reajuste salarial de 12%, después de la realización de una huelga nacional en julio de 200918. En todos los casos, en las campañas desarrolladas en Londres y en Sudáfrica, las agendas y estrategias sindicales nacionales dieron muestras de la búsqueda de nuevos aires, provenientes de una brisa internacional.

La Campaña por Trabajo Decente Antes y Después de 2014

Los preparativos para la Copa 2014 en Brasil y la expectativa de generación de empleos están íntimamente vinculados con las grandes inversiones en obras de infraestructura. Según datos del Ministerio de Deporte, en 201019 se esperaba que el impacto económico de la Copa creara cerca de 330.000 puestos de trabajo permanentes entre 2009 y 2014, además de otros 380.000 empleos temporarios solo en 2014. En el caso del sector de la construcción, esto estuvo relacionado con el planeamiento de obras en 12 aeropuertos, 6 puertos y otros 44 proyectos de movilidad20. Además, se realizó la construcción o la reforma de 12 estadios21, con inversiones calculadas en 8.300 millones de reales (unos 3.600 millones de dólares)22. Hasta mayo de 2012, sin embargo, los medios de comunicación estimaban que solo 25% de los proyectos de transporte había concluido el proceso de licitación23, y 41% de las obras para la Copa todavía no se había iniciado24. Este escenario de atrasos en la ejecución de las obras, debido a la presión para su conclusión dentro de los plazos estipulados por la FIFA, terminó mostrándose problemático para las condiciones de trabajo en el sector, pero positivo en términos del poder de negociación sindical. En los preparativos del evento brasileño, las contradicciones de la ecuación entre inversiones públicas, ganancias privadas y reducidas contribuciones sociales fueron tan evidentes como en la Copa 2010 en Sudáfrica (Rombaldi/Cottle). Bajo tal perspectiva, la icm lanzó la Campaña por Trabajo Decente Antes y Después de 2014 el 31 de marzo y 1º de abril de 2011, en Río de Janeiro. Los organizadores de la Copa −interlocutores no tradicionales del movimiento sindical−, las experiencias previas de la ICM en campañas sindicales en megaeventos deportivos y las expectativas generadas por los Juegos hicieron de la campaña internacional un espacio atrayente para la adhesión de las organizaciones sindicales brasileñas de la construcción. Esto puede comprobarse en el significativo crecimiento de organizaciones brasileñas afiliadas a la ICM en razón de la campaña. Mientras en 2010 solo 5 organizaciones sindicales estaban afiliadas, en diciembre de 2012 había 25 entidades orgánicamente vinculadas a la federación internacional. En Brasil, la ICM fue la promotora y principal articuladora de la acción junto con 17 sindicatos, 6 federaciones estaduales y 2 confederaciones brasileñas25. La fsi fue la responsable de reunir organizaciones de diversas orientaciones políticas, consolidar y distribuir informaciones relativas a huelgas y acuerdos localmente establecidos, producir materiales de campaña, promover eventos nacionales e internacionales entre entidades sindicales, organizadores de la Copa, representantes de gobiernos y la oit, así como de entablar negociaciones con la fifa en Suiza. La ICM buscó ampliar su influencia social por medio de acuerdos estratégicos con varios socios, como la csi y la Streetnet26, en el intento de elaborar un programa y un mecanismo nacional de acciones. Sin embargo, las iniciativas articuladas con representantes de otros sectores fueron escasas. La configuración sindical brasileña en el ámbito de la construcción era compleja y traía dificultades para la ampliación de los recursos de poder estructural. Las organizaciones sindicales participantes de la campaña, en su mayoría, representaban a trabajadores de las ciudades sede27 de la Copa y estaban afiliadas a cuatro centrales sindicales distintas: Central Única de Trabajadores (CUT), Fuerza Sindical (FS), Unión General de Trabajadores (UGT) y Nueva Central Sindical de Trabajadores (NCTS). Además de las divisiones internas constatadas entre sindicatos de las centrales, se observó una significativa desarticulación entre los sindicatos y sus confederaciones. Hasta 2011 no había experiencia significativa de una negociación nacional que apuntara a temas como el acuerdo salarial unificado entre los distintos estados brasileños, demanda recurrente entre los líderes entrevistados.

Además, no se observaron campañas sindicales nacionales regulares por parte de las confederaciones durante los tres años de la campaña internacional. Así, el espacio ocupado por la fsi en la campaña sirvió como punto de intersección entre los brasileños. En palabras de un dirigente sindical, el espacio internacional se había vuelto un ambiente en el que «se discutía solo lo que era posible para llegar a un consenso (…) las diferencias no negociables quedaban de lado». Hasta el lanzamiento de la campaña −realizado en Río de Janeiro con la presencia de una significativa delegación sindical internacional−, el vínculo entre los sindicatos brasileños de la construcción y la icm era exiguo. Como se mencionó, en 2011
solo cinco organizaciones sindicales brasileñas integraban la federación internacional28.


La entrada de un gran contingente de sindicatos en una acción pionera implicó la decisión de establecer un comité gestor de la campaña con ocho organizaciones29 que, más adelante, dado el interés de participar, fue ampliado, a fin de permitir que todos los sindicatos compusieran un foro más amplio. En ese espacio se empezaron a consolidar y revisar los planes estratégicos de la campaña. Para mantener el modelo de campaña desarrollado en Sudáfrica, la icm y los sindicatos brasileños también elaboraron una plataforma de acciones que tuvo como resultado un manifiesto, que representó un primer consenso sobre
las demandas del sector de la construcción en el país. De tal esfuerzo resultó la posterior elaboración de una Pauta Nacional Unificada, un documento inédito, en el cual los brasileños proponían un acuerdo nacional con pisos salariales unificados, beneficios sociales y garantías de organización por lugar de trabajo, entre otros puntos30.

Sin embargo, el nuevo modus operandi sindical no estuvo restringido a la redacción de un documento consensuado. Las actividades de campaña convocadas por la icm en las ciudades sede de la Copa eran coordinadas a partir de una dinámica atípica entre sindicatos separados en diferentes centrales sindicales. Con la participación de todas las organizaciones, generalmente las acciones eran organizadas por el sindicato anfitrión, que promovía visitas al estadio de la ciudad, reuniones con gobernantes y organizadores locales de la Copa, prensa y otros organismos. Tales actividades eran difundidas en el sitio de la icm y en un blog de campaña diseñado especialmente, así como las actividades desarrolladas en el exterior por la federación internacional junto

con organizaciones sindicales «claves», sobre todo las europeas, que confluyeron
en proyectos de apoyo a las acciones desarrolladas en Brasil.
Otro hecho merece destacarse respecto de la redacción de la Pauta Unificada:
el 18 de noviembre de 2011, mientras las organizaciones brasileñas participantes
de la campaña estaban reunidas en San Pablo por gestiones relativas
al documento, representantes de la icm se reunían en Zúrich con la fifa para
proponer una agenda común en temas tales como las condiciones de trabajo en
las obras y las huelgas en Brasil. Inmediatamente después del encuentro en
Europa, el secretario general de la icm se comunicó vía teleconferencia con la
capital paulista, a fin de intercambiar información sobre ambas reuniones.
El 6 de marzo de 2012, bajo la consigna «Los trabajadores también deberían
formar parte de los Juegos de 2014», la Pauta Nacional estableció un marco
discursivo −un framing− que presentaba ante la Confederación Nacional de la
Industria (cni) en Brasilia demandas fundamentales de los trabajadores del
sector. Aunque no se haya concretado en un acuerdo nacional, según los líderes
entrevistados, tal iniciativa influyó en la definición de las pautas de negociaciones
de las diversas regiones del país, lo que demuestra la ampliación del
marco del poder social logrado con la campaña. Para los sindicalistas, la Pauta
Nacional Unificada no solo consolidaba una lista de demandas de referencia,
sino que servía como soporte a las reivindicaciones locales, ya que los puntos
convergentes con las negociaciones de carácter nacional las justificaban.
En un más amplio panorama del sector, el periodo de negociaciones comprendido
entre 2011 y 2014 estuvo marcado por intensos conflictos en las obras de los estadios
en construcción o reforma31; durante ese periodo se realizaron 28 huelgas, la
mayor parte de ellas en los dos primeros años (v. tabla 1 en la página siguiente).
La principal explicación de la merma en el segundo bienio reside en la reducción
del contingente de trabajadores convocados para las obras, ya sea porque parte de
los estadios ya estaban finalizados en junio de 201332, ya sea porque los inconclusos
requerían menos mano de obra en las fases finales de los proyectos.


Según un informe elaborado por el dieese33, poco más de la mitad de las huelgas
estuvo relacionada con las condiciones de trabajo vigentes o con la violación de
derechos establecidos en acuerdos o en la legislación. A pesar de la referencia
proporcionada por la Pauta Nacional, las movilizaciones en los estadios no estuvieron
coordinadas entre sí. Entre las razones de esa desarticulación puede mencionarse
la existencia de diferentes fechas base de negociación anual entre sindicatos
y empresas −lo que implicaba diferentes timings en las movilizaciones
locales− y, también, el hecho de que diversos conflictos estallaron sin la planificación
de los sindicatos. Este último punto se refiere al caso de paralizaciones iniciadas
por malas condiciones de trabajo, provisión de alimentos en mal estado
(Maracaná), accidentes de trabajo (Maracaná, Arena Amazônia), deficientes
condiciones de higiene en los vestuarios y no pago de horas extras (Mineirão), o
falta de vestimentas adecuadas para el trabajo (Arena Grêmio). Además, y no
menos representativo de las condiciones de trabajo experimentadas, se subraya
el acaecimiento de nueve accidentes fatales en las arenas Pantanal, Corinthians,
Grêmio y Amazônia, y en los estadios Mineirão y Mané Garrincha.
Según el informe del dieese, las huelgas que reclamaban nuevas reivindicaciones
o la ampliación de las ya aseguradas estaban ligadas, principalmente,
a la introducción, conservación o mejora de los bonos por alimentos, a la

contratación de planes de asistencia médica y a la exigencia de reajuste salarial.
Con respecto a tales reivindicaciones, la campaña ofrecía un sentido de unidad.
Además de demandar uniformidad de salarios y derechos entre las
diferentes regiones del país, en marzo de 2012, poco antes de la entrega de la
Pauta Nacional en la cni, la posibilidad de una huelga general en el sector de
la construcción repercutió ampliamente en la prensa nacional.
Aun cuando no se haya alcanzado un acuerdo nacional, se observa que las
negociaciones realizadas por los sindicatos de la construcción en las 12 ciudades
sede durante los preparativos de la Copa fueron exitosas. Conforme indican
los datos del Sistema de Acompañamiento de Salarios (sas) del dieese34 (v.
tabla 2), entre 2009 y 2013, todos los acuerdos tuvieron pisos salariales reajustados
a valores superiores al de la inflación, medida por el índice nacional de
precios al consumidor calculado por el Instituto Brasileño de Geografía y
Estadística (inpc-ibge), y al reajuste del salario mínimo nacional.
Además del piso salarial, el resto de los salarios de los trabajadores empleados
en las obras de los estadios se reajustaron por encima de la inflación. El
aumento real de los salarios por encima del piso fue superior a los aumentos
reales promedio registrados por el sas para todas las categorías profesionales
y para las categorías del sector de construcción y mobiliario en el
país. Aunque hayan existido variaciones en los reajustes salariales en las
diferentes obras, las conquistas incluyeron diversos ítems, como aumentos
en los bonos por alimentos, en el valor pagado por hora extra, en el vale de
transporte, en el seguro de salud, en los bonos mensuales y en la participación
en las ganancias y resultados. En general, las movilizaciones fueron
exitosas porque permitieron no solo la mejora en los salarios, sino también
en las condiciones de trabajo.